domingo, 22 de septiembre de 2013

Más sobre el ex jefe de mi amiga Felicia y su mujer Kitzia


Henri era hijo de una cantante francesa de origen griego, afincada entre la alta sociedad británica y propietaria de un afamado cabaret en Londres. El padre fue un héroe de la resistencia francesa, aunque por un tiempo se levantaron voces que aseguraban que Henri y su hermana eran fruto del romance habido entre la refinada artista y el Duque de Edimburgo, marido de la Reina Isabel II de Inglaterra. 
Contribuyó al rumor el hecho de que ella durante el proceso de divorcio de su primer marido se negase a hacer público el nombre del padre de los dos retoños que alumbró luego de separarse, y sin embargo sí trascendiera que ambos críos habían sido apadrinados por el Duque de Edimburgo.

Lo cierto es que la relación de la mujer con el consorte de la reina venía desde antes del nacimiento de ambos. El Duque de Edimburgo llegó al mundo en Corfú como Príncipe de Grecia y Dinamarca, y cuando su familia partió al exilio en 1922, la de ella los ayudó a instalarse en Francia. El Príncipe tenía entonces un año de edad y la anécdota es que fue acarreado en una caja de fruta a modo de cuna, ella ni existiría.
Durante una temporada en que el tema volvió a ocupar los tabloides británicos, los periodistas mandaban mensajes a la oficina de mi pueblo insistiendo para que el jefe de Felicia hiciera algún tipo de declaración al respecto, considerando Henri lo más eficaz dejarlos sin respuesta alguna.
Sin embargo el atesoraba las cartas y felicitaciones que le llegaban de palacio como una fortuna a legar a sus descendientes y regulamente era recibido por el Duque de Edimburgo, a cuyos encuentros se iba con el hijo. 
Mas comparando fotografías, creo que queda bastante evidente que el padre era el francés;
un hombre que hablando perfecto inglés fue de los primeros en acudió al Ciclo de formación de pilotos de guerra en Gran Bretaña para subirse a los escuadrones de cazas de la RAF (Real Fuerza Aérea Británica) y tomar intrépida acción en el bando de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, siendo también uno de los primeros pilotos en aterrizar sobre el suelo liberado francés el 18 de junio de 1944.
Henri estudió en un internado para la élite en Escocia, donde a la mañana se despertaba en la cama con los brazos escarchado por el frío. Métodos rigurosos y vida espartana para crear personalidades fuertes, de lo cual estaba agradecido. Cursó luego arquitectura en la Universidad de Cambridge y planificación de ciudades en el Instituto de Tecnología de Massachussets. En su etapa laboral se relacionaba con instituciones y universidades de máximo prestigio en todo el mundo.  En China fue director y luego decano del Instituto de Gestión de Europa en Beijing. Era consultor de proyectos por Francia y el Medio Oriente, y en Barcelona era profesor de dirección estratégica en una alta escuela de negocios, aunque a mi lo que me hubiera gustado saber es de qué iba su pensamiento y lo que decía en sus conferencias, a ver si me hubiera enterado de algo.
Felicia dice que lloró por horas al enterarse de su fallecimiento, estaba en el coche junto a su marido e hijo, acompañando al chico a Lyon donde estudia, y estuvo todo el trayecto bañada en lágrimas.
"No preciso más de vuestros servicios", con estas escuetas palabras Kitzia las despidió, a ella y a Birguitta, la sueca, una mujer encantadora que se encargaba de organizarle los viajes al marido. Ni una semana les dio de plazo y tuvieron que acelerar la maquinaria para dejarle todos los papeles al corriente y enseñarle en que situación habían quedado sus finanzas; fabulosas, por cierto.
Puede que su manera tajante se debiera a la falta de maestría con el idioma español para manejarse en una circunstancia tan especial, con eso Felicia la disculpó, pero en la despedida post mórtem que le hicieron al marido en Barcelona los de la escuela superior de negocios, los dos bancos reservados a los allegados de la familia se quedaron con solo la viuda y el hijo, sin que a Kitzia se le ocurriera que quizá ellas hubieran tenido una cercanía.
Felicia se la ve mejor que nunca. Se acaban de construir una casa en la montaña a unos pocos kilómetros de la costa, fuimos a verla con otra amiga, y estaba con su marido en tareas de bricolage, pensando que teniendo ese paraíso, se les estaba desvaneciendo la idea para el futuro de vivir la jubilación en Francia.
- Cuando se casó el guapito ese de Inglaterra con la chica tan mona Kate, yo estaba arriba en la oficina de la casa y Max vino para pedirme que bajara al salón a ver la boda con Kitzia; "ves, mujer, y hazle compañía", y yo le decía, "pero cómo voy a bajar, si es que a mí estas cosas no me interesan", y el insistía, "venga Felicia, hazme el favor, siéntate y míralo con ella".
-Era difícil de entender como Kitzia siempre se estaba quejando. Creo que se escudaba en el marido para justificar su inacción. Pero vaya, si hubiese querido.... yo le pasé contactos de gente aficionada a la fotografía en Barcelona.... tenía tiempo y los medios.... y con la economía no digamos... porque yo llevaba las cuentas, y sabía de lo que disponía .. entonces... ¡era increíble!... tenía una mujer de la limpieza, de esas, pobres, con unas vidas... un hijo que murió en accidente, una hija que quedó embarazada, la otra que se droga, el novio también, el marido que se le emborracha... puedes imaginar...todos en un pisito y ella alimentándolos... pues un día va Kitzia y la escucho lamentarse frente a esa mujer de lo mal que lo tenía con el dinero... ¡ella!, ¡la señora!,¡yo no daba crédito!.

Primera parte de la historia en la entrada: 10/07/2012 "El aristócrata Inglés" 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Enseñanza secundaria obligatoria

Dibujo Susanna Morell
Reconocía Eloísa que los temarios son tan extensos que resultan inabordables incluso para los profesores, que ella está falta del tiempo necesario para montar clases más atractivas, con material audiovisual o interactivo que debería buscar por su cuenta, porque no le viene proporcionado, además de andar por detrás de los críos en el manejo de las nuevas herramientas, así que la mayoría de ellos se aburren en las clases.
También coincidía con lo que me dijo una vez en la inmobiliaria una profesora sui géneris que quería comprar un piso: "Es mil veces preferido en España por los maestros y tiene muchas más posibilidades de culminar con éxito los estudios obligatorios un niño de reducida capacidad pero aplicado, que otro muy inteligente que se duerma en clase o pase olímpicamente de lo que quieran enseñarle". 
Y sigo por mi cuenta.
Al primero se lo valorará, se le adaptará el programa, se lo bajará a su nivel para que pueda aprobar, al segundo se le tendrá fastidio, si es movido y molesta en clase, será considerado la peste, y si los padres no logran reconducir su actitud, tratarán de mantenerlo apartado, con expulsión tras expulsión, hasta que abandone, si es que antes no lo ha hecho, precedido de un largo período de campana*tras campana, con lo cual no me extraña que España tenga, con Catalunya a la cabeza, el ratio de fracaso escolar más alto de Europa, con uno de cada tres jóvenes alejándose de las aulas antes de haber completado el período de enseñanza obligatoria, chicos listos en su mayoría, que se quedarán para reciclarse por su cuenta, en el mejor de los casos.
Por supuesto que yo no soy una experta analista, pero me llama la atención algo.
Tengo tres sobrinos que fueron a una muy buena y prestigiosa escuela en una ciudad de provincia catalana, eran aplicados y sacaron sus cursos con notas superiores a la media, el hecho es que ahora están en la recta final de sus respectivas carreras universitarias, pero cuando en su adolescencia se fueron cada uno a su tiempo a cursar un año que les convalidaba a los Estados Unidos, alucinaron con la enseñanza de allá. Independientemente de sus otras muy variadas experiencias y lugares donde les tocó vivir, coincidieron en valorar la escuela como un espacio simpático y acogedor, sorprendidos cada mañana por sus ganas de ir, la actitud tan diferente de los profesores, siempre relajados y sonrientes, con ganas de ayudarte, de enseñarte, con menos asignaturas, más fácil, pero muchísimo mejor para aprender. Así lo decían ellos.
También mi marido tiene una nieta viviendo en Londres que cursó en Madrid en un colegio de monjas y siendo que se fue con su madre a establecerse al Reino Unido, comenzó allí en un instituto estatal, notando al poco la diferencia, a favor del lugar inglés. El caso es que ella, una chica alegre, inteligente e inquieta, siguiendo la tendencia familiar de sus tíos, mis hijos, es probable que en España no hubiera acabado de encontrarle el gusto, y sin embargo allí parece que está muy estudiosa, con miras a su capacitación superior y entusiasmada con las asignaturas que ha elegido.

*Hacer campana: Hacer novillos, saltearse alguna clase.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Vida solucionada


Estuve paseando con una amiga de la infancia estival y ella que tiene la vida resuelta se queja de la uniformidad y la poca sorpresa que le espera, en el mejor de los casos, y piensa que lo mío debe de ser la mar de divertido, siempre sin saber que va a pasar a continuación.
Se queja también de sus alumnos, pues lleva treinta años ejerciendo de profesora en una misma escuela concertada*, a esos niños facilillos de la secundaria, en edad entre doce y dieciséis, y los que a ella le faltan para jubilarse le pesa en la espalda como si de continuo anduviera acarreando una gran mochila sobrecargada.
Dice: "Los de ahora no son como los de hace ocho años, te aseguro, es que están fatal, cada vez peor, y yo no puedo atender a treinta y pico, cada uno con su peculiaridad, que la mitad están zumbados, a más de los catalogados oficialmente como casos especiales, que con el plan de inclusión hay que tenerlos en el aula, atenderlos al mismo tiempo sin que los demás se desbaraten, adecuando el patrón a su medida para que puedan trabajar algo. Estás exponiendo y te puedes encontrar a uno restregando desesperado el pupitre que dice está sucio, y cuando lo mandas a la papelera se queda paralizado por la mitad sin poder cruzar la raya que marca la junta de las baldosas en el suelo, porque siente que si lo hace algo malo le va a suceder a su familia, y ahora que  le compraron un perro que le ayude a superar el impedimento, es dicho animal que parece que corre peligro si se pasa de la línea, y la niña de atrás le está haciendo una trencita en el pelo a la de adelante, mientras la del costado se dibuja la raya del ojo con lápiz khol, y ellas en el patio se pelean a lo bruto más que ellos, con tiradas de pelo, puñetazos y arrastres por el suelo, que antes esto ni existía. Y hay uno que es ladrón de retrovisores en fin de semana. Por descontado que las separaciones matrimoniales influyen. Luego los padres le dan la razón a los críos, que no puedes amonestarlos sin que vengan sus mayores a reclamar, o vienen cuando tu los llamas, y te los tienes ahí enfrente, haciendo como que escuchan, diciendo "si, si, profesora, tiene usted razón", y a continuación la conducta del chico sigue igual, con lo cual te das cuenta de que en su casa no han aplicado las medidas necesarias. Hay chicos que se pasan dos o tres meses expulsados, porque es imposible aguantarlos en la escuela, y luego, cuando regresan, puedes imaginar".
Y yo la miraba y pensaba: "Sí, sí, pobre Eloísa, no me gustaría estar en su piel, por más que tenga el sueldo asegurado de por vida, vacaciones y viajes exóticos con su marido y un hijo de quince años que les salió equilibrado y fenomenal, la casa estupenda allí, la otra allá y el piso en edificio noble que me ha invitado a ver lo bien que les ha quedado después de la última remodelación. Si, sí,  pobre Eloísa, deseo que le llegue pronto el descanso".

*Las escuelas concertadas son las subvencionadas en parte por el estado, así que los padres pagan por la escolarización, pero bastante menos que en una privada. En las llamadas públicas la enseñanza es gratuita (al contrario de lo nominado en Inglaterra).

domingo, 1 de septiembre de 2013

Una camada explosiva

Maureen O'Sullivan
Si ha habido un trozo de tela bien amortizada en este mundo, esta ha sido una de estampado tropical con que les fabriqué a mis hijos sendos taparrabos, que junto a unos cuantos cinturones de cuero, y dos largas capas negras, a su vez de confección casera, dieron juego para una cantidad de años trepando por las alturas.
Lejos de toda duda de que mis hijos habían sido unos  fuera de serie en su capacidad para agotar a quienes estuvieran a su cuidad este agosto he podido establecer la real comparación con unos niños de normal calibre y aún he quedado extasiada ante la facilidad. 
Alrededor de dos décadas atrás, cuando viajábamos a Buenos Aires y estando alojados en la casa de mis suegros, ella se ofrecía buenamente a quedarse vigilante de sus nietos españoles diciendo: "No os preocupéis, los acostáis y en cuanto estén bien dormiditos podéis salir a dónde queráis", lo cual significaba estar a la una de la noche en la calle principal de un barrio periférico de esa vastísima ciudad dudando entre tomarse un transporte al centro o meterse a una pizzeria a medio cerrar en la esquina a tomarse una bebida antes de regresar.
En la casa de mis padres igual, mi madre me decía que ella se encargaba de cocinar y de lo que fuera, mas yo de mis criaturas.
Y es que cualquiera se asustaba ante la idea de asumir la responsabilidad en solitario.
Por ello recuerdo un maravilloso descanso de dos días, echada en la cama leyendo, en la casa de veraneo de la familia grande, por el sobrevenimiento de una lumbalgia que me paralizó en seco, así que los adultos se tuvieron que hacer cargo de mis hijos, junto a los primos de parecidas edades, una camada familiar que salió explosiva, sobre todo cuando uno de ellos se juntaba con los míos, entonces era como la pólvora a la mecha prendida, y escuchaba a lo lejos el ruido y las voces de los grandes y pensaba: "Pero que bien se está aquí arriba, con esta tranquilidad y este solecito; al fin y al cabo esto ha sido una bendición, siempre que no me mueva un ápice de la posición".
Pues en esa o en alguna otra especial circunstancia en que yo no estuviera por un rato, al llegar de la playa mi madre metió al pequeño de los míos en la bañera, y habrá ido a por una toalla que al regresar ya no estaba en el agua, ni en la casa, y salieron disparados a buscarlo, pues casi era un bebé que no caminaba, y se lo encontraron tan campante por el paseo ribereño, después de ir calle abajo hasta un kilómetro de distancia, descalzo, desnudo y todavía chorreante de agua espumosa.
El mismo que se esfumó una vez en el camino de la playa a casa y no había quién lo encontrara, hasta que se me hizo la luz y corrí a mirar a la iglesia que quedaba en mitad del trayecto, y allí lo hallé, sentado inmóvil entre las velas, con los ojos cerrados y las manos en posición de orar, en bañador, sudando como un pollo, en esa sauna exótica que asemejaba la salita de los cirios, fulgurante, repleta de ellos encendidos.
El mismo que un poco más crecido le sacó el gusto a irse bien lejos, y entonces dirigirse a una patrulla policial haciéndose el perdido, para que lo montaran en el auto y  poder examinar de cerca la parafernalia que tanto le atraía, y luego nos lo subían a casa una pareja de esos guardias municipales, pues resulta que llegando a la central, el crío ya se orientaba, indicándoles el mismo el camino al hogar, donde ingresaba satisfecho con los dos superagentes al lado.
Mi cuñada Maite todavía dice ahora que deberíamos haber escrito un libro.

Pues en este agosto he estado en esa misma playa con mi nieto de nueve años, es decir, el nieto de mi marido, que se ha juntado a los hijos de ocho y seis de mi hermana Clara, y se han entendido a la perfección, jugando como es normal, a veces más tranquilos y otras más alborotados, pero vaya, un remanso de paz para los adultos, ¡que diferencia!.
Entre los adultos mi hijo Lucas.

sábado, 24 de agosto de 2013

Cambio de etapa


Cierta vez en el cine de los adultos, quedé afectada en sentido erótico por una Shirley McLaine en el papel de una meretriz metida en apuros moviéndose por la escena de la acción con sensual naturalidad en bragas y escueto sujetador verde por el que le asomaban unas tetas que nunca había visto así de mostradas.
Para entonces las mujeres usaban desde luego bikini en las playas, pues ya era la época tardía de Franco, el país había avanzado en modernidad y tampoco estaba el dictador como para espantar al turismo con mojigaterías. Entonces proliferaban los shorts, las minifaldas, los escotes, o el uso de camisetas ajustadas o blusas semitransparentes marcando pechos sueltos, en los lugares más desenvueltos o de costa, y hasta en el de mi veraneo había una boîte, donde me dijeron que a la noche ponían una luces que traspasaban  los vestidos y dejaban a las mujeres como si anduvieran tomando copas o bailando con la sola ropa interior de color blanco que llevaran puesta, la cual quedaba iluminada resplandecientemente.
Además había presenciado como una pobre chica de la comunidad veraneante catalana se había quedado con la parte de arriba al aire al salir del agua, ella que las tenía ya bien crecidas, después de que estando echada tranquila tomando sol con las tiras del bikini desabrochadas unos amigos la cogieran en volandas por las cuatro extremidades y la lanzaran al batiente de las olas, y digo pobre, porque al levantarse se le vio todo.
Pude imaginar el bochorno, aunque seguramente ella se lo tomó como la broma que era, aparte de que nadie en la orilla pareció reparar en el incidente, y aun si la playa entera lo hubiera presenciado, tampoco hubiese importado lo más mínimo. Era yo; igual que cuando andaba desesperada a la búsqueda del bikini de mi adolescencia, casi llorando tras una intensa campaña sin dar con uno a mi medida, es decir, con la braga de reducido tamaño, mas capaz de cubrir por lo alto la tremenda hendidura de mi trasero y por lo bajo, los dos arcos que marcaba en su confluencia con los muslos, algo imposible para mi anatomía y que el resto de las humanas playeras cubrían alegremente de sobra con un escaso triángulo de tela.
Pero lo de la chica de las tetas escapadas fue un accidente, nada que ver con la voluptuosidad desplegada en pantalla por la mujer en blonda verde.

Unos veinticinco años después vi la misma película junto a mis hijos chiquitos. ¿Eso era?, pensé.  Sentados en el sofá de casa en el rigor del verano, iban ellos en taparrabos y yo casi más frescamente ataviada que la mismísima protagonista. Entonces me pareció que las delanteras de Irma eran de tamaño normal y corriente, le bailaban lo justo dentro del sujetador, en ningún momento amenazaban con salírsele de las copas, y a los tres nos gustó mucho, tanto como a mi marido, esa inteligente, inocente y deliciosa comedia de Billy Wilder.
Ayer, regresando de la playa de todos los veranos, hablaba en el coche con mi hermana Agnès de la posibilidad de que creáramos entre las dos una linea caliente al teléfono, para atender a los necesitados de cariño auditivo, o ella decía que podríamos prestar un servicio que proveyera de instrucciones para juegos sexuales imaginativos a las parejas hartadas de sus monótonas prácticas habituales. Si nos fuera bien, ella se libraría de atender a los niñitos de su escuela de parvulitos, que cuando empezó le encantaban, ahora le siguen gustando mucho, pero calcula que en unos años ya va a tener suficiente de ellos, y a mi me permitiría seguir con esto, pero lo vamos dejar sin implementar, pues era un simple manera de comunicarnos a la perfección durante el viaje, y ella ya tiene otros proyectos in mente, igual que yo estoy en vías de encontrar los míos.

sábado, 27 de julio de 2013

Tiempo de azañas II

La Perla de York
No recuerdo que de niña nos contaran en el colegio demasiadas historias truculentas basadas en la persecución de los cristianos y los libros a propósito de la asignatura religión que tenía en casa eran adaptaciones modernas para niños, sin ánimo de asustarlos, con ilustraciones grandes, atractivas, en colores, narrando historias del Viejo o Nuevo Testamento, y la Pasión de Jesús, como ya la tenía tan acostumbrada, más que estremecedora me resultaba algo triste cuando llega el tiempo de rememorarla, por tener que pasar la mitad de las vacaciones de Semana Santa cada año con lo mismo, todo teñido de gris y morado, con un toque de rojo que para nada levantaba el general ánimo plomizo que se respiraba en la calle y en la tele*. Así que vivía tranquila.
Sin embargo, una amiga que llegó desde Barcelona a residir con su familia de padre ingeniero y que habría acudido a algún colegio de los de allá, tenía en su estantería un libro, bien anticuado de encuadernación, que me puse a hojear, y ella me dijo que se lo habían proporcionado sus anteriores monjas, y quedé prendada del horror.
Allí vi que unos hombres le dijeron a una niña que abordaron por la calle que si avanzaba el pie hacia la cruz que le habían puesto delante en el suelo, se libraría del mal que pudieran hacerle, pero si se resistía al pisotón, la iban a matar y descuartizar. Como la niña era un ejemplo de buena cristiana, se negó en redondo, así que le hicieron lo anunciado, troceándola y sepultando los pedazos en lugares diversos del municipio donde ella residía. La gracia era que en la sucesiva noche los vecinos descubrieron luces emergiendo de aquí y de allá, y fueron a mirar, rescatando de lo hondo de un pozo la cabeza, y así siguiendo, hasta reconstruir el cuerpo entero.
Fue la refulgencia que les dio señal de que la niña había muerto por amor a Jesús; y mi dilema era qué haría si me salían al paso unos infieles como esos, que más que una duda era una disyuntiva, porque tenía claro que haría, pero entonces dónde quedaría mi camino hacia el reconocimiento por algo meritorio y de tamaño abultado que hubiera hecho.
Casualmente he visto ahora que era práctica común en el siglo XVI la dispersión del cadáver, de los católicos perseguidos por la iglesia de Inglaterra, si los pillaban, claro, después de rebanarles los miembros, aunque a Santa Margarita Clitherow le aplicaron la modalidad de extenderla viva sobre una roca puntiaguda, adosándole al cuerpo una puerta y sobre esta cargando pedruscos y más pedruscos hasta que muriera por compresión. Total, por acoger en su casa a unos sacerdotes católicos, obtuvo ese justo juicio por la ley de York, la hija de un candelero que hacia sus dieciocho años se había convertido a la iglesia de Roma, de la que un poco antes, dentro del mismo siglo, se había desligado Enrique VIII, arrastrando por supuesto con él a todo su pueblo; y ahí terminó la vida de carne y hueso para la recordada Perla de York, por cierto, nacida de apellido Middleton, como la actual admirada Kate, Duquesa de Cambridge, la que precisamente esta semana ha alumbrado a un futuro probable monarca, si es que para entonces continúa la devoción o el sentimiento utilitario de los británicos hacia su realeza.
Y volviendo a las escenas bien propias de cine gore o de terror, bien sabido que los católicos a su vez usaron las más creativas y dolorosas técnicas de suplicio contra sus enemigos, y es que ese es el inconveniente que tienen las iglesias cuando están sin domesticar y en pleno ataque virulento de su fe expansionadora.
Gracias que con el tiempo algunas se han ido ablandando, al menos por mis lares culturales,  plegándose a los deseos y necesidades más humanas y espirituales de sus fieles como método para conservar o hacer crecer la parroquia.

* Franco gobernaba entonces en España y hacía respetar los ritmos de la iglesia oficial del régimen

miércoles, 24 de julio de 2013

Tiempo de hazañas I

La libertad guiando al pueblo
Delacroix
Las cantantes, actrices y bailarinas eran desde luego mi inspiración de chiquita, como supongo le sucede a la mayoría de niñas en este planeta, aunque en lo hondo de mis divagaciones creo que prefería destacar por alguna otra hazaña.
Era potente la idea de la madre fundadora del colegio de monjas al que asistía, una viuda con cuatro hijos a quien una vez muerto el marido se le ocurrió crear una congregación; pero a mi me gustaba en su vertiente de niña, página tras página de un libro ilustrado mostrando hechos significativos de los que hacía, cada día consiguiendo algo brillante, propio de ser contado con admiración a los escolares de las siguientes generaciones y de constar en lo que yo miraba y remiraba buscando la clave de llegar a ser tan especial como ella.
Un día Joaquina, que así se llamaba, se ensució sin querer el vestido, que lo llevaba tan limpio y recién planchado, y a resultas del manchón quedó muy compungida por el trabajo que le iba a dar a su mamá, y decidió lavarlo ella sola antes de presentarse en casa; sin sacárselo, por supuesto, porque lo hizo al aire libre y rodeada de pajaritos, y de tan buena y considerada como había sido, al exponer el trozo de tela mojada al cielo, unos angelitos le enviaron unos rayos que se lo dejaron a la de nada como si lo hubiera metido en una centrifugadora secadora por unos minutos a máxima revolución. 
Quise imitarla, no por seguirla en todo igual, pero que a lo mejor hacer algo como ella me daba la pista, y tuve el gran problema de que yo era tan pulida que ni por casualidad se me caía algo encima y por más que jugara en la tierra o a lo que fuere, siempre regresaba a casa tan inmaculada como había salido, y pensé en echarme la mancha adrede, que si un pinchazo y de sangre, que si de tinta pero haber cómo la sacaba luego, y cada sustancia revestía su dificultad, e igual calculé que de esa manera no valdría. 
Hay que ver que entonces no corrían tantas películas de heroínas laicas como haya ahora, o si las había no llegaban hasta el cine de la parroquia de mi pueblo, aunque sí pasaban muchas de vampiros, y también estaba a menudo Jane Porter luciendo sus lindos modelitos para la selva en las de Tarzán.

Entrada a la secta pensé que había llegado mi momento para la acción definitiva. Si antes había sido Jesucristo con sus apóstoles, ahora íbamos a ser nosotros. En el futuro se me podría considerar entre la avanzada de la nueva sociedad, pues yendo a ver, Saúl de Tarso era un judío fariseo perseguidor de la ya andante secta cristiana cuando fue cegado por el rayo, y bien que constaba entre los pioneros.
Esta era una idea particular que yo tenía, nadie hablaba así al respecto cuando estaba adentro, y tampoco era un secta creída o descreída de algún dios.
Lo cierto es que en ningún caso hubiera podido estar allí a medias, porque si estabas, estabas, y si participabas a medias eras considerado "un choto", y ser un choto nada tenía que ver con mi idea gloriosa de hacer historia. 

martes, 23 de julio de 2013

Casualidades de la vida

Bichito entre bichitos - S.Morell
Yo no sé que voy a hacer cuando la rusa o el ruso me abandonen, porque ahora uno de los dos, o los dos, o el oso de habla española, me están mirando a diario, y la estadística va para arriba y mis ánimos también, pero algún día se van a cansar, o se les va a acabar la lectura, y entonces yo me voy a quedar con la imaginación fundida, en el sentido de lo que pueda estar sucediendo por allá. Porque vale que me siento muy contenta, con solo un alma que mire, pero me gustaría que fueran más y que el chorro siguiera fluyendo, aunque a un tiempo sospeche que alguien me esté gastando una broma, o que un lío en el contador haga que se me muestre como venida de Rusia una tenaz conexión inexistente. 
Estoy divertida y exaltada porque me resulta sorprendente que un ruso me lea, ahora bien, si este tuviera un vecino o amigo que también lo hiciera, sería más extraordinario todavía, y si contaran ellos con una agenda repleta de posibles contactos hablantes del español e interesados en esto, entonces estaríamos frente a un fenómeno de la casualidad, y si encima alguno de ellos tomara como propia la labor de publicitarme, habríamos entrado de lleno en el terreno de la coincidencia más absoluta.
Mas las casualidades de la vida son muchas, desde las pequeñas hasta las enormes. Algunas nos benefician y otras nos fastidian; a ambas las podemos aprovechar, salvo que sus tremendos efectos nos resulten devastadores; bien que las más de ellas nos son neutras, proporcionándonos sorpresa, y muchas veces gozo, por haber saltado frente a nuestra mirada ese chispazo de conexión imprevista.
A todos nos sucede.

domingo, 21 de julio de 2013

En agua de borrajas

Cerraja
 Sonchus arvensis L 
Como se habrá podido deducir, Liam es el novio de la directora del hostel al que le alquilamos la habitación en la casa donde estuvimos viviendo mi marido y yo en los últimos meses antes de regresar a España.
Desde el principio tuve que mantener un pulso invisible con él para lograr que nos nos hiciera la pirula*.
Por lo demás fue todo bien.
Incluso al entrar nos prometió unas estanterías, ¡que nada de traernos unas cualquiera e instalarlas en un plis!, ¡que va!, él nos las iba a hacer fabricar de pura madera y a medida, y vino varias veces a tomar medidas, y me dijo que si quería pintar yo misma la habitación, el pagaría la pintura, para que quedara de mi color preferido antes de abordar la obra definitiva. Y estuve a un pelo de hacerlo, pero menos mal que no lo hice.
¡Ah!, y la china que casi me pega. Ella fue quién me mostró la vivienda en primera visita, y la habitación que ocupaba con su novio inglés, y que luego pasaría a ser la nuestra. Quedé prendada de su simpatía y de su arte para venderme la maravilla y así se lo comenté a mi marido. Mas cuando fui con él a la casa para acordar con la pareja las fechas de mudanza, la tía se había metamorfoseado y mi marido y yo nos quedamos allí de pie en el pasillo, alucinando, defendiéndonos como podíamos de la fiera furiosa, sin comprender, que mejor hubiera sido largarse al primer zarpazo, pero estábamos atados de pies y manos.
Llegamos luego a la conclusión de que la china se estaba doliendo del bolsillo, aunque equivocando por completo el objeto de su ira. Y el landlord sin aparecercomo si el interés estuviera entre nosotros, y él, nada que ver. 
A cierto tiempo de vivir allá pensé: "¡Pero madre mía! si esa pareja estuvo rentándole tres años seguidos "esto", un detalle bien gordo hubiera debido tener con ellos el landlord a la hora de que se fueran, y hasta un monumento a la resistencia heroica erigirles, y sin embargo"
Pero que le vamos a hacer, a cada uno le toca el  "lord" que te toca, y dentro de la especialidad de los "land" habrá de mejores y peores, y dentro del ramo general también de todo, eso quiero pensar, porque los ingleses construyeron un imperio, y a no ser que el país esté en decadencia, y suponiendo que desde la cutrez no se levanta un esplendor, pues en algún lado tendrá que estar el gentleman*; sin menospreciar a mi landlord, que tuvo la generosidad de hacerme una rebaja inicial en la fianza, y siempre fue cortés y de trato agradable con nosotros. 

*Hacer la pirula: Es una expresión particular mía que viene de habérsela escuchado a un taxista una vez que lo paramos en las calles en Madrid para preguntarle hacia dónde teníamos que enfilar con nuestro coche lleno de los cuatro para dirigirnos a la calle que buscábamos, y el hombre nos dijo: "Sí, miren, hagan aquí mismo la pirula, refiriéndose a un giro de media vuelta a extranjis de las normas de tráfico, y tomen en la dirección que venían, y luego etc, etc.". Pues me hizo gracia dicha manera de decir  y ahora yo lo aplico, en una deformación que nada que ver, a alguien que se aprovecha de la candidez del pardillo tendiéndole un camino de trampas que le hagan caer en lo que quiere sin que se note que se las puso e incluso pretendiendo salvar frente a sí mismo la reputación de persona honesta y confiable. 
*Gentleman: Caballero

viernes, 19 de julio de 2013

Crónica final de un alquiler

Día 15
Hi Liam,
Tu tienes mi fianza y la fianza del nuevo inquilino que te he conseguido, con seguridad que tu no le ibas devolver a esta persona el dinero en caso de que finalmente decidiera no alquilarte, entonces, no veo razón para que retengas mi depósito. Necesito el dinero ya. He quedado el veinticinco a la mañana con el inquilino para pasarle las llaves y de ahí partimos inmediatamente mi marido y yo hacia el aeropuerto. Como comprenderás, queremos arreglar las cosas ahora y no a último minuto.
Atentamente,
Susanna

Día 16
Hi Susanna,
Me estás pidiendo de nuevo que te haga un trato especial. Acordamos que si os ibais antes del año, os encargaríais de mostrar la casa para conseguir a los siguientes alquiladores. Todo el mundo está de acuerdo en esto, porque da flexibilidad de irse cuando uno quiere. Yo soy siempre justo, tengo una fácil relación con mis inquilinos y solo les pido que sigan unas claras reglas. Una de ellas es que devuelvo el depósito cuando el nuevo inquilino asume las responsabilidades por la habitación, es decir cuando tiene las llaves, se ha mudado y me dice que la habitación y el contenido está en buenas condiciones y limpio.
No estoy por completo en contra de hacer excepciones en algún caso, pero ahora mismo, me siento incómodo para hacerlo pues parece existir cierta animosidad entre nosotros.

Día 16
Hi Liam,
No habrá ninguna animosidad si me devuelves la fianza ahora.
Con respecto al mínimo período de renta, te recuerdo que me vi forzada a aceptar los doce meses, un cambio por tu parte que se dio después de haberte entregado la fianza, ya que el anterior inquilino, el que me enseñó la casa y me explicó las condiciones en tu nombre, me aseguró que eran seis meses y con esta idea tomamos la decisión. No te hubiéramos alquilado de ningún modo de haber sabido que era por un año.
Tu no chequeaste la habitación cuando los anteriores se fueron y nosotros ocupamos el espacio, entonces ahora se hace difícil comparar el nivel de limpieza, pero te invito a venir mañana personalmente para ver en que condiciones está la habitación y entonces devolvernos la fianza.
Ya tienes unos nuevos inquilinos que han pagado, y nosotros necesitamos que nos devuelvas el dinero.
Sin ninguna animosidad por nuestra parte.
Sinceramente,
Susanna.

Día 16
Hi Susanna,
No se da nunca la situación de que a un inquilino le sea devuelta la fianza antes de irse y dejar la habitación en buenas condiciones.
Un cordial saludo,
Liam

Día 17
Hi Liam,
Está bien, Liam
¿Te parece entonces encontrarnos (tu, mi marido, yo; y luego el nuevo arrendatario) en la mañana del martes día veinticinco?
Ahí te podemos enseñar nuestro dormitorio y si está todo en buenas condiciones, podrías devolvernos la fianza en efectivo (recuerda que partimos de ahí hacia el aeropuerto, sin tiempo de pasar por el banco). Firmaríamos el fin de nuestro acuerdo y te devolveríamos las llaves. Entonces podrías entregárselas a los nuevos inquilinos y firmar con ellos su contrato, pues estaría bastante fuera de cualquier normal regla que alguien, especialmente sin conocerte, entrara a vivir a tu propiedad sin tener en sus manos un contrato firmado que lo  protegiera frente a cualquier posible problema.
Nos vamos antes de lo previsto porque no quiero pasar el invierno en una habitación tan oscura y húmeda. En ese cuarto siento cierta alergia, puede que por lo "mojado" del suelo, o el viejo polvo adherido a las rugosidades de la pared, o al porexpan de las molduras, quién sabe, pero en todo caso, ese es mi problema.
También recuerda que estábamos desde el principio si luz en el pasillo (cambié la bombilla, pero el electricista tenía que venir, tu sabes), y por dos meses hemos estado sin fluorescente en el cocina, pero ya estábamos resignados ... . Si el electricista no aparecía para solucionar lo más importante, nadie vendría a arreglar la lavadora, o la luz en la nevera, o ... y empezamos a pensar que así funcionaba en Inglaterra y que era mejor regresar a nuestra casa, sin ninguna animosidad con respecto a ti.
Pero cuando me dijiste que tu siempre habías sido justo y que solo era mi cuestión haber seguido tus claras reglas, eso realmente me enfadó, porque mi primera regla es bastante diáfana.
Cuando hago un pago a través del banco, tengo la costumbre de especificar con claridad el concepto de lo que estoy pagando, pero cuando hice esto contigo la primera vez,  recibí en cuestión de segundos un email de tu parte pidiéndome no escribir nunca más: "mensual pago por la doble habitación alquilada en la primera planta de la casa sita en xxxxxx".
Antes ni me preguntaba; ponía la secreta referencia que tu me indicaste y listo (sí que pensé que de mi manera tu contable podría haberlo entendido incluso mejor; pero a mi qué más me daba, si ese era tu sistema).
Ahora he empezado a consultar en las siguientes direcciones por si llegara a serme necesario clarificar algunos aspectos:
HM Revenue&Customs www.hmrc.gov.uk and
(Páginas de información estatal sobre declaración de renta, recaudación de impuestos, tasas, etc, etc.) 
Atentamente,
Susanna

Día18
Hi Susanna,
Estoy afuera esta semana.
No he tenido tiempo de leer todo tu email.
No puedo estar el martes por la mañana, pero, ¿qué te parecería el lunes, el día antes de que os vayais?

Dia 18
¡Bingo!
(Esto no se lo escribí; y lo demás transcurrió smooth* como el terciopelo azul)

*Smooth: Liso, fluido, tranquilo, llano, afable, sin arrugas, zalamero.

miércoles, 17 de julio de 2013

Alojamiento en Cambridge

Patrones filotácticos
Me presentaron al novio de mi ex directora del hostel un día en el pub, un norirlandés simpaticón, alto y pelirrojo, al que casualmente pregunté si sabía de alguien que tuviera habitaciones para alquilar. En ese momento se calló incluso de decirme que él era un landlord, pero a los dos días recibí una llamada suya.
Es un negocio frecuente en Cambridge comprar casas dejadas estar en los barrios menos favorecidos, arreglarlas un mínimo y ponerlas en alquiler por piezas. Si alguien cuenta con el monto de la entrada, una fuente de ingresos estable y algo para invertir en la "rehabilitación", el banco le concede la hipoteca, y entonces puede ir devolviendo lo prestado con lo que le cobra a sus inquilinos, ¡algo nunca visto en el planeta!, y a eso se dedica en parte el novio de la directora, que pasó a ser "mi" landlord, es decir, el propietario de la casa donde mi marido y yo alquilamos la habitación que me ofreció por teléfono.
No se vaya a creer que por estar algo alejados del centro o de la crème de la crème sean barrios feos, que va, en Cambridge todo es precioso, casas con jardín y explanadas verdes por doquier.
En unos más que en otros, en cualquier distrito se da el negocio de alquiler por habitación, y también habrá dueños que no necesiten recurrir al banco para tener alguna casa de sobra en la que aplicar el modelo; y luego están los que ponen en alquiler alguna habitación de su propia vivienda. 
Sucede además que todo cambia y se mezcla, y mi barrio, por ejemplo, quedó favorecido para los landlords cuando se ubicaron en la cercanía dos grandes parques albergando las sedes de empresas privadas, del campo de la ciencia y los negocios, llenándose de instruidos empleados a la búsqueda de  alojamiento a pocas pedaladas de su lugar de trabajo.
Y es cierto lo que me dijo en mis primeros días en Cambridge la amabilísima chica mejicana, a su vez ella landlady  "No te preocupe lo alejado que te parezca en el mapa el lugar que te hayan indicado, esta ciudad es como un pueblo, cualquier sitio queda cercano".
El barrio de Mill Road es otro típico con habitaciones a rentar en casas compartidas, casi el único con precios alcanzables a una distancia del centro que se puede hacer a pie; alcanzables dentro de lo carísimo, y en una caminata de entre cuarto y media hora. Por ello el más poblado por los extranjeros llegados de todos lados a buscarse la vida y por los estudiantes de la cercana Anglia Ruskin University. Con muchas casas construidas hacia finales del siglo diecinueve para la vieja clase obrera ferroviaria, alineadas en largas ringleras, aunque nunca dando sensación de agobio,  y una calle principal llena de pequeños comercios, cafés y restaurantes, regentado y atendido por gente de la más diversa cultura y procedencia.
Y es que Cambridge es un lugar de muchísima movilidad habitacional.
Encima están los que vienen por un tiempo a aprender el idioma.
Y ya ni quiero imaginar el vaivén que debe de darse adentro de la University of Cambridge en razón de alojamiento para tanto alumno, personal, personajes invitados y demás, porque ahí la universidad debe de ser dueña y señora de las chambres que ofrece, y por consiguiente, el tipo de landlord* y tenant* que aquí me ocupa, se quedan afuera.

*Landlord / landlady: Propietario/a, arrendador/a
*Tenant: Inquilino, arrendatario

lunes, 15 de julio de 2013

Fisiología de la seta

Churchill, Roosevelt y Stalin
en la Conferencia de Yalta
Las asociaciones de los humanos, llámese partidos, religiones, clubes, empresas o sectas, son como los hongos. Las hay en tal cantidad, que la variación está asegurada, manteniendo por supuesto esa esencia común, que por algo se los cataloga juntos a la hora de clasificar, y no se considera a un hongo una planta descolorida, ni a una asociación humana una cría de escorpiones en el lomo de su madre.
Es claro que unos hongos elevan la masa del pan que nos alimenta y otros se meten en el pie a hacernos rabiar de picor. Los hongos están tras  la confección de una buena cerveza, un Roquefort, o un Camembert, o directamente en la tierra en forma de boletus, para deleite de paladares, y sin embargo le pegas un bocado a según que seta y  tienes que correr al hospital a por un lavado de estómago que te salve la vida, si antes no has caído fulminado. Y así podría seguir, que se encuentran los que se usan en la fabricación del pegamento líquido, y los que acaban con la paciencia de los aficionados a la jardineria, etc, etc.  Y finalmente habría que nombrar a los que fuera de cualquier juicio de utilidad te transportan a un mundo nuevo caleidoscópico y multicolor.

Así que resumiendo diré:
Secta va, secta viene
A que nos tenemos que atener
Cómete un champiñón y quédate tranquilo
Que la seta va donde la secta duele

Entonces, estoy delirando
Por tanto, lo voy a dejar aquí
Con unas palabras de Winston Churchill

Ya le hizo notar el primer ministro británico en la Cámara de los Comunes a un recién llegado de su partido al parlamento británico. "No se equivoque, joven, los de enfrente son nuestros adversarios, los enemigos los tenemos sentados de este lado, en nuestras propias filas"; confirmándose así mi teoría de que te metas donde te metas, si te metes en un grupo vas a tener que vivir las consecuencias por todos los costados.

viernes, 12 de julio de 2013

Acérrima adepta de la secta del hostel

Churchill, Roosevelt y Stalin
en la Conferencia de Yalta
Las asociaciones de los humanos, llámese partidos, religiones, clubes, empresas o sectas, son como los hongos. Las hay en tal cantidad, que la variación está asegurada, manteniendo por supuesto esa esencia común, que por algo se los cataloga juntos a la hora de clasificar, y no se considera a un hongo una planta descolorida, ni a una asociación humana una cría de escorpiones en el lomo de su madre.
Es claro que unos hongos elevan la masa del pan que nos alimenta y otros se meten en el pie a hacernos rabiar de picor. Los hongos están tras  la confección de una buena cerveza, un Roquefort, o un Camembert, o directamente en la tierra en forma de boletus, para deleite de paladares, y sin embargo le pegas un bocado a según que seta y  tienes que correr al hospital a por un lavado de estómago que te salve la vida, si antes no has caído fulminado. Y así podría seguir, que se encuentran los que se usan en la fabricación del pegamento líquido, y los que acaban con la paciencia de los aficionados a la jardineria, etc, etc.  Y finalmente habría que nombrar a los que fuera de cualquier juicio de utilidad te transportan a un mundo nuevo caleidoscópico y multicolor.

Así que resumiendo diré:
Secta va, secta viene
A que nos tenemos que atener
Cómete un champiñón y quédate tranquilo
Que la seta va donde la secta duele

Entonces, estoy delirando
Por tanto, lo voy a dejar aquí
Con unas palabras de Winston Churchill

Ya le hizo notar el primer ministro británico en la Cámara de los Comunes a un recién llegado de su partido al parlamento británico. "No se equivoque, joven, los de enfrente son nuestros adversarios, los enemigos los tenemos sentados de este lado, en nuestras propias filas"; confirmándose así mi teoría de que te metas donde te metas, si te metes en un grupo vas a tener que vivir las consecuencias por todos los costados.

miércoles, 10 de julio de 2013

Caseta de la playa

La partida de naipes - B.K.Balthus
Mi primo cura de la orden de los Legionarios de Cristo Rey dejó de comunicarse conmigo. Para cerciorarme de que era a propósito, le mandé unas líneas en marzo, felicitándolo por el nuevo Papa Francisco, pero igual seguí sin respuesta.
Pensando que pasó, fui a rescatar del archivo el último mensaje largo que le había enviado para discernir en qué parte le hubiera podido resultar definitivo.
Esto es:
Querido Pablo, ¡cuanto tiempo!. ¿Habéis realizado el viaje a Tierra Santa?. Me gustaría saber cómo estás con lo de la infección, si ya pasó o te encontraron la causa.
Mira Pablo por supuesto que sé de Jesucristo, recibí una educación católica y mi madre con su ejemplo nos transmitió sus valores, pero si algo tengo que agradecer a mis padres sobre todo, es la libertad que me brindaron de elegir mi camino sin presionarme en absoluto. 
Ahora te comento, de las cosas del mundo lo que más me interesa es la forma. Me fijo en el cómo se dice o se hace algo. En el arte lo mismo, incluso me molesta cuando pretende llevar mensaje. Así que tanto puedo encontrar pésima una película dónde triunfa el amor más puro, como buenísima una repleta de violencia,  vampiros, o lo que quieras imaginar de malo. Todo depende de su confección. Si hay algo que me disgusta es lo que suena a falso.
Mi vida en Cambridge sigue lo mismo, trabajando y a la espera de que mi marido se haga famoso alguna vez con sus libros para poder dejar esto y venir a darme una vuelta por América, así te visitamos. Digo esto en broma, pero algo lleva de cierto.
Bueno Pablo, no tardes tanto como yo en contestar, ¿de acuerdo?.
         Un beso de tu prima, Susanna.

Me parece un texto a la medida, aunque igual pensó que yo era una renegada sin posibilidad de enmienda. Craso error de interpretación, pues a mi Jesucristo me parece, que si a la gente le ayuda, es perfecto. 
Y en cuanto a lo otro, la Biblia está llena de belleza literaria, cuajada de incestos, asesinatos y demás maravillas del arte depravado y hasta un conato de parricidio alentado por mandato del propio Dios, así que no debería descartarme por eso.
Lo que yo pensé es que, si iba a mantener una conversación con él, no iba a pasarme el resto de la vida hablando exactamente con sus propias palabras y tratando de evadir lo que a cada carta me preguntaba.
Una vez le pregunté yo si conocía al cantante Van Morrison y si a los sacerdotes de su congregación les interesaba a alguno la música, la literatura o el cine sin más, es decir, como gusto en sí mismo, y le coloqué el estribillo que estaba escuchando cuando, por esas asociaciones misteriosas que se dan, me acordé de él.
Everyday, everyday, it's hustle
hustle time, hustle time
Everyday and every way
one more, one more mountain to climb
Cada día, cada día es un bullicio
tiempo de prisas, tiempo de ajetreo
Cada día y de todas las maneras
una y otra montaña más que escalar
Me dijo que no conocía a Van Morrison pero que parecía que tenía valores profundos, que claro que les interesaban las artes y el tenía interés por todo lo humano y era un gran apasionado de la belleza, en sus múltiples facetas, y predicaba mucho acerca de ella.
Lo habrá pasado mal mi primo (que en realidad es el primo de mi madre pero de mi edad).
En febrero de 2009 La Legión de Cristo anunció que la congregación tenía conocimiento de que su fundador Marcial Maciel había procreado varios hijos siendo sacerdote. En marzo de 2010 la Legión de Cristo se desvinculó de su guía y referente moral hasta entonces. Marcial Maciel enfrentó hasta su muerte acusaciones por abuso sexual a varios niños y seminaristas, incluyendo sus propios hijos.
Los hombres de su orden anunciaron:
"Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos..."
Estaría incluida la firma de mi primo en el manifiesto, si lo firmaron entre varios, pues el se encontraba y permanece en primera línea de la orden.
Pensé que haber pasado por tamaño terremoto lo acercaría más a la esencia, es decir, al crío que fue, mi amigo, el que me abandonó para irse en barca a pescar con amigotes, siempre a la distancia, en lugar de crecer junto a mi en la pandilla, de los niños y niñas que habíamos soltado la pelota y  empezábamos a jugar a ser mayores.
Me pregunto si se acordará con cariño de nuestras actividades eróticas; porque si se ha olvidado o pretende olvidar, entonces si que es él el que no tiene remedio.
Teníamos un juego en la oscuridad del salón. Sentados algunos de sus familiares viendo la tele, aprovechábamos el peligro de la presencia de su severo padre concentrado en la luminosidad del cuadrado en tonos oscilantes entre el blanco y negro para dar cada uno a su turno una vuelta alrededor de la larga mesa y regresar a nuestro rincón escondido y repetir el mismo circular movimiento, ahora con la mano por el trasero bajado de braga o calzoncillo del que había quedado a la espera. Suavecito, suavecito que teníamos el culito. Ahí el padre no se enteraba, pero bien que pego un grito de espanto el día que nos vio salir a los dos a la vez tan campantes de la caseta cambiador de la playa.

domingo, 7 de julio de 2013

En la fecha de hoy llegué a Inglaterra, hace tres años


Debería acabar con esto y dedicarme cien por cien al aprendizaje y práctica del retoque fotográfico, que sería lo propio, en términos de progreso dentro de una vida entendible para una mujer sensata como yo represento.
Porque esto chupa energía, no se vaya a creer que sale en un periquete,  lo que pasa es que por otro lado me la devuelve en términos de cordura y bienestar, lo mismo que el deporte, ambos con resultados tan naturales que aparecen como invisibles, así que estoy sin coartada para justificar ante el mundo mi inoperancia; a menos que me transformara de repente en una campeona.

Siguiendo con la vida de a pie, diré que fuimos a Madrid,  ida y vuelta con un día de permanencia allá; era muy necesario. Estuvimos con nuestros hijos y nietos. Recogimos a Simón, recién llegado de la República Dominicana, y cargamos en el coche un equipo de iluminación y un ordenador Macintosh de 32 pulgadas de segunda mano que Daniel, el hijo de mi marido, también llegado también del Caribe, consiguió de una amiga suya diseñadora, para tenerlo en casa y poder pasarme algún trabajo si lo hago bien.
De momento ahí lo tengo,  imponente, hermoso, ocupando el espacio de mi reducida mesa en el salón; y a la espera.
Con tantos días tontos como estoy teniendo, el pobre tiene que aguantarse desenchufado.
Ayer, en un mínimo rato productivo, lo conecté al Wifi de la casa, y me quedé palpándolo, con los dedos y hasta con la mirada. Dios mío, que sensualidad. El ratón parecía más bien un burrito* o un corderito, de esos de la memoria, tan suaves y agradables al tacto.  
Aparte de su aspecto externo y del luminoso verde del salvapantallas con que me recibió, todavía es un desconocido para mi. Pero vaya, tengo para muestra el teléfono, y los auriculares que también mi hermano me regaló, que me están proporcionando una calidad de sonido tal, que cuando ladra un perro en mitad de la historia que estoy escuchando, me giro en la calle para saber si es uno que está saludando al mio o es parte de la ambientación que me llega a través del oído. 
Y es que la naturaleza llega a unos puntos pasmosos de desarrollo.

La noche pasada, estando en la cama con mi marido con los ojos cerrado, le comenté acerca de la música que estábamos teniendo de fondo, lo extraordinario de la naturaleza para llegar desde los primordiales sonidos armónicos ... a través del cuero estirado o la madera trabajada ... de las voces o los cuerpos ... de la electrónica o los estudios de grabación ... hasta esa complejidad que nos estaba entrando por los oídos.
El me miró y dijo, entre sorprendido, que el siempre pensó que la naturaleza era todo, desde la brizna de hierba, a la torre de acero, o al robot, y que quizá en esa percepción era que se resolvía el misterio de porqué se fue a parar conmigo, porqué estábamos juntos y no él con alguna de las otras estimables mujeres que había conocido en su vida.
-Si claro, con el plantel de estupendas que tuviste, cómo te fuiste a meter con una jovenzuela granujienta, pacata, coja, inexperta, de diente roto ...
-Ya empiezas a delirar ... mejor apagemos la luz.

*Platero, de "Platero y yo", narrativa lírica de Juan Ramón Jimenez
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas celestes, rosas y gualdas ... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mi con su trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal ...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel ...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña ...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra ... Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo ...
- Tien' acero
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

viernes, 5 de julio de 2013

Histérica total

Acrílico de Susanna Morell
También es cierto que la tecnología puede ponerte a veces de los nervios, si algo falla y la solución tarda. Yo acabo de perder tres días batallando por arreglar un problema de conexión entre el móvil y el ordenador, y al final he tenido que recurrir a un técnico.
Hoy de nuevo he tenido una jornada productiva. Con las rebajas comenzadas, he salido ansiosa a la mañana temprano, y después de dar vueltas y vueltas de tienda en tienda como un ventilador que no diera aire, he regresado a casa a las tres de la tarde sin una sola adquisición.
Luego le he comentado a mi marido la lástima por lo gastado en el parquímetro, y casi me echa la bronca, porque no le gusta que me ponga tan cutre con el dinero.
Por lo habitual no abordamos entre la pareja el tema de nuestra economía, porque ahí nos meteríamos por terrenos cenagosos y es mejor dejar que esta resuelva por sí misma.
En lo menos comprometido, el piensa que yo nunca llegaría a ser una alegre gastadora como le gustaría; a mi me agradaría gastar cuanto me diera la gana en lo que quisiera, y me fastidia pensar que en sus sueños el me amara mejor siendo yo una rica mantenida suya dedicada sobre mis  tacones de estilete a disfrutar de las posibilidades.
El cree que yo estoy siempre preocupada por el dinero y le tengo que convencer de que no es así.
- Deberías relajarte, vivir en el presente, que es el único tiempo que existe, me dice.
- Pues si miraras dentro de mis circunvalaciones cerebrales, verías que el tema me ocupa menos de lo que parece ... y el tiempo es todo una ilusión.
- Lo que hay en el fondo de cada cual es un misterio, en eso estamos de acuerdo ... pero si he de basarme en algo ... será por lo que entra en mis sentidos. Vamos a ver ... dime que pensarías de un tipo que anduviera diciendo cosas como estas:
(y poniendo voz profunda)
"Me gusta ir al supermercado para verle los melones asomando por encima del botón a punto de explotar a la cajera de la última caja, y comprarme unas bananas que ya sabes tú a quien quisiera metérselas por algún agujerito para ver cómo se retorcía de placer al tiempo que le chupaba la fruta de la pasión a la otra de al lado"*
 ¿qué te parece que encontraría en su cerebro?.

*Preservando lo dicho por mi marido, me he inspirado para la anterior parrafada en un cuadernillo erótico-festivo que acompañaba al pequeño vibrador de bolsillo que venía de regalo por la compra de la revista de cotilleo "Corazón partido", que encontré tirada asomando tras el kiosco hoy mismo cuando andaba por la rambla en pos de la prenda que no encontré. 
Algo más fino se expresó mi marido, pero por ahí iba.

miércoles, 26 de junio de 2013

Tecnología de la manzana

Apple - Susanna Morell
Admiro a mi marido porque el nunca se queja. El trabaja en el salón de casa sobre un tablero de aglomerado estrecho donde se le amontonan en un reducido espacio artefactos tecnológicos y soportes de la vieja generación, cual carpetas, libros, folios y papelillos con notas, mezclados en profusión en una maraña de cables y cablecitos, alargadores, enchufes, lámparas, bolígrafos, tornillos, clips, gomitas, inabordables motitas de polvo y posibles arácnidos de tamaño micróscopico.
Tiene un ventanal al frente que acabo de cubrir con papel de rollo para impedir el reflejo del sol dándole sobre la pantalla, y a los demás habitantes de la casa yendo y viniendo, que por algo es también nuestro lugar de estar y comedor. En esas condiciones, cualquiera se concentra, y sin embargo él lo hace, en la medida que le es posible.
Ayer se lamentó y quedé alarmada. Por suerte esta mañana nos despertó una buena entrevista de página entera en un diario de los de mayor tirada, que le fue realizada por un reputado periodista en  una dependencia de su agencia literaria, de eso hace relativamente tanto, que temíamos hubiera sufrido el hombre algún un percance que le impidiera sacar la nota.
Y en estas vamos.

Por otro lado, mi hermano Mateu me regaló un Iphone, que había sido de su hija, regalo a su vez de su novio futbolista del Barça; un teléfono dañado por la carcasa que mi hermano cambió en la tienda correspondiente por otro de aspecto flamante. No es el mismo, pero en caso de avería tendré que dar el nombre del famoso para que me lo puedan reparar. Es una maravilla, estoy enamorada, suena a cliché pero es así; estoy hablando por supuesto del teléfono. Mi hermano también es genial, y mi sobrina, y el futbolista.

domingo, 23 de junio de 2013

Al teléfono


Le pasé buenas nuevas de mis hijos a mi madre por teléfono y dijo que le había alegrado para el día entero, dado que está de cuidadora de mi tía Elvira, recién operada, y no para de escuchar hablar de males y antiguas experiencias hospitalarias por parte de los que van a visitarla.
- Es que la gente ... vaya manera de animar a un convaleciente ...
También me dijo que era que fantástico que tuviera a los hijos tan ocupados, porque sino, vaya panorama.
- Siendo como estáis, si encima ellos estuvieran en casa sin hacer nada ...

Por lo escuchado, a la distancia se nos debe de ver mal.
Suerte que mi madre es reacia a martirizarse por problemas suyos o ajenos que le parezcan, siendo que con ello no resuelve y prefiere mantenerse  positivamente energetizada. Además, doble desperdicio sería, pues a mi juicio, pocas parejas deben de pasarlo tan bien como la de mi marido y yo, juntos o por separado.
Me imagino que nuestro núcleo familiar debe de ser blanco a veces de la charla preocupada de la familia grande; más que pesar, supongo les proporcionamos conversación y opinión de sobremesa; igual que cuando yo estoy allí y se empieza a diseccionar, analizar y resolver de palabra con toda la buena intención la vida del resto ausente; ello no deja de ser una buena manera de unir lazos entre los presentes y tema válido para amenizar los postres.

Actualmente estoy instalada como una reina en el  dormitorio vacío de nuestros hijos. Esto me proporciona una gran dicha. Por supuesto no me refiero a una de esas reinas auténticas, casadas por interés, con aposentos privados y tan separados que ni a la noche se encuentran con sus reyes. No, no, a mi me gusta en la cama con mi marido, que si la tuviéramos más ancha mejor, pero siendo que es de metro treinta y cinco centímetros, pues ahí estamos, unidos como los que más y a la fuerza compenetrados. Pero a la hora de concentrarme, contar con un espacio propio es la gloria, y sucede que en cuanto me meto en el cuarto y cierro la puerta, se me abre otra, y así, hasta fin de mes. 
Ya me pasaba con la pintura. Ansiaba un lugar donde para poder trabajar en secreto, para dejar luego asomar la punta de las telas solo en caso de conseguir una obra a mi parecer mostrable sin desmerecer en cualquier museo de arte contemporáneo del mundo. Con tamaño requerimiento, ahí quedó la cosa. Con el ordenador es diferente, me basta un click para cerrar ventana, así que puedo esta a mis anchas con la puerta simplemente ajustada.

Por otro lado hablé con mi cuñada Maite, que estaba empeñada en que mi marido y yo aprovecháramos las plazas libres disponibles ahora en verano en el apartamento que su hija en París, para ir a visitarla y de paso disfrutar de unos días en la ciudad de la luz en alojamiento gratuito.
Le tuve que poner gráficamente al corriente de la circunstancia nuestra, porque de lo contrario no hubiese entendido.
- Mira Maite, por ahora tenemos vetado salir ... a Barcelona si es por algo imprescindible, pero no más allá ... piensa que cuando estaba en Cambridge, tenía Londres a cuarenta minutos en tren ... y tan siquiera lo pisé ... allí nos hubiéramos podido alojar en hosteles de la compañía donde trabajaba, que quedaban por el centro ... mira si no era para aprovecharlo ... y sin embargo ... ni en autobús al pueblo del costado ... yo me movía siempre en bicicleta ... hasta en la peor de las nieves.
Mi cuñada es una monada, la quiero mucho. Comprendió y dijo que ella lo iba a arreglar, y que nos invitaba a mi madre y a mi para que nos fuéramos las tres en Julio a pasar unos días con su hija allá.

sábado, 22 de junio de 2013

Historia de la madre del ex marido de Alison

Parlamento Inglés donde William Wilberforce logró
 la abolición de la esclavitud en 1834
Cuando Alison vivía en España con Philip y las hijas, y la madre de él venía a visitarlos desde Inglaterra, mi amiga se esmeraba para que la estancia de la mujer transcurriera sin el mínimo incidente; es decir, que mantenía con la suegra una relación cordial, incluso afectiva, aunque en el fondo estaba siempre latente que  a mi amiga no había encajado en el ideal de mujer que la señora tenía pensado para su hijo.
La suegra le preguntara a menudo a Alison con mirada reticente por la escuela de las niñas, que cursaban en España la primaria en una pública. La figura hierática de la señora esperando junto a su nuera a la salida del colegio, contrastaba con la profusión de movimiento y parloteo que se daba a su alrededor entre críos recién soltados y grandes que los estaban recogiendo. También la suegra ponía repetido interés en saber si ella, la esposa, le estaba suministrando a su hijo la cantidad suficiente de vegetales. 
A mi lo que me atraía principalmente de la madre de Philip era la historia que un día Alison me contó.

Plantio de Algodao na fazenda (década de 1960)
La mujer cuando joven se casó en Inglaterra muy enamorada con un inglés de ultramar que parecía su príncipe azul y tras la boda emigraron al Brasil para instalarse en una hacienda en la costa norte, donde el marido estaba a cargo de las plantaciones de una gran compañía. Pero el hombre resultó un  empedernido mujeriego que aprovechaba la mínima que se presentaba para largarse a lucir sus dotes de seducción. Tuvieron una hija.
El fin se acercó cuando en una de las idas del matrimonio a Inglaterra el marido se lió un romance de barco con otra pasajera, que a sabiendas la esposa descubrió en plena pasión amatoria adentro de un camarote. A consecuencia, cuando el marido regresó al Brasil ella quedó residiendo en Londres. Más pasado un tiempo el hombre enfermó de gravedad, tomando camino de vuelta hacia la patria para fallecer al poco. 
Un amigo inglés del matrimonio, que vivía en una hacienda próxima a la que ellos moraban en mitad de los campos, vino en su búsqueda al enterarse y le propuso casamiento. Ella, aun sin amarlo, aceptó, aconsejada de que le era lo más conveniente, y regresaron juntos, ahora como marido y mujer, a las tierras americanas.
Poco a poco se fue enamorando, y el hombre resultó el gran amor de su vida, según propias palabras. Tuvieron un hijo, Phillip, que en edad de estudiar fue mandado a un internado en Inglaterra, como la hermana antes; experiencia mal recordada por ambos.
La madre con los años desarrolló un cariño especial por ese hijo, fruto de su amor truncado, pues el padre de Philip falleció aún siendo el muchacho adolescente.

Empecé con el anterior relato hará unos dos años, pero lo dejé. Alison me acababa entonces de refrescar la memoria contándome a petición la historia de la suegra en un email.
Ahora que quería retomarlo, no hallé entre el correo antiguo el mensaje y tiré para narrar de lo archivado en  el disco duro de mi cabeza.
Por esas cosas que suceden, justo acabo de escribir y me saltan a la vista las lineas de mi amiga y encuentro que la narración de ella es vibrante, más sugerente, moderna y documentada que la mía, y encima diferente. 
Así que corto y pego lo de Alison sin modificar una letra, más que añadir acentos y tildes en las eñes.
(Y pensar que es inglesa... ¡ya me gustaría a mi llegar a escribir así en su idioma!)
¡Hola Susanna! 
Tenías razón; no estuve en la otra punta del globo, pero sí que no estuve en Inglaterra. He estado en Dubrovnik, y también me fui dos veces para visitar a Fiona (una de las hijas). Entre viajes he estado trabajando, para ganar dinero para los viajes!                
Bueno, a lo de mi suegra. Tus preguntas me han hecho realizar que me faltan detalles. Siempre le decía a ella que sería un historia interesante para sus nietos, pero ella nunca se animó en ponerlo en papel.
No me acuerdo como se encontró a su primer marido, un inglés que parecía su príncipe azul. Los dos eran jóvenes, y se casaron al tener poco más de veinte años. Durante la guerra se fueron a vivir en país de Gales para estar fuera de Londres, y creo que era entonces cuando nació la hermana de Philip.
La empresa de Coats algodón le ofreció al marido un puesto en el Brasil en 1949 o 1950, y los tres se fueron para vivir allí, pero a la hermana de Philip le mandaron para un internado en Inglaterra (que no le gusto nada!) después de poco tiempo. El primer marido era simpático pero mujeriego, y durante un crucero para regresar a Inglaterra el tuvo una aventura con la esposa de un amigo, y mi suegra decidió divorciarse al amarrar el nave. Busco trabajo como niñera en un internado para varones, y allí trabajo durante no se cuanto tiempo.
Mientras tanto, el que iba a convertirse en el padre de Philip, que también estaba en el Brasil como gerente de una granja de algodón que pertenecía a la misma compañía (Coats), se enteró del divorcio y decidió irse a Inglaterra para convencerla en casarse con él. Ella no estaba enamorada, y no sabía si aceptar su propuesta o no. Se le presentó a sus padres, y su padre le decía que era un buen hombre y que ella debería decir que sí, así que decidieron casarse en Londres, y regresaron al Brasil, donde vivieron como vecinos del primer marido y su nueva esposa. Philip nació en 1958, y su hermana (de 16 años ahora) regresó al Brasil para vivir con la familia y para trabajar en una empresa. Las dos familias pasaron mucho tiempo juntas, como no había mucha gente en la región, y menos extranjeros. Estaban en Río Grande do Norte, y unas horas en coche de Recife. La ciudad mas cerca era Natal. Poco a poco mi suegra se enamoraba del padre de Philip, y vivieron muy felices hasta que el contracto cáncer; regresaron a Inglaterra, donde Philip estaba ya en un internado, pero su padre murió allí en 1973.
Espero que esto te ayude con tu "blog"!

sábado, 15 de junio de 2013

Historia del ex marido de Alison

Parlamento Inglés donde William Wilberforce logró
 la abolición de la esclavitud en 1834
Cuando Alison vivía en España con Philip y las hijas, y la madre de él venía a visitarlos desde Inglaterra, mi amiga se esmeraba para que la estancia de la mujer transcurriera sin el mínimo incidente; es decir, que mantenía con la suegra una relación cordial, incluso afectiva, aunque en el fondo estaba siempre latente que  a mi amiga no había encajado en el ideal de mujer que la señora tenía pensado para su hijo.
La suegra le preguntara a menudo a Alison con mirada reticente por la escuela de las niñas, que cursaban en España la primaria en una pública. La figura hierática de la señora esperando junto a su nuera a la salida del colegio, contrastaba con la profusión de movimiento y parloteo que se daba a su alrededor entre críos recién soltados y grandes que los estaban recogiendo. También la suegra ponía repetido interés en saber si ella, la esposa, le estaba suministrando a su hijo la cantidad suficiente de vegetales. 
A mi lo que me atraía principalmente de la madre de Philip era la historia que un día Alison me contó.

Plantio de Algodao na fazenda (década de 1960)
La mujer cuando joven se casó en Inglaterra muy enamorada con un inglés de ultramar que parecía su príncipe azul y tras la boda emigraron al Brasil para instalarse en una hacienda en la costa norte, donde el marido estaba a cargo de las plantaciones de una gran compañía. Pero el hombre resultó un  empedernido mujeriego que aprovechaba la mínima que se presentaba para largarse a lucir sus dotes de seducción. Tuvieron una hija.
El fin se acercó cuando en una de las idas del matrimonio a Inglaterra el marido se lió un romance de barco con otra pasajera, que a sabiendas la esposa descubrió en plena pasión amatoria adentro de un camarote. A consecuencia, cuando el marido regresó al Brasil ella quedó residiendo en Londres. Más pasado un tiempo el hombre enfermó de gravedad, tomando camino de vuelta hacia la patria para fallecer al poco. 
Un amigo inglés del matrimonio, que vivía en una hacienda próxima a la que ellos moraban en mitad de los campos, vino en su búsqueda al enterarse y le propuso casamiento. Ella, aun sin amarlo, aceptó, aconsejada de que le era lo más conveniente, y regresaron juntos, ahora como marido y mujer, a las tierras americanas.
Poco a poco se fue enamorando, y el hombre resultó el gran amor de su vida, según propias palabras. Tuvieron un hijo, Phillip, que en edad de estudiar fue mandado a un internado en Inglaterra, como la hermana antes; experiencia mal recordada por ambos.
La madre con los años desarrolló un cariño especial por ese hijo, fruto de su amor truncado, pues el padre de Philip falleció aún siendo el muchacho adolescente.

Empecé con el anterior relato hará unos dos años, pero lo dejé. Alison me acababa entonces de refrescar la memoria contándome a petición la historia de la suegra en un email.
Ahora que quería retomarlo, no hallé entre el correo antiguo el mensaje y tiré para narrar de lo archivado en  el disco duro de mi cabeza.
Por esas cosas que suceden, justo acabo de escribir y me saltan a la vista las lineas de mi amiga y encuentro que la narración de ella es vibrante, más sugerente, moderna y documentada que la mía, y encima diferente. 
Así que corto y pego lo de Alison sin modificar una letra, más que añadir acentos y tildes en las eñes.
(Y pensar que es inglesa... ¡ya me gustaría a mi llegar a escribir así en su idioma!)
¡Hola Susanna! 
Tenías razón; no estuve en la otra punta del globo, pero sí que no estuve en Inglaterra. He estado en Dubrovnik, y también me fui dos veces para visitar a Fiona (una de las hijas). Entre viajes he estado trabajando, para ganar dinero para los viajes!                
Bueno, a lo de mi suegra. Tus preguntas me han hecho realizar que me faltan detalles. Siempre le decía a ella que sería un historia interesante para sus nietos, pero ella nunca se animó en ponerlo en papel.
No me acuerdo como se encontró a su primer marido, un inglés que parecía su príncipe azul. Los dos eran jóvenes, y se casaron al tener poco más de veinte años. Durante la guerra se fueron a vivir en país de Gales para estar fuera de Londres, y creo que era entonces cuando nació la hermana de Philip.
La empresa de Coats algodón le ofreció al marido un puesto en el Brasil en 1949 o 1950, y los tres se fueron para vivir allí, pero a la hermana de Philip le mandaron para un internado en Inglaterra (que no le gusto nada!) después de poco tiempo. El primer marido era simpático pero mujeriego, y durante un crucero para regresar a Inglaterra el tuvo una aventura con la esposa de un amigo, y mi suegra decidió divorciarse al amarrar el nave. Busco trabajo como niñera en un internado para varones, y allí trabajo durante no se cuanto tiempo.
Mientras tanto, el que iba a convertirse en el padre de Philip, que también estaba en el Brasil como gerente de una granja de algodón que pertenecía a la misma compañía (Coats), se enteró del divorcio y decidió irse a Inglaterra para convencerla en casarse con él. Ella no estaba enamorada, y no sabía si aceptar su propuesta o no. Se le presentó a sus padres, y su padre le decía que era un buen hombre y que ella debería decir que sí, así que decidieron casarse en Londres, y regresaron al Brasil, donde vivieron como vecinos del primer marido y su nueva esposa. Philip nació en 1958, y su hermana (de 16 años ahora) regresó al Brasil para vivir con la familia y para trabajar en una empresa. Las dos familias pasaron mucho tiempo juntas, como no había mucha gente en la región, y menos extranjeros. Estaban en Río Grande do Norte, y unas horas en coche de Recife. La ciudad mas cerca era Natal. Poco a poco mi suegra se enamoraba del padre de Philip, y vivieron muy felices hasta que el contracto cáncer; regresaron a Inglaterra, donde Philip estaba ya en un internado, pero su padre murió allí en 1973.
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