viernes, 25 de mayo de 2012

Juegos Olímpicos 2012

Manga pastelera
Ojalá le salgan bien a este país los Juegos Olímpicos que se van a celebrar en Londres este verano. Entonces empezaré a pensar que quizá mi visión es parcial y que he tenido mala suerte en la porción que me ha tocado.

Recibí del Girton College un mensaje firmado por una tal Gill cuyo párrafo principal decía lo siguiente:
"...Espero no le importe que la contacte de nuevo.
La persona a quién le ofrecimos el puesto no ha tomado la vacante y por eso nos preguntábamos si todavía sería de su interés.
Si es así, nos gustaría invitarle a visitar el College de manera informal. ¿Qué le parecería pasar algunas horas trabajando con el jefe de cocina?, ...".
Me hubiese parecido excelente, pero no hubo jefe de cocina.
Me presenté a la hora convenida y un hombre que encontré por los pasillos transportando un alto carro me acompañó hasta el lugar donde nadie aparentemente me estaba esperando.
Al rato un supuesto cocinero se acercó a entregarme una lista de canapés a confeccionar. Si no le llego a detener, ahí me deja abandonada con el jeroglífico en las manos. Con displicencia me fue mostrando los diferentes cuartos nevera y cómo preparar todo.
¿No era que iba a estar mano a mano con el chef principal?; lo último que se me habría ocurrido es que tuviera que ponerme a jugar al escondite con los alimentos y a crear montaditos según propia inspiración.
A las dos horas de estar ensartando en palillo queso con oliva y salchichón con uva para la recepción del funeral de Mr.Robinson vino a mi rescate Sara.
Sara es una española de Murcia que se puso a rellenar conmigo voulevants de salmón, mostrándome la manera experta de hacerlo, en tanto me iba dando pistas que pudieran servirme para avanzar en la profesión. Era muy simpática y se la veía muy eficiente. Hablamos todo el tiempo en inglés. Hasta me invitó a una paella en su casa para el verano. Al terminar me dijo que si le preguntaban, pasaría un informe bien favorable.

Al día siguiente, que es hoy, me ha dado la bienvenida al entrar en el vestíbulo de casa otro de los sobres que ya reconozco; antes de abrirlo imaginé la cantinela:
"Thank you... I am sorry... I have to advise you...", "Gracias... Lo siento... Tengo que comunicarle..."

He llamado a Sara por si tenía idea de lo sucedido.
Ella no sabe mucho pero algo me ha dicho.
En principio que ella no está en plantilla en ese college, que va por agencia cuando la llaman, pero que por lo que conoce, mejor para mí si no me han cogido, que ese no era un lugar en el que mereciera trabajar, que en esa cocina el ambiente se respira enrarecido, carente de profesionalidad y compañerismo.
"No te lo digo por consolarte, pero ese jefe de cocina pasa de todo y así le va a ir de mal en su carrera, y el rubio que te atendió, lo mismo. Estarán buscando a un chaval que pringue por todos ellos a precio de ganga", me dijo Sara.
¿Un chaval?.
No entiendo para qué me hicieron ir.
Sara me había mostrado fotos de sus obras culinarias realizadas en otras cocinas estelares de Cambridge, mucho mejores, según su criterio.
Voy a creerla.

Además:
-Bastantes enchufes del edificio de la farmacéutica en el Cambridge Science Park no funcionaban a un año de su inauguración.
-La página operativa de un supermercado en la red puede hacerte desaparecer en un clic y sin posibilidad de recuperación los puntos que te afanaste en coleccionar y comprar a los amigos para la fantástica vajilla que te iba a salir tan barata (le pasó a Monika).
- Una cafetería puede quedarse sin sus habituales tazas de porcelana para servir el café (me he encontrado con la misma contingencia a resolver con vasos de cartón en dos de diferentes cadenas).
-La información de trenes puede hacerte perder un vuelo (le acaba de suceder al hermano de Aurélie).

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