lunes, 23 de julio de 2012

Partícula de Dios


Cazaron en el aeropuerto bonairense de Ezeiza a Paul Howard Frampton con dos kilos de cocaína escondidos en un compartimento especial tras el forro de la maleta vacía con la que había viajado hasta el país de Argentina camino de Perú para terminar, fuera de sus planes eróticos, en el pabellón número cuatro de la cárcel de Villa Devoto junto a otros ochenta presos comunes.

Lo bonito de la historia, si no fuera que sucedió de verdad y el protagonista sigue encerrado después de seis meses, es que trata de un científico inglés, genial en el campo de la física y la astronomía teórica, salido de su mundo como profesor en la universidad de Carolina del Norte tras las exuberantes y bien dibujadas curvas de una modelo checa que conoció en la red y que lo arrastró en pos de ella por un periplo de semanas, de país en país, de norte a sur del continente americano esperando en hoteles y aeropuertos la ocasión de conocerla en carne y hueso.
Romántica historia que deshace la imagen del científico frío; en todo caso alejado de la cotidianidad, pero para nada ajeno a la pasión humana, imprescindible de tener para pasarse la vida investigando, pero que en este caso se hace evidente para el común de los mortales con un hecho que más que alejado de la ciencia parece propio de la cinematografía.
El caso es que la chica nunca terminaba de llegar a la cita, hasta que en el último lugar acordado, el aeropuerto internacional El Alto de Bolivia, se le presentó otra mujer como amiga de ella y le explicó que la pobre se había tenido que ir corriendo hacia el Perú, olvidándose de la maleta y si por favor él se la podía alcanzar en el siguiente vuelo, que ella lo estaría esperando anhelante en la terminal del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima.
Los sesudos jueces de la sala B de la cámara de lo penal económico de Buenos Aires no podían creer que un señor sesenta y ocho años instruido en Oxfort se tragara dicha bola y que llegara a pasar diez días en un cuarto de hotel en La Paz, Bolivia, sin plantearse la menor cuestión.
Con su ordenador a mano el fenomenologista de las partículas seguía enfrascado en sus trabajos e investigaciones; ni para dar una vuelta salía de la habitación. Algo se preguntaría entonces, pero puede que de otro orden. El tiempo no corría para el profesor, mientras pudiese mantener en stand by su ilusión por la señorita.
La ex mujer de Paul H. Frampton, una francesa casada con él durante quince años y divorciada hace cinco, salió en su defensa, ella lo conocía bien y sabía que su ex era capaz de eso. Se trataba de un hombre inteligentísimo, pero con la capacidad emotiva de un bebé de pecho.
Extremadamente crédulo e ingenuo según sus allegados, pero incapaz de cometer una tropelía. 
"Ella parecía real, estuvimos hablando mucho, me dijo que quería comenzar una nueva vida lejos de las cámaras y de las sesiones de posado, que le gustaban los hombres maduros y si yo sería capaz de aceptarla", contó él.
Fuentes del Servicio Penitenciario Federal de Argentina han informado que en la cárcel el presunto traficante "ni trabaja, ni estudia, solo asiste como oyente a un taller de reflexión", lo cuál debe de significar que no se aplica en la lavandería  o acude a cursos programados, porque el propio señor Frampton asegura que sigue escribiendo artículos y impartiendo clases a distancia a algunos alumnos de su universidad, que por el momento le ha suspendido de empleo y sueldo.
También el cuatro de julio de este año dos mil doce en la cárcel de Villa Devoto el profesor se habrá emocionado como un niño ante el descubrimiento del Boson de Higgs, la primera partícula con masa considerada clave en el origen del universo, que lograron capturar sus colegas del CERN, la organización europea para la investigación nuclear en Ginebra, ciudad por cuyas afueras subterraneas discurre el gran círculo acelerador de particulas y colisionador de hadrones, construido especialmente para la búsqueda de la que se ha venido llamando "particula de Dios".
Partícula de Dios
Los tres últimos Premio Nobel de Física con los que el profesor Frampton trabajaba en conexión no se olvidaron, aún en el fragor del hallazgo, de mandarle vía diplomática a la presidenta de la República Argentina Cristina Kitchner una carta pidiéndole que por favor intercediera para el pronto desenlace del lío peliculero en el que se había visto envuelto su excelentísimo compañero.

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