lunes, 10 de septiembre de 2012

De pronto


Llegué un día a la cocina y me encontré con la noticia.
-Me voy, Susanna, me dijo Ian.
-¿Cómo que te vas?, ¿a dónde te vas?.
-Dejo este trabajo, hablé con la directora.
-¿Cómo ha sido?.
-Me lo contó tan rápido y con su acento tan del norte que no me enteré de nada.
-Bien hecho, Ian, me alegro por ti.... Yo quería irme sin celebraciones, pero ahora que somos dos, tendremos que pensar en hacer algo...
A ver Natasha, le dije a ella que andaba por ahí, ¿estarías dispuesta a organizar otra buena fiesta de despedida?...
No creas Ian, seguí con él, me alegro por ti, pero lo que es por mí..., no sé cómo voy a resistir el mes que me queda.

¡Este hostel se queda sin gente!.
Me acordé de una ocurrencia argentina que corría de boca en boca en ese país en épocas de emigración masiva: "El último que apague la luz"
Realmente me alegró saber que Ian estaba menos habituado de lo que yo había supuesto.
Ahora recuerdo alguna ocasión en que le iba detrás tratando de que me explicara lo que para mi era incomprendible, el trato abusador y denigrante que yo veía que recibía la buena gente trabajadora en su país tan avanzado.
-¿Me entiendes Ian?, le iba diciendo.
-Pretendo no entenderte, Susanna, me respondía.

Me hubiese gustado decirle adiós y gracias, pero se escabulló.
Le pregunté si tenía Facebook y me dijo que se contactaría conmigo a través de su amistad en la red con Jessy.
¿Porqué puntualmente a través de Jessy? me extrañé.
Fui a mirar y encontré lo que suponía; ni rastro del hombre.
Imagino que pensaría que con ella chatearía más que con el resto por cuestión del español.

Antes de que Ian decidiera también marcharse, me propuso ir  a tomar un café por ahí, de despedida, él, que en la vida habrá tomado café, pero le respondí que Betty ya me había dicho de organizar algo y le había contestado que casi prefería irme como los demás que se fueron sin nada.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Happy people

Lego people
Había pasado el día en la habitación de casa, con frío, recuperándome frente al ordenador, cuando decidí salir al exterior a despejarme corriendo alrededor de Kendal Way, nuestra calle de ahora, que conforma un circuito ovalado, pero me desvié de lo previsto hasta llegar por sorpresa al río, que resultó quedar bastante próximo por esa ruta que había tomado al azar. 
Afuera reinaba a última hora de la tarde un tiempo soleado con una temperatura ideal, así que me fui trotando más y más hacia el puro campo por el sendero recién descubierto que transcurría al lado mismo del agua.
A la altura de la autovía A14 dije basta y pegué la media vuelta.
El río es hermoso por todos lados, pero en ese día y en esa parte todavía me resultó más espectacular.
El cielo se había despejado para regalarme una estampa verde y resplandeciente salpicada de figuritas coloreadas:
Mujeres poniéndose a punto para la carrera de cuatro kilómetros contra el cáncer de mama que se iba a celebrar el siguiente domingo, ciclistas, corredores habituales, perros con sus dueños, vecinos de la ribera con sus cortadoras de césped, botes en el agua pasando uno tras otro, con remeros agrupados por sexo, talla o estado físico, sacadores de fotos en la orilla, hombres apostado a cada tanto con chaleco amarillo y megáfono en mano que tomé por guardas de seguridad de la ribera, hasta que me di cuenta de que tal despliegue de deporte y civilización no era propio de un día cualquiera.
Un señor y una señora de la organización, sentados en sus sillas playeras contabilizando los botes que pasaban, me hicieron saber que estaba presenciando un acontecimiento anual.
Con los festejos del Jubilee de la Reina Isabel ll (sus sesenta años en el trono) y los Juegos Olímpicos que se acaban de celebrar me pasó algo parecido. Vi de pronto por la tele algo muy colorido, lleno de gente sonriente contándole a la cámara lo amazing que era todo, es decir, lo asombrados y contentos que se encontraban por ver y sentirse partícipes de unos eventos tan magníficos organizados por su patria.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cactus

Hedgehog    
Lo del erizo venía de una noche del verano pasado, cuando  en una barbacoa en casa de Katie se me ocurrió meterme entre unas matas a inspeccionar el jardín del vecino y algo pinchó mi pie. ¡Un cactus!, ¡un cactus!, exclamé; ¿qué otra cosa pudiera pensar que fuera?.
Por la reacción general pude darme cuenta de que esa no sería la primera imagen que a los demás les hubiese venido a la cabeza; les resultó chocante, y por lo tanto hilarante, y así quedó bautizada la velada como "la barbacoa del cactus".

Luego he visto más hedgehogs, así se los llama en inglés, el cerdito que va por los bordes, bastante frecuentes en los jardines de aquí. Justo hace dos semanas escuchamos su deambular por los parterres mientras cenábamos con marido en la casa de nuestros amigos José y Liz, toda una familia, de erizos, descubrimos entre las plantas, aunque nuestros anfitriones también tienen un hijo pequeño y muy bonito. 
Erizo de mar
Nosotros llegamos a tener uno que encontramos, de erizo, en nuestro jardín de España, pero claro, de eso hace mucho, cuando nuestros propios hijos pequeños y guapos andaban por ahí, y fue una rareza que a los dos días desapareció.

En el mar se pisaban los erizos para mí, que buenas púas tenían y pusieron el pie de mi tío tan gordo que tuvieron que llevarlo al hospital.
En honor a mi tío, que se vio privado de la playa, va este poemilla del verano.

Poema del Cactus
Pincho de mar, pincho de río,
porque tumbas las barcas si te ves tan tranquilo,
ahí te veía llegar, en el mar,
no pongas el pie sobre la roca, niña, que te vas a lastimar.

martes, 4 de septiembre de 2012

Mi fiesta de despedida

"Amigos para siempre"
Anoche me acosté con un erizo, pero al rato lo saqué de la almohada donde lo tenía acurrucado junto a mi mejilla para dejarlo a resguardo de cualquier posible inundación.
A elegir casi prefiero las cosas punzantes, a las en exceso blandengues, pero a ese bichito tan suave de peluche quiero conservarlo para siempre.
Me lo regalaron junto a una tarjeta con dedicatorias y veinticinco pound los amigos del trabajo con motivo de mi despedida. 
Como a una adolescente en su fiesta de graduación, Katie me dio a elegir el lugar de festejo y quise que fuéramos a  The Anchor Pub.

Así puso mi dulce Betty en la tarjeta que Katie consiguió especialmente on line:
"Dear lovely Susanna, no words can describe how much I'll miss you!!. The hostel going to be so different without you!. Thanks you for all the amazing time, I enjoyed every minutes to working with you!. Wish you all the best for the future. Hope see you soon in Cambridge again or in Spain ..." - "Querida Susanna, no tengo palabras para describir lo mucho que te voy a echar de menos!!. El hostel va a quedar muy diferente sin tí!. Gracias por todo este increible tiempo, he disfrutado cada minuto de los que hemos trabajado juntas!. Te deseo todo lo mejor para el futuro. Ojalá nos veamos pronto de vuelta en Cambridge o en España..."
Dave, conocido hace un mes, anotó en español: 
"¡Querida Susanna, ha sido un placer para mi trabajar contigo, y sobre todo, haberte conocido. Te deseo mucha suerte y que seas feliz en España!".
Rose, llegada hace una semana, me pidió de pronto en la mesa la tarjeta para escribir algo:
"I really enjoyed meeting you Susanna! I'm sad I won't get to know you better" - "¡De verdad que me ha gustado conocerte!. Me sabe mal no poder llegar a conocerte mejor".
Stephan, nuevo desde anteayer y sentado a mi lado en el pub, ya había escrito:
"I haven't really gotten the time to get to know you, but nevertheless, I'd like to wish you the best and a safe trip back" - "En realidad no he tenido tiempo de llegar a conocerte, pero sin embargo me gustaría desearte lo mejor y un buen viaje de vuelta". 
En fin, lo que se acostumbra, no voy a reproducir aquí la tarjeta entera.
Estaban todos los que pudieron venir y los que no lo hicieron también dejaron su nota. Los que se fueron antes, no estaban, no escribieron y ni tan siquiera pudieron tomar una cerveza con los recién llegados.

¿Se habrá ido Dave al traductor o le habrá pedido la frase a su ex novia de León?; él se encontraba en otra ciudad y llamó diciendo que no llegaría a tiempo.

¿Porque me habrán regalado los veinticinco pounds?,  ni siquiera aceptaron que les invitara con ellos a unas rondas, ¿tan pobrecita me ven?.

lunes, 27 de agosto de 2012

Rojo púrpura


Levanté una etiqueta adherida a la madera de una cama y la pegué en mi camiseta en el lugar dónde debería llevar la placa con el nombre.
El papelillo adhesivo era de color púrpura, con el precio impreso en blanco de diecinueve libras con noventa y nueve peniques.
Ese iba a ser mi precio.
Se me ocurrió un negocio callejero. Ponerme en mitad de la acera con un cartel que rezara: "19'99 libras, por bailar contigo como si tu fueras para mi la persona más importante del mundo; por el tiempo en que dure la canción".
Estaba haciendo habitaciones pero evidentemente me encontraba semidormida.
Me había despertado de madrugada sin poder volver a conciliar el sueño. En esa duermevela pensaba en mis hijos, en lo que me gustaría darles y no puedo, si esta historia en Inglaterra no es más que una ilusión de salida del laberinto.
Estaría por la mañana con el resaca de la película que habíamos visto a la noche mi marido y yo en la pantalla del ordenador,"Power, Passion and Murder", con Michelle Pfeiffer y Héctor Elizondo de protagonistas, ni siquiera consta en la filmografía de ella, una historia ambientada en el Hollywood de los años treinta rodada en el ochenta para televisión.
Ahora que tan poca imagen, de celuloide o pixel, entra por mi retina, esas, cargadas de glamour, me impactaron, como las del excelente film francés The artist que vi con mi marido en Barcelona.
Amanecí nostálgica. ¿Me alcanzarían alguna vez esos vestidos, esos coches, esas casas, ese estilo que no ha de regresar?.

martes, 21 de agosto de 2012

The Old Vicarage

El poeta Rupert Brooke
1887-1915
Busco en el diccionario en linea wordreference.com la palabra pijo/a y la define así:
"m. y f. Joven generalmente de posición social elevada que sigue la última moda y tiene unos modales y una forma de hablar afectados y muy característicos".
Siguo indagando en el diccionario de la Real Academia Española y aparece lo siguiente:
"Adjetivo despectivo coloquial. Dicho de una persona: Que su vestuario, modales, lenguaje, etc. manifiesta gustos propios de una clase social acomodada".
A eso iba, la palabra lleva una carga más bien despectiva.
Victoria Beckam, "la posh", está en España traducida como Victoria "la pija", y no siempre es tratada allí con el merecido respeto.
Voy en busca de la traducción del adjetivo posh al español y me encuentro con las siguientes acepciones: Elegante, de lujo, cursi, afectado. Sin embargo la palabra pijo/a simplemente está traducida al inglés por preppy. 
Es un lío, por tanto aclaro.
Para evitarme, si algún día me la encuentro, que Victoria me de en la cabeza con el bolso de su propia firma, diré que a ella la considero, así a la distancia, una mujer talentosa y con gracia, dejándome de la tontería de si le gusta o le disgusta el ajo.
Por otro lado, el adjetivo pijo/a, me resulta de entrada emotivamente neutro; más bien tirando a positivo, diría.
Y en el caso de Grantchester me venia a referir a una forma no afectada de ser de una clase social cultivada y bien alimentada, sobre todo por huevos de gallina campera.

Ya nos hubiera gustado a mi marido y a mi tomarnos un expreso en la cafetería de The Orchard, pero  solo servían café de filtro recalentado a precio de bourbon americano, así que me senté en las tumbonas verdes únicamente para que mi marido sacara la foto, como yo luego se las saqué a él junto a las lápidas del cercano cementerio o abrazado a  la estatua de hierro de un soldado en el jardín delantero de la casa  de Jeffrey and Mary Dorren Archer, el polémico y millonario escritor americano y la científica especializada en reconversión de energía solar y presidenta del Cambridge University Hospital NHS Foundation Trust. El matrimonio se compró y reside en la antigua vicaria del villaje, una casona rodeada de bosque que ha pasado a lo largo de los siglos de mano en mano reconocida y a cuyo soldado accedimos dado que la reja se encontraba abierta. No vimos cámaras que nos filmaran, pero es posible que las hubiera, porque ese marido escritor debe de contar con algún enemigo.

domingo, 19 de agosto de 2012

La gallina Turuleca

Algunos del llamado
Círculo de Bloombsbury
Con un agosto agradablemente caluroso y la marcha a España a solo un mes de lejanía, se me ha renovado  el ansia por acabar de explorar esta ciudad; me refiero a su superficie, recorrer lo poquísimo que me falta en bicicleta y y hacerle conocer a mi marido lugares que  todavía no había pisado, como los márgenes del río Cam hacia el norte y hacia el sur en dirección a las afueras.
Así  nos acercamos hasta el villaje de Grantchester, por un sendero asfaltado que transcurre entre prados verdes, que se extienden a la izquierda o a la derecha, según vayas de ida o de vuelta, y declinan suavemente hasta llegar a compartir borde con los meandros del río, que por eso se denomina la zona Grantchester Meadows.
A la vuelta de esta primera excursión a la zona campestre posh de Cambridge mi marido escribió una nota en el ordenador para sus amigos de Facebook. 
Digo que el área es pija, como Victoria, la posh de las Spice Girls, porque se huele hasta en las flores y porque me he enterado que lo viene siendo desde la época de la otra Victoria y más allá.
Se dice que Grantchester tiene la mayor concentración del mundo de residentes con el Premio Nobel otorgado y que a principios del siglo pasado los artístas del Círculo de Bloombsbury venían a sentarse a tomar el té entre los manzanos del huerto de The Orchard, terreno conquistado por los estudiantes de la University of Cambridge para tal práctica, a resguardo de la popular costumbre de finales del siglo diecinueve de ir a tomarlo a orillas del río del prado adyacente. Esta innovación paso con el tiempo a ser la norma, que se extiende hasta los días de hoy, en que locales y turistas tras las huellas del pasado se acercan a The Orchard para recostarse al fresco en tumbonas verdes después de haber pasado por el autoservicio de la casa de té.
Sin saberlo, y por tanto sin ánimo de revertir la tendencia, mi marido y yo descubrimos la pradera vacía junto al área concurrida y decidimos incursionar por sus bordes para ver de llegar al río, como efectivamente resultó, y allí nos sentamos, sobre tronco caído, a comernos en paraje idílico y solitario los bocadillos que llevábamos en la mochila.

Yo también llegué a casa con el ánimo de escribir algo, por eso evité leer la nota que el bólido de mi marido de inmediato colgó en la red. Pero como los días pasaban sin sentarme al ordenador, pues la idea se me enfrió y ya me daba igual ser influída, así que fui a mirar lo de él.
Pude ver que quedamos atraídos ambos por la misma sujeta.
Era sospechable y me asumo como cómplice en el asunto; incluso tengo ahora un cartel a la vera de mi ordenador con la imagen a color de la hermosa pelirroja que descolgamos furtivamente de una reja, y a esa sí, seguro, va a quedar colocada para el recuerdo en algún rincón honorable de nuestra casa en España.
El cartel reza lo siguiente:
"Encontrada gallina el lunes 30 de junio del dos mil doce, en el parking de The Orchard. Está sana, salva y feliz. Llámenos a los teléfonos tal o tal".
Quién la recogiera se tomo el trabajo de confeccionar, plastificar y colgar los carteles en múltiples puntos del villaje, así que uno menos no afectaría a la pobrecita, a más bien afortunada ponedora.
Así dijo mi marido como parte de su nota:
"Considero que es una gallina apetitosa, no desde el punto de vista gastronómico sino sexual. Nunca he sido adicto al animalismo u otras parafilias semejantes, pero siento que esta gallina está para comérsela... a besos. Si no fuera porque soy estrictamente monógamo tejería un romance con ella. Sí, compartiría una noche de lujuria con esta gallina pechugona.En la ventana de un cottage leemos un cartel que anuncia la venta de media docena de huevos por una libra. Dice el cartel (escrito a mano) que fueron puestos por las señoras gallinas Mary, Katty, Doris y Mrs. Brown. Nos hace gracia el anuncio, así que golpeamos a la puerta y sale a recibirnos una matrona bajita, gordita, y muy simpática, que nos trae los huevos envueltos en una preciosa servilleta de hilo que sin duda vale mucho más que la media docena de huevos. Susanna y yo nos miramos sabiendo que la servilleta pasará a integrar la dotación de nuestro ajuar doméstico".
Después de hacer un repaso con nombres y apellidos a los ilustres personajes de las letras y las ciencias que se sentaron a tomar el té o a vivir por la zona mi marido continúa con la historia:
"Le pregunto a la señora que nos vende los huevos si la gallina del cartel era suya. Dice que no, que es de una vecina. Le pregunto si tiene nombre, como las de ella. Dice que no lo sabe. Le sugiero que de no estar bautizada podrían llamarla Turuleca, pero no le confieso que me la beneficiaría sexualmente, aunque sí se lo digo a Susanna, entonces ella me pregunta si podríamos hacer un ménage à trois".

viernes, 3 de agosto de 2012

Práctica ropa interior

Durante algunos años tuve una tienda en una galería comercial anexa a un mercado. 
En una mañana tranquila estaba adentro de la tienda de corsetería cuatro puertas más allá de la mia charlando con su propietaria, cuando entró la dueña de una de las panaderías del mercado en busca de ropa interior "extremada", como ella mismo dijo.
Así de pronto me sorprendió su petición, porque más bien la hubiera figurado para no salirse nunca de los básicos de ropa interior, discretos y confortables.
A ella se la podía ver siempre de aquí para allá, pendiente de su negocio y otro que tenía, con su bata blanca, de líneas rectas, controlando cada detalle y a las chicas que atendían.
Al marido no se lo veía tanto porque estaría haciendo el pan.
Nos contó que se iban a Cancún y quería irse bien pertrechada.
Ella era una catalana delgada y tirando a guapa, lo único que me  parecía un poco seca de trato para imaginármela contoneándose y pasándole marabues por la cara al marido, que por cierto estaba de bastante buen ver.
Se llevó una buena cantidad de conjuntos caros.
Lo que más gracia me hizo fue su comentario:
"Mirad, al marido hay que darle lo que pide, porque si no lo encuentra en casa, tarde o temprano se va a ir a buscarlo afuera, y yo prefiero gastar el dinero ahora en esto, a que él luego tenga la necesidad de ir a gastárselo por ahí".

miércoles, 1 de agosto de 2012

!Gracias por el Fish & Chips¡

Spanish pescadito frito
Otra vez estoy metida en la maratón del verano.
Recordaba el año anterior, cuando al final de la carrera, exhaustos los tres en el jardincito les decía a James y a Jamie que había llegado mi momento de decir adiós a ese lugar.
Ahora llega la definitiva; me vuelvo a España, está decidido.
Me lo venía diciendo mi marido y llevaba razón, en estas condiciones mejor volverse, ya nos llegará el momento de regresar con mayor poderío.

Lo que me dio el empujón final para sentarme al ordenador a comprar los billetes de solo ida a Barcelona fue ver a James y a Jayne, una chiquita de Nottingham llegada a trabajar para el verano, pagando por los ticket que les valía para comer de las sobras del buffet de Mr Kaufman.
Servido todo en un plato los vi engullendo en el cuartucho del despacho, eso sí, cada uno en el suyo, sin tan siquiera una mesa de por medio; "a la mitad del precio al público, chicas, por si os apetece tomar algo", como bien nos había ofrecido a Indre y a mi la directora.
James y Jayne se acogieron a la oferta, sin ganas de llegar a casa y ponerse a preparar después de haberse pasado el día trajinando entre fogones.
Yo antes me arrancaba un clavo y lo comía, pero cada cual es cada cual.
Ian tampoco se sirvió; aunque a saber porqué no lo hizo.

Al día siguiente sin embargo tuve que cenarme a la fuerza un Fish & Chips.
A la fuerza de su amabilidad, porque nada menos a James y a  Ian se les ocurrió  pagarme entre los dos el ticket para que pudiera servirme del pescado empanado que tenían previsto para el menú de Mister Kaufman.
Aquí se está dando una confusión..., pensaba mientras trataba de pegar bocado rápido, ...algún malentendido de carácter cultural... ...esta rico, la verdad, muy fresco para ser refrigerado...... ¡que encanto de hombres!...... ¿porqué me habrán invitado?... ... me da que están pensando que paso hambre... ... claro, con tantas exclamaciones por mi parte con respecto a la comida, puede que de pie... ... o a lo mejor simplemente están tratando de obsequiar a la española con el típico bacalao de aquí..., o quizá quedaban cuatro filetes sueltos en la nevera y los echaron todos a la freidora.., ...en fin, que sea lo que sea.... Me lo tomo como el Fish & Chips de la despedida.

martes, 31 de julio de 2012

Despedida de Jessy y Sam

Natasha anunció en Facebook la fecha para la fiesta de despedida de Jessy y Sam,  lamentándose de que coincidiera con la llegada a Cambridge del grupo de Mister Kaufmann y deseando que dicha circunstancia no mermara la participación.
¿Sería dicho grupo una éxitosa banda musical?; ¿una reconocida troupe de teatro o circo  llegada a Cambridge para amenizar el verano?, ¿en cuál de los parques actuarían?, me preguntaba.
Lejos de mis elucubraciones Natasha se estaba refiriendo al grupo de alemanes que como cada año llegaría por dos semanas a ocupar el hostel entero en régimen de pensión completa.
Así que el problema era que en lugar de irnos a explayar a otro lado algunos tuviéramos que estar atendiendo al  familiar grupo de Mister Kaufmann.
Nos tocó a Chris, a James y a mi, que hacia la party nos fuimos al terminar, dado que esta quedaba a la vuelta de la esquina y no era cuestión de faltarles a Jessy y a Sam.
Había pensado en ir disfrazada de oveja, pero el tiempo se me echó encima sin resolver la cuestión, lo cual resultó mucho mejor, porque Wouter me compró de urgencia una falda y un collar de hawayana que luego a mi marido le encantó y que no tuve más que colocar sobre la ropa y listo, para esa fiesta.

Hay que ver lo que le gusta a la gente el jolgorio.
Wouter se vino expresamente para la despedida desde su hostel perdido en mitad de las colinas y los lagos, y lo mismo Aurélie cruzó el Canal de la Mancha en el Eurostar para llegar a Cambridge cargada de chocolates y cervezas belgas.
No solo por el jolgorio, en este hostel se da un fenómeno. La gente que pasa a trabajar por aquí, salvo la que desaparece a los cuatro días, entra en una sintonía "buenística" y amistosa resistente a ser perdida. Los que duran poco no es porque nos los merendemos o algo parecido, y tampoco se sabe si llegarían a ser  amables compinches, simplemente se van o los echan desde lo alto.
La directora le dijo a Jessy que iría pero a último momento se evadió. Ellas habían sido amigas en Oxfort, donde ambas trabajaban en el hostel de allá. De hecho Jessy se vino a Cambridge animada y tras los pasos de su ex jefa en recepción, cuando la compañía ascendió a esta última. Puede que ya lo hubiese contado, pero el caso es que luego la relación se enfrió hasta el punto de congelamiento, con lo cual Jessy y Sam emprendieron vuelo.
Sam es de Nueva Zelanda, risueño y buen tío, da buena imagen de su país, por allí van a pasar en su vuelta por el mundo, además de darse un recorrido por  Suiza, España, California, Islas Cook y Japón.
¡Buen viaje amigos!, ¡y que no os ahoguéis en la bañera!.

lunes, 23 de julio de 2012

Partícula de Dios


Cazaron en el aeropuerto bonairense de Ezeiza a Paul Howard Frampton con dos kilos de cocaína escondidos en un compartimento especial tras el forro de la maleta vacía con la que había viajado hasta el país de Argentina camino de Perú para terminar, fuera de sus planes eróticos, en el pabellón número cuatro de la cárcel de Villa Devoto junto a otros ochenta presos comunes.

Lo bonito de la historia, si no fuera que sucedió de verdad y el protagonista sigue encerrado después de seis meses, es que trata de un científico inglés, genial en el campo de la física y la astronomía teórica, salido de su mundo como profesor en la universidad de Carolina del Norte tras las exuberantes y bien dibujadas curvas de una modelo checa que conoció en la red y que lo arrastró en pos de ella por un periplo de semanas, de país en país, de norte a sur del continente americano esperando en hoteles y aeropuertos la ocasión de conocerla en carne y hueso.
Romántica historia que deshace la imagen del científico frío; en todo caso alejado de la cotidianidad, pero para nada ajeno a la pasión humana, imprescindible de tener para pasarse la vida investigando, pero que en este caso se hace evidente para el común de los mortales con un hecho que más que alejado de la ciencia parece propio de la cinematografía.
El caso es que la chica nunca terminaba de llegar a la cita, hasta que en el último lugar acordado, el aeropuerto internacional El Alto de Bolivia, se le presentó otra mujer como amiga de ella y le explicó que la pobre se había tenido que ir corriendo hacia el Perú, olvidándose de la maleta y si por favor él se la podía alcanzar en el siguiente vuelo, que ella lo estaría esperando anhelante en la terminal del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima.
Los sesudos jueces de la sala B de la cámara de lo penal económico de Buenos Aires no podían creer que un señor sesenta y ocho años instruido en Oxfort se tragara dicha bola y que llegara a pasar diez días en un cuarto de hotel en La Paz, Bolivia, sin plantearse la menor cuestión.
Con su ordenador a mano el fenomenologista de las partículas seguía enfrascado en sus trabajos e investigaciones; ni para dar una vuelta salía de la habitación. Algo se preguntaría entonces, pero puede que de otro orden. El tiempo no corría para el profesor, mientras pudiese mantener en stand by su ilusión por la señorita.
La ex mujer de Paul H. Frampton, una francesa casada con él durante quince años y divorciada hace cinco, salió en su defensa, ella lo conocía bien y sabía que su ex era capaz de eso. Se trataba de un hombre inteligentísimo, pero con la capacidad emotiva de un bebé de pecho.
Extremadamente crédulo e ingenuo según sus allegados, pero incapaz de cometer una tropelía. 
"Ella parecía real, estuvimos hablando mucho, me dijo que quería comenzar una nueva vida lejos de las cámaras y de las sesiones de posado, que le gustaban los hombres maduros y si yo sería capaz de aceptarla", contó él.
Fuentes del Servicio Penitenciario Federal de Argentina han informado que en la cárcel el presunto traficante "ni trabaja, ni estudia, solo asiste como oyente a un taller de reflexión", lo cuál debe de significar que no se aplica en la lavandería  o acude a cursos programados, porque el propio señor Frampton asegura que sigue escribiendo artículos y impartiendo clases a distancia a algunos alumnos de su universidad, que por el momento le ha suspendido de empleo y sueldo.
También el cuatro de julio de este año dos mil doce en la cárcel de Villa Devoto el profesor se habrá emocionado como un niño ante el descubrimiento del Boson de Higgs, la primera partícula con masa considerada clave en el origen del universo, que lograron capturar sus colegas del CERN, la organización europea para la investigación nuclear en Ginebra, ciudad por cuyas afueras subterraneas discurre el gran círculo acelerador de particulas y colisionador de hadrones, construido especialmente para la búsqueda de la que se ha venido llamando "particula de Dios".
Partícula de Dios
Los tres últimos Premio Nobel de Física con los que el profesor Frampton trabajaba en conexión no se olvidaron, aún en el fragor del hallazgo, de mandarle vía diplomática a la presidenta de la República Argentina Cristina Kitchner una carta pidiéndole que por favor intercediera para el pronto desenlace del lío peliculero en el que se había visto envuelto su excelentísimo compañero.

miércoles, 18 de julio de 2012

La Casa Rusia


Sigo con la costumbre de echarle un vistazo a la estadística antes de empezar a escribir. Consulto el número de visitas realizadas. Es un hobby que tengo. 
Suelo encontrarme con cifras de un dígito y el mapamundi coloreado pálidamente por cualquiera de los países existentes. Sin embargo, hay algo que me intriga. El día que la cifra se dispara,  invariablemente la gran extensión rusa aparece coloreada de verde intenso.
¿Será que me he hecho con un lector por esas tierras?
Igual es un cubano expatriado, o un nonagenario niño de la guerra civil española, o una señorita aplicada que fue a España a tomar el sol y  le dio por aprender la lengua.
Hay que ver lo que consigue un lector. Mi escritura se acelera el día que la cifra salta a los dos dígitos. 
Aunque igual solo se trate de un oso siberiano, crecido en un zoo de habla hispana y devuelto a su hábitat natural  por motivo de la crisis.

jueves, 12 de julio de 2012

Kitzia y Felicia


Felicia nació en Santander, de padre traumatólogo con clínica propia de renombre en la ciudad pero con una hija, Felicia, a quién no pudo solucionar el problema de rodillas que desde temprana edad le aquejaba.
Tras dos operaciones fallidas en manos de otros médicos, finalmente fue ella sola guiada por una monitora de gimnasio quién consiguió que le molestaran mucho menos y andar mucho mejor a fuerza de reforzar los músculos de los alrededores con bastante ejercicio diario.
Con Felicia me daba por hablar de mi familia parental. Yo le contaba y ella me respondía con su parte correspondiente; avenencias, desavenencias, herencias, injusticias, dramas tipo culebrón y demás.
El padre de Felicia tenía  una amante, por ejemplo, que todavía debe de conservar, circunstancia que a mi amiga le pesaba como una losa que la hacía desconfiar porque se vino a enterar de jovencita de ese algo que era de dominio público en su ciudad, y por lo cual yo me atrevo a referirlo aquí.
Puede que sintiéramos a nuestras familias en algo similares por la cantidad de hermanos, o por nuestros padres, emprendedores y alejados de nosotras,  o por nuestras madres,  educadas y entregadas con ayuda a sus casas y a nuestro cuidado.
Nuestros hijos iban a la misma escuela pública, allí nos conocimos; luego Felicia cambió al suyo a un colegio privado francés dónde le enseñaron mejor, a juzgar por el cese instantáneo de quejas por parte de la madre.
Felicia había cursado la carrera de física y química pero terminó trabajando como informática en la empresa dónde conoció a su marido, un catalán, fanático y currante de los ordenadores, con el que hizo un intento de que creación de empresa y con el que se vino hacia nuestro pueblo de la costa al aceptar él un cargo en el parque de atracciones por estrenar de  PortAventura, en la costa catalana de Tarragona.
Ella contaba siempre que renunció a un trabajo de superwoman que le gustaba mucho, pero que ya la estaba agobiando porque su hijo había nacido, aún era casi un bebé, lo tenía aparcado poco menos que  todo el día entre guarderías y canguros, y la compañía le seguía exigiendo más. 
Ahora que le pienso, ¿no me contó también que ella montó con el marido el negocio que no les funcionó?.
En fin, qué importa, lo bueno es que ahora, con su hijo y los hijos de su marido crecidos, con su andar bastante recuperado, un trabajo en Barcelona en el despacho de otros ingleses ("a rey muerto, rey puesto" y mejorado), y algún que otro viaje o escapada, a Francia, sobre todo, que les gusta mucho, pues la noto  mejor que nunca.
Espero que también Kitzia esté bien y que  la lucha por la herencia que según Felicia está sosteniendo con la hija de un matrimonio anterior del marido no le afecte demasiado a los nervios. La aprecio y ya tuvo bastante con que su madre de pequeña se le fuera. Espero al menos que ahora haya recuperado la cercanía de su hijo. 

martes, 10 de julio de 2012

El aristócrata inglés

Felicia - Óleo de S. Morell
Mis amigas Alison y Felicia compartían trabajo como secretarias de un inglés, medio pariente de la reina Isabel ll, que se pasaba la vida por el mundo dando conferencias sobre organización al más alto nivel, mientras ellas, desde la casa de él, remediaban su caos doméstico y de despacho.
Este inglés aristocrático, que pude ver en una revista junto a su mujer Kitzia en la boda del  príncipe Andrés con Sarah Ferguson, tenía otro amigo inglés arquitecto que fue quién le proyectó la casa de sus sueños, adosada a un acantilado frente al mar, con el resultado fatal para mis amigas de que cuando las paredes no manaban agua hacia las habitaciones tras la tormenta, entonces era contra la luz y el calor que tenían que batallar, no cuerpo a cuerpo, sino  llamando al constructor o adhiriendo papel a las superficies acristaladas, que la marquesina sombreante, diseño estrella de la construcción, alcanzaba solo a cuartear la visión panorámica del paisaje.
Kitzia y yo simpatizábamos mutuamente. Creo que ella en parte me admiraba; puede que desde el día en que me vio en casa retirando los bártulos de pintura para poder poner la mesa.
Kitzia es polaca, emigrada a Francia. Fue él que la convenció a ella de venirse a España.
Él era alto y corpulento, en eso residía toda su gracia física, pero algún carisma debía de tener para mantener a la mujer pendiente y a mis amigas oscilando entre el disgusto y el encantamiento. Ahora está muerto. 
"Sucedió el año pasado. Se le declaró de pronto una grave enfermedad que cursó muy rápida. Tuvo un final horrible el pobre. Fue un shock para mí. Todavía me cuesta creerlo. Después de tantos años, habíamos llegado a un entendimiento, a una armonía...", así me dijo Felicia.
El matrimonio tenía un único hijo que se crió prácticamente con la madre en el chalet que habitaban antes construirse la nueva casa. A los ocho años de edad el niño fue enviado por el padre a estudiar a Eton,  el colegio de los príncipes, en Inglaterra, y la madre quedó triste y sola, escuchando la voz del hijo al teléfono  rogándole que fuera a recogerlo.
Luego la criatura se habrá habituado y ya en la adolescencia solía repartir sus vacaciones entre el hogar familiar y las casas de sus amigos extendidas por el mundo.
Todo normal, hasta que en el año sabático previo a la universidad que suelen tomarse los alumnos anglosajones, el padre lo mandó a Hong Kong a estudiar chino y ahí el muchacho se les perdió. Ni pista tenían de por dónde andaba.
Más tarde la madre me contó acerca de un crédito para la carrera que le habían hecho tomar y que los tenía muy preocupados, porque el muchacho no se estaba aplicando y a ver si no lo podría devolver.
Kitzia tenía algún problema con el dinero, ahí había una desproporción increíble, igual te decía que no le alcanzaba para comprarse unas medias, en sentido literal, como te la encontrabas tomando un taxi al aeropuerto camino de su piso en el centro de Londres, o en Lidl afanada en comparar el precio de los zumos con los de Día, ambos supermercados ultra económicos.
Una vez el chico le dijo a Felicia que soñaba con comprar en el futuro el chalet en el que vivió con su madre de pequeño, pero eso fue hace bastante; luego Felicia me decía que en vacaciones veía a los tres como  almas en pena vagando cada uno por su lado; pero quién sabe.
También le parecía a Felicia que Kitzia debía de estar ayudando a algún familiar en Polonia menos favorecido por la fortuna económica.
Kitzia era propensa a la melancolía, eso sí. A veces, cuando estaba de buen ánimo, organizaba alguna comida entre conocidas, y ahí estábamos, Alison, Felicia, yo y algunas otras. También en esos períodos sacaba fotos artísticas; tenía incluso montado en la casa un moderno cuarto de revelado que pronto se habrá visto obsoleto, y el resto del tiempo esperaba la llegada de él, solo o con invitados, para ejercer entonces de anfitriona.
A veces Kitzia exponía en alguna galería y entonces yo iba a visitarla, igual que ella venía a ver mis cuadros. Una vez estuvo con su  marido en la inauguración de una muestra de tres pintoras en la que participé, en la sala de un palacio del municipio; allí me lo presentó y ahí fue que el hombre le dirigió a Alison una bromita verbal de carácter lascivo que la ofendió bastante y que la decidió por fin a dejar de trabajar para él. 

lunes, 2 de julio de 2012

Referencias

Washing up
"Chicos, ¡¡necesito vuestra música!!
¡¡Necesitamos pop-music para el café!!
 ¿Podéis traerme vuestros mejores CD's de música pop?
¡Gracias!"
Así rezaba el nuevo cartelito colgado por la directora para la plantilla, previsible de su parte tras habernos dejado sin comida.
Lo sorprendente era la respuesta anónima escrita a bolígrafo debajo.
"No, pero Chris podría cantarnos los cien éxitos de Tom Jones cada noche después de la cena"
¡Oh!, alguno se había atrevido, pensé, ¿sería Sam?.
Pero que va.
Fue Dalila, me dijo Ian.
Vaya, que desilusión, lo tendría que haber supuesto, la subdirectora pelotera, con ella cualquier posible gracia o efecto quedaban echados por el desaguadero.

Nadie se atreve a decir lo mínimo. En parte debe de ser por lo de las referencias; se necesitan buenas para acceder a otros puestos; las piden indefectiblemente en todos lados. 
A propósito me entra una sospecha.
Quedé excluida en la cocina de cualquier función que no fuera el washing up por la época en que le pedí a Chris su número de teléfono para incluirlo en las solicitudes de empleo que estaba mandando a otros lados a fin de progresar en el mundo de la  restauración británica.

viernes, 29 de junio de 2012

Ian y James

Flowerball - Takashi Murakami
Ian y James tuvieron que venir a consolarme en la cocina el día que me enteré de la fantástica mujer que el hostel había decidido contratar, y por la cuál estaba yo allí, de buena mañana, sustituyéndola.
Todos tenemos un día bajo, me decía Ian, pero para mi no era eso.

Ian también estaba en el despachito cuando aprovechando nuestra recién recuperada armonía fui a decirle a Chris que la directora me había mandado llamar y se estaba planteando delante mío si hacerme cumplimentar un cursillo por Internet de introducción a la cocina, cuando al preguntarle qué pasaría con Betty, resolvió de golpe que continuáramos todos tal cual estábamos.
El cursillo era de un par de horas puesta al ordenador de casa, a contratar por la empresa por la nimia cantidad de treinta y cinco  pounds, que multiplicados por dos se le habrán hecho demasiados a la directora.
Por si él pudiera influir yo venía a decirle que por mi parte estaría encantada con que la pusieran a Betty, ella sería incluso válida para atender en recepción si hiciese falta.
Y ya que estaba me aboné en contarles acerca de la maravillosa habitación que le había alquilado al novio de la directora, mi posible vuelta a España y el futuro sin hambre que probablemente me esperaba allí debido a los libros que le iban a publicar a mi marido.

Me pareció que Ian como buen británico se dolía con el gesto por mi situación en su país, pero yo no veo que la suya como nacional sea mucho más maravillosa, a juzgar en términos de economía.
Una vez me dijo que de tanto en tanto iba a ayudar de albañil para completar ingresos, pero a sus cuarenta y pico de años y sin cargas familiares a la vista, vive en un cuarto de una casa compartida en mi misma calle, se transporta en bicicleta y viaja cuando puede a ver a su padre y hermanos, no demasiado a menudo porque sale caro, según me dijo, a dos horas de Cambridge en autocar. 
Un día tengo que pedirle que me explique bien, a ver si me aclara.
También me dijo que por una cerveza en el pub le alcanza para cuatro en el supermercado, así que se las debe de beber en casa, tumbado frente al televisor, viendo fútbol si lo dan, para aliviarse de esas jornadas partidas que impide a un ser humano normal hacer otra cosa más que eso.
Lo que no me explico es como un trabajador competente como él, llevando más de veinte años en lo mismo, está como está, en un país que se encuentra, se supone, en el top de los desarrollados.
"Ian, qué haría sin ti, tengo que visitarte cada día un rato, me alegras la jornada", le digo, a él y a James, cuando les aparezco por la mañana en busca de mi café.
De verdad que añoro trabajar con ellos, ahora que el hostel me mantiene casi siempre alejada de su territorio.

jueves, 28 de junio de 2012

Descuentos ofrecidos


Llevaba cinco horas trabajando con el solo café de la mañana en el estómago y no daba para más. Le pedí a Natasha en recepción si me adelantarían una bolsa de patatas fritas tamaño enano a abonar al día siguiente y se ofreció a prestarme las monedas de su bolsillo antes que animarse a preguntar lo que consideraría motivo de consulta.
Ese era el día en que empezando a las siete me encontré sin previo aviso con la imposibilidad de hacerme a las nueve y media con algún huevo frito del bufet sobrante.
Al final de la jornada nos llamó la directora a Indre y a mi a su despacho para comunicarnos oficialmente el cese total de comida.
Nos hizo saber que no era de su agrado tirar comestibles, pero debido a los excesos cometidos en algún lado no especificado, se veía obligada a tomar esa  medida.
A continuación cambió su expresión compungida por otra radiante y dijo:
"Pero chicas, alegrad esas caras, ¡podréis seguir disfrutando del té o el café!, Chris y yo hemos decidido dejaros libre el acceso a la máquina.
"Por otro lado, ¿estais al corriente de las ventajas que HNA os ofrece?, ¿sabeis del dinero que teneís a disposición para gastar en nuestras compañías asociadas?, ¿aprovecháis esas oportunidades?".
"¡Os entran masajes, chicas!, o el dentista, o la visita al psicólogo; hasta tenéis a disposición un sistema muy bueno de leasing por si os queréis cambiar de bicicleta".


miércoles, 27 de junio de 2012

Anuncio a las puertas ll


Panna Cotta o Panacota
A Betty la aleccionó Chris una mañana en la preparación del desayuno inglés ¿no es verdad?, pues menos mal que ella no se hizo idea alguna, porque se fue de vacaciones por una semana  y ahí el hostel amaneció con carteles a las puerta ofreciendo el posible puesto de ella o mio a cualquier huésped a quién le viniera a bien; y así fue que se les presentó una muchacha que pintó de maravilla y a la que decidieron contratar; más el día en que debía empezar les llamó para advertirles de que ella en agosto pensaba tomarse el mes entero de vacaciones. 
Así que de vuelta a empezar y Betty sin enterarse. 
Tampoco yo capté de entrada que la directora hubiese puesto el anuncio tanto para los foráneos como para nosotras, con Betty afuera.
Quizá debieras presentar tu solicitud, me dijo Katie. 
¿Presentar mi solicitud?, ¿qué quieres decir, Katie?.
Me fui dando cuenta, si yo estaba dispuesta a aceptar una rebaja en mis condiciones, ella lo estaría a cotejar mi solicitud con las otras posibles recibidas. ¡Aaaah!; los bolsones arrastrados con sábanas arriba y abajo estarían estimulando mis neuronas; durante la mañana las teclas me fueron cayendo de una en una hasta hacerme la composición entera.
La dificultad estribaría en que se me hacía impensable que ella pudiera esperar que me iba a presentar con un  currículum escrito; más cuando en el pasado ya lo hice, poniendo uno en manos de Chris para dejar expresa constancia de  mi apetencia por un puesto en la cocina.
Uno podría pensar con tanto misterio que la señorita directora está ausente, pero que va, eso ocurre solo  en los maravillosos fines de semana, dónde todo fluye como la seda y lo pasamos mejor, el resto del tiempo, allí se la encuentra frente al mostrador, tiesa como una marioneta de sonrisa congelada.
Ahora que Betty ha regresado, me cuenta que también la han sentado por un rato en recepción para  proporcionarle algunas nociones en ese manejo, pero sin soltarle una explicación de más. 

"Este puto hostel de la caridad no para de propinarme bofetadas", le dije a Katie, sin el puto, por supuesto, el día de la aparición de los carteles.
"Este hostel de la caridad no para de propinarnos bofetadas", me dijo Natasha, el día que nos dejó para siempre a cero calorías.

martes, 26 de junio de 2012

Anuncio a las puertas l


Anoche llegué del trabajo alterada. 
Mi marido me aconseja que trate de tomar distancia; es lo que se lo ocurre decirme para consolarme, pero yo consolada ya quedo en cuanto le he contado, eso no quita que siga pensando que ese hostel es un puto cabrón y le digo a mi marido que no estoy hecha de plástico para pasarme dos años en él sin sentirme afectada. 

Annika es una alemana que vino por mes y medio, igual que Aurélie, a trabajar gratis a cambio de alojamiento, comida y un certificado de su estancia en prácticas de inglés y se la podía ver cual rosa ufana atendiendo en recepción o realizando tarea de cualquier tipo hasta que se le vino encima la gran bronca.
Desde que se fuera el director ladrón la norma con respecto al sobrante de comida en las bandejas del buffet se había relajado bastante y el personal acostumbraba a servirse ante la mirada permisiva de la directora, en caso de que algo quedara, porque eso funcionaba como una tómbola, en la que a veces no toca nada.
Ahora la ley dura ha regresado y el hostel se limitará a servir comida a los que por escrito les conste en el contrato, es decir, la directora, la subdirectora y el jefe de cocina.
Así es como ahora ellas pasean sus platos humeantes desde la cocina hasta la recepción para dar buena cuenta de ellos ante las narices de los demás.
Sin embargo el bueno de Chris no tiene estómago para llevarse al buche algo del hostel sin que su gente en la cocina lo esté haciendo y ahora pega mordisco a su  sandwich de Mark&Spencer junto a la pila de los que está preparando para el lunch de los clientes.
Por su bondad también habrá sido que Chris le envolvió a Annika tres postres de panacota que  habían sobrado después de haberla tenido ayudándolo por nueve horas sin parar, y en esas fue que entró la directora a la cocina y los vio ahí, preparados sobre la mesada de aluminio. Según Annika los ojos se le dispararon hacia el postre y con rostro enrojeció le preguntó si acaso estaba pensando en llevárselos, y más incomprensible aún, según Annika, si quizá estaría pensando en metérselos en su nevera particular.
Eso me contaba anoche la encantadora germánica después de otra maratoniana jornada suya en la cocina. Su voluntariado de ocho horas diarias alargando como un chicle y sin embargo ayer la  directora seguía con su cabreo y la estuvo atosigando todo el día y  llamando a Chris por teléfono delante suyo para  para echarle la bronca por lo de la panacota.

Y ese Chris tan majo, cuando ya pensaba yo que gracias al grito que pegué y a su reacción favorable habíamos podido volver a hablar y deshacer el lío que hubiera podido existir, pues entonces, entro tan contenta a la cocina por la tarde y mientras la tenía a Annika empleada en la tarea de emplatar porciones de tarta  me manda a mi directa a adecentar el cuarto mugriento y el lavabo de mis terrores. Así que en un momento que vino a mirar le repetí con toda mi divina humildad lo que ya le había semi anunciado: "Chris, estoy pensando que en septiembre me iré, no quiero continuar por más tiempo con este tipo de tareas".

Annika es un encanto y vale para todo, eso en cinco minutos está visto, ella no tiene nada que ver, pero yo el año anterior y el otro acostumbraba a servir los platos y ahora ya no, eso también lo llevo bien observado, y si Chris me sacó anoche del zulo para hacer de ayudante de ella fue exclusivamente por carecer a mano de cualquier otro. 
Luego vino la recogida y el lavado a toda marcha. Ellos por su cuenta y yo por la mía. Terminada su parte Chris suele irse a casa un rato antes que los demás. Entonces se cambia y se acerca a despedirse. En esas estaba que me viene, me abraza y me suelta al oído: "Susanna, dejas los baños de maravilla".
¡A ver!, a mi que no me digan, o es un cabrón, o es un tonto de capirote, una de dos.
Espero que sea lo segundo, por que de lo primero estoy hasta la coronilla.

lunes, 18 de junio de 2012

Perro lobo

La llamada de la selva
Mandé un mensaje a los de Vaughan Sistems nombrándoles las páginas de este blog dónde los mencionaba y recibí contestacíón de mano del propio Richard/Cloverdale, o así parecía, dándome las gracias por haberlo hecho reír un rato y adjuntándonos "en primicia" a mi marido y a mi el boceto de un dibujo que le están haciendo en donde se puede ver su figura como retocada por photoshop emergiendo de un fondo neblinoso y con un amigo perro lobo en primer plano.
Abrí el adjunto y me entró la risa, sana, pero no le iba a devolver las gracias por lo mismo, así que le dije lo siquiente:
"Pues perfecto, Richard/Cloverdale, eso es lo que pretendo, hacer reír. En cuanto al retrato, muchísimas gracias, puede que lo ampliemos y enmarquemos para que presida el salón que no tenemos en Cambridge". 
En serio que quedé sorprendida y divertida de recibir respuesta, aunque por otro lado la espera de una gente que se muestra tan simpática.

¡Buena cantidad le debe de estar pagando Richard/Cloverdale al artista retratero!.
Ya llevaba razón mi marido cuando me decía: "Deberías haberte dedicado a la pintura".
De haberlo sabido le hubiera hecho llegar a nuestro profesor los dibujos que de él hice antes de venirme a CambridgeSi no fueron a parar a la basura, todavía deben de andar por casa.
O a lo mejor me equivoco y el retrato se lo está haciendo gratis algún artista seguidor, que ya se sabe que en ese gremio siempre se encuentran algunos dispuestos a no cobrar por su trabajo.