domingo, 11 de enero de 2015

Imaginando lo peor


Ayer sábado fuimos, mi marido y yo, al pueblo vecino donde se reune con periodicidad un grupo de gente para comentar libros y a donde tiene que ir él en la próxima a hablar de su obra. Sentados en círculo los participantes iban nombrando autores y títulos, contando algunos las tramas, muy interesados todos, ante el despliegue de literarias lecturas hechas o recomendadas, tomadas por los otros con ganas inmediatas de incorporarlas a su bagaje. Yo me aburría. Sin saber si mirar a la calva del de enfrente, a la barba blanca del de su costado, a la rala gris del de más allá, o a la tez del pálido al fondo. A los tintes de ellas, a sus abrigos, a las bufandas, a los zapatos, o a las manos entrecruzadas, ensortijadas, de uñas pintadas de la que tenía al lado. Ahí se me hizo evidente no ser una lectora empedernida, ni siquiera una mediana consumidora de literatura. La más divertida una perrita con pelliza acolchada azul, sentada en su correspondiente silla del ruedo, ojos abiertos y orejas paradas, al tanto a cada segundo de la interesante cháchara. "Si este es el estándar de lector, estamos aviados", pensé con malignidad, pues se trataba de buena gente erudita y se lo estaban pasando la mar de bien. Al acabar se fueron juntos a cenar a una pizzería, y nosotros a celebrar en casa nuestra fiesta preferida. Seguro fueran agradables, el matrimonio que nos invitó, gratísimo de encontrar, aparte en su mayor parte de que sean acérrimos seguidores de lo escrito por mi esposo.

Después de lo acontecido en el hogar mi marido se habrá levantado para quedarse despierto hasta la madrugada, pues a la una de la tarde, cuando me fui a nadar, seguía su figura haciendo bulto en la cama. Nada se movía. Imaginé por un momento que estuviese muerto. Qué susto me iba a pegar. No obstante pensé que era de lo más natural, dentro de sus singulares horarios, y salí de puntillas a la calle. Después del ejercicio, bajo la ducha en el gimnasio, empecé de nuevo a darle vueltas: ¿y si llegaba a casa y lo encontraba aún entre las sábanas, quieto, sin asomo de aliento, tieso al fin?.

La única imagen positiva que me sobrevino fue que quedaría anulada para el resto de la eternidad la posibilidad de que alguna vez descubriera que la maleta de cabina que había desaparecido de la bodega del autocar desde el aeropuerto de Luton, cuando mi hijo Lucas y yo nos apeamos en la parada de Swiss Cottage, al llegar a Londres, en realidad no nos fue sustraída por uno de esos reconocidos granujas británicos, si no que, uno por el otro, mientras rescatábamos de la panza del ómnibus el equipaje mayor se nos olvidó, y una vez percatados, ya este había tomado marcha, con Lucas a la carrera detrás sin lograr alcanzarlo. Cierto es que por más que tratamos, no la recuperamos, con lo cual, a manos de algún sinvergüenzilla aprovechado es que habrá ido a parar.

Porque mi marido se acuerda de todo desde el principio. En cuanto surge un pequeño incómodo fruto de mi distracción, allí se larga con la retahíla. De la tijera que supone se me fue a mi a la basura, hace más de treinta años, de la puerta que dejé sin cerrar al descender de su coche desde mi plaza de acompañante en nuestras primeras veces, del billete, en pesetas, que encontró olvidado dentro de un libro, todo anotado en su memoria, hasta el día de hoy. Cuando por ejemplo amigas profesionales, con trabajos de obligada atención, me han contado de dejarse la tarjeta del banco en la ranura del cajero automático, o extraviado para nunca más volver a localizar el billetero, o las llaves de casa, que eso para mi marido constituiría delito penado con el divorcio, por la inseguridad que le crea. Y que conste que yo tampoco me despisto en el trabajo.

Por lo demás todo tristísimo. Cien por cien comulga mi alma con la suya. Me iba a quedar sin nadie de mi exacta profunda sensibilidad. Tan diferentes y tan cercanos. La única posibilidad entre un número infinito se me dio, o el designio de un dios celestial. Además, ¿quién tiene un marido que le vaya diciendo a diario lo guapa que la encuentra, lo atractiva, lo bonito de su piel, el aroma, vaya, no voy a entrar en intimidades, pero qué mujer tiene un marido que le diga, pasadas unas decenas de años, que le resulta más apetecible hoy que cuando la conoció?. Ni remotas ganas me quedarían de volver a empezar con nadie una vida que jamás estaría a la altura del amor que fue. Basta, me sobrepuse, corta el rollo, me dije, o van a resultar más las lágrimas que el chorro que te está cayendo sobre la cabeza.

De niña ya practiqué esa especie de masoquismo. Cuando le tocaba a mi madre terminaba con los ojos imposibles de salir a la exposición pública, suerte que solía hacerlo en momentos de recogimiento entre las sábanas. Algo así con los hijos sería impensable, imposible de imaginar siquiera por un instante. 

Hablando con mi marido una vez me decía que por supuesto los hijos, aun en la peor relación que puedas tener con ellos, en momentos determinantes pasan por encima de cualquier amor de pareja, aún el más apasionado o crecido en sustancia, y que él me dejaría si en un hipotético caso de película lo eligiera en lugar de a ellos. No te preocupes cariño, le dije, que de tener la amenaza, irías a la pira en menos que cantara un gallo, y espero que tu lo mismo. Queramos o no, los hijos son lo máximo de lo máximo para cualquiera en su sano juicio; es por dictado de la naturaleza que esperamos como principal gracia en la vida tener que aguantarlos hasta nuestro fin.

martes, 6 de enero de 2015

En recuerdo de Shafilea Ahmed y Soraya Manutchehri

Flores Photoshop S,Morell
Mi amiga Carlota me hizo una prueba de actuación, a ver si le serviría para su próximo trabajo, pues la actriz que tenían prevista se quedó embarazada e indispuesta, y la segunda, en principio adecuadísima, falló por la voz al escucharla grabada. Porque parece que cuentan muchos factores y hay que pasar por los aparatos técnicos antes de poder valorar. Me hizo leer, hablar, moverme o jugar a pelota frente a su cámara y recolector de sonido. Carlota prefiere ahora a una no-actriz como personaje conductor de la historia que quiere narrar, busca a una especie de álter ego suyo y por ambos motivos pensó en mí, entre otras, aunque nos parecemos tanto como lo más diferente.

Ella pretende hacer reflexionar sobre el sujeto que propone. Con ello empezamos bien, porque para mí las películas que están hechas con esa intención tienen que ser unas obras maestras del funambulismo artístico para que las encuentre interesantes. Además, por su propósito de abrir las mentes (occidentales) a otras manifestaciones de cultura, tomando su modo de organizarse como una opción a considerar, tan posiblemente adecuada o cuestionable como la nuestra, se trasluce de Carlota una percepción del estado social mundial y una valoración de las fuerzas políticas actuantes apenas  coincidente con mi modo de apreciar. Pero vaya, como actriz, puedo intentar lo que me diga. Ha de ser una experiencia tonificante ponerse a las órdenes de una directora, si al final me llama. Ya le dije: "Ángela, real actriz tendré que hacerme ante tu cámara para poder decir lo que tu quieres que diga pareciendo que salga de mi propia cosecha, pues no cuadra mi mente de cabo a rabo con tu modo de intentar desliar la madeja".

Ella es vecina por elección de un barrio de gran mezcla étnica y cultural. Allí se compró un deteriorado piso con cierta gracia y lo dejó a punto con su estético y funcional criterio de mujer emprendedora y de gusto, quedándoles de revista. Vive con su pareja Isabel. En el barrio acuden al centro cívico de apoyo a las  mujeres para colaborar en la alfabetización en español o catalán de las emigrantes que buscan aprender. Carlota monta además talleres por su cuenta, que igual de bien remodeló un local de su propiedad para esos menesteres, tratando de crean modos de que los chicos de familias venidas de afuera, crecidos y hasta nacidos en las aceras alrededor, se sientan del país, del barrio, e incluso orgullosos de su pertenencia a él. En la consecución de esto último se forjó su anterior film, donde los chicos actuaban de ellos mismos, abriéndose al público, contando sus tribulaciones, cavilaciones y progresos en esa sociedad que no acaban de asumir como propia, o no termina ella de integrarlos como perfecta parte de su entramado.

El nuevo punto de partida para Carlota fue darse cuenta de que tras años de ayudar en el idioma y en lo que fuere de menester en pro de adiestrarlas a moverse en la sociedad donde tienen establecido su hogar, en realidad sabía bien poco de la vida de esas mujeres que acudían, en su mayoría pakistaníes, y decidió investigar, descubriendo que estaban casadas sin excepción, en apariencia satisfechas, por matrimonio concertado. Lo que le dio en reflexionar y se ha convertido en la pregunta de arranque de su proyecto fílmico: ¿Porqué hemos de suponer que un matrimonio por amor, de libre elección tal como se da en nuestra cultura, ha de ser mejor que otros basados en criterios menos románticos, pero quién sabe si en la práctica más o menos efectivos o felices?.

Dice Carlota que he quedado muy graciosa en las pruebas, pero yo me pregunto cómo se puede quedar con gracia tomándose en serio el debate sobre esos temas tan árduos, aunque sea en ficción teatral.

Ella propone un acercamiento, pero yo, fuera del papel que tenga que interpretar, soy tajante en el asunto. ¿Cómo van a ser ellas más felices?. Ni soñando. ¿Porqué hay que evaluarlo diferente, en función de la cultura de donde vengan?. ¿Acaso nuestras morfologías de hembras se han bifurcado hasta tal extremo que no llegamos a tener los mismos esenciales sentires?.  Yo las pienso iguales a mi misma y se acabó.

Por supuesto, si desconoces otro modelo no hay mucho en donde elegir, o si estás bien ligado a la sociedad que te gobierna, o maniatado a ella, es lo más probable que quieras seguir el compás de los demás. Preferible es para la mayoría, hasta que deja de serlo, sentirse parte, antes que mal visto, aislado, repudiado, torturado, o muerto por llevar la contraria.

Carlota, que al vivir con su pareja femenina me temo en Pakistán iría a lo poco simbólicamente a la hoguera por ello, quiere que tomemos en consideración, al menos como un modelo existente y defendible, la idea de la renuncia de antemano a toda pasión sexual en pos de algún beneficio, en potencia a desvelar supongo en el film, según la idea de ella, cuando esas mujeres se expresen ante la cámara. A ver si lo consigue Carlota, que hablen, porque si sale un marido con el grito al cielo, ya veremos dónde va a quedar la intención. O a lo mejor es que el aire de Barcelona obra el milagro de compatibilizar, ojalá, tampoco es que esté yo tan enterada como para saberlo.

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En Pakistán, el noventa por ciento de las mujeres experimenta violencia doméstica según la Comisión de los Derechos Humanos, es decir, ochenta y un millón de almas femeninas, cifra que calculo por regla de tres sobre el total de la población, suponiendo la igual cantidad de ambos sexos que se da en la naturaleza, sin restar el número de niñas eliminadas antes de nacer, o por infanticidio, activo o pasivo, en sus primeros cinco años de vida, como viene sucediendo allí, en la India, en la China, y en otros enclaves ajenos a la cultura occidental. En Pakistán más de mil mujeres al año son víctimas de asesinato "por honor", los contabilizados, otras rociadas con ácido. Se considera el tercer país más peligroso del mundo para las mujeres.
Hasta el Reino Unido llegan los efluvios de esas prácticas bárbaras. He leído algunos casos horripilantes en la prensa británica.

El caso de Shafilea Ahmed



Shafilea Ahmed era en 2003, cuando desapareció, una muchacha de diecisiete años, nacida en Inglaterra, de familia paquistaní, aplicada estudiante que quería ser abogada. Los de su escuela fueron quienes acudieron a la policía tras una semana de no saberse de ella. Se montó un gran dispositivo en el país a fin de encontrarla. Los padres en primera linea implorando angustiados ante las cámaras televisivas por cualquier pista que ayudara a reconducirla al hogar.

Los investigadores se enteraron de que poco antes de la desaparición Shafilea había viajado a Pakistán, donde rechazó a un hombre que le habían arreglado para casarse. Intento suicidio tomando de una botella de lejía, que le produjo graves heridas en la garganta, precisando de constante atención médica en su país al regresar. El padre arguyó que el candidato era optativo y que la chica durante un corte de luz creyó estar sorbiendo zumo de fruta. El factor de que la muchacha cesara en su tratamiento hospitalario, llevó a los detectives a pensar en crimen.

Cinco meses después, en 2004, tras unas grandes inundaciones se descubrió el cadáver en el río Kent, a ciento diez kilómetros de Warrington, su ciudad. Revelándose  que a propósito había sido sumergido. Se confirmó la identidad del cuerpo por alguna joya, un resto de ADN en el fémur de una pierna hallada desmembrada y los empastes dentales reconocidos por su dentista.

La policía puso atención en los poemas que Shafilea escribía, en especial el titulado "Me siento atrapada", donde se reflejaba angustia, describiendo una vida sin esperanza y una familia que la ignoraba. Se supo que debido a las tensiones con ellos se alejó en varias ocasiones de casa. Los padres exigían silencio a los hermanos sobre lo presenciado en el hogar.

Tras haber sido por corto detenidos junto con otros cinco miembros de su extensa familia, los padres de Shafilea fueron puestos en libertad sin cargos.

En 2010 Alesha, una hermana menor de Shafilea, de quince años cuando la desaparición, arregló con unos compinches para que entraran a robar en su casa, estando ella y toda su familia adentro. El trato fue descubierto y ella arrestada. En las dependencias policiales fue que contó que sus padres habían dado muerte a su hermana, por la vergüenza que había traído a la familia al rechazar al hombre acordado para su matrimonio. Asfixiándola, metiéndole unas bolsas de plástico en la boca. Alesha declaró ver salir a su madre de la cocina con varias mantas y sábanas, un rollo de bolsas negras de basura gigantes y cinta adhesiva de embalaje. Luego vio al padre meter en el coche un bulto envuelto en plástico negro, con tiras de ajuste marrones, y partir solo con el vehículo.

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Siguiendo otra información en absoluto relacionada, llegué al mismo tiempo de escribir lo anterior, juro que por el puro arte del encuentro azaroso, hasta la película "The stoning of Soraya M", que encontré para ver en Youtube. Una escalofriante producción norteamericana del 2008, hablada en persa, dirigida por el norteamericano de ascendente iraní Cyrus Nowrastehy. La película está basada en el libro del periodista y corresponsal de guerra iranofrancés "La mujer lapidada", editado en 1990, contando la historia que le sucedió en Irán, mientras recogía información de otros crímenes a través del país, los cometidos por el gobierno contra la comunidad Bahai. Algunos críticos iranies dudaron de la veracidad de lo narrado, más el relato es auténtico, estoy segura. Tal cual dicen los italianos: "se non è vero, è ben trovato". Como para corroborarlo, el libro fue prohibido en Irán.


Historia de la maquinación contra Soraya Manutchehri

Varado en el remoto pueblo iraní de Kuhpayeh, en la provincia de Isfahan, por una avería en el coche, un periodista es abordado por Zahra, una mujer que a escondidas lo hace llegar hasta su patio. Se sientan al fresco y pidiéndole que registre en la grabadora, le cuenta la terrible suerte corrida por su sobrina Soraya, con horroroso final el día anterior, y que explico a continuación.

Ali, el marido de Soraya, tenía planeado casarse de nuevo con una niña de 14 años, por lo cual pretendía el divorcio, consentido por su esposa, que le evitaría de tener que mantener a dos familias o devolver a la familia de Soraya el dowry, la cantidad en propiedades o dinero que tuvieron que pagarle al novio por casarse con su hija. Soraya no consentía, por la seguridad de que si aflojaba iba a quedar sin nada con que alimentar a sus hijas.

Ali apremia al mullah* de la aldea, primero por las buenas y luego bajo amenazas de dar a conocer al pueblo su pasado de convicto, para convencer a Soraya de concederle el divorcio.

El nuevo matrimonio de Ali con la adolescente estaba condicionado a la influencia de Ali para salvar al padre de la niña, un médico que había sido condenado a muerte por un delito.

El mullah visita a Soraya y le propone matrimonio temporal con él, a cambio de protección y apoyo monetario para ella y sus niñas, el llamado Sigeh, que puede durar de algunos minutos a noventa y nueve años; sexo eventual bendecido por la ley, que  ella rechaza, alentada por su tia Zahra.

Ali y Soraya tienen cuatro hijos. Los dos varones predispuestos en contra de la madre por el padre, quién proyecta llevárselos consigo a la ciudad.

En otro hogar del pueblo fallece una mujer, bien querida por su esposo. El mullah, el alcalde, y Ali le piden a Zahra que convenza a su sobrina de auxiliar en las tareas al reciente viudo y a su hijo adolescente. Zahra sugiere que Soraya puede hacerlo a cambio de una paga. Soraya comienza a trabajar arreglando la casa y cocinando para ellos. El hombre es amable y ella se siente tranquila.

Ali ve, a través de una ventana abierta, como las manos de su esposa y las del pobre viudo se acercan, casi rozan, en tanto ella le alcanza al hombre un objeto. Entonces comienza a rumiar una idea. Si ella es acusada de infiel, será apedreada y él podrá volver a casarse, quedando exento de procurar por las hijas. Se reunen los importantes hombres, sin nada que hacer en la aldea, y confabulan. Ali y el mullah tejen habladuría sobre la infidelidad de Soraya para que puedan acusarla de adulterio. Zahra, en su caminar por el pueblo, se percata con horror de que un rumor se ha esparcido, en extremo peligroso para su sobrina.

Ali, el mullah y el alcalde necesitan un testigo, dos en total, para poder acusar formalmente a Soraya de infidelidad. Visitan al viudo y lo amenazan para que acceda a respaldar su historia. Ali arrastra a Soraya por las calles, golpeándola y bramando que ella le ha sido infiel. Zahra interviene y toma a su sobrina, resguardándola en su casa. El viudo asiente a mentir. El alcalde, el mulah y Alí preparan el juicio. Para quedar librada Soraya debería probar su inocencia. Los hombres entran a deliberar, entre ellos el padre de Soraya. Pronto es condenada. La tía intenta huir con ella, más al verlo imposible, suplica al alcalde, su antiguo amigo, por la vida de Soraya, e incluso se ofrece a cambio para el martirio.

Llega la ejecución, larga, espantosa de ver. El padre, los hijos, el marido, el viudo, la turbia cruel masa, cada cual con su piedra, hasta rematar la faena. Luego el cuerpo abandonado a la nada, rematado por los perros.

Coincidiendo con el fin del relato, el viudo, de oficio mecánico, viene al encuentro del periodista a informarle de que su coche ya está listo.

Entretanto Ali se entera de que no es posible su nuevo casamiento, dado que el padre de la adolescente con la que proyectaba casarse ha sido ejecutado.

Cuando el periodista está por irse, una guardia de hombres armados a orden del mullah intenta detenerlo. Le arrancan la grabadora y destruyen la cinta. Están a punto de liquidarlo, pero consigue zafarse. Zahra y el periodista habían previsto la situación. El registro auténtico parte a salvo  junto al periodista en otro casete.

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¡Oh Dios mio!. Si me llama Carlota le voy a decir que lo he repensado. Ella me cogió por sorpresa un día en el patio de mi casa, la de nuestro pueblo en común, viniendo a hacerme la prueba para un proyecto del que no me habló ni gota de qué iba, y claro, de entrada, la sola idea de ponerme ante una cámara a tratar de actuar, pues la verdad, ni siquiera me planteé del tema, era atractivo, pero vaya, ahora lo tengo claro, por más sugestivo que se me presente lo de estar ahí moviéndose y que te graben, por más bien que pudiera resultar en pantalla, le voy a decir a Carlota que gracias, que lo siento, pero que no puedo permitirme hacerlo.


*Profesor o líder religioso

viernes, 2 de enero de 2015

Carry on failing o Historia de Mr James Dyson

Esquema de un ciclón
inglés
Lo útil a extraer de la experiencia de Mr. Dyson


"Acerca de los inventores existe el mito de que solo es necesaria una buena idea para hacer una fortuna con ella, pero en la vida práctica no funciona de este modo. Tu empiezas con un problema que tratas de solucionar. Construyes prototipos, cientos, miles. Con frecuencia la idea y los problemas que se plantean al inicio van transfigurándose paso a paso hasta resultar bien diferentes al final de lo que eran en un principio. Al margen de cualquier definición, lo importante es el camino, de etapa a etapa, de prototipo a prototipo. Durante el proceso llegas a multitud de fallos o se presentan contratiempos y cada revés es nuevo punto de arranque, pues cuando algo funciona mal te das cuenta de porque lo hace y empiezas a pensar en ideas o maneras  para solucionar ese problema, entonces lo útil a extraer de mi experiencia sería "continúa fallando, eso funciona"", dijo en alguna entrevista James Dyson, según versión de S.M.


Mi experiencia con Dyson

Tuve un aspirador Dyson DC05 del que estaba literalmente enamorada. Nunca me falló en catorce años. Las dos únicas veces que un achaque interrumpió su excelente labor de ayuda, llamé al servicio técnico que de un modo simple, rápido y efectivo me lo volvió a poner en marcha. Hasta que como a todos, antes de que se logre la inmortalidad, le llegó su término en esta tierra por la variante de los viejos de fundirsele el motor. Me pregunto cómo podía pasar antes sin él, con alfombras y tanto animal. Aunque no era necesario que se fuera al cielo de las maquinarias para darme cuenta del aprecio que le tenía, así era que lo llenaba de simbólicos besos cada vez que lo sacaba. Si bien el DC05 forma parte ya de mi historia, tuve que movilizarme rápido para conseguir cuanto antes otro de parecido tallaje moral, es decir, grande en facilitarle la existencia a otros, pues en el interín conté con unos sustitutos que exasperaban mi ánimo, peor que de juguete barato, difícil de entender su nula capacidad.

Entonces fui a la casa de mi madre y aprovechando la visita de mi hermano Mateo nos sentamos los dos frente el ordenador a tratar de comprar en la tienda virtual Dyson. Al final él me lo regaló. Un aspirador de trineo sin bolsa y sin filtro que extraer, mi flamante DC52 con parte color mostaza. Gracias hermanito. Fue casualidad y bien oportuno que en esos días de manejar a los inútiles me llegara de  Dyson un email con el código para un considerable descuento a sus antiguos clientes en sus compras por motivo de la inauguración de su tienda en linea en España.

Esquema de un ciclón español
Historia de Mr. James Dyson

El inventor, diseñador industrial y emprendedor James Dyson, antes de ser incluido y definido en la Wikipedia de este modo, se hallaba allá por 1979 contrariado al constatar como su aspirador doméstico Hoober* perdía  succión a la que un mínimo de polvo se juntaba en la bolsa recogedora, pues en su embocadura y paredes se acumulaban las partículas que obturaban el paso de la nueva suciedad hasta ese depósito descartable. Desmontó entonces el electrodoméstico para ver de ingeniárselas de un modo más efectivo. A la vez por azar acudió a un almacén de maderas a comprar restos secos para la lumbre, donde observó a los gigantes ciclones de casi diez metros de altura con sus bocas extractoras instaladas por encima de las maquinarias a fin de capturar el serrín, separarlo del aire y llevarlo afuera. Ahí se le encendió una luz y corrió a reproducir en cartón y tamaño reducido uno de esos conos que instaló en reemplazo de la bolsa en su pequeña Hoober*, dando inicio a su carrera en pos de lograr el eficiente aparato que funcionara con su idea.
Cinco años después, financiada en parte la labor con el sueldo de su esposa profesora de arte, dio en tener listo para sacar al mercado un nuevo concepto de aspirador, sin bolsa y de más potente succión.
Invento que por más que peregrinó ningún fabricante de los existentes quiso considerar en serio, tomado incluso a risa por la empresa Hoober. Entre las razones del rechazo, la ominosa probable contingencia de que su manufacturación y éxito pudiera desbaratar en proporción inversa a la industria montada en torno a las exclusivas y costosas bolsas de recambio, que tan alargado y lucrativo negocio les tenía asegurado.

Tras algunos intentos fallidos de comercializarlo por su cuenta, encontró James Dyson una compañía dispuesta a comprarle la licencia, la japonesa Apex Inc., que lo fabricó y empezó a vender en Japón en 1986. En la más amante y avanzada de las sociedades en artefactos de alta tecnología resultó un acierto la apuesta por ese curioso aspirador, de nombre G-Force, con un exterior rosa flamingo nunca visto en electrodoméstico. Su exoticidad unida a sus impresionantes prestaciones y a su costoso precio lo elevaron a objeto de codicia, señal de status. En 1991 ganó premio en la Internacional Feria de Diseño celebrada en Tokio.

Pasado el período de ir puerta por puerta de los grandes fabricantes escuchando entre los argumentos en contra que no podían tomar el ingenio por provenir de un desconocido, James Dyson maduró que justo podría transformar ese punto flaco en su más fuerte. Asociaría su nombre a una identidad comercial que se labraría por su cuenta y con el tiempo la gente preferiría comprar algo hecho por un emprendedor con su impulso que el producto de una gran compañía con su reconocida marca al fin y al cabo impersonal.

"Mi vida y mi día a día están llenos de fracasos", dice James Dyson según S.M., "cada fracaso te ayuda a mejorar, te hace descartar, te aligera, te abre a una nueva oportunidad", "confía en tu criterio, presta oídos sordos al vulgo detractor de tus extraordinarias ideas, incentívate a ti mismo para llevarlas adelante y déjate aconsejar solo por los que creen en tus posibilidades". El ánimo investigativo le venía a James Dyson desde siempre. Sus hermanos también eran creativos. En la escuela de diseño ideó y llegó a fabricarse una especie de lancha recoge embarcaciones y antes de enervarse con el problema doméstico de su aspirador convencional, se encontró con la incomodidad de la carretilla de obra, fácil de tumbarse y hundiéndose en el fango, por lo cual pensó en recrearla, más ancha de patas, en plástico o fibra de vidrio y con bola neumática en lugar de rueda.

Ciclón industrial
Circula otra versión del momento inspiracional para el revolucionario aspirador. Cuenta que James Dyson se encontraba en el taller de la empresa que tenía con otros socios tratando de encontrarle mejor solución a la recogida de las partículas diseminadas en el aire durante el proceso de cromado de los caños de la carretilla de bola,  la Ballbarrow* de su invención, cuando alguien le pasó el dato de que en los aserraderos usaban ciclones industriales para limpiar el ambiente de micro virutas. Allí se fue, a un polígono cercano, a observar y tomar apuntes, desde afuera, desde adentro, metiéndose sin nadie que lo viera, a estudiar esos espacios conoidales en cuyos senos se producían las fuerzas centrífugas que disparaban los corpúsculos en dirección contraria al aire liberado de ellos, que bien alumbró podría él aprovechar en reducido para separar el polvo sin opturar en la máquina de sus pensamientos. Por lo pronto corrió a implementar los ciclones en sus talleres para la Ballbarrow.

Tras catorce años y 5.127 prototipos James Dyson sacó al mercado en el Reino Unido la primera aspiradora de doble ciclón con su propio nombre, la Dyson DC01, fabricada en sus propias instalaciones, que al igual que su centro de investigación pudieron pasar de sueño a chapa y cristal en naves ancladas en terrenos de Malmesbury, próximos a Bristol y Bath, gracias a las regalías del Japón. James Dyson fundó su propia compañía, Dyson Ltd. en 1993.

El mercado se le resistía al principio en su país. El reclamo de mayor succión sin pérdida de eficacia era frío y quedaba corto entre los potenciales clientes como para incitarlos a adquirir una marca desconocida. El toque caliente llegó con un spot en televisión que con su eslogan "Diga adiós a la bolsa" dio en el blanco del ánimo adquisitivo general y lo que venía siendo un goteo de ventas pasó a dispararse logrando en el país de los suelos enmoquetados un crecimiento nunca visto en aspiradores, convirtiéndose en año y medio en la marca más vendida en Gran Bretaña. Cuando en 2002 lanzó su producto en los Estados Unidos fue un éxito inmediato. En tres años logró copar un veinte por ciento del mercado en cuanto a unidades vendidas. En lo que hace a valor de negocio pasó a firma líder.

"La mayoría de la gente sigue el camino lógico, pero a mi me gusta pensar en manera opuesta a la convencional para hacer algo, coger la supuesta vía errónea de pensamiento, que conduce a un diferente canal exploratorio y a lo nuevo encontrado que pueda surgir de ahí", se expresaba James Dyson, en una entrevista, según traduce e interpreta S.M. de lo entendido y transcrito por el periodista.


La noticia de ayer en el diario El País es que tras su reciente adquisición en la campiña británica Sir James Dyson, se ha convertido en el ente jurídico individual poseedor de mayor cantidad de tierras en Inglaterra, por encima de los grandes nombres de la aristocracia terrateniente, incluida la Reina Isabel II, la misma que en 1997 lo condecoró con la Cruz de Comendador de la Orden del Imperio Británico.


James Dyson registra a cada paso una patente a su nombre, o al de la compañía de su exclusiva propiedad, tiene unas dos mil sacadas hasta ahora en el Reino Unido. Le quedó de su experiencia con la Ballbarrow, cuya patente registró a nombre de la sociedad compartida, y cuando fue sacado por sus socios de ella, se quedó sin los derechos, con lo cual voló lejos de su propiedad su invento. En 1986 registró su primera patente en los Estados Unidos. Hay que tener cuidado, por lo visto a cualquiera con algo de idea le puede surgir una patada desde su propia casa. 

En la actualidad está presente su compañía en más de 65 países. Ha puesto en el mercado el ventilador sin aspas, el secador instantáneo de manos, el calefactor de aire sin partes calientes, o mi actual aspirador, recomendado su precedente por mi bien inglesa amiga Alison, allá por los tiempos en que en España la marca estaba aún por ganarse un nombre. Y siguen sus ingenieros, más de 1.000, investigando para el desarrollo de emocionantes nuevos proyectos. En 2002 instauró un premio en apoyo a la inventiva de los jóvenes ingenieros y diseñadores, James Dyson apoya a las nuevas generaciones en el diseño, la ingeniería, la invención y la innovación, áreas que cree fundamentales para que el progreso de su país; en 2002 instituyó un premio para ello, así como planificado acciones en escuelas industriales o de primera enseñanza. También ha creado polémica, por sus opiniones con respecto a la unión europea, o al trasladar la manufactura de sus electrodomésticos a Malasia. Ha entrado en juicios por patentes... En fin, para mayor información invito a investigar por cuenta propia.

*Hoober es una marca de aspiradores que de tan popular extendió su nombre, entre otras acepciones, a nominar a la acción de aspirar en general; algo así como Minipimer o Túrmix en España pasaron de marca a nombrar al genérico triturador manual de cocina.
* Ballbarrow es el nombre dado a la carretilla de bola neumática invento de Dyson. Siendo que es nombrada en inglés wheelbarrow la carretilla normal de rueda.