viernes, 11 de marzo de 2016

Mis drogadictos y otros descarriados

 Edward Burra -The Snack Bar (1930)
A ese caporal de la guardia urbana barcelonesa le faltaba un cursillo en  psicología de aviso para ahorrarle a sus interlocutores al teléfono un sobresalto  creciente, perfectamente evitable, o de por sí ponerse en lugar del otro, cuando me llamó y tras eterno período de vacua información accesoria -rasa y primordial para él- me hizo saber por fin que la única víctima había sido un árbol, en el accidente automovilístico del cual estaba en la burocracia de dar parte al seguro. Marcó nuestro número de fijo a primera hora de esta mañana de sábado, entrando a preguntar por el coche implicado en un siniestro, el a mi nombre que la noche anterior le había prestado mi marido a nuestro hijo Simón.

Por intermedio de contactos, tal cual nos decía estaba a la búsqueda, Simón consiguió trabajo como encargado de nave en una empresa dedicada al montaje de escenarios, Así que ahora cobrará regularmente cada mes, se espera. Por ello ha podido alquilar, a medias con el técnico en sonido que lo recomendó para el empleo, una casa en plena naturaleza, con jardín, para poder albergar a los dos perros de ella, su novia, que ha dado el salto de venirse desde Madrid a residir con él a una urbanización perdida entre los montes. El entorno, eso sí, idílico. La casa me dio otro respiro. La encontramos perfectamente agradable cuando fuimos mi marido y yo a conocer; luminosa, nueva, de amplios espacios y doble entrada; están por dividirla. Es muy factible; planta de abajo para el técnico con su novia, enfermera; planta de arriba para mi hijo con la suya, que debe encontrar trabajo. Con un ligero tabique en la escalera quedarán independientes. El padre del otro chico ha comenzado con la instalación de una cocina extra para los suyos, conoce del tema, lo ha visto sencillo y es lo único que faltaría. Hasta ahí todo perfecto; solo una ligera pega para nuestra parejita: ¡carecen de vehículo!.

Un amigo le ha prestado a Simón una motoneta que tenía dejada de uso, hasta que termine de reventar o se la solicite de vuelta. Con ella puede Simón llegar al trabajo, mientras su novia espera en la casa, con los perros, sin TeleMadrid, a que regrese y la saque a dar una vuelta. Alivia que vamos hacia los días largos de la primavera y el verano, pues de noche esas vías deben de quedar a tenor de la luna y algún que otro privado foco para librarlas del más tenebroso valor lumínico. Ayer vinieron a cenar. Llegaron con la oscuridad caída y sin luz frontal, a paso de cegata motorizado, pues en mitad del trayecto se les desconectó el cable del apaño para ir tirando de bujía inadecuada. Coincide que ese amigo que le acaba de facilitar medio de locomoción es un recién repudiado por mi marido. "No lo quiero ver por casa, ni a él, ni a los otros como él; ya sabes a quienes me refiero", le dijo su padre a Simón, delante de la novia, justo el día antes de irse a vivir por su cuenta; y es que los hijos te pueden llevar a destempladas descolocadas expresiones. "Pues ese perdido drogata, como tu lo llamas, le respondió Simón, es el que ahora me está salvado el transporte".

Simón tiene amigos de variado tipo. Algunos que le vienen desde la niñez más temprana se encuentran a la deriva, enganchados, aunque por su aspecto externo nadie lo diría. Conozco bien a la madre de uno de ellos que con todo el desgarro de su alma está en la conclusión del debate con ella misma entre seguir dándole oportunidades o asumirlo por absolutamente perdido. A Simón lo altera que yo me ponga de parte de ella; pues vivió alguna escena en esa familia y distribuye las responsabilidades, más bien cargando hacia sus separados progenitores. Yo con mi amiga lo único que hago es escucharla y comprender su angustia, lo mismo que si me viniera su hijo con necesidad de catarsis; lejos de mi ánimo buscar causas o achacarle a "alguno" el origen de la problemática; por "algo" en todo caso me decantaría, por la genética, si me obligaran a decir. Simón defiende a esos amigos que según él se largan, por propio gusto y decisión, de las posibles líneas bien consideradas. ¿Por qué, si a ellos les apetece de esa manera, está toda esta maldita sociedad tratando de intervenir para enderezarles el rumbo? ¿por qué su modo de vida a de verse como peor, si no les gusta lo otro y han optado por esto?.

Me larga su discurso y a los pocos días encuentro el argumento que darle en una cita de Henry Ford, el norteamericano fabricante de coches y fundador de la Ford Motor Company:  "Cualquiera que deja de aprender es viejo, así tenga veinte u ochenta años. Cualquiera que siga aprendiendo se mantiene joven. La mejor cosa en la vida es mantener la mente joven" / "Anyone who stops learning is old, whether at twenty or eighty. Anyone who keeps learning stays young. The greatest thing in live is to keep your mind young".

Ahí está Simón, ¿qué ansias de aprender tienen ellos?, ¿qué progresos hacen?; así fuera cazar moscas en el aire, ya se lo consideraría, todo sería cuestión de que le pusieran técnica o arte. Por supuesto que cada cual toma por donde le place o puede y no voy a ser yo precisamente quien vaya a juzgarlo. A mi padre le di el gran discurso, ya sabes. Igual ellos están en algo maravilloso y soy yo la que no alcanzo a vislumbrar el brillo o lo realizante en la labor de estar full time, sin otro propósito, a la procura y auto suministro de estupefacientes. Y aún sin colocar, ¿qué ocuka, como tu amiga, que lo hace por devoción, quisiera ver en el futuro a su hijo del mismo modo, aún sin penuria que lo acucie a habitar de prestado impuesto?. Ella elige vivir como los pajaritos del cielo, auspiciada, eso sí,  por la paga que le entra gratis mes a mes, de otro modo ya veríamos si le placería lo mismo esa vida tan alternativa, y cuando el nervio de una muela le de señal, ¿acudirá a mamá para el dentista o aguantará entre latidos de dolor el avance de la descomposición hasta el hueso?.

Se percibirá que tamaño sermón no se la suelto a mi hijo ni bajo los efectos de una fumata, pero aquí, ¿quién me priva?. Mira si ella, la amiga, va estar con sus pearcing, tatuajes que hace y animalitos que la acompañan, pendiente de lo que está por venir. Eso es propio de los viejos anticipados asustados plegados a la oscura masa que frente a sus narices ven crecer. Anaís es buena chica, estoy segura, aunque nunca llegué a tratarla, siquiera a conocerla de vista, salvo cargarla en el coche de niña, acercarla con otras hasta sus casas, en alguna ocasión con poca visibilidad; y me pareció muy mona. Igual conoce cómo vivir en el único tiempo que existe, ese eterno que prima en nuestra percepción cuando andamos fuera de los problemas.

Con respecto a esos amigos de Simón, a los que aprecio y siempre ellos se han mostrado educados, amables y afectuosos conmigo, me consta algo que me suena chirriante y estimo estéticamente feo, y es que pongan a menudo su punto de interés y conversación en herencias, riquezas, cobros de alquileres u otras ventajas materiales como llamado de los duendes a solucionar su modus vivendi; ellos, que están por encima de esta porquería de mundo especulativo, apartándose de la rueda de este sistema económico, con sus coches, motos y demás objetos a codiciar que tienen en la mira también. O será que no han podido entrar de pleno en la rueda y no les va el ingresar por su lado menos plácido a cascar años en un empleo que les aporte desgaste y el mínimo sueldo.

Igual me pregunto, ¿para qué tendría uno que empeñarse en la cruzada del progreso y la consecución de sus aspiraciones, si se consigue antes estabilizar los ánimos por otros medios?, ¿por qué ese bregar en lugar de dejarse ir, siendo además de privilegio y no de concesión al grueso de los humanos el tener claro en qué usar la vida para que resulte con sentido, más allá de la básica función de mantenerla per se?¿por qué no darle al gas de las sustancias embriagadoras o a la máquina del suicidio, sin la pejiguera de ponerse en el esfuerzo de acometer eso,  desconocido para muchos, ignorantes tan siquiera de por dónde empezar a descubrirlo, vivir al máximo, como dice Simón que han tomado la opción sus amigos del gremio del alucine hasta que el cuerpo aguante?; ¿para qué esa lucha constante, de caer y levantarse, de retomar y volver a la carga, en una dirección que solo es intuida, en ausencia de resultados constatables más allá de la íntima sensación de sentirse en la brecha?, premio que me cuestiono de qué vale si no encuentra su reflejo en el mundo de las consecuciones concretas.

Rumbo incierto que se imagina es el que nos forjamos los mortales que no hemos sido grabados con la certeza, o no acertamos a que esta se confirme; escalada con base en cuerda de trapecio; muesca que encaja en muesca, sorpresa, milagro, encuentro que se dio, aprovecho, vuelta que da la tuerca, tesón, pase en otra fase por donde ya pasé, fuera del tiempo y el lugar concreto, ¿será ese el camino del extraviado que se cree en la dirección o funciona así en general?. Me cuestiono si no es descarrío mayúsculo el mío que sumados todos los de los amigos de mi hijo Simón embrollados en las dependencias, al menos esas tipificadas.

Otra vuelta de tuerca
Henry James
Volviendo al curso de lo inicial, Simón y su novia tenían previsto cenar en casa y bajar luego al pueblo a encontrarse con quien fuera en esa noche de viernes. Sin luz en la moto, mi marido les dijo que tomaran prestado nuestro auto hasta la tarde siguiente, así el sábado a la mañana dispondrían del mismo para cargar la compra gorda en el supermercado.

Resultó que se vieron con coche y enfilaron hacia la capital -treinta y cinco kilómetros en otra dirección-. El detalle de lo sucedido quedará en el misterio. Terminaron, eso seguro, empotraron contra un árbol. Nuestro pobre abolladito Citroen Picasso vive de lejos el dicho "qué le hace una mancha más al tigre"; en este incidente un importante manchón que le ha costado a Simón otro notable pellizco a su economía, para recambio de dos neumáticos en taller y adquisición de rueda completa en desguace, más obra de ingeniería por su cuenta para restituir la chapa. Ya les hizo notar el de la grúa, "mira, vais a tener denuncia, ahí hay un cabrón sacando fotos". 

domingo, 21 de febrero de 2016

Unicidad

Rosas Blancas obsequiadas en el
Memorial a Berta Canals

En charla de presentación de libro recién editado de un escritor amigo nuestro, autor de alguna novela que debería quedar si se cumple el mandato de la genuina narrativa de vencerle a lo ignorado y al olvido, pues este escritor me echó una mirada, significativa entendí, al tiempo que exponía ante el resto de público asistente la auto pregunta de si sería él un genio, por lo habitual en los fenómenos de la literatura de contar con una colaboradora asistente al estilo de Vera, la esposa de Vladimir Nabokov; tan desmañado el ruso americano fuera de su manejo con la pluma,  que hasta para abrir un paraguas corría ella al punto a socorrerlo. Así que yo no seré, respondía teatralmente, sin temor a que la negativa afirmación afectara a su íntima creencia, y es que nuestro amigo -el auditorio tenía el dato- se encuentra al cuidado de sus dos hijos de corta edad y al cargo de las tareas domésticas mientras su mujer se desplaza a la ciudad en su trabajo como eximia profesora de danza contemporánea. Por qué me miras tío, pensé, no vas a encontrar en mi complicidad, a ver si vas a creer que cualquier esposa acompañando a prodigio va a ser un dechado de consagración al mismo y tampoco te creas que conoces como funciona cualquier estereotipado conjunto de dos, siquiera el de los Nabokov. Mira si le voy a abrir así sin más a mi marido cualquier cosa. Abajo almas benditas; inexistentes. Mi marido se las arregla solito para acceder al contenido de botellas, latas, tetra bricks, ordenadores, ollas a presión, abertura de rejas ballestas, o cualquier otro tipo de cerradura que se le oponga. Solo diría que le facilito sin llave o candado la puerta de entrada que dejo entornada de acceso secreto a nuestro oculto jardín, aunque de cultivar ahí florecitas y vegetales del plantío ecológico nada de nada, yo de dama con guantes de seda y vestido satén, que en este estado de darle a la piedra no me despierta la horticultura el mínimo deseo, así sea la bioorgánica de moda.


Morada adentro de nuestra morada
Cierto que algo del teatro del martirio contiene mi discurso -viene del post anterior-, lo reconozco, aunque más de masoquista tendría el tratar de despellejarse tira a tira de las influencias que a uno se le han ido incorporando; ya de natural resulta que unas se desprenden como otras se aferran a la médula, y tampoco es cuestión de ejercer el control. Nada surge de la nada, ya está dicho. Así que tomamos como ingredientes para la recreación del universo de cada cual lo que por los poros nos es absorbido, siendo a los unos lo primero penetrable lo mismo que a otros les resultaría aún por pinchazo intravenoso inviable de asimilar. Caso vacío el del psicópata, cara de ángel, alma de hielo, con estilete a punto de incidir, fuera de su gélido bloque, en la consecución de sus cerebrales ardientes propósitos, venido desde antes de nacer a actuar implacable, valiéndose de las influencias como barniz para enmascarar su impertérrita e inaccesible naturaleza. Para los demás, válganos para expandirnos lo que nos tocó de asimilar como propio o impropio. o para retrotraernos, sin el agobio de pretender manipularnos a nosotros mismos en contra de la indefectible corriente por la que tenemos otorgado fluir. Para qué me iba a esforzar además, si considero excelente material el eco en mi persona de lo extraordinario que en lo próximo mis sentidos repicó, y a mi cultura occidental la valoro como a un tesoro; ahora que anda destilada, luego de siglos de evolución, agotado el suplicio a granel, en salida de la barbarie por imponer un modelo.

Volviendo a lo primero. Sucede que tengo en casa a un monstruo, de los buenos ¡eh!, tomado según la acepción quinta del Diccionario de la Real Academia Española, persona que posee cualidades extraordinarias para algo. Un desmesurado de las letras en mi caso. Aunque una desproporción es siempre algo desestabilizante. Te lía la existencia lo mismo que te la nutre, en cuanto a horarios y por todo lo demás. Es complicado para un profano hacerse idea. A ver, qué madre primeriza, o con niño especial, con anterioridad al parto, o antes de que empiece a desarrollar, podría imaginar hasta qué punto ese ser en miniatura la iba a trastocar y a absorber las veinticuatro horas del día en cubrir todas las necesidades peculiares, que si no se cuenta con ayuda se te empalman los quehaceres que da gusto. Pues con un desmedido genio artístico sucede más o menos lo mismo, aun sin instinto de atenderlo te lleva a una vida trastocada de por vida; bien que no hay parto que valga para aclararle a cualquiera, pues poquísimos se encuentran en similar situación  y por tanto, poquísimos podrían comprender de qué va la diferencia con respecto a otra pareja de genio más común. A añadir si ese caso de escritor está todavía por alcanzar el definitivo reconocimiento como tal.

Rosa blanca a la basura
Y de altruísta nada, lo mío fue puro cálculo matemático; inconsciente puede, pero bien llevado desde lejos. Siempre imaginé que íbamos en cordada; en alguna fecha que se pierde en las calendas lo entendí de esta manera, si él llega yo llego. Situado él al frente por cuestión de edad, genio evidente y pura practicidad. Yo le dije un día, mira hombre, ¿por qué no dejas de marearte con los negocios y te concentras como escritor?, ya me dirás, ¿para qué sirves mejor?, ¿vas a desperdiciar en comerciante lo que vales como el oro?, ¡eso sí sería faltarle a la naturaleza o los dioses que te proveyeron!, ¡echar tu talento al pasto de una ganancia a corto plazo!. Total, ¿cuánto nos puede llevar la espera?, ¿un año, dos, tres?, así luego yo ya me dedicaré con holgura a lo que me dé la gana.

Con lo cual llegamos hasta el día de hoy. Escritor de culto él, que no de dinero o retribución en especie, consagrado entre lo cuatro que lo conocen y reconocen; prima su labor en casa -aunque el  considere su trato a la cola- por la pura preeminencia de lo más potente a razón creativa. Ejerciendo de comercial yo; agotado casi este lugar que me funcionó como máquina del experimento que me iba y nos iba a hacer remontar. Prima también su trabajo por una  cuestión biológica, que por más que Berta Canals me dijera que para ambos andaban los años en nuestra contra, antes corren para él que para mí, hasta agotar el tiempo.

domingo, 14 de febrero de 2016

Concierto

Ludwig Jungnickel
Hoy a las ocho y media, al sonar mi despertador, se levanta  mi marido al baño y en el tránsito antes de retomar el sueño me dice que se acostó a las seis de la madrugada y que tuvo una noche gloriosa. Lo felicito y me quedo un ratito más entre las sábanas. Me alegra; es estupendo cuando la escritura fluye; está inmerso en una obra que durará por años hasta que complete; la más lenta y abarcante de cuanto lleva hecho; una amalgama de ideas, un experimento.

Ahora que los medios se han adherido al término "conciliación" y lo usan como globito del chicle manido hinchado a cada rato entre el discurso, diré que nosotros, con nuestros horarios tan disímiles, nos arreglamos bastante bien en ese sentido, pues, por ejemplo, habiendo yo desayunado a las nueve no me importa almorzar a las dos, tres o cuatro de la tarde, acompañada o por mi cuenta, con plato elaborado o lo que encuentre de inmediato entre lo comestible, tengo el estómago como todo lo demás, adaptable a las circunstancias, lo único sagrado es que me alcance a hacer la digestión antes de acudir al gimnasio. En situación concreta le sintetizo esta explicación en una frase a mi marido, "arreglad cómo queráis, yo no importo", y se cabrea una barbaridad por esa actitud que se me viene repitiendo, dice, de menosprecio hacia mi misma; cómo se te ocurre decir que no importas, ¡eres importanteee!, ¡importas una barbaridaaad!, a dónde quieres llegar con esa forma, sigue él, cargada de soberbia en el fondo, esa humildad  judeocristiana que encierra un sentirse superior a través de echarse ceniza encima. Yerras por completo, mi amor, le contesto, me valoro y aprecio hasta un punto que no te haces idea, y de mente cristiana nanai de la china, pues en ese interior tan condicionado que me pintas me encuentro más libre que colibrí en paraje sin averiar, y en cuanto a lo de opacarse te aseguro que en la ridícula vía de sentirme moralmente por encima optaría mejor por un baño en purpurina. Con lo de "no importo" me refiero, le sigo, a la fruslería de tener que meterme en deliberación sobre algo que me da exactamente lo mismo y por ahorro de lio y energía prefiero decidáis vosotros. Por otro lado, tu mismo dices que soy una mandona, y emites, cuando estás hasta tus benditas partes, tus ganas de largarte, con liviana mochila a otro lado, de trotamundos, de trashumante, o como Joe Gould*, recalado al fresco en barrio bohemio; que ya verás cuando caiga la nieve lo mucho que te va a gustar New York.

Lo he dejado mudo a mi marido en este diálogo, en pos de explayarme, pero en los más verosímiles de nuestra convivencia diaria no lo acallo ni convenzo con palabras, en primer término porque soy parca en ellas, o poco rápida y habilidosa en su uso, en segundo, porque nos funcionan mejor otras artes a la hora de llegar a un convincente punto de conclusión dialéctica.

Con respecto al espacio físico que nos sirve de vivienda y lugar de trabajo, es decir, que nos aloja dia y noche, tenemos la ventura y pega de atraer como imán a toda nuestra prole hacia ahí. Se aparecen por el recinto hijos con novias, y claro, tampoco los vamos a echar cuando nos visitan, o si en fase de reacomodo vienen a instalarse por un periodo; por algo es también su hogar. Entonces sucede lo que sucede.

¡Estoy en medio de una plaza pública!, ¡¿cómo se puede escribir así?!, clama mi marido al llegar al límite de su aguante; y tiene razón, pues trabaja en el salón, lógico lugar de confluencia por dónde todos pululamos; juntado a que por más que nos movamos con sigilo y en silencio, nuestra presencia es en esencia ruidosa para él.

¡Pronto, desalojo... a otro lado con sus asuntos... el último mono soy... a circulaaar... déjenme concentraaaar!. A nuestros hijos no les atormenta cuando cae el chaparrón. Les basta con sacar paraguas y enfilar hacia la habitación de al lado. La hora de arrancar fuera la marcan sus propias razones. Tampoco son muy conscientes del genio que tienen en casa.

En cuanto a ese espacio físico creo que salta a la vista mi adaptación, de aquí para allá, con cables colgantes y artefactos acoplados a mi portátil de teclado aparte y batería caput, instalándome en un lugar u otro, con toda la carga cristiana, o antifeminista, que se me quiera achacar. Mi marido seguirá pensando que él es el esclavo y sufridor de todos los atropellos a que lo sometemos, y sale el ejemplo del coche, del que ya prácticamente no dispone, dice, o del trastero, que considera arrebatado de su posesión, pues se lo trastocamos y se esfumaron las herramientas del lugar y estado en que hace treinta años las dejó. Mi marido seguirá pensando, que de resultarle afines las asociaciones debería acudir a la liga anti sumisión del padre y marido a fin de recobrar la libertad y comodidad de las que antes de nuestra aparición gozaba.

*Conciliación: Cool palabreja que los medios han puesto de moda -como tantas otras que sucesivamente van apareciendo y desapareciendo. En este nuevo contexto se refiere a la acepción ajuste o concierto de una cosa con otra referida a la adecuación de los horarios de trabajo para poder hacerlos compatibles con una vida personal y familiar plena.

*Joe Gould: Personaje de la novela de Joseph Michell "El Secreto de Joe Gould"; entre las preferidas de mi marido. El personaje es un escritor que vaga por el bohemio barrio neoyorquino del Greenwich Village, allá por los años cuarenta del siglo XX, antes de Bob Dylan por ahí.

viernes, 29 de enero de 2016

¿Para qué sirve tener seguidores en Instagram?

Pintura de Julian Opie
En este nuestro biológico funcionar a una inquietud le sucede la siguiente, o nos crecen juntas como hongos junto al tocón, esos que se nutren de la sustancia de lo último que queda, antes de dar por extinguido cualquier vestigio del previo árbol existente, pasando sus elementos a formar parte de otros compuestos, en diferente suerte de asociación, por ejemplo, el de resultar seta; así las inquietudes se nos reproducen, mutan y relevan, permaneciendo indestructibles en su esencia, bajo una forma u otra.  Para contrabalancear ese flujo desasosegante la máquina que como humanos nos presta soporte lleva incorporado un generador de otro tipo de fantasías, estas más risueñas y esperanzadoras; como baluarte de nuestra especie, para evitar que nos tiremos bajo las vías de un tren.

Por lo que respecta a mi cuestión no es que haya abandonado en mitad de una ruta campera, con riesgo de atropello por vehículo o animal, la idea de película que algún día tendrá que ser. Simplemente la ha quedado aparcada, a buen recaudo, con la marcha atrás puesta y el freno de mano echado. En ese sentido se agotaron mis pasos. Aunque he bregado hasta lo insalubre por el final feliz que le convenía a esta historia, los hados del destino se resisten a concederme el éxito en la misión. Privado de redondeo al estilo clásico mi cuento se queda sin armazón, puro teatro del absurdo si fuera a representarse, apreciado por unos cuantos raros, en el mejor de los escenarios imaginables. Lo único que por esta vía cupiera fuese que Berta Canals desde su otra vida se levantara y obrara  milagro, o aconteciese de esa suerte algún otro tardío resultado a mis gestiones. Así que ya lo voy digiriendo, hay un tiempo para actuar y otro para quedarse tranquilo y en ese sentido me toca lo segundo.

Si no me estuviera tomando cloruro de magnesio cada mañana -esa cucharadita de cristalizado que la costumbre y mezcla en decilitro de zumo de naranja llegan a convertir en pócima casi neutra al paladar- estaría, repito, si no fuera por ese cloruro, atacada de los nervios ante ese vacío que ninguna otra nueva representación en mi espacio imaginativo logra llenar con carga tan movilizadora e ilusionante y me resulta difícil concebir que me pueda emerger otra fantasía de ese calibre; y es que se apareció como el propósito de mi vida, ¡nada menos!, eso que todos andamos buscando y solo unos cuantos -los auténticos privilegiados- reconocen tan fuerte, claro y temprano que se salen prácticamente del chupete para ponerse en su consecución. Mi voz interna lo supo en Cambridge, incluso antes de llegar,  que ahí estaría, que ahí estaba la clave para lo que he venido a hacer a este lado de la existencia, aparte de lo natural que a casi todos nos acontece, y ahora resulta que puede que solo fuese una escaramuza que me jugaran mis propias ganas aquello, y a saber a qué tardía fantasía tendría que atender de aquí en adelante para lidiar el auténtico combate, en el improbabilísimo supuesto de que me volviera a asaltar otra descomunal paranoia y la creyese de nuevo como la definidora total de mi conjunto.

Mientras tanto sigo con mi cúmulo de ocupaciones habituales. Claro que entiendo que esta vida va de una lucha contínua que solo queda definida cuando la palmas. Hasta ese instante cabe conseguir lo más estético dentro de lo que te es dado, si es que se pretende la auténtica forma, para que no te sorprenda como resultado final una boñiga en lugar del jarrón de tus sueños, o una cerámica de Lladró en lugar de la felizmente pseudo-desestructurada cagarruta que tu alma andaba en el anhelo de alcanzar.

No obstante, una de las actividades que más pillada me tiene en la actualidad guarda relación directa con este blog. Hace treinta y dos semanas que me manejo por Instagram, la aplicación y red social, donde me metí para ver de qué iba y, por supuesto, para tratar de promocionar estas página.

Instagram según mi experiencia

A horas de ahora me parece absurdo eso de verse en la tesitura de tener que emplear montañas de tiempo en pulsar likes a otros, que ni siquiera te interesan de verdad, para que estos a su vez te pulsen a ti y llenarte de contento a la que vas a mirar y encuentras el indicador rojo prendido, señal de que a alguno le gustó lo que colgaste, con el numerito que indica a cuántos, y corres a enterarte de quién te dió el clic y a qué foto le pulsó el me gusta, enredada tu también, sin poder desengancharse.

Tengo esa visión al carecer de haber dado con un feed-back interesante o descubierto el truquillo para que sirva a mis propósitos. Quién sabe si voy a cambiarla.

Al tratarse de una aplicación de  teléfono destinada a compartir fotos y vídeos, me he dado cuenta que entraría dentro de lo muy singular, por no mentar de nuevo a lo paranormal, que tan siquiera a medio de uno, de entre mis proporcionadores de likes o seguidores, se le ocurriera ir a mirar al perfil y ante el link a estas páginas -que estratégicamente allí coloqué- le deviniese la curiosidad, pulsara en el enlace y frente a una visión de casi puro texto se quedara enganchado a las líneas. Adentrados en el supuesto, llega la segunda prueba a superar, y es que he comprobado que resulta en extremo incómodo leer y moverse por un blog basado en letra escrita cuando es visualizado en pantalla de ese minúsculo tamaño.

Para descartar que pudiera creerse que juzgo a Instagram como el zorro de la fábula a las uvas que no alcanzaba, diré que me ha resultado estimulante el hecho de colgar fotos y vídeos en un lugar cara al público, como en una galería supuestamente. Es atractiva y desde luego muy adictiva esa dinámica de ir publicando imágenes y recibiendo de inmediato la respuesta que van teniendo. Resulta hasta morboso, así vaya lo colgado de peluches; parecemos todos los perros de Pavlov, salivando por un like.

Desde mi posición lograda hasta la fecha solo alcanzo a ver la utilidad del sistema para aquellos que ya son famosos. A estos sí que con solo colgar su material les bastará y como plataforma de autopromoción y de pretendido trato directo con sus fans les debe de funcionar fantástico; también para la venta de los productos por ellos creados o avalados, o para poner de relieve las causas que apoyen. Todo sin malgastar un minuto, y si algún día se levantan con ganas extras de halago vertido sobre su figura pública, con pasear su vista por unas cuantas ristras de los comentarios dejados por sus admiradores les bastará. Tan inocentes estos, que no saben como va el mercado entre bambalinas, tan puros en su desinterés al manifestarles su afecto. Aunque en el fondo seguro que estos también están queriendo algo de sus célebres predilectos; así les alcance una micronésima de su halo, alguna oculta esperanza para sus vidas los impulsará a ponerse en contacto con su estrella del ámbito que fuese. Por la vía social de Instagram pueden creerlos cerca. De hecho, en las cuentas que manejan en persona, se llega a percibir el latido del célebre dándole a su pantalla al otro lado de la línea, y no digamos lo familionarmente* bien tratada que se sentirá su tribu de obsequiosos si, para corresponder a la estima e incentivar el fervor, contesta a boleo el admirado a algún comentario.

Dije "pretendido" trato directo, pues no se la puede jugar el famoso, bajándose de su podio al fango del pantanal, a exponerse a que le salga el monstruo del Lago Ness ofreciéndole una manzanita en su disfraz de abuelita, para tentarlo y caiga. De otro costado, para qué se va a enmarañar dicho célebre en los territorios inciertos del habla tú a tú con un desconocido que se le presente a través de las redes sociales, si ya tiene para aventura el desarrollo de su arte y para fruta exquisita la extra abundante y jugosa que le proveen sus cuidadores del jardín encantado. Para qué iban además a necesitar de hacerse en relación de igualdad con cualquier mortal fuera de su círculo protegido, si aún sin salirse le surgen al paso los bichos raros, como el loco ese, que va persiguiendo desde hace diecisiete años a la actriz americana Gwyneth Paltrow, con el propósito de casarse con ella, pues la siente consumida y pretende a envite de  biblia y miembro viril devolverle el contento.

Imagino les resultará también más útil Instagram a aquellos que quieran promocionar algún producto -o a sí mismos- fácil de incluir en alguna categoría. Así los clasificados sin margen de duda podrán ser encontrados sin margen de error por sus buscadores, y de esa manera, rápidamente, adquirir una creciente cantidad de seguidores aquellos que destaquen por su excelencia en la materia a la que se dediquen; de ahí a hacer negocios o a tratar de cumplir con las intenciones y expectativas que los llevara a abrir cuenta en este medio.

Celebración de la primavera
Porcelana de lujo Lladró
Igual habrá muchísimos metidos a Instagram por la simple ansia de curioseo y para rematar la matada de tiempo en los tiempos que se contemplan y anomenan "muertos"; otros lo usarán para intercambio de imágenes entre su círculo de próximos y no entrará en sus planes expandirlo; y otros lo mantendrán a modo de diario o revista a tope ilustrados, donde enterarse de lo que se cuece en las élites del ámbito que les interese.

A mi me ha sido útil Instagram hasta la fecha para descubrir a algunos artistas plásticos, y a un fotógrafo con el que me he puesto en contacto, pues pienso podría valer para que lo contraten en la productora cuando se agolpen en los próximos meses los trabajos que deberían surgir, encomendados gracias a mi labor de comercial. Esto me queda corto, desde luego, para justificar la energía invertida.

¿Seguiré o no seguiré entonces en Instagram?; esta es la cuestión que está por resolverse.

¿Para qué sirve tener seguidores en Instagram?; esta es la otra cuestión que me gustaría tuviera respuesta.

lunes, 11 de enero de 2016

Gracias Freddie Mercury

Gracias David Bowie

Se oscurece el panorama cuando un genio se va. Es triste que tengan ellos también que dejar esto, por más que perduren en su obra, como esta de David Bowie, sublime a poco de morir...
o en el post siguiente, junto el otro injustamente desaparecido, Freddie Mercury y el mágico resultado de la unión entre ambos, Under Presure.


domingo, 27 de diciembre de 2015

Santa Claus

Meg with a broken arm
Pintura de Elisabeth Peyton 
En particular charla propiciada por el asueto navideño surgió de explicarle a mi hijo Simón el tipo de pegamento que nos ligaba a su padre y a mí. "Es el super glue que se da o no se da, mágico, sin fórmula que buscarle" -y sigo exponiendo aquí- ese algo que  hace que la pareja viva su relación en la gloria perpetua, con sus debidos momentos de cabreo mutuo, claro está, mucho más picante y rotundo el estado ese que el alienado flotante cuya duración -cualquiera baraja cifras al respecto-, lleva la fecha de caducidad inscrita dentro de su propio código de existencia, y bien urdido está el plan, por el hado que rige a nuestra especie, pues ¿quién podría, o querría de veras, pensándolo con claridad, mantenerse hasta el fin de los tiempos suyos en ese estado fuera de sí?. De resultar eterno el embobamiento propio del recién caído en brazos de Eros, ansiaríamos como elixir del amor supremo volver a una cotidianidad en la que pudiéramos proceder bajo los influjos de nuestro único ser individual, libres de nuestros arrobados corazones latiendo a la par,  sin precisar de súbitas enardecidas reacciones orgánicas a cada nueva presencia del otro para corroborarse en la vivencia de la pasión, o dejar de vivir cada una de sus cortas ausencias como un destierro. Bendita la relación estable, con sus exquisitos grandes momentos, más allá de sus fogosos o no tan ardientes comienzos.
Pintura de Elisabeth Peyton

"¿¡Magia mami!?... lo que os une es la costumbre y la de años que lleváis juntos", me respondió Simón, descabalgándose del caballo alado que sintió le pretendía vender, cual Santa Claus cargado de sorpresas. Pero ¿acaso la vida no es una continua invención y ánimo de lucha para sacar adelante nuestro cuento?. Entonces ¿quién podría discutir mi versión o realidad de los hechos?.

Igual debería estar repleta de gozo pues en la sobremesa en la casa de mi madre, al preguntarle mi hermana Clara a Simón si consideraba que su novia era la mujer de su vida, se tomó mi hijo un instante para meditarlo y respondió que la mujer de su vida era yo. El poco mérito por mi parte estriba en que con su chica se hallan en ese punto fluctuante entre si continuar o dejarlo.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El desacierto de Mark Zuckerberg


Mark Zuckerberg, con su política de combatir los "nombres falsos" ha conseguido dejarme anonadada. El creador de Facebook pretende eliminar nuestro posible poliedrismo forzando a sus clientes de red social a presentarnos los unos a los otros mediante única "auténtica" faz, esa avalada por el nombre y apellido con los que fuimos cargados al nacer, o que depositamos en nuestros documentos identitarios años luego, amiguitos planos, sin doble o triple vertiente, reconocibles todos por una personal exclusiva filiación, con el objetivo de evitar volvernos peligrosos, pertrechados ocultos tras la inexistencia de nuestro físico constatado por carnet. Lo superlativamente grave, encuentro, es que procedieron en la implementación de la medida lanzándose cual sobre presa a extirpar, directos a las vísceras de su sospechoso, ese sujeto que precisa de bifurcarse para caminar exento de su asignado nombre por alguno de los ramales que se le ocurran.


Protestas en la Pride Parade de San Francisco
Así que me encontré esta semana, sin previa errada maniobra por mi parte, con la pasmosa sorpresa de ver como mis "amigos" de Facebook comenzaban en cascada a clicar "like" en las fotos colgadas o a dar al pulsador para seguirme en mi otra cuenta de red social, Instagram, en la que por algo -deberían haberlo considerado los pensadores de Zucherberg- me anoté bajo nombre imaginario, y solo a una mente viciada, u en exceso oxigenada, podría ocurrírsele motivo obsceno, perverso o criminal,  por encima del artístico, o el simple sanísimo de dar rienda suelta a expresarse sin el corsé de una pública, quizá políticamente correcta y demasiado atornillante, única identidad.

Define el Diccionario de la Lengua Española la palabra seudónimo o pseudónimo como nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio. Así que de lejos viene marchando por las vías de la expresión creativa eso que Mark y su equipo pretenden extinguir de su circuito.

Por supuesto Mark Zuckerberg puede hacer con su empresa lo que le apetezca, faltaría más, y así lo hará. Mira si va a tener en cuenta comentarios semejantes o la de manifestaciones que se puedan organizar.  O sí, y en consecuencia los demás seguiremos o nos desapuntaremos de ese engendro de su mente, invento que funcionó hasta el éxito total que tiene y ha contribuido una enormidad al encuentro social y a cambiar las formas. Por tanto le agradezco, y le supongo al ser de Mark Zuckerberg un buen pedazo de inteligencia y capacidad de maniobra acertada, no obstante puedan ocurrírsele algunas pifias.

Se han manifestado en este dos mil quince colectivos de lesbianas, gays, transexuales y drag queens. En mi caso particular, he de decir que lejos de impetuosos caudales fue un goteo de los cuatro amigos que tengo en Facebook lo que provocó mi estupefacción, cuando se vinieron uno tras otro a pulsar en mis fotos de Instagram, los que tienen a la vez cuenta en esta red, enterados por la de Facebook de mi existencia bajo otro nombre, que no daba abasto a bloquearlos -debido a mi lentitud de reflejo- por el riesgo de que puedan descubrirme en este blog, cuyo enlace coloqué  junto al perfil.
                     

jueves, 10 de diciembre de 2015

Superstición del prado verde

En mi bosque
En esta estepa solitaria donde en círculo me muevo, plagada de hoteles, mares, piscinas, cielos azules y áreas de spa, cuento con una particular fuente, proveedora de un placer casi tan lúbrico y excitante como el retozo de la pareja en escapada vacacional, sumergida en el jacuzzi de la suite, entre perfumados afrodisíacos micronutrientes, en los recintos de mis potenciales o adquiridos clientes. A fin de cultivarme en lo íntimo me dedico en el intervalo de mis tareas comerciales a recolocar mi órgano muscular situado en la cavidad de la boca, como lo hacía el político orador, según reza leyenda, para ganarle partida a sus dificultades de locución, Demóstenes, metiéndose piedras que lo ayudaran a variar posturas entre los elementos de su aparato fonador, hasta lograr modular sonidos que encajaran con los sones que deberían ser para hacerse entender con gracejo conquistador. Dijo Albert Einstein: " La vida es como andar en bicicleta. Para mantenerse en equilibrio, hay que seguir pedaleando". Por ello es que le digo yo a mi lengua, "venga amiga, va, ayúdame, conduce tu dorso hacia atrás, haz tu intento por acariciar al paladar mientras reproduces en el idioma de Shakespeare", y ella me responde, "yeees, my darling", lanzándose al toqueteo con su vecino de arriba hasta el punto de quedar entumecida por ejercitar tanta postura fuera de su habitual. Esta es en el presente mi segunda actividad sensitivo oral favorita y el modo más sugestivo y palpable que encuentro de dar marcha frente al manillar.

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Tuve antaño la superstición del prado verde que quería ver logrado dentro del perímetro de mi terreno hogareño, como signo de la fortuna que se plegaria por fin a mis deseos, esos cumplidos o incumplidos que por lógica nunca llegan a saciar, ansias que únicamente van cambiando de objeto, lo sé. Por ello, cansada de esperar y desde que leí un artículo, mi óptica referente al asunto viró. Contaba en la revista un ecologista, cuyo nombre -lo siento- no retuve, que los céspedes a humedecer por  riego artificial eran una locura insostenible con origen en los británicos del Imperio de su Majestad que pretendían pisar y ver en áreas coloniales de escasa lluvia mansa y constante las mismas acolchadas esmeraldas praderas que la naturaleza de por sí otorgaba a los de su isla madre a cambio de la escasez de espléndido sol.

Dejé de invertir siquiera un instante en tratar de resucitar tallos tiernos de mi cerca de extinguida grama,  siquiera un minuto empleo en el presente en levantar las hojas muertas o recoger del algarrobo sus frutos caídos; vainas fertilizantes son para el suelo estos últimos, según escuché alguna vez y ahora atiendo. A ver si se forma de humus una capita y paso a tener un híbrido de bosque mediterráneo con jardín de Alicia, en los lindes umbrosos de su pradera, albergador de conejos con relojes, agujeros y sorpresas. Mejor que el otro extremo posible del arreglo, si me hubiera sido concedido, laberinto de arbustos cincelados a la escuadra por donde cupiera la eventualidad del perseguidor del cuchillo, a sus bordes entramado rebuscado de reales parterres a la francesa, con la guinda que resbalaré desde la cúspide de crema de ese género de pastel, como la guillotina sobre la nuca de sus pertinentes majestades. Por cierto, allí también constaba el alfombrado en tejido de briznas en gran extensión; véase como muestra Palacio de Versalles, Luís XIV -siglo XVII-; ¿se regarían los aristocráticos bien pulidos prados de la Francia por exclusivo efecto del cielo?; ¿desde dónde vendría y hasta donde alcanzaría, sino hasta nuestros días entonces, la influencia de esa tendencia jardinera?.

Será que el ecologista de mi revista al apuntar hacia los británicos se refería a la repercusión entre el gran público, a la euforia desatadas entre los pequeños particulares a escala planetaria por tener su pedacito, gozar con la hierba bajo sus pies de una reunión al aire libre, sillas, tumbonas, chuletas, salchichas a la barbacoa, emplearse con el cortacésped los fines de semana, instalar en su centro una piscina, o aspirar a ella, quizá en una esquina, de lona o de las de construcción, los cansados o más pudientes contratar al segador-jardinero, que ha de contribuir a la felicidad, o acelerar algún divorcio; campo de golf comunitario, la más extensa de esas extensiones, a eso se referiría el ecologista, digo yo.

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Voy a guardarme de contar otra superstición en la misma línea; algo que de lograrse me posicionaría automáticamente a las puertas de conseguir el sueño. Esa, aunque amortiguada, sigue activa; lo apercibo cuando en alguna vuelta de esquina me sorprende con ataque mordaz; de ahí mi deleite con la lengua arriba.

* "Life is like riding a bicycle. To keep your balance, you must keep moving"

martes, 10 de noviembre de 2015

Lo que importa

Simón - Óleo de Susanna Morell
Seguir haciendo es la única manera de continuar sin concederme el espacio de tiempo y mente para considerarme una inepta en el arte de adquirir una coartada que explique a mi juicio de manera glamourosa para que  maldita obra he venido yo a nacer. Me concentro en los hoteles, trabajo que me gusta en la medida que funciona como el blog, siempre pendiente del azar, luego de hacer cuanto se puede, con los mecanismos de la posible variante activados, en busca de lo mejor que salga, a la espera del resultado que habrá de llegar, en forma de sustanciosos contratos, o simplemente será el premio que se trasvase esa energía conseguida en el hacer con entusiasmo, de una actividad a la que le sigue, como sostenido motor para permanecer ilusionada, que por mucho que pueda decir que para mí buscar clientes de foto y video pasa por ser un mero trabajo alimenticio, en el fondo considero que importa lo suyo en la esencial construcción y constato que el conjunto de mis quehaceres funcionan como máquina integral, ninguno menos imprescindible dentro del engranaje, aun los que me enervan al realizarlos, por su constante repetición, a través de un transcurso interminable, y la sensación de no aprender nada al hacerlos; ¿acaso estuvo desperdiciando su tiempo Nelson Mandela, veinticinco años picando piedra?.

He de decir en verdad que me ha costado lo suyo asimilar el fin de este blog. Por más que me encantó escribir y recuerdo de maravilla la época en Inglaterra, esperaba a la postre resultados palpables, posibilidades que se me abrieran, acontecimientos que me vinieran dados, prácticamente regalados y que me engarzaran en una trepidante acción.

Al permanecer como eterna soñadora, de fantasías que permanecen sin cobrar presencia, se puede llegar al punto en que una empieza a elucubrar en qué estribará la diferencia, si la hay, entre el cuerdo y el loco, ahí, en ese tenue margen en que se juntan sus cabos. Incluso los hijos pueden en el fondo achacarte la raíz de los problemas que los atenace. Qué gracia tiene, me digo, que hayan contado los míos con una madre cariñosa, entendedora, presente. Igual o mejor les hubiese estado otra señora con menos horas a su lado, ocupada con éxito en el terreno de la practicidad, proveedora si se quiere de cierta dosis de congoja, más capaz de apoyarlos en sentido menos íntimo. Aunque de ellos no he recibido indicio de queja.

Tengo la suerte de que mis chicos solo se aparecen para contar sobre lo bueno que les pasa. Lo mido en comparación con mi hermano Mateu y a mi cuñada Maite. Mi sobrina, por ejemplo, corre al teléfono o acude a su presencia con el grifo de las lágrimas a chorro, cada vez que la invaden los disturbios del amor, y ellos sufren con la niña, al verla tan desesperada; por otro lado a mi sobrina, a sus veinticinco años sin cumplir, la reciben  en el aeropuerto de New York con limusina, para trasladarla al hotel donde se aloja en la  Quinta Avenida, habitación doble con camas tamaño king size para ella solita. Acude desde su filial en Barcelona, donde al poco de empezar en una asesoría de empresas destacó como una crack y empezaron a mandarla por el mundo en nombre de esa compañía estadounidense. Recién licenciada de ingeniería fue contratada para trabajar en Francia, donde hizo sus prácticas internacionales. Allí entró directa a ser apreciada como profesional y persona por la cúpula de una renombrada cadena de supermercados; experiencia que tras dos años y medio decidió dejar, en busca del sol barcelonés y nuevo estímulo, ese que ahora la ha llevado a tener que cruzar con asiduidad el atlántico. Entonces mi sobrina llama a sus padres llorando, ahh, ahh, ahh, ese novio mio, ahh, ahh, ahh, que nos encontramos en Amsterdam, Londres, París, ahh, ahh, ahh, que me besa en público en la cancha, para cotilleo del graderío completo, en el campeonato de las campeonas del privado club del pueblo, ahh, ahh, ahh, que me tiene atormentada esa relación, ahh, ahh, ahh, que me siento incapaz de abandonar.

Simón debe de estar bien; ¿cómo estás, hijo?, le pregunto, bien, me responde; pero lo noto medio abatido. Se marchó de Madrid y vino a vivir a casa. Dejó el trabajo y la novia allá para emprender el proyecto que se le desvaneció al poco de llegar. Tenía múltiples opciones que se le ofrecían, según su criterio al principio, que igual se le esfumaron, y ahora se encuentra sin dirección, creo adivinar, pues como dije, si no es para notificar alegrías prefiere mantenerse con la boca cerrada. Tenía inclusive un plan que dependía únicamente de si mismo, sin embargo, lo veo atrancado en la inacción. Ojalá encuentre la vía por dónde arrancar, o más factible, se ponga en marcha y la encuentre. Tiene una cierta idea de irse a Bélgica, si le sale, a hacer de currante en una instalación de cables por seis meses, a fin de cobrar el buen sueldo que ofrecen y ahorrar, así  a la vuelta podría dedicarse, con la tranquilidad de los gastos cubiertos, a lo que quiera hacer... y ahí está por ver qué será eso. Mi apoyo en estos momentos consiste en tenerle alimento en la nevera y plato en la mesa, para que recupere de la extrema delgadez, pues vino de Madrid literalmente, como se dice, en los huesos; en eso sí va ganando y luce ahora más lustroso. Es increíble, igual que de recién nacido. Ahora se ha ido por unos días a verse con la novia, ojalá ella le obre maravillas. Por esto estoy en su dormitorio, tecleando en el portátil sobre su mesa, que es la mía cuando el cuarto queda libre, y gozo del otoñal sol, que entra por los ventanales y caldea hasta la tarde.

A mi marido le va perfecto en su constante acto de creación literaria. Son los asuntos editoriales los que están pendientes de darnos las buenas noticias que necesitamos para poder andar descorchando ampollas de cava*, en un sentido figurado, pues de paladar, la verdad, preferimos los excelentes vinos que ya nos tomamos, gracias a Dioniso, provenientes de las bodegas familiares, cajas enteras, mi embriagadora única herencia.

Los impagos se acumulan. Ahora mismo estoy rabiosa por haber tenido que hacer una transferencia, dejando nuestro saldo arrasado, a la cuenta de una piscina comunitaria en la que llevamos años sin dar brazada ni tender la toalla, solo para pagar las costas de letrado y procurador que de un plumazo se embolsaran por unos minutitos de gestión lo que a mi me lleva semanas conseguir y taño campanas cuando resulta. Diezmo al que le seguirá el auténtico pago, que a saber de dónde vamos a sacar para liquidar.

Rabia, la anterior, sobre el bienestar de espíritu provisto por lo siguiente. 

A las doce de la noche del jueves pasado suena el teléfono en casa y es la novia de mi hijo Lucas, ellos que viven en la urbanización vecina, preguntándonos si sabíamos algo de él, pues desde las ocho y media de la tarde en que se comunicó con ella desde el coche, camino de regreso al hogar, sugiriéndole salida al cine luego de cena rápida que ella tendría a punto, pues no había vuelto a saber de él, y se encontraba extrañada e inquieta. Venía mi hijo desde Barcelona, a trentainueve kilómetros de distancia.

- Sí, realmente es raro, menuda retención de tráfico debería de haber habido... y sin comunicación en el móvil... es un tanto alarmante, le digo.
- El dice que por las costas lleva vistos muchos accidentes, y claro...
-¿Quieres que llame a la guardia urbana?, le pregunto,.. ya con un cierto desasosiego.
-Sí, por favor,  y dime algo.

Lucas - Óleo de Susanna Morell
Llamé y pregunté si estaban enterados de algún incidente o accidente que hubiera habido en esa ruta por la que él venía.  El policía al teléfono dijo que no tenían reporte de ello dentro de los términos del municipio, que abarca los kilómetros de carretera bordeando la montaña junto al  mar. Luego el hombre se ocupó de extender las oportunas averiguaciones fuera de su zona y llamó de vuelta, causándonos sobresalto antes de descolgar el auricular. Era para informar de que no había habido accidentes o ingresos hospitalarios en el área de Barcelona bajo el nombre que le había dicho. Llamé a los Mossos de Escuadra, policía autonómica catalana, y lo mismo. El mosso de Barcelona que me atendió al otro lado de la línea dijo que lo más probable es que  algún amigo lo hubiera llamado y se hubiesen ido de copas; lo dijo con confianza, ¡vaya el hombre!, en lugar de pensar en alguna mafia asesina o secuestro express, como si supiera del cierto lo que al fin resultó. A las cuatro de la madrugada se presentó mi hijo en su casa, y la novia nos avisó. Yo ya dormitaba, pues cuando ella me dijo que si no había habido accidentes, entonces es que estaría por ahí, dando también casi por segura la presunción del poli, y que se iba a descansar, pues yo hice lo mismo, meterme en la cama. Mi marido se quedó al tanto, por alarmado y por entrar en su hora natural de estar despierto. A las cuatro de la mañana llamó ella a mi marido. Me entró un relax estupendo al saber, puro sosiego celestial que me dura hasta este instante, al margen de la momentánea crispación. Aunque mi hijo se saltara el compromiso con su novia, aunque explotara, como me dijo, de una convivencia de pareja que le complace y quiere abandonar a partes iguales por no verse tan joven en esa tesitura casi matrimonial para el resto de sus días; que gran felicidad, alivio, hablar luego con él, con ella, todos vivitos y sin rasguño; decidan lo que decidan hacer luego.

*Ampolla de cava: Botella de vino blanco espumoso catalán (tipo champán francés).

martes, 6 de octubre de 2015

Fin


Gracias, mi visitante amigo de Rusia.
Can you hear me?.... Можете ли вы меня слышите?....  ¿Puedes oirme?.....


David Bowie - Space Oddity (letra en inglés y traducción al español)

Sacado del Blog oficial del programa Corazón de Canción de http://radio.acup.es/
Letra Original:
Letra Traducida:
Ground control to major Tom
Ground control to major Tom
Take your protein pills and put your helmet on

Ground control to major Tom
Commencing countdown, engines on
Check ignition and may God's love be with you

Ten, nine, eight, seven, six, five,
Four, three, two, one, liftoff

This is ground control to major Tom
You've really made the grade
And the papers want to know
whose shirts you wear
Now it's time to leave the capsule
if you dare

This is major Tom to ground control
I'm stepping through the door
And I'm floating in a most peculiar way
And the stars look very different today

For here
Am I sitting in a tin can
Far above the world
Planet earth is blue
And theres nothing I can do

Though I’m past one hundred thousand miles
I'm feeling very still
And I think my spaceship knows which way to go
Tell me wife I love her very much
she knows

Ground control to major Tom
Your circuits dead,
there's something wrong
Can you hear me, major Tom?
Can you hear me, major Tom?
Can you hear me, major Tom?
Can you....

Here am I floating round my tin can

Far above the moon
Planet earth is blue
And there's nothing I can do.
Control de Tierra a Mayor Tom
Control de Tierra a Mayor Tom
tome sus proteínas y póngase el casco


Control de Tierra a Mayor Tom
comienza la cuenta atrás, motores en marcha
Compruebe el encendido y que el amor de Dios esté con Vd.

Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco,
cuatro, tres, dos, uno, despegando

Control de Tierra a Mayor Tom
realmente ha pasado la prueba
y la prensa quiere conocer
de quién es la camiseta que viste
Ahora ha de abandonar la cápsula,
si se atreve

Aquí mayor Tom a Base
estoy saliendo por la puerta
y estoy flotando de un modo muy peculiar
y las estrellas parecen tan distintas hoy

Por aquí
estoy sentado en un trasto de hojalata
muy por encima del mundo
La Tierra está azul (y/o triste)
y no hay nada que pueda hacer

Aunque más allá de 100.000 millas

me siento muy tranquilo
y creo que mi nave conoce que camino coger

Decidle a mi mujer que la quiero mucho,
ella sabe

Control de Tierra a Mayor Tom
sus circuitos están apagados
Debe haber algún problema
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me...

Estoy aquí, flotando alrededor de este trasto
de hojalata
muy por encima de la Luna
La Tierra es azul (y/o triste)
y no hay nada que pueda hacer.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Entre Berta y yo

La Plana - Pintura Susanna Morell
Luego de la sorpresa inicial, a su edad y condición física no tan inesperada, siento a la semana el vacío por la marcha de Berta Canals. Imagino qué le pueda estar sucediendo a quién la atendía de continuo en el cometido de conseguir esa magnífica imagen que ella ofrecía, desde su trono de real mando. Mi madre, de un equilibrio excepcional, al fallecer su suegra siguió escuchando día y noche el tintinear de la campanilla con la cual mi abuela solicitaba el presto servicio que ella y demás le brindaban con diligencia de ayudas de cámara; hasta el punto de tener que acudir a la consulta de un psiquiatra.

Creo que entre Berta y yo se dio una suerte de conexión, al menos durante un rato por parte de ella; algo que ver teníamos, proveniente de lo más profundo y ancestral; será por esa tierra dura en la cual nacimos, campos del interior, de esos padres roturadores de la piedra, inteligentes, del negocio; con madres de alma más cultivada, diría ella. O será que conecté yo de modo unilateral por devenir Berta el personaje que fue.

Le admiro ese personaje que de ella misma supo extraer. Agradezco haberlo presenciado. Imposible hubiese sido de otro modo hacerse idea de algo tan original, extremado y complejo. Tuvimos el privilegio, las veces que a su casa acudímos mi marido y yo, sentados junto a su mesa de comedor, transcurriendo como en una nube de irrealidad, más cinematográfico todo el conjunto que salido de la directa pantalla.

Tengo registrada como íntima hazaña, congraciada con el azar, el lograr que respondiera a mi carta; entre las variables que favorecieron estuvo el que Berta resultara dejarse llevar por la intuición, pues la tomó en cuenta antes de enterarse de la excelencia de la pluma de mi escritor marido. En otro tanto por ciento habrá influido el conocer Berta a mi tía, y saber de mi familia, la suficientemente cercana a su propiedad en el campo como para estar enterada de los chismes sobre propiedades y herencias que puedan correr. Vio una vez a mi padre en su castillo y se acordaba, cuando Berta acompañó al matrimonio Cela, del Nobel Camilo José Cela, por motivo de investir a la esposa, la periodista Marina Castaño, con un título honorífico anual concedido en montaje de gran fiesta por una cofradía de los vinos; Berta me aclaró.

Campos de La Segarra 
Por las relaciones el mundo se te abre como flor de la pasión para enjugar sus néctares; por las inexistentes te quedas a palo de regaliz, perpetuo solicitante a la espera, hasta que a fuerza de intentarlo se produce el acontecimiento excepcional, o no, que puede surgir, en caso de hacerlo, incluso de la sopa más boba, sin fideo cabellín; todo es cuestión de aprovechar lo que se tenga y divertirse en el intento, pues a la postre, como es bien sabido, el humor de verdad es lo único que conserva a través de los años su peso específico. Y está bien que me haga la maestrilla en este estadio, cuando ella acaba de fallecer y se cierne sobre mi cabeza otro otoño; ¿el definitivo?.

Lo dejaré aquí. ¿Un blog secreto para acceder a la universalidad?, ¿quién se atrevería a decir que no?.

Descansa en paz Berta Canals. Te agradeceré hasta mi desaparición el haber insuflado un cierto aire de consistencia al material de mis sueños. Algún día vendré a presentarte mis respetos frente a tu tumba en tu pueblo de Santa Fe, cementerio silencioso, si es que allí encuentro tu lápida, o al aire seco clamaré tu nombre entre las espigas, y una rosa amarilla o blanca entre las amapolas depositaré, si es que te han incinerado.

-¡Treinta año de espera!, Berta hizo su cálculo y se estremeció al nombrarlo.
-Tampoco te creas... eh, Berta..., yo le decía, ... lo hemos pasado muy bien.
-Pues claro que sí, mujer, ya me lo imagino. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Hasta siempre

Dibujo de Fernando Krahn
Veintiuno de septiembre, inicio de otoño, hoy ha muerto Berta Canals; mañana los periódicos vendrán llenos de la noticia. Esta tarde llamó a mi marido un amigo escritor y periodista encargado de hacer la nota pertinente para el diario en el cual ambos colaboran, pidiéndole unas palabras sobre ella. Todos hablarán. Pocos lo lamentarán tan en silencio como yo. Temo la llegada del invierno, sin calefacción en casa y sin su calorífico halo en lontananza, distancia a lo cierto corta para mis adentros.

Mi marido la rememora así en su lugar de red social:
"Este es un oficio encabronado al que he dedicado la vida y ahora que la estoy encerrando, veo que tuvo momentos que no cambiaría por nada, me escribió hace ya un año. La conocí tres años atrás, cuando me hizo venir desde Cambridge, donde entonces residía, para que tuviéramos una conversación. En pocos meses consiguió que tres prestigiosas editoriales publicaran tres novelas de mi autoría (RBA, Galaxia Gutemberg y Editorial Porto, de Portugal, que me publicó una novela aún inédita en castellano). Doy fe de que era rápida, inteligente, brillante, dueña de un carácter fuerte pero a ratos (muy frecuentes) cariñosa. Era tenaz, emotiva, intuitiva, lista (por supuesto), y muy entrañable para los que llegamos a conocerla. Comí en su casa, en compañía de mi mujer un par de veces; la última acompañados de Xavi Allen, de la Vanguardia y Joan Tarrida, editor de Galaxia Gutemberg. En otra ocasión la visité una tarde de verano. Estábamos sentados a la mesa, bebiendo café, y a ella se le ocurrió comer cerezas. Mandó que las trajeran. Eran deliciosas, pero en el momento en que me metí una en la boca ésta reventó manchándome la camisa. Me ruboricé, y seguramente se notó, porque Berta dijo: "No te preocupes L., son cosas que nos pasan a todos". Inmediatamente mandó que trajeran un quitamanchas. Cuando en cierta ocasión deslicé una queja por lo poco que, a mi parecer, se vendían mis libros, ella me contestó por e-mail: "L, tu ten paciencia y sigue escribiendo hasta el fin del mundo". Estoy seguro de que nunca la olvidaré. Hasta cuando sea, Berta."

jueves, 6 de agosto de 2015

Para que lo lean mis hijos

Simulated cover - Portada ficticia
Me siento como si acabara de parir; mi cuerpo aflojado de golpe, recién descomprimidos mis músculos tras el salvaje esfuerzo. Ahora sí podría irme tranquila de vacaciones con la seguridad de haber dejado la labor cumplida. Ha sido largo y duro, pero al fin la criatura está afuera. Será la que será, o no será ninguna, pero que mi misión ha sido cumplida, de eso no me cabe la menor duda.

He de decir, como he leído en revistas manifestar a alguna buena madre con brillante desarrollo profesional aparte del de tener crianza, he de decir, antes de que me llamen desde Mike Zoss Production Inc., la productora de los cineastas hermanos Joel y Ethan Coen, he de decir, para que lo lean mis hijos en el futuro y no piensen que lo descubrí a posteriori, que nada mejor espero, aunque de aspiraciones estoy repleta, ni mil veces ampliado lo que me esté por ocurrir de emocionante y venturoso doy por seguro se podrá comparar jamás con el hecho maravilloso e inigualable que nos ocurre a todas las hembras que hemos criado, el de haberlos tenido a ellos y haber gozado del gran lujo de crecer en su compañía. Aunque mis hijos ya lo saben; lo terribles que fueron de pequeños, que en su clímax el lío que armaban, había yo llegado a salir de la casa disparada, sin poder aguantar más, calle abajo corriendo, respirando hondo el aire de los pinos, a ver si me oxigenaba, y ellos detrás, persiguiéndome por la urbanización, ¡mami!, mamiii!, con miedo a que me fuera a tirar al barranco, que si cualquier vecino nos viera, pensaría que desde luego esa familia no era normal.

Mañana echaré la carta al correo, la tercera en tinta y papel en estos cinco años, esta vez en un papel hecho a mano que trajo mi marido hace tiempo, cuando fue a entrevistar para su artículo en el diario a la directora de un museo del papel, el Museo Molino Papelero, antigua fábrica en un pueblo catalán reconocido por dicha producción casi extinguida; lo guardé, y de ahí que ha servido como esperaba para algo importante. 

Burra en Las Navas del Selpillar, Córdoba, Andalucía, España
¿Porqué pienso que esta vez ha sido como el parto de la burra** y en la anterior se quedó en un mero intento?.

Pues por el compromiso del cuerpo entero en la labor, y lo que me ha llevado hasta llegar a la expulsión definitiva, con muchas falsas alarmas de por medio. No voy a entrar en detalles, pero puedo asegurar que algo tuvo de parecido a cuando nacieron Lucas y Simón.

Caballo-logo con fondo de puesta de sol y campo de cereales
En realidad van dos misivas en el mismo sobre; una a otros destinatarios que debería haber echado a la papelera pero incluí; la otra dirigida especialmente a mis estimados hermanos Coen. Solo una sombra se cierne sobre mi panorama; y es que en cuanto tuve el sobre lacrado fui a dar en la red con la aclaración de que la palabra Jew -judio- aunque técnicamente correcta se ha ido cargando de cognotaciones negativas, debiendo mejor evitarse, pues podría ser tomada como un insulto, y esa la que yo utilizé, en lugar de Jewish, que significa lo mismo, más puede usarse con toda la tranquilidad del mundo.

*Burra: Equino hembra cuya gestación es muy larga, de 12 a 18 meses según la raza. 
*"Es como el parto de la burra": Antiguo dicho popular del campo andaluz aplicado en el momento de lograrse algo que ha tardado mucho en conseguirse.

miércoles, 8 de julio de 2015

Siete de julio

Óleo Susanna Morell
Cual le sucedía a un personaje de Vladimir Nabokov, inquieto ante las coincidencias que parecieran significar, a mí también me pasa. Coincidencias simbólicas, así denomina el escritor al rescatado fenómeno subjetivo que pone en boca de su criatura a razón de encontrarse esta en el escaparate de una tienda de regalos con un objeto que costaba la misma cifra en francos que su edad en años, u otro posible obsequio decorado en su esfera por los escudos, redundantes en la misma cantidad, de los tantos cantones suizos. A mi también me sucede, aunque las siento como amigas, a las matemáticas, hiperbólicas, quiméricas, en danza frente a mi perplejidad, etéreas coincidencias; incluso en la medida de lo posible trato de favorecerlas, que me usen, que me dejen formar parte de ellas; el porqué no sé, quizá por ser figuras íntimas, inefables, evanescentes, de gran belleza.

Por eso ayer, siete de julio, en que se cumplían cinco años desde el día de mi llegada a Cambridge y del principio de esta aventura, lo pasé a la espera y me resistía a creer que nada casual me hubiera llegado a suceder en los aledaños o sobre el pico de tan significativa fecha, y claro, pensaba, las pompas van hacia donde el viento las lleve, el azar decida o ellas mismas quieran, con escaso remoto control por parte del que sopla por la cañita. A lo sumo uno intenta potencia, dirección, y cantidad de ellas según jabón, para quedar mirando, el chasco de ni una sola, la esmirriada pequeñita o la grandota a medias que no osa desprenderse, o bien la ristra de hermosas, ellas, que bien dependerá también de la habilidad y experiencia. Así que habría que insistir, como en la infancia, con obsesión hasta que salga, a no ser que me haya cansado ya del juego, que para íntima repetición existen otros, igual de lúbricos y practicables desde temprana edad, menos complicados si se los quiere, con ganancia inmediata y favorecedores para la humanidad de principio hasta el fin de los tiempos. La otra posibilidad es que exista un fallo endémico en mi sistema, lo cual a veces me temo.

La joya de coincidencia me vino regalada esta mañana al enterarme en el diario de que fue la firma francesa de cosmética Lâncome quién consiguió reunirlas ayer en París, a Julia Roberts y Penélope Cruz, en una gran fiesta, con motivo de la celebración del 80 aniversario de la compañía fundada por Armand Petitjean en 1935 . Igual Salma estaría por los alrededores, en su casa posiblemente, pues ella presta imagen a otras compañías elaboradoras de productos de alta gama para mejora del aspecto. Imagino que pudieran encontrarse antes del evento, u hoy, dos de ellas siquiera, fuera de los focos, en el tiempo del petit déjeuner*, o a media mañana frente a un jus de fruit frais* o una boisson chaude*, en charla de mamás, en reencuentro de compañeras de cartel. 

*Petit déjeuner: desayuno 
*Jus de fruit frais: zumo de fruta natural
*Boisson chaude: bebida caliente, té café o chocolate