miércoles, 26 de junio de 2013

Tecnología de la manzana

Apple - Susanna Morell
Admiro a mi marido porque el nunca se queja. El trabaja en el salón de casa sobre un tablero de aglomerado estrecho donde se le amontonan en un reducido espacio artefactos tecnológicos y soportes de la vieja generación, cual carpetas, libros, folios y papelillos con notas, mezclados en profusión en una maraña de cables y cablecitos, alargadores, enchufes, lámparas, bolígrafos, tornillos, clips, gomitas, inabordables motitas de polvo y posibles arácnidos de tamaño micróscopico.
Tiene un ventanal al frente que acabo de cubrir con papel de rollo para impedir el reflejo del sol dándole sobre la pantalla, y a los demás habitantes de la casa yendo y viniendo, que por algo es también nuestro lugar de estar y comedor. En esas condiciones, cualquiera se concentra, y sin embargo él lo hace, en la medida que le es posible.
Ayer se lamentó y quedé alarmada. Por suerte esta mañana nos despertó una buena entrevista de página entera en un diario de los de mayor tirada, que le fue realizada por un reputado periodista en  una dependencia de su agencia literaria, de eso hace relativamente tanto, que temíamos hubiera sufrido el hombre algún un percance que le impidiera sacar la nota.
Y en estas vamos.

Por otro lado, mi hermano Mateu me regaló un Iphone, que había sido de su hija, regalo a su vez de su novio futbolista del Barça; un teléfono dañado por la carcasa que mi hermano cambió en la tienda correspondiente por otro de aspecto flamante. No es el mismo, pero en caso de avería tendré que dar el nombre del famoso para que me lo puedan reparar. Es una maravilla, estoy enamorada, suena a cliché pero es así; estoy hablando por supuesto del teléfono. Mi hermano también es genial, y mi sobrina, y el futbolista.

domingo, 23 de junio de 2013

Al teléfono


Le pasé buenas nuevas de mis hijos a mi madre por teléfono y dijo que le había alegrado para el día entero, dado que está de cuidadora de mi tía Elvira, recién operada, y no para de escuchar hablar de males y antiguas experiencias hospitalarias por parte de los que van a visitarla.
- Es que la gente ... vaya manera de animar a un convaleciente ...
También me dijo que era que fantástico que tuviera a los hijos tan ocupados, porque sino, vaya panorama.
- Siendo como estáis, si encima ellos estuvieran en casa sin hacer nada ...

Por lo escuchado, a la distancia se nos debe de ver mal.
Suerte que mi madre es reacia a martirizarse por problemas suyos o ajenos que le parezcan, siendo que con ello no resuelve y prefiere mantenerse  positivamente energetizada. Además, doble desperdicio sería, pues a mi juicio, pocas parejas deben de pasarlo tan bien como la de mi marido y yo, juntos o por separado.
Me imagino que nuestro núcleo familiar debe de ser blanco a veces de la charla preocupada de la familia grande; más que pesar, supongo les proporcionamos conversación y opinión de sobremesa; igual que cuando yo estoy allí y se empieza a diseccionar, analizar y resolver de palabra con toda la buena intención la vida del resto ausente; ello no deja de ser una buena manera de unir lazos entre los presentes y tema válido para amenizar los postres.

Actualmente estoy instalada como una reina en el  dormitorio vacío de nuestros hijos. Esto me proporciona una gran dicha. Por supuesto no me refiero a una de esas reinas auténticas, casadas por interés, con aposentos privados y tan separados que ni a la noche se encuentran con sus reyes. No, no, a mi me gusta en la cama con mi marido, que si la tuviéramos más ancha mejor, pero siendo que es de metro treinta y cinco centímetros, pues ahí estamos, unidos como los que más y a la fuerza compenetrados. Pero a la hora de concentrarme, contar con un espacio propio es la gloria, y sucede que en cuanto me meto en el cuarto y cierro la puerta, se me abre otra, y así, hasta fin de mes. 
Ya me pasaba con la pintura. Ansiaba un lugar donde para poder trabajar en secreto, para dejar luego asomar la punta de las telas solo en caso de conseguir una obra a mi parecer mostrable sin desmerecer en cualquier museo de arte contemporáneo del mundo. Con tamaño requerimiento, ahí quedó la cosa. Con el ordenador es diferente, me basta un click para cerrar ventana, así que puedo esta a mis anchas con la puerta simplemente ajustada.

Por otro lado hablé con mi cuñada Maite, que estaba empeñada en que mi marido y yo aprovecháramos las plazas libres disponibles ahora en verano en el apartamento que su hija en París, para ir a visitarla y de paso disfrutar de unos días en la ciudad de la luz en alojamiento gratuito.
Le tuve que poner gráficamente al corriente de la circunstancia nuestra, porque de lo contrario no hubiese entendido.
- Mira Maite, por ahora tenemos vetado salir ... a Barcelona si es por algo imprescindible, pero no más allá ... piensa que cuando estaba en Cambridge, tenía Londres a cuarenta minutos en tren ... y tan siquiera lo pisé ... allí nos hubiéramos podido alojar en hosteles de la compañía donde trabajaba, que quedaban por el centro ... mira si no era para aprovecharlo ... y sin embargo ... ni en autobús al pueblo del costado ... yo me movía siempre en bicicleta ... hasta en la peor de las nieves.
Mi cuñada es una monada, la quiero mucho. Comprendió y dijo que ella lo iba a arreglar, y que nos invitaba a mi madre y a mi para que nos fuéramos las tres en Julio a pasar unos días con su hija allá.

sábado, 22 de junio de 2013

Historia de la madre del ex marido de Alison

Parlamento Inglés donde William Wilberforce logró
 la abolición de la esclavitud en 1834
Cuando Alison vivía en España con Philip y las hijas, y la madre de él venía a visitarlos desde Inglaterra, mi amiga se esmeraba para que la estancia de la mujer transcurriera sin el mínimo incidente; es decir, que mantenía con la suegra una relación cordial, incluso afectiva, aunque en el fondo estaba siempre latente que  a mi amiga no había encajado en el ideal de mujer que la señora tenía pensado para su hijo.
La suegra le preguntara a menudo a Alison con mirada reticente por la escuela de las niñas, que cursaban en España la primaria en una pública. La figura hierática de la señora esperando junto a su nuera a la salida del colegio, contrastaba con la profusión de movimiento y parloteo que se daba a su alrededor entre críos recién soltados y grandes que los estaban recogiendo. También la suegra ponía repetido interés en saber si ella, la esposa, le estaba suministrando a su hijo la cantidad suficiente de vegetales. 
A mi lo que me atraía principalmente de la madre de Philip era la historia que un día Alison me contó.

Plantio de Algodao na fazenda (década de 1960)
La mujer cuando joven se casó en Inglaterra muy enamorada con un inglés de ultramar que parecía su príncipe azul y tras la boda emigraron al Brasil para instalarse en una hacienda en la costa norte, donde el marido estaba a cargo de las plantaciones de una gran compañía. Pero el hombre resultó un  empedernido mujeriego que aprovechaba la mínima que se presentaba para largarse a lucir sus dotes de seducción. Tuvieron una hija.
El fin se acercó cuando en una de las idas del matrimonio a Inglaterra el marido se lió un romance de barco con otra pasajera, que a sabiendas la esposa descubrió en plena pasión amatoria adentro de un camarote. A consecuencia, cuando el marido regresó al Brasil ella quedó residiendo en Londres. Más pasado un tiempo el hombre enfermó de gravedad, tomando camino de vuelta hacia la patria para fallecer al poco. 
Un amigo inglés del matrimonio, que vivía en una hacienda próxima a la que ellos moraban en mitad de los campos, vino en su búsqueda al enterarse y le propuso casamiento. Ella, aun sin amarlo, aceptó, aconsejada de que le era lo más conveniente, y regresaron juntos, ahora como marido y mujer, a las tierras americanas.
Poco a poco se fue enamorando, y el hombre resultó el gran amor de su vida, según propias palabras. Tuvieron un hijo, Phillip, que en edad de estudiar fue mandado a un internado en Inglaterra, como la hermana antes; experiencia mal recordada por ambos.
La madre con los años desarrolló un cariño especial por ese hijo, fruto de su amor truncado, pues el padre de Philip falleció aún siendo el muchacho adolescente.

Empecé con el anterior relato hará unos dos años, pero lo dejé. Alison me acababa entonces de refrescar la memoria contándome a petición la historia de la suegra en un email.
Ahora que quería retomarlo, no hallé entre el correo antiguo el mensaje y tiré para narrar de lo archivado en  el disco duro de mi cabeza.
Por esas cosas que suceden, justo acabo de escribir y me saltan a la vista las lineas de mi amiga y encuentro que la narración de ella es vibrante, más sugerente, moderna y documentada que la mía, y encima diferente. 
Así que corto y pego lo de Alison sin modificar una letra, más que añadir acentos y tildes en las eñes.
(Y pensar que es inglesa... ¡ya me gustaría a mi llegar a escribir así en su idioma!)
¡Hola Susanna! 
Tenías razón; no estuve en la otra punta del globo, pero sí que no estuve en Inglaterra. He estado en Dubrovnik, y también me fui dos veces para visitar a Fiona (una de las hijas). Entre viajes he estado trabajando, para ganar dinero para los viajes!                
Bueno, a lo de mi suegra. Tus preguntas me han hecho realizar que me faltan detalles. Siempre le decía a ella que sería un historia interesante para sus nietos, pero ella nunca se animó en ponerlo en papel.
No me acuerdo como se encontró a su primer marido, un inglés que parecía su príncipe azul. Los dos eran jóvenes, y se casaron al tener poco más de veinte años. Durante la guerra se fueron a vivir en país de Gales para estar fuera de Londres, y creo que era entonces cuando nació la hermana de Philip.
La empresa de Coats algodón le ofreció al marido un puesto en el Brasil en 1949 o 1950, y los tres se fueron para vivir allí, pero a la hermana de Philip le mandaron para un internado en Inglaterra (que no le gusto nada!) después de poco tiempo. El primer marido era simpático pero mujeriego, y durante un crucero para regresar a Inglaterra el tuvo una aventura con la esposa de un amigo, y mi suegra decidió divorciarse al amarrar el nave. Busco trabajo como niñera en un internado para varones, y allí trabajo durante no se cuanto tiempo.
Mientras tanto, el que iba a convertirse en el padre de Philip, que también estaba en el Brasil como gerente de una granja de algodón que pertenecía a la misma compañía (Coats), se enteró del divorcio y decidió irse a Inglaterra para convencerla en casarse con él. Ella no estaba enamorada, y no sabía si aceptar su propuesta o no. Se le presentó a sus padres, y su padre le decía que era un buen hombre y que ella debería decir que sí, así que decidieron casarse en Londres, y regresaron al Brasil, donde vivieron como vecinos del primer marido y su nueva esposa. Philip nació en 1958, y su hermana (de 16 años ahora) regresó al Brasil para vivir con la familia y para trabajar en una empresa. Las dos familias pasaron mucho tiempo juntas, como no había mucha gente en la región, y menos extranjeros. Estaban en Río Grande do Norte, y unas horas en coche de Recife. La ciudad mas cerca era Natal. Poco a poco mi suegra se enamoraba del padre de Philip, y vivieron muy felices hasta que el contracto cáncer; regresaron a Inglaterra, donde Philip estaba ya en un internado, pero su padre murió allí en 1973.
Espero que esto te ayude con tu "blog"!

sábado, 15 de junio de 2013

Historia del ex marido de Alison

Parlamento Inglés donde William Wilberforce logró
 la abolición de la esclavitud en 1834
Cuando Alison vivía en España con Philip y las hijas, y la madre de él venía a visitarlos desde Inglaterra, mi amiga se esmeraba para que la estancia de la mujer transcurriera sin el mínimo incidente; es decir, que mantenía con la suegra una relación cordial, incluso afectiva, aunque en el fondo estaba siempre latente que  a mi amiga no había encajado en el ideal de mujer que la señora tenía pensado para su hijo.
La suegra le preguntara a menudo a Alison con mirada reticente por la escuela de las niñas, que cursaban en España la primaria en una pública. La figura hierática de la señora esperando junto a su nuera a la salida del colegio, contrastaba con la profusión de movimiento y parloteo que se daba a su alrededor entre críos recién soltados y grandes que los estaban recogiendo. También la suegra ponía repetido interés en saber si ella, la esposa, le estaba suministrando a su hijo la cantidad suficiente de vegetales. 
A mi lo que me atraía principalmente de la madre de Philip era la historia que un día Alison me contó.

Plantio de Algodao na fazenda (década de 1960)
La mujer cuando joven se casó en Inglaterra muy enamorada con un inglés de ultramar que parecía su príncipe azul y tras la boda emigraron al Brasil para instalarse en una hacienda en la costa norte, donde el marido estaba a cargo de las plantaciones de una gran compañía. Pero el hombre resultó un  empedernido mujeriego que aprovechaba la mínima que se presentaba para largarse a lucir sus dotes de seducción. Tuvieron una hija.
El fin se acercó cuando en una de las idas del matrimonio a Inglaterra el marido se lió un romance de barco con otra pasajera, que a sabiendas la esposa descubrió en plena pasión amatoria adentro de un camarote. A consecuencia, cuando el marido regresó al Brasil ella quedó residiendo en Londres. Más pasado un tiempo el hombre enfermó de gravedad, tomando camino de vuelta hacia la patria para fallecer al poco. 
Un amigo inglés del matrimonio, que vivía en una hacienda próxima a la que ellos moraban en mitad de los campos, vino en su búsqueda al enterarse y le propuso casamiento. Ella, aun sin amarlo, aceptó, aconsejada de que le era lo más conveniente, y regresaron juntos, ahora como marido y mujer, a las tierras americanas.
Poco a poco se fue enamorando, y el hombre resultó el gran amor de su vida, según propias palabras. Tuvieron un hijo, Phillip, que en edad de estudiar fue mandado a un internado en Inglaterra, como la hermana antes; experiencia mal recordada por ambos.
La madre con los años desarrolló un cariño especial por ese hijo, fruto de su amor truncado, pues el padre de Philip falleció aún siendo el muchacho adolescente.

Empecé con el anterior relato hará unos dos años, pero lo dejé. Alison me acababa entonces de refrescar la memoria contándome a petición la historia de la suegra en un email.
Ahora que quería retomarlo, no hallé entre el correo antiguo el mensaje y tiré para narrar de lo archivado en  el disco duro de mi cabeza.
Por esas cosas que suceden, justo acabo de escribir y me saltan a la vista las lineas de mi amiga y encuentro que la narración de ella es vibrante, más sugerente, moderna y documentada que la mía, y encima diferente. 
Así que corto y pego lo de Alison sin modificar una letra, más que añadir acentos y tildes en las eñes.
(Y pensar que es inglesa... ¡ya me gustaría a mi llegar a escribir así en su idioma!)
¡Hola Susanna! 
Tenías razón; no estuve en la otra punta del globo, pero sí que no estuve en Inglaterra. He estado en Dubrovnik, y también me fui dos veces para visitar a Fiona (una de las hijas). Entre viajes he estado trabajando, para ganar dinero para los viajes!                
Bueno, a lo de mi suegra. Tus preguntas me han hecho realizar que me faltan detalles. Siempre le decía a ella que sería un historia interesante para sus nietos, pero ella nunca se animó en ponerlo en papel.
No me acuerdo como se encontró a su primer marido, un inglés que parecía su príncipe azul. Los dos eran jóvenes, y se casaron al tener poco más de veinte años. Durante la guerra se fueron a vivir en país de Gales para estar fuera de Londres, y creo que era entonces cuando nació la hermana de Philip.
La empresa de Coats algodón le ofreció al marido un puesto en el Brasil en 1949 o 1950, y los tres se fueron para vivir allí, pero a la hermana de Philip le mandaron para un internado en Inglaterra (que no le gusto nada!) después de poco tiempo. El primer marido era simpático pero mujeriego, y durante un crucero para regresar a Inglaterra el tuvo una aventura con la esposa de un amigo, y mi suegra decidió divorciarse al amarrar el nave. Busco trabajo como niñera en un internado para varones, y allí trabajo durante no se cuanto tiempo.
Mientras tanto, el que iba a convertirse en el padre de Philip, que también estaba en el Brasil como gerente de una granja de algodón que pertenecía a la misma compañía (Coats), se enteró del divorcio y decidió irse a Inglaterra para convencerla en casarse con él. Ella no estaba enamorada, y no sabía si aceptar su propuesta o no. Se le presentó a sus padres, y su padre le decía que era un buen hombre y que ella debería decir que sí, así que decidieron casarse en Londres, y regresaron al Brasil, donde vivieron como vecinos del primer marido y su nueva esposa. Philip nació en 1958, y su hermana (de 16 años ahora) regresó al Brasil para vivir con la familia y para trabajar en una empresa. Las dos familias pasaron mucho tiempo juntas, como no había mucha gente en la región, y menos extranjeros. Estaban en Río Grande do Norte, y unas horas en coche de Recife. La ciudad mas cerca era Natal. Poco a poco mi suegra se enamoraba del padre de Philip, y vivieron muy felices hasta que el contracto cáncer; regresaron a Inglaterra, donde Philip estaba ya en un internado, pero su padre murió allí en 1973.
Espero que esto te ayude con tu "blog"!

jueves, 30 de mayo de 2013

Verdades de Perogrullo

Óleo de Susanna Morell
La justicia divina está en manos de la naturaleza que nos gobierna, ella juega a los grandes números y es en esa medida donde se alcanza la proporción. Esta sentencia que me atribuyo resulta bastante intranquilizadora, pero qué le vamos a hacer, a nuestros ojos rige el azar y no hay que matarse para entender, que ni borrachos comprenderíamos desde nuestra escala de  micropulgas cósmicas de que va todo esto.
Salvo que nos pegáramos un buen castañazo que nos abriera la brecha por la que mirar hacia adentro y descubriéramos de repente el universo entero y su significado; pero eso es solo una contingencia que nombro para alejar el fantasma del desconocimiento y el de saberse a merced.
Puestos en tierra llana lo que a mi siempre me ha llamado la atención es ver lo bien que se distribuyen en este mundo los oficios. Las vocaciones parecen surgidas como para cubrir las vacantes en cada sociedad. Puede que en un momento dado resulte complicado dar con un operario, pero eso será siempre circunstancial, al acto siguiente seguro que se lo encuentra. 
Lo mismo sucede con los nacimientos. La técnica ha adelantado para saber de antemano si va a ser niño o niña, pero como individuales nos viene otorgado de momento como por lotería el sexo de nuestros descendientes. Sin embargo, según el Census Bureau norteamericano, habríamos llegado en febrero del año 2012 a una población mundial de  siete mil millones de seres humanos, mitad hembras mitad varones, con un ligero desajuste de cincuenta millones a favor de los machos, que quedaría aún más reducido de sacar a medir la cantidad de fetos y neonatos del sexo rechazado que termina fuera de cualquier lista en algunas sociedades.
Allá por mis dieciocho años le discutía a un profesor de yoga por cuya guía entré en cierto estado de trance, que si todos nos echáramos in aeternum a hacer posturas y a meditar, no habría quien moviera el mundo. Pese a lo convulsionante de la experiencia, yo abandoné la actividad; así que ahí mismo estaba la respuesta. Dejé de preocuparme. El mundo se movía por si mismo. Los humanos dejados como individuales elegir a nuestro aire, salíamos en conjunto más semejantes a una caja de galletas surtidas que a otra con todas de las mismas.
Lo uniforme es impropio de la naturaleza; obra únicamente del pensamiento abstracto, empecinado en reproducir hacia afuera lo que ni siquiera en una elucubración mental es posible sostener para siempre.
La naturaleza observada en crudo por los hombres es injusta por definición. La mayoría elige del árbol la manzana más hermosa, porque a regaño de lo que se comenta a extendidas para consuelo del personal, el aspecto suele corresponderse bastante fielmente con el sabor. Cierto es que a veces las apariencias no dan la pauta exacta, y los entendidos saben que por ejemplo las tocadas por el russeting van a estar más dulces, aunque siguen siendo lindas, y algunos las prefieren, incluso físicamente, por su singularidad. Ahora bien, no nos engañemos, hay algunas de aspecto y sabor desustanciado total, y las pobres no han hecho nada para crecer de esa manera. Por mi parte me las como igual; en compota, con azucar moreno, con yogurt, con miel y canela, se pueden arreglar de mil maneras antes que dejarlas pudrir en el canasto, pero a ver.
Menos mal que pareciera, visto de otro ángulo, que la naturaleza compensara con otras leyes sus propios desaguisados.
De pequeñita pedí un muñeco a los Reyes Magos, lo había visto anunciado por la tele,  Lloroncete se llamaba, muy mono y muy de moda, por ello se habrá agotado pronto en el comercio y a mi me llegó en forma de la Pucheritos, una bebé mucho más feuchita, me pareció, y a la quise enseguida más que a ninguna, de hecho solo la recuerdo a ella por el afecto que me despertó; la tomé como a una hija auténtica, a esa huérfana, tan preciosa como la veía luego y que nadie tenía igual.

domingo, 26 de mayo de 2013

Retroalimentación

Dibujo de Susanna Morell
Recuerdo una pollera del mercado que por una operación quirúrgica se tuvo que retirar unos meses de atender a los clientes. Ella era la hija del matrimonio que inicialmente había montado la parada, y podía bien quedarse tranquila recuperándose en su casa, pues era soltera, hija única, sus padres seguían en activo y dinerillos los tendría ahorrados la familia. Sin embargo la mujer al regresar, y puesta de nuevo a la faena, suspiraba aliviada contando lo terrible de estar alejada por tan largo período de su actividad.
Yo me quedé pensando, porque justamente la imagen de ella recostada con permanencia a cuartear aves sobre la tijera fija, era la primera que me venía en esa época como idea de trabajo forzado diferente del del gulag.
Mi marido y yo eramos asiduos clientes de ese puesto. Ellos nos proveían de los cuellos que luego cocinábamos para dárselos a nuestros perros, mezclado con arroz y zanahoria que también hervíamos. Ollas y ollas enormes. Picos a descartar. Cuellos a pedacitos. Ojos reventados que te saltaban a la cara. Cráneos que se resistían al tijeretazo. Duró la tarea lo que la vida de los animales, y juré que nunca más.
Por esa época teníamos también dos niños y dos gatos, y recuerdo las idas y venidas al veterinario como un gran bollo entre correas y extremidades, que no sabía con que mano agarrar a cada bicho más movido; y encima cuando alguien me preguntaba si trabajaba, tenía que responder que no.
En cuanto a la chica de la pollería debí calcular que ella tenía allí su ambiente, el café de buena mañana, la charla con los demás paradistas, el trato con los cliente, las historias de todos ellos y sobre todo que ese era su escenario de representación, el mundo donde ella se reconocía y recibía del mundo su respuesta.

viernes, 24 de mayo de 2013

Cavernícolas

Dibujo en acrílico - Susanna Morell
Hay muchas formas de gustar, y muchas de seducir, no se vaya a creer.
A mi por ejemplo, sin ser una descarriada sexual, me complace atraer la atención de los niños, con un guiño, con una mueca, y que me devuelvan esa mirada pícara a espalda de los mayores; es una inocente forma de buscar la complicidad que me divierte.
Cada uno tendrá su arte para atraer a los demás hacia sus redes y diferentes serán los motivos por los que cada cual caerá en los encantos de los otros. Así se arma el tejido.
A veces me asombró de cómo podemos llegar a estar tantos humanos juntos moviéndonos en una misma sociedad sin que se arme un caos inaguantable, realmente se requiere un equilibrio y se me antoja un proceso larguísimo llegar hasta donde hemos llegado; desde el principio de la existencia de la raza nuestra, o más allá, desde el mono, es evidente, pero es que a veces caigo en la cuenta y me quedo pasmada ante el avance colosal. 
Con la crisis, millones de problemas saltando a la vista por evidentes y muertos en conflictos por doquier, pareciera en chanza lo dicho, pero hablo en serio, esa red tejida es un prodigio, susceptible de ultra mejora desde luego, pero un paso gigantesco al fin y al cabo, como bien dijo el astronauta. Solo espero que los de las cavernas actuales no nos manden de un garrotazo al resto hasta las del comienzo de la humanidad.

Hablando de redes, he tratado de darme algo de publicidad en las sociales-virtuales, pero he visto que debería contar con una cantidad ingente de amigos para empezar a mover un mínimo la maquinaria, y se da la circunstancia de que por el momento cuento con cero número de ellos.
Dado el caso, he contactado vía electrónica con desconocidos, algunos de los cuales, mientras creen que soy antigua alumna de su colegio, o socia de su club, prestan cierto interés, e incluso algunos alaban mi trabajo, pero en cuanto los saco de la confusión, se repliegan de inmediato cual bicho bolita.
Entonces es cuando me doy real cuenta de la importancia de disponer de un buen atado de relaciones  para poder progresar en sociedad.
Lo que sí tengo es una persona en Rusia que me anima enormemente cada vez que entra a mirar. Quisiera que el o ella lo supiera. Me intriga saber si es el mismo de antes, o uno nuevo; quizá un amigo del primero.
En fin, rimas aparte, esto es una contradicción.
Debería dedicarme del todo a algo más productivo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Armas de mujer


Estaba atendiendo por la línea fija a un operador telefónico que me guiaba en los pasos de activar el recién contratado ADSL en una nueva compañía, cuando al colgar el auricular mi marido me dijo que le había resultado muy seductor el tono que empleé con el hombre al otro lado del cableado.
- ¿Seductor?.
- Sí, me recordó a nuestras primeras veces, ¿te acuerdas cuando me llamaste para decir que no podías venir a la reunión?.
- Pues entonces te hablé de lo más natural, como ahora con el tipo... pero bueno cariño, ya se sabe, con los desconocidos siempre es más incitante... mira, tengo una teoría... ¿porqué crees tu que las amas de casa se sienten a veces bajas de ánimo?.
-Otra vez con las amas de casa, ¿qué les pasa?.
-Pues ya te lo digo, se deprimen porque tienen escasas posibilidades de medir su poderío en el mundo. Su pareja no les vale como vara y cualquier bicho viviente necesita salir a por los de afuera para comprobar el efecto que causa.  
-Podrías escribirlo.
-¿Dónde quieres que lo escriba?...., pero mira... antes ellas al menos contaban con el butanero..... cuando este les subía las bombonas.... podían aprovechar, y lucirse un ratito... pero lo que es ahora... con gas natural en casi todas las viviendas, petróleo... o  incluso biomasa.... ya me dirás.

(Y siguiendo por mi cuenta)
Todas dicen sí, que sí, que quieren trabajar afuera para ganar dinero, o realizarse, y seguro que eso también cuenta, pero vaya, el gusto que le da a una mujer componerse cada mañana y salir a garbear por ahí, que la aprecien por sus encantos más allá de las puertas de su vivienda, por su donaire, por su simpatía, por su buen hacer, o incluso por su cara de pomelo ácido, si es que se trata de una persona poco diestra en el arte de comunicarse. Es decir, y esa es mi teoría, en el fondo la mujer, como cualquier ser evolucionado y no embrutecido, lo que más desea es gustar, adentro y fuera de su territorio más íntimo. 

jueves, 16 de mayo de 2013

Cristina y los Stop


Estaba atendiendo por la línea fija a un operador telefónico que me guiaba en los pasos de activar el recién contratado ADSL en una nueva compañía, cuando al colgar el auricular mi marido me dijo que le había resultado muy seductor el tono que empleé con el hombre al otro lado del cableado.
- ¿Seductor?.
- Sí, me recordó a nuestras primeras veces, ¿te acuerdas cuando me llamaste para decir que no podías venir a la reunión?.
- Pues entonces te hablé de lo más natural, como ahora con el tipo... pero bueno cariño, ya se sabe, con los desconocidos siempre es más incitante... mira, tengo una teoría... ¿porqué crees tu que las amas de casa se sienten a veces bajas de ánimo?.
-Otra vez con las amas de casa, ¿qué les pasa?.
-Pues ya te lo digo, se deprimen porque tienen escasas posibilidades de medir su poderío en el mundo. Su pareja no les vale como vara y cualquier bicho viviente necesita salir a por los de afuera para comprobar el efecto que causa.  
-Podrías escribirlo.
-¿Dónde quieres que lo escriba?...., pero mira... antes ellas al menos contaban con el butanero..... cuando este les subía las bombonas.... podían aprovechar, y lucirse un ratito... pero lo que es ahora... con gas natural en casi todas las viviendas, petróleo... o  incluso biomasa.... ya me dirás.

(Y siguiendo por mi cuenta)
Todas dicen sí, que sí, que quieren trabajar afuera para ganar dinero, o realizarse, y seguro que eso también cuenta, pero vaya, el gusto que le da a una mujer componerse cada mañana y salir a garbear por ahí, que la aprecien por sus encantos más allá de las puertas de su vivienda, por su donaire, por su simpatía, por su buen hacer, o incluso por su cara de pomelo ácido, si es que se trata de una persona poco diestra en el arte de comunicarse. Es decir, y esa es mi teoría, en el fondo la mujer, como cualquier ser evolucionado y no embrutecido, lo que más desea es gustar, adentro y fuera de su territorio más íntimo. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Força al canut!*


Existen a la venta revistas de tíos buenos posando ligeros de ropa, igual que ellas lo hacen, sobre decorados sugerentes, en poses incitantes, para deleite de hombres, en ambos casos.
Hoy día se nos ve a las mujeres, divertidas, nombrando con boca salivosa las cualidades físicas de las que un partenaire ha de estar dotado para poder pasar por el aro, pero yo sostengo una teoría, clave en la explicación de porqué, si tanto como ellos nos sentimos atraídas por la vistosidad carnal del género contrario, no han triunfado entre nosotras las revistas especializadas en mostrarnos hombres hermosos en paños menores.  
Y es que para que de verdad funcionara los tipos en cuestión deberían poder desplegarse del papel couché para venir a decirnos lo buenas que estamos nosotras, más que ellos mismos, lo sexys que somos, lo poseedoras de ese no sé que tan especial que nos hace aparecer a sus ojos como las más apetecibles del mundo.
Es decir, en general a las mujeres en el plano sexual lo que más nos gusta es gustar, o interaccionar para seducir, y por ello, un adonis de fotografía, por mucho que podamos mirarlo y admirarlo, se queda corto.
Ellas en cambio pueden ser nuestras competidoras, compañeras de juego, las que nos incitan a mejorar; por ello y por lo general, nosotras preferimos mirar en las revistas a nuestras congéneres,  las mujeres que habitan en la imaginación de los hombres que nos miran con deseo.
Y puesta a lanzar observaciones que avalen mi teoría diré que el hombre que más conquista es el que desea con intensidad, pone empeño en su objetivo y está seguro de terminar conquistando.
Claro que el guapo, tiene más puntos para sentirse seguro; como el agraciado en cualquier otro aspecto; y si encima se suman varios valores cotizables en un solo macho, entonces a este le irán como mariposas a danzarle.
En fin, ya se dijo hace bastante, "al que más tengas, más le sera dado", y eso vale para todos los géneros. 

*¡Fuerza en el canuto! (Traducido del catalán)

lunes, 13 de mayo de 2013

La Reina de Saba


Dios quiera que nunca me falte mi marido, porque entonces echaría terriblemente de menos los chorreones de agua mezclados con pasta dentífrica que llevan recorrida toda nuestra vida en común por el lavabo hasta el estante donde reposa su cepillo de dientes a pilas, y los sempiternos reaparecidos círculos gelatinosos marcados en azul o verde rodeando los bajos de su botella de enjuague bucal.
Ahora bien, estando juntos y sin asistencia doméstica, reniego por lo bajo cada vez que me veo pasando el paño por la cerámica. 
Cada una tiene su táctica, y yo opto por guardarme las reivindicaciones en estos casos, porque me quedaría agotada, y se nos arruinaría la armonía. Bastante tiene mi marido con contemplar mi rostro a veces transformado mientras acometo la limpieza general. Además de que él ya tiene autoasignadas algunas otras tareas.
Sin ser una obsesa de la pulcritud, como tampoco del orden, pero llega un punto en que se hace imperioso ponerse, sobre todo cuando están por llegar hijos, familia o invitados; entonces  me entra la urgencia y aprovecho el tirón; de otro modo me resulta una actividad sin sentido.
Porque nuestra casa es como una señorita bastante descangallada que bien arreglada lograra lucir hermosa, pero librada al vaivén de los elementos, una semana le bastara para lograr aire decrépito. Tanto papel al aire, tanta acumulación sin cajón. Mi marido no lo entiende y piensa que estoy majara cada vez que me entra la fiebre; por eso me encantó vivir en Inglaterra. 
Allí, en la primera casa, Monika y Seweryn se encargaban de las zonas comunes, incluido el jardín, y todo lucía de continuo impóluto sin que yo tuviera que mover un dedo. Encima Monika me libraba del estigma, pues cada vez que mi marido escuchaba puertas afuera de nuestro cuarto el ruido de un motor recorriendo las demás piezas, exclamaba: "Ya está la loca dándole al aspirador"*. Entonces yo, cómodamente sentada frente a la pantalla, sonreía para mis adentros,  y me sentía como la Reina de Saba liberada de las arenas del desierto.

*Que sepa Monika, por si algún día lee esto, que los nacidos al sur del Rio de la Plata suelen expresarse muy libremente, pero que, pasado el momento peliagudo, mi marido la seguía considerando a ella un encanto de chica.  

lunes, 6 de mayo de 2013

Tostada matinal

Óleo de Susanna Morell
Nada más levantarme he salido a pasear al perro, así decidí que lo haría cada mañana, y van dos,  porque si desayuno antes, y entonces seguro me entretengo por largo con las noticias de la BBC, cuando salimos ya tenemos el sol dando fuerte, y como después de tantos años tumbada a ponerme de color marrón, ahora estoy tratando de compensar, por eso que dicen de que "el sol guarda memoria sobre la piel", pues en adelante pretendo quedarme blanca todo el verano, como un vampiro del ordenador británíco a quien no le hubiera dado un rayo en la vida.
Simón, el hijo que vive con nosotros, se ha ido por dos meses al Caribe con su hermano Daniel, a sacar tomas para la publicidad de una larga serie de hoteles vacacionales sitos en Cuba y la República Dominicana. así que me he quedado a cargo casi completo de su perro; y digo casi porque mi marido también lo contempla a Tai, lo tiene echado a sus pies en la cena y le tira pelotas de tenis en el jardín para que vaya tras ellas.
Por lo que hace a nuestro otro vástago en común, Lucas vino de inmediato desde Madrid a sustituir a su hermano en cuanto este se hubo ido, quizá atraído por la oferta materna de ser tratado como hijo único, con habitación propia en el cuarto compartido de sus antiguos sueños, juegos y peleas; o puede que solo coincidiera la marcha de Simón con la llegada de un puente largo, cuando también pasaron por casa mi madre y mi hermana Agnès, para encontrarse con el que normalmente está afuera.
Cuando todos se hubieron ido me sobrevino por un instante esa sensación que llaman de "nido vacío", la reconocí enseguida, algo  nunca antes percibido y que me duró precisamente eso, un instante.
Terminado el paseo con el perro entré a la cocina dispuesta a prepararme el desayuno, cuando noté que las suelas de las deportivas se me iban adhiriendo al piso; a fin de eliminar la sensación pegajosa fui en busca de la fregona, que de paso pasé por demás zonas. Ya libre del jugo almibarado que luego mi marido dijo que fue, entré de vuelta a meter unos panes en la tostadora, los cuales de seguido se vieron envueltos en llama y humareda negra, procedentes del incendiado de unos pedazos ya medio carbonizados que se habrían quedado adentro en la noche anterior.
Entonces, estando en la máximo de abrir ventanas y de liberar los restos renegridos de entre las varillas del artefacto, entró mi marido recién levantado a plantarme su beso matinal, y yo, en lugar corresponderle con toda la atención puesta en el cariño, lo hice más fijada en la labor que en devolverle el gesto.

miércoles, 20 de marzo de 2013

El césped


Esquema Línea Maginot
"Dónde está la película, dónde está la película que no veo por ningún lado", a veces me asaltaba la pregunta mientras me encontraba cavando en el jardín, con todos los sentidos reconcentrados en la acción, con el ánimo de hacerle resurgir a nuestra explanada de tierra moteada de grama un manto de alfombrado verde para el siguiente verano.
Eso sucedía a cada principio de primavera antes de que me fuera a Inglaterra. 
Ahora mismo observo la tierra seca y veo que no me quedan ganas de volver a comenzar; aunque a estas alturas ya estarán germinando por el subsuelo los matojos y como mínimo me veré obligada  a arrancar los que crezcan altos, si es que quiero evitar la sensación de abandono total.
La vez que lo tuvimos mejor, de eso hace muchos años, le eché para reforzar unas bolas azules que me recomendó mi padre, la atractiva nitrofosca que saqué del saco para su jardín, pero que dejó el mío completamente achicharrado, quizá por haberle esparcido en demasía.
Así que, cuando ya estaba sin rastro de lo que tuvo, le dije a mis hijos todavía menores y en vacaciones:
"Mirad, siendo que ha quedado el jardín como ha quedado, ¿porque no aprovecháis a jugar con la tierra?", podríais marcar unas carreteras y poner a circular vuestros autitos por ellas; en fin, lo que se os ocurra...", al tiempo que les sacaba afuera cubos, palas y rastrillos de playa; y ahí los dejé, con el ánimo de que se quedaran entretenidos un rato.
Demasiado tiempo sin interrupción, raro tanto sosiego, entonces asomé y aluciné.
Tenían abierto en canal medio jardín; habían cavando una zanja de la profundidad de las del entubado público, y ya iban por la curva, montañas de tierra se alzaban a sus costados, casi más altas que ellos mismos; vocación de picapedreros, buldózeres  a pico y pala, de los auténticos.
Aún estando por completo al tanto del potencial de mis hijos, esa vez me dieron una sorpresa de las buenas, pues sin tomar en cuenta el embarrado general, resultó ser la solución para todo un mes.
Abrían compuertas, cerraban compuertas, diques, puentes, ideaban nuevos ramales, haciendo circular el agua por un laberinto tan serpenteante y bien tramado que hasta de los barrios vecinos se asomaban a ver.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Genio y figura hasta la sepultura

Horsefly  - Tábano
En una salida con mi perro me crucé por la urbanización con una mujer paseando al suyo que en principio no reconocí. En cuanto la hube pasado me dí cuenta de que era la alemana loca, envejecida aceleradamente desde la última vez que la recordaba. Vaya lo que hace el tiempo, pensé. Al verla tan vencida sentí un descalabro en el punto de mi memoria donde la tenía a ella emplazada como la policía mala del barrio, en plena energía metida a fiscalizar, controlar e importunar a mi familia u a otros por cualquier nimiedad que se le ocurriera.
Hubo un tiempo en que yo espiaba desde mi balcón antes de bajar para no coincidir en el agua comunitaria con esa mujer; que ya era fastidioso que fuera ella una de las tres únicas nadadoras que aprovechábamos la hermosa, solitaria, bien cuidada y enorme piscina para hacer ejercicio. 
Porque ella siempre tenía algo que decir. Ni para San Juan podía quedarse callada, y en la noche del año en que es tradición centenaria en Cataluña festejar verbenas con petardos y fuegos de artificio, la alemana loca asomaba la nariz a nuestro jardín para cuestionarle a mi hijo Simón si acaso no sabía lo nerviosos que se ponían los perros con el estruendo. 
Hoy me decía otro vecino que en el fondo era una buena mujer, y que cuando murió la suya, hacía un mes,  le fue con las condolencias y todo.
Yo no suelo ir por ahí hablando con unos vecinos de otros, de hecho apenas hablo con ninguno, y con este, ni siquiera sabía de su exacta apariencia física antes de marchar a Inglaterra, pero coincidimos ahora la primera vez en el bosque, él con el husky que su mujer recogió de cachorro, y entonces me hizo saber del  fallecimiento de ella, la chica del husky, inglesa, asesora financiera, de mi edad, negra, muy vital y algo llenita, que yo pensaba era norteamericana, y que echando cuentas estaría ya con la enfermedad sin advertirlo cuando le mostré hará unos cuatro años una casa fabulosa, pues pensaban mudarse, y la recuerdo en la visita aseverando que era el mejor momento para comprar, yéndose entusiasmada a meterse directa en el jacuzzi vacío de una sala de baño espectacular, y clamando hacia el panorámico paisaje que aún recostada le entraba por la vista, ¡esto es lo mío!. Me quedé impresionada con la noticia de su muerte, y a partir de ahí entre en confianza con él, el parejo catalán de la chica del husky, por eso cuando me encontró hace poco despidiéndome de la vencida y su chucho, y siendo que a continuación tomamos los dos por el mismo sendero con nuestros respectivos canes, no pude más que comentarle al respecto sobre la susodicha.

Resulta que por disminuida yo había tomado a la alemana loca por desactivada, brindándole oportunidad de nueva charla, ocasión que aprovechó para interrogar si el perro de mi familia dormía adentro o afuera de casa, porque ella lo escuchaba ladrar de noche y con el frío los perros deben estar bajo techo.
Le dije que se quedara tranquila, que el perro dormía con nosotros y a lo sumo sería en el tris de abrirle la puerta para el último pipí que aprovecharía para increparle a la oscuridad; incluso que de día estaba casi siempre metido a resguardo de los elementos.
Sobraban las explicaciones de mi parte, eso ya lo sabía, pero que le vamos a hacer, a veces me salen sin querer;  y entonces me contestó que siempre adentro no, porque ella muchas veces pasaba y lo veía suelto por el jardín.

¿Será posible?. Me pregunto si hace al estilo de una aventurera, pasar veinticinco años de la vida conviviendo con el mismo moscón al lado.

domingo, 17 de febrero de 2013

Historia de Berta Tourillán

Acrílico - Susanna Morell
Mi relación con Berta Tourillán viene de cuando ambas trabajábamos como agentes inmobiliarias en la misma oficina, en época de crisis a las puertas, pero todavía sin vislumbrarse la catástrofe que luego vendría. Ella había estudiado economía en la Universidad de Belgrano, así que me complementaba en la parte de los números.
La conocí al poco de que su marido la hubiera dejado por otra. Estaba entonces tratando de digerir la situación y viviendo con su hija adolescente en el piso que hubo alquilado la pareja. Ellos había emigrado desde Buenos Aires, Argentina, con la niña de meses, para alejarse más que nada de la creciente inseguridad en las calles porteñas, optando mejor por un país que se las prometía tranquilas.
Cuando la venta de casas comenzó a bajar, Berta perdió la ocupación y cuando de nuevo fue contratada para regentar una pequeña agencia montada a contracorriente por un constructor conocido suyo, pues al poco le diagnosticaron un cáncer de mama.
Mi amiga tuvo que seguir el tratamiento a la vez que trabajar, pagar el alquiler, purgarse del mal trago del marido y encargarse de la hija, quedándole humor incluso para pensar en añadirse pestañas o esperar con cierta ilusión la peluca de cabello natural que se hizo traer desde la Argentina, la que luego desechó por incómoda, optando por un pañuelo atado a la nuca para ir a la oficina, o a mostrar casas, a los últimos posibles compradores antes del derrumbe total del negocio en ese gremio.
Además seguía manteniendo el piso dónde vivían hecho un primor y soñando con llegar a tener un día su propia casa, antigua y destartalada, pero con las paredes de piedra y el dinero necesario para restaurarla, como hacía y sigue haciendo con cualquier trasto de material noble que encuentre.
Espero que no vaya a retocar el cuadro que le hice, porque ella es tan mañosa que si encuentra por la calle una tela pintada que le parezca medianamente aceptable, enseguida ve las modificaciones de color y línea  que pueda hacerle para que luzca decorativo en sus paredes.
Antes de las navidades la despidieron del trabajo que ejerció en los últimos tres años como gobernanta de tres gimnasios de una famosa cadena que tiene muchos en Barcelona. Estoy segura de que desarrollaría a la perfección su cometido, pero como ella mismo dijo, eso qué importaba, si era estilo de la empresa sacar a personal valioso y renovar; ya lo había visto en otros igual de eficientes y los pleitos se les acumulaban.
-Mira Susanna, ¿quieres que te diga?... estoy contenta, me siento tranquila y liberada, ¿tu sabes lo que era eso?..., ¿la de horas que hacía?, te aseguro que no era vida... llegaba a casa y caía rendida en el sofá... necesitaba absolutamente todo el tiempo libre para recuperarme... y luego estaban los extras, porque había llegado a levantarme de la cama sin dormir para correr a entregar unas llaves a alguien que las  olvidó o cosas por el estilo, fuera de cualquier obligación mía... por un sueldo que ya ves, pero en fin.... ¡se acabó!...   y ahora tengo un proyecto...,  me decía al teléfono.

Cada uno aspira a algo y Berta desde que la conozco tenía claro que su sueño era llegar a la edad de la jubilación liberada del pago de un alquiler, teniendo lo justo y necesario para vivir, sin derroche pero con comodidad, en una casa propia.
Con el tiempo se recuperó y acabó digiriendo lo de su ex-marido; confirmándose mi teoría, que es la siguiente:
Yo digo que si en una pareja uno de los dos deja al otro, por lo general, el abandonado, a la corta o a la larga, si no se obceca, termina reconociendo que el abandonador le hizo un favor, si es que no llega también a ver claro que simplemente el otro, por el motivo que fuere, tomo la iniciativa.
Si por vía de Internet fue que el marido se le desmarcó hasta dar con la pendona que con el tiempo Berta reconoció es una buena mujer, pues por ese mismo medio fue que ella, una vez desprendida de prejuicios, encontró al hombre que ahora está en su vida, aunque no vivan juntos ni lo pretendan, un asturiano, con el que a parte de pasarlo bien cuando se encuentran, se han comprado dos casas a medias sin que ella haya tenido que poner su parte, dos casas de piedra a reformar, en sendos pequeños pueblos tan absolutamente distantes el uno del otro como imaginarse pueda dentro de la geografía española.
Berta me dijo, literal, que se le estaba cumpliendo el sueño de su vida, y era la primera vez que yo escuchaba por boca de alguien, fuera de flashes y cámaras, decir algo tan redondo.

Ahora mismo el asturiano está arreglando in situ la casa que queda en las antípodas de su tierra natal, mientras Berta prepara una mudanza. Ha comenzado a poner en marcha su proyecto, que es irse a vivir al norte nortísimo de la península, a un pueblito que queda además en el pico de una loma, a acondicionar para turismo rural la casa del otro extremo.
Entre tanto se notó otro bulto en el pecho, similar al anterior, y está con las visitas al hospital y pendiente del diagnóstico.
La semana pasada fui a visitarla, a ella y a su madre, al piso que van a dejar de inmediato; el que por primera vez vi desbarajustado.
Así que un día tiene hora con el doctor para saber los resultados y al siguiente manda una furgoneta cargada hasta los topes y ella parte con su madre en el coche hacia su nuevo destino.

La madre vivía antes en Argentina. La señora había sido una mujer muy activa, poniéndose al frente del negocio familiar al quedarse viuda de muy joven, pero con el tiempo sus fuerzas enflaquecieron muchísimo, y cuando hace dos años murió su único hijo allá, estas la abandonaron por completo; y siendo que sola no conseguía recuperase, Berta decidió traerla.
Sentadas frente al televisor y tomando café se veía a la señora bastante bien de ánimo, pero dice Berta que apenas quiere salir y se mueve lo justo por el piso, así que no se cómo van a hacer allá; por lo menos va a tener que coger agilidad la madre para subir y bajar escaleras.
Por otro lado Berta tiene a su hija que está ahora en Londres haciendo de au-pair y perfeccionando el inglés que ya sabe. La chica tiene gran facilidad para los idiomas y por ello cursó traductorado de varias lenguas en la universidad de Barcelona. Berta puede irse tranquila, pues la chica cuando regrese tiene al padre por la zona, y también al novio formal, casualmente compañero de clase de mi hijo Lucas cuando niños y ambos ahora se ven en Madrid a tanto en tanto porque el muchacho estudia veterinaria allá.

Hasta aquí llega mi historia sobre Berta Tourillán. Quedando de por medio un viaje que quería hacer con el asturiano a Buenos Aires, y otro que ya hicieron, y un problema con la presidenta de ese país al sur del Río de la Plata que le hacía confirmar a mi amiga su buen juicio al emigrar.
Hasta la próxima me quedó con el recuerdo de Berta, viéndola afanada el último día sobre un papel, delineando unas figuras trapezoides, con el bolígrafo poniendo y tachando líneas en su interior, entusiasmada en mostrarme la distribución que estaban pensando para su casa elevada en tres plantas, en un lugar que en el buen tiempo tendrá visitantes, pero como ella misma dijo escuchó decir, hasta los zorros caminan tranquilos por la calle en el pleno invierno.

sábado, 16 de febrero de 2013

¿Esperanza rota?

Fotografía de Joel Meyerowitz
Con motivo de una retrospectiva sobre su obra escuché decirle al fotógrafo neoyorquino Joel Meyerowitz que echando la vista sobre sus cincuenta años de trabajo encontraba un consistente hilo conductor entre la persona que era y la que ha llegado a ser, desde la inocencia con que abordaba sus primeras instantáneas hasta el cierto grado de conocimiento que su servicio a la fotografía le había otorgado.
A parte del gran fotógrafo que es me llamó la atención esa observación que él hacia, porque justo estaba dándole vueltas a algo parecido.
Con respecto a mi recorrido estaba pensando que no debía quejarme, pues en esencia había hecho siempre lo que había querido, yendo por la determinada línea que me había buscado, sin sufrir presión externa alguna, y si observaba desde mi más tierna infancia una constante de actividad física en principio bien alejada del glamour que soñaba, pues debería reconocer que algún favor me estaría concediendo la tarea, a no ser que me considerara una masoquista.
De cualquier manera lo que ahora debería hacer es aparcar los sueños por un rato y ponerme a solucionar el día a día. Lo estaba demorando, pero he resuelto que comienzo la semana viniente. Voy a dedicarme a aprender a hacer retoque fotográfico. Mi hijo Lucas en Madrid dice que si adquiero la habilidad podría proporcionarme bastante trabajo para hacer en casa. 
Eso conlleva la contradicción de saber que entre cuatro paredes y sin apostar en la red quedaría reducida prácticamente a cero la posibilidad de que respondiendo a mis maniobras algo favorable me volviera a suceder.
Al respecto la vez pasada salté paralizada en el asiento cuando mi marido me dijo que si no mantenía feed-back con nadie a través del blog, igual me resultaría más práctico trabajar en Word, el programa informático específico para escribir y guardar textos, independientemente de la conexión a internet, como hace el con sus novelas. ¡Desde luego él no sabe!, pensé, y le respondí que de momento me encontraba cómoda donde estaba.
Por otro lado, quizá por eso lo decía, estamos al tanto de que los blogs van de baja y que la gente se está pasando a las redes sociales para decir lo que tenga que decir. Esto tiene su lógica, pero yo voy a permanecer; si es que he de continuar.

P. D.
Aún con mis hijos pequeños en una ocasión le dije a mi padre que si alguna vez me iba muy bien, haría no se que cosa que ahora no viene al caso. Entonces el emitió una interjección, tipo ¡jjaa!, que yo interpreté como:
-¡Qué te va a ir bien a ti, con la poca ambición que has demostrado!
Y  me entró un fuego por dentro que todavía me da un algo de calor al recordarlo y a la que mentalmente respondí:
-Si supieras..., no te lo puedes ni imaginar...

jueves, 24 de enero de 2013

Parto en la carretera


Hacia mitad de la noche sentí un crick adentro y de repente un chorro de agua mojando las sábanas. Desperté a mi marido y le dije que estaba llegando el momento. Entonces nos levantamos y él me preguntó si podía darse una ducha rápida antes de salir hacia el hospital. A lo que contesté que hasta un baño de inmersión si quería, dado que aún tendríamos que esperar muchísiiiiimo. Pero a los pocos minutos, apoyada contra una pared y escuchando puertas allá el agua caer a modo de lluvia, sentí por la zona pélvica que algo marchaba adentro bien diferente de la otra vez, y llamé a mi marido para que se diera prisa.
Trasladamos directamente a nuestro otro hijo, enfundado en su pijama manta, desde su camita hasta la silla porta niños del coche y salimos a todo correr.
Cogimos por la carretera de las curvas hacia Barcelona, pues la autopista estaba todavía en construcción.   Íbamos en en un todoterreno Nissan Patrol, mi marido al volante, yo en el asiento a su costado y nuestro niño atrás.
Mi marido trataba de avanzar calmado, mientras yo le decía que el proceso andaba aceleradísimo y a cada poco me alargaba en el asiento lanzando unos alaridos colosales. El pequeño atrás estaba con los ojos abiertos, pero sin moverse un pelo, cosa absolutamente inédita en él. Ya salidos de las costas, mi marido me consultó si desviáramos hacia un hospital general que quedaba a la vista y más cercano, pero descartamos la idea, porque una sola confusión de carril nos hubiera llevado seguro a tener el crío en el coche. Como así fue, al cabo de unos instantes, sin salirnos de la ruta prevista.
Apenas me dio tiempo a desabrocharme la cremallera y bajarme el pantalón cuando Simón salió disparado, por bendita casualidad apuntando hacia el cielo, yendo yo a recogerlo en el aire exactamente a la altura de mis brazos.
A mi marido, que estaba fijo en la conducción, casi le da un ataque al ver a la criatura afuera. Tuvo el susto de su vida.
-¡Oh, mira que mono!, es moreno mi niño, le dije a mi marido, mientras sujetaba al recién salido envuelto en grasa blanca y me acontecía un relax total que me hacía saber sin lugar a dudas que todo había salido perfecto.
-¿Estás bien?... ¿estáis bien?...
-Está todo de maravilla... pero mira ¡que desastre!... la tapicería... .
-¡La tapicería!, ¡¿cómo se te ocurre ahora pensar en la tapicería?!...
-¡Pues porque todo lo demás está perfecto!, tu tranquilo...
¿Pero cómo está el niño?, eso es lo que tenemos que ver,  ¿cómo es que no llora?
-Está bien... 
-¡Haz que llore!, ¡tiene que llorar!, he visto que los hacen llorar...
-No te preocupes... qué quieres... ¿qué lo ponga boca abajo como a un conejo?,  ¿qué le de un cachete?..., pues ya lo harán en el hospital,...si es lo que hacen,  yo lo veo bien vivo y sin atragantarse..., si es eso...
-Uun nene, neeene, dijo nuestro hijo de veinte meses, desde el asiento trasero.

sábado, 19 de enero de 2013

Amooor

Óleo de Susanna Morell
La gracia que se me ocurría de regresar a España era volver a pasar las navidades con nuestros hijos y al lado de toda la gran familia, esperando que mi madre y hermanos engalanaran sus casas para gozar del típico decorado, porque en la nuestra somos un desastre para eso. Tenemos un árbol que desfallece plegado en el trastero y un tubo como de manguera transparente con luces intermitentes adentro que desde hace años nadie hace el esfuerzo de sacar y colgar. Así que ya con los chicos crecidos, cuando estábamos solos los cuatro, resolvíamos el ambiente con algo de acicalamiento personal  y unas velas sobre la mesa, dejando que los vapores del amor que nos profesamos fluyeran mezclándose con las aromas del pollo campero asado y los efluvios del vino tinto para conseguir el aire correspondiente; aplazando cualquier posible discusión hasta el día de mañana.
La verdad es que me siento contenta de lo conseguido por ese lado. Tantos años dedicados han valido la pena. Existe una ligazón, invisible y tan flexible como para alargar de polo a polo y más allá, por si alguno en el futuro se le ocurre viajar al espacio.

Ayer le decía a Simón y a mi marido en la mesa que las mujeres tenemos sobre ellos la gran ventaja de parírlos, a los hombres y a otras hembras, y que aunque nos den mucho trabajo, salimos recompensadas con creces; siempre hablando dentro de lo normal, porque te sale un hijo asesino y a ver que dices.
-Pero tenéis que pasar  por la sangre cada mes, por la panza que os crece, por el dolor de cuando nacemos..., en fin, ¿cuál es la ventaja?, nosotros solo tenemos que esperar, replicó Simón.
-Sí..., pero lo de la mujer es especial... a ver, ¿no nos gusta a todos el sexo?, pues en general a las mujeres tener hijos... va en función de lo mismo...es algo que te pone en una nube...lo más grande...por más dolor de parto, por más dolor de cabeza que nos deis...
-Que mona... pero yo también querré mucho a mis hijitos...
-Mira las actrices, hasta las más oscarizadas lo dicen, "nada es comparable a tener un hijo", ... o a adoptarlo, vaya, que muchas los adoptan...
-Lo pasaste bien en mi parto, ¿verdad mami?, más rápido y divertido que el de Lucas, ¿no?; todo un día para que saliera, desde luego mi hermano se pasó.

jueves, 17 de enero de 2013

Dinero


De haber llevado el billetero con algún billete me hubiera angustiado más al notar su desaparición, pero con calderilla y la tarjeta del banco a cero, me bastó con anular esta y esperar, en la única intranquilidad de no saber, hasta que apareció bajo el colchón del sofá-cama en el piso de nuestros hijos en Madrid. Por contra, de haber ido pertrechada con papel moneda, nos hubiéramos ahorrado un buen rato de tensión en el viaje de ida.
A elegir optaría por ser rica bajo todas las circunstancias y en todo momento, asumiendo las desventajas y consciente de que problemas seguiría teniendo en la misma cantidad que a cualquiera se le presentan, igual más complejos, y dependiendo de la suerte, que esa ya se sabe, se le presenta a cada cual como se le presenta, buena o mala, de sopetón y teniendo que atenerse a la fuerza a sus consecuencias. 
En el caso concreto del billetero tener mucho también me hubiera librado del problema, como en otros múltiples casos que se me ocurren, porque de habérmelo robado, me compro otro, y de habérseme volcado el contenido del bolso por la calle sin advertirlo, pues me voy de inmediato a un doctor pago a  preguntarle si la cosa tiene remedio y punto. 
En el fondo no hay tanta diferencia, lo cierto es que estamos todos pringados deambulando por este mundo camino de la disolución, al menos la corporal, y casi lo mejor que nos puede tocar es un buen ánimo, buena salud y una vista en perspectiva para tomarse la vida  a cuento.
Así que a sabiendas reitero, preferiría tener mucho dinero a no tenerlo, o a tener el justo y suficiente; sobre todo para poder repartirles a mis chicos.

Hace trece años mi marido fue invitado a una pequeña ciudad de la costa levantina por motivo de la concesión de un premio de novela no destinado a él pero muy bien dotado económicamente. Fuimos y resultó que en la cena donde se destapó al ganador este estaba sentado a nuestra misma  mesa. Un comentarista con el  micro se le acercó a los postres y le preguntó a que pensaba dedicar el dinero del premio, a lo que el escritor respondió que a ayudar a sus hijos.
Me quedé un poco desconcertada.
Vaya con el  hombre, pensé, ¡que desprendido!, ¿sería posible que el se quedara igual, igual?.
Pero claro, por aquel entonces nosotros todavía teníamos a nuestra cría por emancipar, asistiendo a la escuela pública y dándole al balón ovalado en canchas cedidas. 

martes, 15 de enero de 2013

Fin de Año


El viaje de ida hacia Madrid para celebrar el fin de año con nuestra familia de allá se presentaba como agradable, siendo que íbamos a viajar en coche mi marido, yo y nuestro hijo Lucas, con el que tenemos pocas ocasiones de estar, y sin embargo nos cogió un tramo en el que mi marido conducía de noche y con niebla espesa por una carretera de doble sentido adelantando camiones que se sucedía uno tras otro, haciéndonos sudar la gota helada a mi hijo y a mi, y teniendo que pasar por la discusión entre ellos en la que Lucas le exigía a su padre poder apearse, y mi marido perjurarle dejarlo en la siguiente área de servicio si no cerraba el pico, el uno proclamando al aire ser demasiado joven para morir y el otro en silencio, seguro de conducir con prudencia avezado por su larga trayectoria en carreteras y condiciones similares.

Sin embargo el viaje de regreso que realizamos solos mi marido y yo pintaba bueno y salió mejor. Al comienzo iba bien dentro de lo normal, sobre todo tras darme cuenta en la primera gasolinera de que me había desaparecido el billetero del bolso, pero hacia los tres cuartos del camino se nos dio un momento de excepción.
Entonces le conté a mi marido como fue el proceso que dio origen a esto que escribo, y también de la película que desde siempre pienso que se hará y de cómo me encontraba al principio en Cambridge.
-Te lo voy a decir. Pareciera que me estuviera alimentando a base de hongos rellenos de sustancia psicotrópica. Me venía una frase a cada tanto que corría a anotar si podía, "estoy tocada por la gracia de dios", "estoy tocada por la gracia de dios", pero claro, me abstuve de ponerla en el texto por evitar una nota tan alta de comienzo.
-A veces funciona bien partir de una nota alta, contestó él.
-Ya, pero esa me pareció un poco demasiado alta para una novata...  hace poco se me ocurrió que podría venir bien para el cierre.

Entremedio, en Madrid, comimos un fabuloso pavo relleno y tomamos las uvas de las doce campanadas en uno de los estudios de producción de nuestros hijos, con Daniel (el de él), Lucas (de los dos), nuestros nietos (los de mi marido), y Josefina (una amiga de todos).
Digo pavo fabuloso porque Daniel lo cocinó con mucho mimo y quedó riquísimo, y también porque Daniel se había esmerado en que todo saliera genial y así fue, pero luego su padre se descolgó con un artículo en el diario, "El pene del pato", en tono fatalista, que dejó a su hijo un tanto desconcertado y alarmado, y tuve que deshacerme en explicaciones cuando me llamó a Barcelona por teléfono.
-Pero a ver Daniel, ¿acaso no conoces a tu padre?.
-Después de que saliera la nota me llamó porque tu le dijiste ¿verdad?.
-¿Yo?, te juro que ni sabía que habías hablado con él, ¿cuándo te llamó?.
-Es que me estuvo diciendo que lo pasó muy bien... se lo notaba contento...
-Pues porque lo pasó bien, qué querías que te dijera si lo pasó bien, ¿que lo pasó mal?.
-Entonces... ¿porqué ese artículo tan....?
-¿Pero no ves que tu padre es un escritor?....si le pides mañana te hará otro en color rosa, o negro, o rojo sanguinario... sobre lo mismo.
-Así que te parece...
-¡Me parece que no tienes que hacer caso personal de lo que escriba!.