lunes, 27 de agosto de 2012

Rojo púrpura


Levanté una etiqueta adherida a la madera de una cama y la pegué en mi camiseta en el lugar dónde debería llevar la placa con el nombre.
El papelillo adhesivo era de color púrpura, con el precio impreso en blanco de diecinueve libras con noventa y nueve peniques.
Ese iba a ser mi precio.
Se me ocurrió un negocio callejero. Ponerme en mitad de la acera con un cartel que rezara: "19'99 libras, por bailar contigo como si tu fueras para mi la persona más importante del mundo; por el tiempo en que dure la canción".
Estaba haciendo habitaciones pero evidentemente me encontraba semidormida.
Me había despertado de madrugada sin poder volver a conciliar el sueño. En esa duermevela pensaba en mis hijos, en lo que me gustaría darles y no puedo, si esta historia en Inglaterra no es más que una ilusión de salida del laberinto.
Estaría por la mañana con el resaca de la película que habíamos visto a la noche mi marido y yo en la pantalla del ordenador,"Power, Passion and Murder", con Michelle Pfeiffer y Héctor Elizondo de protagonistas, ni siquiera consta en la filmografía de ella, una historia ambientada en el Hollywood de los años treinta rodada en el ochenta para televisión.
Ahora que tan poca imagen, de celuloide o pixel, entra por mi retina, esas, cargadas de glamour, me impactaron, como las del excelente film francés The artist que vi con mi marido en Barcelona.
Amanecí nostálgica. ¿Me alcanzarían alguna vez esos vestidos, esos coches, esas casas, ese estilo que no ha de regresar?.

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