sábado, 19 de noviembre de 2011

El salto


Un hombre se encuentra suspendido de una rama en el vacío del precipicio por el que se acaba de caer.
-¿Hay alguien ahí?, ¿hay alguien ahí?, clama.
Tras el eco de sus propias palabras le llega una voz que pareciera estar brotando de la nada.
- "Aquí estoy hijo mío. Suelta tus brazos y déjate caer que en la gracia protectora del Espíritu Santo y a la luz de mi Santísima Madre un coro acrobático de ángeles serafines te recogerá sobre mullido lecho y comandado por el arcángel San Miguel, jefe máximo de mi ejército celestial, te elevara en volandas hacia el reino de la salvación en tanto que unos ángeles menores con sus palmas .....
-Vale, vale, pero..... ¿hay alguien más?.
(Hasta aquí llega la adaptación de un chiste de Eugenio,  profesional y genial contador de ellos  fallecido antes de tiempo).


Yo, de tirarme a un precipicio no iba a hacerlo por un barranco seco y pedregoso para tener la certeza de estampar mi cráneo contra una roca al llegar abajo o en el mejor de los casos quedarme colgada de una rama   sarmentosa para no ser rescatada y llegar asimismo a ser pasto de buitres en cuanto el cansancio me abatiera. 
No, no, yo preferiría lanzarme por una catarata. Mi figura ensombrecida cayendo por entre una masa blanca; al fondo, aguardando, una superficie líquida; de lograr el control sobre el cuerpo podría incluso irrumpir en ella cual saeta para  llegar a salvarme, igual que lo han venido haciendo tantos Tarzanes y demás aventureros a lo largo de la historia.
Acababa de referí un pasaje parecido al anterior con buceo incluido hasta la orilla y quedar absolutamente reconfortada cuando una torpe maniobra en las teclas del ordenador mandó el texto íntegro hacia el limbo de lo irrecuperable.
Me quedé demudada.
¿Se habría acabado en ese punto la aventura?.
¿Me quedaría colgada para siempre de la rama del precipicio por el que nunca quise tirarme?.
El tiempo dirá.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Atrevimiento


No me funcionó el plan A y tampoco el B.
Así que me he quedado como suspendida en el vacío.
Más que suspendida, cayendo y cayendo.
Espero que se me ocurra algo pronto.
Me parece que con estos métodos estrafalarios no voy a llegar muy lejos; la cuestión está en que sin ellos me parece que menos que menos.
Puede que el atrevimiento no siempre funcione.
Ya que me tomé el trabajo voy a cortar y pegar a continuación la carta que mandé por email  a una de las más importantes editoriales de Barcelona.

CARTA A LA EDITORIAL XXXX XXXXXX:

Estimados Xxxxx Xxxxxxx y demás miembros del equipo cuyos nombres no conozco todavía.
Permitidme que me presente.
Me llamo Susanna Morell, vivo en Inglaterra, soy la mujer del escritor Xxxxxx Xxxxxxx.
Llegué a Cambridge en julio del año pasado a fin de buscarme la vida y algo más. Por impulso de un momento empecé a contar, cada día algo de lo que me iba sucediendo.
Mis vivencias en Cambridge, su escritura y la interacción que se va dando entre ambos campos me tienen  metida en una aventura apasionante que pienso podría resultar de interés también para un posible lector.
La historia cuenta con principio, final y peripecias por medio; un final todavía por narrar, pero que cerrará perfectamente el relato en el exacto momento en que un editor decida publicarla.
Se puede buscar en la red:
“Una aventura en Cambridge” – Susanna Morell
(Nadie sabe que existe)

Mi marido también vive ahora en Cambridge. 
Xxxxxx Xxxxxxx es un “escritor de culto”; a un periodista se le ocurrió nombrarlo así y los demás se fueron repitiendo. Este rótulo le ha quedado como una especie de sambenito para espantar editores.
Xxxxxx Xxxxxxx es un autor a descubrir. Estoy segura de que podría ser leído con placer por un sector amplio de público. Me avalan los mensajes que le llegan como por goteo, de España, de Sudamérica, de gente que por remota casualidad dio con alguno de sus libros y le escriben, admirados y agradecidos, en su mayoría gente joven. 
En Cambridge mi marido acaba de parir a su última criatura.

Os ofrezco un pack. 
Xxxxxx Xxxxxxx con “Xxx xxxx xxxx”, el excéntrico relato de un escritor maldito + Susanna Morell con “Xxx xxxxxxxx xx Xxxxxxxxx”, lo que puede llegar a dar de si la vida al lado de un escritor maldito.

Me doy cuenta de que todo lo anterior puede llegar a resultar un tanto raro e inaudito, pero yo no me fui hasta Cambridge para que nada extraordinario me pasara. Además, pensándolo bien,  la mia podría ser la historia de una emigración cualquiera con el happy end que todos quisiéramos leer en días de  crisis como los  que estamos viviendo.

Con cariño me despido.
Susanna Morell.

PD: Mi marido no tiene ni idea de todo esto, si alguno lo conoce o por casualidad entra en contacto con él, por favor, ¡no le digáis nada!.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La tasa mágica

La Alicia de Lewis Carrol
por JohnTerriel
Monika cuenta con una licenciatura en derecho obtenida con las más altas calificaciones en la prestigiosa Universidad Real de Varsovia. También contaba con cinco mil libras ahorradas para pagar el  curso de posgrado en derecho internacional que quería hacer, pero resulta que el parlamento británico aprobó el año pasado una reforma educativa que elevará las tasas al triple de lo que venían siendo, así que ella tendría que entrar ahora, que todavía le sale barato, o seguir limpiando suelos hasta la eternidad, dado que para ese tipo de cursos no se contemplan becas o créditos.
Monika fue a informarse a Anglia Ruskin University. La atendieron muy amablemente y le dijeron que teniendo en cuenta su historial académico tratarían de facilitarle el ingreso.
Contenta, aunque cautelosa, nos explicaba lo anterior.
Lo mejor fue cuando le llegó la carta.
La facultad consideraba que en su caso especial la cantidad a abonar por el curso de un año de duración oscilaría entre las diez mil y las diecinueve mil libras esterlinas, es decir, redondeando, unos veinte mil euros o dólares. Tratándose de la universidad "asequible" de Cambridge no estaba mal. Lo único que restaba por saber es en función de qué iba a oscilar el importe dentro de esa franja tan elástica.

De nuevo Monika se plantó en la  facultad. La persona que la atendió decidió investigar en las cláusulas internas si tales cifras eran posible.
Lo eran, pero quizá se pudieran arreglar.
En dos días la tasa encogió hasta las cuatro mil quinientas libras.
Monika se afanó en firmar antes de lo que pudiera suceder.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mudanzas caseras

F. Ibáñez - Mortadelo y Filemón
Con lo bien instalados que estábamos, ¡cataplum!, se produce un accidente en otro país, pega topetazo en esta casa y por carambola podemos irnos todos a rodar hacia cualquier lado no advertido.
Para empezar mi marido y yo hemos tenido que reducir nuestro espacio a una sola habitación.
Desembarazado de nuestras pertenencias el otro cuarto, Seweryn se puso manos a la obra y lo hizo mutar de apariencia en un santiamén. Quedó muy arregladito, hasta un ambientador de manzana les colocó. Podrán estar contentos los que están por llegar.
Monika está de los nervios. Dentro de un mes tiene un examen de inglés donde se la juega a una sola carta para poder entrar en Anglia Ruskin University a cursar un posgrado en Derecho Internacional. Seweryn le ha prometido que nadie va a interferir en su concentración y en pos de ello ha trasladado a su dormitorio "conyugal" la mesa de estudio que tenían instalada en la planta baja.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Chinelas fucsia

Óleo de Henri Matisse
Estando en su dormitorio el hermano de Seweryn escuchó una noche a su padre llamándolo fatigosamente desde el suyo. No acudió. Si el chico llegó a pensar algo quizá fuera que el hombre se había vuelto a pasar con la bebida. A la mañana siguiente se lo encontró muerto en la cama. Muerto a los cincuenta y dos años.
Yo sabía por Monika que Seweryn tenía algunos problemas en su familia. Él nunca nos dijo, Monika tampoco nos contó y yo no pretendía saber, aunque estaba segura de conocer a uno de ellos en persona.
Hacía dos semanas que habían vuelto de unas vacaciones cuando tuvieron que repetir el viaje a Polonia por motivo del fallecimiento. De retorno Seweryn le trajo a Monika, que regresó primero,  un paquete de parte de su madre.
¿Qué hacen aquí estas chinelas tan despampanantes? me pregunté cuando las vi aparecidas sobre el mueble zapatero de la entrada. Resolví que las habría dejado ahí Anna, la mejor amiga de Monika, para usarlas cuando viniese de visita; al menos aparentaban de su talla.
Hoy en el desayuno Monika me ha puesto al tanto.
-¿Acaso no te parecían para mí?, me ha preguntado en tono socarrón. Tenía ganas de hablar. No había podido dormir bien. Te aseguro que esa mujer está tramando algo.
-Yo seguía su discurso mientras me iba comiendo el bocadillo.
-Empecé a notarlo incluso antes del entierro, en pequeños detalles, y ahora estas chinelas....
¿Tu sabes?, regalar calzado en Polonia está visto como señal de que el obsequiante desea echar de un puntapié al obsequiado....
Al sacarlas de su envoltorio me dí cuenta enseguida de que el peligro estaba ingresando en mi casa....