viernes, 10 de junio de 2011

Esta jungla mia

Frida Kahlo
Algo había escuchado acerca del monstruo que anda suelto por este mundo mío atacando a la gente. Sabía de su existencia pero nunca lo había sentido demasiado cerca. Ahora sus zarpas ya me alcanzan y como en una pesadilla temo acabar devorada.
Con todo, agradezco mucho haber nacido y vivir en esta jungla que me ha tocado en suerte, donde si salgo cansada del trabajo, siempre me puedo ir a deslumbrar comprándome un bikini rosa y un sombrero panameño a una tienda de la multinacional sueca HyM por el  precio de lo ganado en dos horas y media de trabajo descontando los impuestos.
En la puerta de HyM me encontré a Ruth, la chica de Palencia que trabajaba en invierno limpiando en otra ala de las oficinas de la farmacéutica. Me dijo que ella abandonó el trabajo tres semanas después de que yo lo hiciera. El jefecillo que nos contrató llegó a sus propias conclusiones: “Sois unas informales”. Ruth supuso que en ese plural estábamos incluídas ella, yo y por extensión todas las españolas habidas y por haber.
Ruth iba acompañaba de un amigo andalúz. Hacía calor. Se acababa de comprar una camiseta rallada de tirantes. Se la veía más relajada que en invierno, quizá esa tienda la sacaba del estrés. Ha conseguido trabajo parcial en un College y está estudiando inglés.
En el College gana más y  no la exprimen hasta la última gota; ventajas de haber entrado en una institución universitaria y no en una máquina capitalista de picar carne humana.

jueves, 9 de junio de 2011

Danzando en la oscuridad

Lucien Freud - Double portrait
Tuvimos una cachorra de pastor alemán que vivió tres meses. Llegó a casa con uno y medio. La llamamos espurna, chispa en catalán. Enseguida empezó a dar muestras de que algo no andaba bien en ella. Tenía los ojos tristones y legañosos que te miraban muy dulce y que parecían implorarte que hicieses algo por ella. Casi no podía tenerse en pie y no lográbamos controlarle una continua diarrea maloliente que inundaba nuestro salón, vacío de todo en ese momento.
Me di cuenta de lo mucho que había brillado para mi cuando el veterinario dijo que habría que sacrificarla.  
Me acordé de ella esta mañana cuando sonaba por la radio la canción  Dancing in the dark de Bruce Springsteen. "No puedes encender el fuego, no puedes encender el fuego sin una chispa...", dice en inglés el estribillo.

martes, 7 de junio de 2011

The Eagle

Rosalind Franklin
John, mi amigo y peluquero en España quería hacerse una prueba de ADN para averiguar de dónde provenían sus antepasados más lejanos. Por sus generaciones próximas no sentía la misma curiosidad. Soy tan inglés, decía, que seguro desciendo de una tarta de frutas y un bate de cricket. 
También mi amiga Alison debería remontarse mucho en el tiempo para encontrar ascendientes suyos fuera de las islas británicas; es por eso que me resultaba raro hacerle de cicerone en una ciudad que puede que ella lleve engarzada en la estructura helicoidal de sus moléculas.
No por nada la conduje a tomar unas cervezas al pub The Eagle, el mismo al que el veintiocho de febrero de mil novecientos cincuenta y tres entraron dos de sus parroquianos, el biólogo estadounidense James Watson y el biofísico británico Francis Crick, anunciando que habían descubierto el secreto de la vida, y alterando menos con la buena nueva el ambiente que si hubiese asomado por la puerta una mujer atractiva, como es natural.
Esos dos jóvenes investigadores teóricos del Laboratorio Cavendish, apoyados en los cruciales resultados experimentales logrados por la biofísica y cristalógrafa Rosalind Franklin y el biofísico Maurice Wilkins, descifraron la estructura molecular del ácido desoxiribonucleico (ADN), la sustancia química que lleva codificada la información genética según la cual cada organismo vivo se desarrolla, funciona y se perpetúa en su especie. 
Rosalind Franklin, nacida y enterrada en Londres a sus treinta y ocho años, se graduó y obtuvo el doctorado en física química en la Universidad de Cambridge. Maurice Wilkins, británico de origen neozelandés, cursó sus estudios de física en dicha universidad también.
Así que esta ciudad tiene que ver y mucho con toda la movida que hubo hasta llegar al mayor descubrimiento biológico del Siglo XX, base del desarrollo de la biología molecular y del mapa del genoma humano. El "clic" que dio encaje a  todas las piezas del puzzle aconteció a pocos minutos caminando de la mesa del pub en la que nos sentamos Alison y yo, a cuya pared está adherida la placa dorada que reza: "En este lugar se hizo público por primera vez el anunciamiento.....".
Con nuestras pintas de cerveza en la mano y en ese ambiente evocador de tantos hechos de real importancia Alison me contaba de su ex suegra  la historia que yo quería volver a escucharle.
Ojalá Rosalind hubiese podido tomarse unas cervezas con una amiga en este pub tan relajadamente como nosotras lo hicimos ese día.

jueves, 2 de junio de 2011

Un sueño

 Balthus - La Chambre
Hoy he soñado que subía a un autobús que tenía que llevarme a algún lado pero que terminaba dejándome a las puertas de la casa que había fotografiado por fuera unos días atrás, llena de flores blancas  en su frente. Ya en el interior, su moradora, sin habérselo pedido, me iba dando acceso a sus diferentes estancias con indolencia. Nos movíamos por una planta baja de altos techos y amplias habitaciones oscurecidas por postigos cerrados, semejantes a algunas de mi infancia estival o a las imaginadas  a través de alguna de las novelas del escritor colombiano Gabriel García-Marquez. Ella iba arreglada como sin quererlo con un vestido de gasa estampada en pequeños motivos y suave color, y un anillo en su mano derecha que llevaba aplicada una gran flor a base de puntillas. La sortija era parecida a la que en vigilia le había visto lucir a Lily Allen en la portada de una revista. La mujer del sueño sujetaba  en los brazos a un bebé con un adorno en flor exacto al de su madre prendido de la cinta que rodeaba su pelona cabeza. Una colchoneta tapizada en azul pálido abarcaba todo el suelo de la estancia en la que dormitaban en semi penumbra sus otros dos vástagos.
Por la escalera que daba al salón vimos descender a un hombre. Sus pasos decididos contrastaban con la quietud de la casa.  Era alto, delgado, de pelo castaño y bigote poblado. La tinta escrita de su apellido español destacaba mucho en el sueño sobre la carta más visible de la bandeja con el correo recibido. Se acercó a su mujer, le dio un beso en la mejilla y salió de la casa dejándola en mi compañía.
Me gusta la música de Lily Allen, si bien puede que ella se colara en el sueño a través del anillo únicamente para desvelarme que me encontraba en presencia de una mujer inglesa de la sofisticada sociedad. Lo seguro es que me había quedado bastante rato observando las fotos de la  cantante y compositora en el suplemento dominical de un diario. Me fascina esa mezcla de tradición, modernidad y extravagancia que se da en este país, y quería dilucidar en que proporción en ella se combinaban. 

miércoles, 1 de junio de 2011

Trabajo doméstico

Tejados ajenos -  S.M.
Si hay algo que de veras anhelo en la vida es no tener que limpiar nunca más; no me refiero a la casa del vecino, me refiero a no tener que limpiar nunca más el lugar en el que habite. Hay un abismo de diferencia entre las personas que tienen que hacerlo y las que no. Si algún día lo consigo me sentiré una mujer realizada.
Tendré que esperar un poco todavía.
Please darling, le dirá en el futuro Terry, mi robot capataz a Max, y sin más se pondrá este a trepar por la casa limpiando toda superficie humedecible. Entretanto Holly se afanará en las áreas secas del salón y las habitaciones. En el exterior Terry tendrá que supervisar también a  mi robot jardinero y a mi otro de mantenimiento, haciendo que de tanto en tanto se suba por el tejado a revisar las tejas.
Si me sacan de todo eso los voy a querer cantidad. De hecho le tengo bastante afecto a nuestros electrodomésticos en España y ni tan siquiera me  hablaban.

lunes, 30 de mayo de 2011

My niece

En Midsummer Common - S.M.
Sí, tengo una sobrina que es novia oficial de un jugador del Barça. Me da la sensación que allí donde yo selectivamente he dejado caer esa información mi prestigio ha aumentado por lo menos un grado.
Juro por mi madre lo que acaba de pasar. He tenido que interrumpir este escrito para ir a atender a la puerta y era Yogui, el mayor de nuestros vecinitos paquistaníes que venía a recuperar el balón que se les había desviado hacia nuestro jardín. Será porque yo estaba sobre el tema y porque él no para nunca de jugar al fútbol con su hermano que se me ha ocurrido comentarle lo que ya he hecho público aquí. Por supuesto que lo conocía. No me ha dado tiempo a cerrar la puerta que ya estaba escuchando la palabra "niece" en la de al lado.
Pasado el impensable susto de salud que se llevó mi sobrino, hermano de la novia del futbolista, ahora está él totalmente recuperado y feliz de la vida como siempre. Así que se fue a Londres en el día del partido decisivo con su padre y su hermana; feliz también por codearse con toda la parentela de los jugadores.
 

domingo, 29 de mayo de 2011

Con el aire a favor

Parker's Piece - S.M.
El verano pasado, el once de julio del dos mil diez, el equipo español de fútbol se alzó en Sudáfrica con la Copa del Mundo. Igual que cualquier otro lugar en el planeta, la ciudad de Cambridge enmudeció durante el partido; caminando por Mill Road veía a los cafés bullir de expectación mientras me apuraba en llegar a mi provisional casa de recién llegada  para poder contemplarlo como cualquier parroquiano de bien. Lo consiguió España y los polacos del piso de mi hijo me sacaron una cerveza para que lo celebrara. Hubiese pensado que se alegraban más ellos por mí que yo misma, de no ser porque fui la única en permanecer pegada frente al televisor mucho más allá de la hora en que el partido acabara.
El español Rafa Nadal ya se había hecho por esas fechas con el trofeo francés de Roland Garros, que en estos finales de mayo se está de vuelta disputando en París, y fue también luego proclamado campeón sobre la hierba inglesa de Wimbledon y sobre el suelo duro del US Open norteamericano.
Ayer el F.C.Barcelona ganó la Copa de Europa en el estadio londinense de Wembley, arrasando al británico Manchester United en el partido final de la Champions League.
¡Viva el Barça! ¡Viva el Barça!.
Aunque no soy muy de fútbol, ni muy de patria, reconozco que notaba ese calorcillo  reconfortante en el alma que da la victoria mientras veía desfilar por la tele a mis triunfales jugadores. Más teniendo en cuenta que uno de ellos es el novio de mi sobrina, y que mi hermano Mateu, junto con ella y otro de sus hijos, se encontraban también en el estadio.
El chico de Girona, por el cuál contratamos via internet los cursos de inglés para Lucas en su escuela y no en otra, nos dijo, tras conocerlo en Londres, que llegábamos con el aire a favor ya que los españoles estaban gozando en ese momento de buena fama en el país; los españoles y los latinos en general.
Puede que por el mismo fenómeno que hace que una mujer encinta vea embarazadas por doquier o un enyesado a otros con escayolas , yo escucho hablar mucho de España por la radio. Lo bueno es que siguiendo esa lógica deberían llegar a mis oídos tanto  los comentarios adversos como los elogiosos y sin embargo son muchos más los que me alagan, por lo que me toca, que los que no.

sábado, 21 de mayo de 2011

Please darling

    Junto a Parker's Peace - S.M.
Tras larga espera, en el intervalo de una semana han venido a Cambridge mi madre con mis dos hermanas por una parte y Alison por la suya.  Todo salió perfecto en ambas ocasiones, aunque ahora estoy tan agotada que ni siquiera podría escribir sobre ello.
Mi aplicación en el hostel es tan intensa que el día libre lo necesito absolutamente para quedarme sentada frente al ordenador sin mover un músculo. Si en lugar de ello me la paso de aquí para allá haciendo de guia turístico y con la emoción de los encuentros, a la postre hasta las neuronas se me quedan carbonizadas.
A lo que me ha llevado desempeñar una función tan abrillantadora es a que nadie me vea en otro posible papel. Eso sí, todos me quieren mucho, sobre todo en la cocina. Entre risa y risa no desaprovecho la ocasión de hacerle saber a Chris, el chef,  lo buena cocinera que soy, pero de momento tengo que conformarme con cortarle, please darling, unas piñas en rodajas de tanto en tanto. El otro día tuve que verlo ante mis ojos instruyendo a un novato en los fogones en la fritura de unos huevos en tanto que mi experiencia y yo andábamos arrastrándonos por los suelos restregando en cuclillas patas de acero.
En todo caso, la cocina es mi lugar favorito. No huele a nada, no pasan por mis manos los grandes  cacharros y estoy rodeada de gratos muchachos, además de que Chris me saca de ella para servir la comida caliente a los clientes que pasan por el autoservicio. A veces Daniel me acompaña en la labor, a veces Jamie. A Jamie y a mi se nos van los ojos tras la gente. La nuestra es una estupenda plaza de observación.

domingo, 15 de mayo de 2011

Boda Real Británica

       Candle in the Wind
Los escritorios que tenía a mi cargo para ser limpiados en las oficinas de la empresa farmacéutica contaban todos con idéntico equipo informático y terminal telefónica. Se daban algunas adaptaciones personales en el teclado, la almohadilla reposa-muñecas, el ratón y su alfombrilla. En lo que hace al resto la cosa se parecía bastante a lo detallado a continuación, aunque bien que multiplicado.
1: Fotos de familia / mascota / cosmético / chuchería / zapatos en el suelo. 2: Fotos de familia / manualidad escolar / taza / cosmético / mascota. 3: Fotos de animales / tarjeta de felicitación / pieza de fruta / cosmético / reloj . 4: Fotos de familia / mascota / bol / caja de cereales / zapatos en el suelo.
Yo avanzaba por entre ese mar de escritorios, que se me presentaban como ominosos en su tantísima repetición.
Dos mesas me libraban del sentimiento de estar metida en el escenario de una pesadilla.
Una de las dos la supuse ocupada por una mujer negra por la foto de un hombre con niño y niña que tenía apoyada ahí a la vista, muy guapos los tres y con la piel de ese color. Ella decoraba su espacio sin mesura. Para Halloween su equipo informático apenas asomaba de entre tanta serpentina, calabaza, esqueleto y murciélago. En Navidad, un abeto sobre la mesa la obligaría a escribir de costado y unos nutridos espumillones corrían por sus altos alcanzando sus topes y más allá. Los redondelillos de confeti dorado nunca terminaban de desaparecer del todo en ese punto.
Él era diferente. Así lo era al menos su mesa. Lo primero por la foto siniestra. El retrato en sepia del rostro de una mujer bonita. De lo más inquietante, y que nunca supe bien porqué. El caso es que, si me tomaba por sorpresa, con seguridad que me sobresaltaba. Había además en esa mesa una disposición extraña y cambiante de los objetos que me sacaba a menudo del automatismo. Varios cinturones de cuero dispuestos a lo largo sobre el teclado. Inhaladores como para el asma, no pocos, alineados, agrupados o desperdigados de punta a punta. Una felicitación navideña de lo más convencional, y que ahí quedó. Un día le hallé un ojo; una pelotita blanca con iris verde y venitas rojas pintadas alrededor. Me entró la risa; ni que el ocupante de la mesa lo hubiese puesto a propósito. Una vez lo vi. Andaría en la treintena, delgado y rubio, no sé si guapo, de atrás lo parecía. Se sacó el cinturón, se ajusto los pantalones de franela gris con unas tiras reflectantes, se enfundó sobre la camisa blanca una chaqueta de ciclista ajustada y de la mano de su mochila desapareció por el pasillo. Se me antoja que ese hombre, si es que no tiene algún percance, puede muy bien llegar a ser director general de la compañía.
En una tercera mesa apareció un día colgada la foto oficial del compromiso de boda del príncipe William con la señorita Kate Middleton. Lo creí un gesto singular. Las cosas hay que vivirlas para aprenderlas. No es que no supiera del fervor inglés por la monarquía; incluso que estoy empapándome a diario de las lágrimas que el pueblo soltó por Diana de Gales en tanto trato de entonar junto a Elton John la canción que adaptó para ella en su funeral. Así que lo sabía, pero no. Para aprenderlo he tenido que tocar con mis propias manos los banderines patrios colgados del techo de la recepción o un delantal con el retrato de la parejita en el hostel, u hojear los catálogos de ventas a distancia repletos de modelitos royals, inspirados en sus majestades, para ser lucidos en partys, o fiestas montadas en las casas o en los barrios para celebrar el acontecimiento. Ahora lo sé, como sé que el día del casamiento fue declarado de fiesta nacional, y como sé todavía mejor que no me pagaron extra en el trabajo por ser una de las pocas personas en el Reino Unido y mucho más allá que no estábamos embobadas frente a una pantalla en el momento del sí quiero.

sábado, 14 de mayo de 2011

1º de bachillerato

Midsummer Common - S.M.
Me acaba de llamar Simón por Skipe para saber donde estaba guardado en casa el documento que atestigua que finalizó en Madrid sus estudios elementales, se lo piden en su antiguo Instituto para poder proseguir con el bachillerato. Ha hurgado en los cajones y ha encontrado algunas cartas dirigidas a la atención de los padres y mandadas desde dicho centro educativo, en el cual cursó desde los doce años las materias pertinentes sin aprobar casi ninguna.
A continuación reproduzco la misiva más corta de las que mi hijo me ha leído como muestra del calibre de los problemas con los que tuvimos que lidiar.
En Catalán
"Es muy importante y urgente que Simón reciba atención de un especialista en salud mental a fin de garantizar su propia salud y eventualmente la de todos los miembros de la comunidad educativa".
Esta mañana a vuelto él tan campante a ese lugar a fin de inscribirse en 1º de bachillerato para el próximo curso.
Le he preguntado si no le han saltado las alarmas al edificio al verlo aparecer, pero parece que todo está bastante cambiado. Cuando menos vi hace dos años que estaban  acometiendo en las instalaciones una reforma integral y hay un nuevo instituto en el pueblo que espero haya aligerado la presión en este.

jueves, 12 de mayo de 2011

El espejo

The Golden Days - Balthus
Disponer de un espejo me ha cambiado mucho el panorama. No es que lo necesitara demasiado para combinar el vestuario, esa tarea la tengo olvidada de momento y a mi básico uniforme negro de pantalón de aeróbic y camiseta es fácil de acertarle los complementos, sin embargo para marcarme unos movimientos de cadera o para saber por dónde enderezar la espalda en algunos ejercicios de gimnasia sí que se me hacía imprescindible. Además de que me gusta mirarme porque sí; llevo toda la vida haciéndolo; no iba a desacostumbrarme en Inglaterra del gesto de coquetería más universal que debe de existir.
Ahora que se ha ido Simón esto es el paraíso en cuanto a espacio habitable se refiere. Desde luego que mi hijo no quedaría afectado por este comentario, sabe bien que lo pasamos divinamente con él aquí y que fue decisión suya regresar; además de que cualquier chico de su edad lo envidiaría este verano; solo en casa y al lado de la playa.
Mi marido ha emigrado a la habitación que ocupaba Simón y yo he regresado a mis antiguos dominios en el escritorio de mi cuarto en lugar de andar de aquí para allá con el portátil. Como estos chicos con los que vivimos, Monika y Seweryn, son increíbles y tienen de todo (el espejo era suyo), nos han sacado asimismo del trastero una hermosa tabla que amplía considerablemente la superficie de trabajo de mi marido y da cabida a su gran pantalla, su torre, su impresora y todo lo demás.
Ahora mi marido no se verá obligado a irse a la cama cual gallina en cuanto anochece o yo podré dormirme sin bombillas encendidas y sin sonido de tecleo para levantarme al amanecer, también cual gallina aún, mas una gallina descansada.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Costumbres culinarias y demás


Oleo de Giorgio Morandi
Simón hacía la lista antes de irse de las cosas a las que aquí se habituó y que echará de menos en España. Por ejemplo, que los comercios y oficinas de servicios mantengan sus puertas abierta a la hora que se corresponde con el parón hispano de la comida, o en lo culinario el  hummus, esa crema untable de garbanzos propia del Medio Oriente que aquí se compra en cualquier supermercado y que en España  hay que buscar en tiendas especializadas o preparar en casa; así que ahora le va a faltar.
El otro día en el hostel una señora canadiense muy jovial se afanaba en elaborar unos muffins en la cocina comunitaria a fin de celebrar el cumpleaños de su hija, tan crecida como los mios y que la miraba hacer. La mujer se lamentaba por no haber podido encontrar en el supermercado ningún ingrediente igual a los que ella utiliza en Vancouver para prepararlos. Así que serían unos muffins hechos con puré de calabaza, en lugar del de papaya. Me parece a mi  que la mayoría de cocineras familiares de clase media española sentirían rechazo por el contenído de ambos botes por no haberlos visto nunca en sus despensas; aunque bien  se lamentarían por no poder encontrar aquí los elementos imprescindibles para preparar una paella "como Dios manda".
Mi madre preparó una vez ese arroz típico del país,  lleno de sepia, gambas, cigalas, almejas y mejillones para agasajar a unos chicos suizos amigos de alguno de sus hijos y los muchachos se vieron en apuros para desligar el grano de entre tanto bicho raro.
Yo le dí a probar a Jamie  un pan crujiente regado con aceite de oliva virgen y sal, y por su expresión  y la mano en  el cuello al tragar me di cuenta de que le raspaba en la garganta como si estuviese engullendo un montadito de esponja empapado en gasolina. Por mi parte tengo que desviar la vista para no indigestarme cuando lo veo beber a grandes sorbos de su tazón de leche tras echarse al buche una buena cantidad de spaguetti alla bolognese.
A la habitación de la señora canadiense e hija no le falta de nada. A lo habitual para alguien que está de tránsito ella, la madre, ha añadido dos jardineras con flores en el alféizar de la ventana, estantes de tela y colgadores en el armario, colchas y alfombrilla para los pies a la litera y cojines en los asientos. Me aclaró que por tres semanas de estancia merecía la pena acomodar el ambiente como para sentirse en su propia casa.
Yo misma no acierto a explicarme porque en agosto pasado solo veía paquetitos de a tres melocotones esmirriados o lánguidas hojas de lechuga envasadas como todo vegetal en los supermercados y ahora los encuentro bien surtidos. Tendré que fijarme en este nuevo año, para saber si era víctima de un choque cultural o si de verdad desaparecen las frutas y verduras de los estantes refrigerados en cuanto terminan los cursos universitarios, o en cuanto sus distribuidores se largan a España a tomar el sol. 
Como la señora de Vancouver acabo de añadir a mi dormitorio un elemento que echaba mucho, mucho de menos y que ha elevado considerablemente el nivel de semejanza entre nuestra morada inglesa y la que dejamos atrás: Un espejo de cuerpo entero, o casi.

jueves, 28 de abril de 2011

Intoxicación

Barrio de Chesterton - S.M.
En los últimos tiempos de estar en España me sentía un tanto intoxicada. 
No tengo nada personal en contra del país, me hubiese sucedido lo mismo en cualquier otro que fuese el de mi origen. De hecho España está muy bien. Una supuesta ruta de un mes por toda su geografía tendría que dejar a la fuerza satisfecho a cualquier turista perceptivo por la variedad de ciudades hermosas, paisajes y personas.  Allí se goza como en cualquier otro sitio civilizado de las calles, de la familia y de los amigos. Se encuentran buenas materias primas  para elaborar ricos platos y tiene el sol como ventaja, si gusta el calorcito, con respecto a otros países europeos situados más al norte. También tiene de favorable que no está amenazada por los grandes fenómenos devastadores de   la naturaleza.
En España iba mucho al cine, leía, miraba videos, iba al gimnasio (echo de menos las sesiones de baile latino con Yolanda)  y tenía a mi gran familia cerca.
En el último año también viaje mucho por la península, incluído Portugal, acompañando a mi marido y a sus editores en los recorridos de promoción de su última novela.
Disfrutaba de la vida y de todo allí, pero quería alejarme. Algo me decía que tenía que hacerlo.
Cualquiera sabe que lo ingerido por la boca pasa de últimas a la corriente sanguínea y de ahí a transformarse en cuerpo y energía nuestro. Nada desaparece. Si  algo ya no está es porque se ha transformado en otra cosa.
Por eso me preguntaba qué pasaría con todas esas cosas que por no ser comestibles deberían de andar por ahí vagando, adentro mio, sin ver el momento de ser largada al exterior en forma de algo.

domingo, 24 de abril de 2011

Primavera


Christs Pieces - S.M.

Estamos a veinticuatro de abril y es domingo de Pascua. Los huevos de chocolate escondidos en los jardines van a llegar derretidos a las manos de los niños que los encuentren. Llevamos semanas disfrutando de temperaturas cercanas a las de junio en el Mediterraneo y rastro cero de lluvias.
Los parques se han llenado de carne blanca expuesta al sol, casi roja en el  cogote de los muchachos sin camiseta y en zonas de los pies recién liberadas de los zapatos cerrados; esa es al menos la que me llama la atención.  Muslos, brazos y escotes de todo volumen dejados al aire por ligeros vestidos recién  reencontrados en los armarios.
Traté de captar con la cámara la explosión floral en los árboles que se dio en cuestión de días. Al natural es precioso de ver, en foto, una tras otra, resulta un tanto empalagoso.
Ahora son las seis de la tarde, todas las puertas y ventanas de la casa están abiertas, escucho a los niños vecinos jugando afuera al balón. No anochecerá hasta las ocho y media. Bajaré a poner unas truchas al horno. Simón y yo volveremos a cenar en el jardín sin una brisa fresca que nos obligue a taparnos. Por contra mi marido y Lucas están en Barcelona envueltos en jerseys y viendo llover a través de los cristales.
Los ingleses que reservaron plaza en las costas españolas para tumbarse al sol durante la Semana Santa regresaran blanquitos y malhumorados a sus lugares de origen.

sábado, 23 de abril de 2011

Chicos malos

John Lennon & Mick Jagger
Alex se apareció por la mañana con un ojo totalmente amoratado. Mientras  llenabamos las bolsas de lona amarilla con sábanas limpias para subirlas a las habitaciones le pregunté mediante un gesto si había sido cuestión de puños, y así era. De Daniel no me hubiera extrañado, él más bien debe dar que recibir porque lo he visto varias veces con la mano averiada, pero de Alex no me lo esperaba, puede que por su aspecto angelical y sus modales suaves. Le dije que me alegraba saber que había otros chicos encantadores, aparte de los mios, que amanecian alguna vez en su vida con huellas pugilísticas en el rostro. Me causó gracia su pregunta: ¿Tus hijos son bad boys?. Yes, of course, le afirmé con mirada cómpliceÉl también había recibido por salir en defensa de alguien y me felicitó por tener hijos que reaccionara como él ante la bravuconería de los demás.
Bad boy. Lo escuché por primera vez en España dos años atrás en boca de una clienta inglesa refiriéndose a su marido. Creí que se le había ocurrido a ella y me resultó muy tierna en su expresión. Ahí puede notarse que mi intromisión en el panorama anglosajón es de muy reciente cuño. Bad boy tiene una fácil traducción al español, chico malo, pero en el cambio se pierden las connotaciones amables que en inglés posee.
A ese matrimonio británico al que atendí poco antes del cierre de la última inmobiliaria en la que trabajé le debo el refuerzo de la pista de por dónde debería andar en mi futuro. Querían ver pisos de alquiler. Buscaban cuatro dormitorios, gran salón, terraza, ascensor, garage, piscina y entorno agradable. A la salida del primero que les mostré me invitaron a su apartamento. Lo hicieron para que me diera una idea de lo que andaban buscando, algo espectacular, pero también es cierto que nunca antes nadie me había abierto las puertas de su vivienda con tanta confianza, ofreciéndome además té, asiento y conversación. Charla en inglés, nada menos; yo no sabía nada, pero ellos tampoco español. Eran muy guapos y elegantes los dos, andarían por los setenta y algo. El había sido capitán de la marina mercante. Se dedicaban ahora a pintar cuadros y a navegar por afición tres meses al año en un velero por las islas griegas, además de viajar con frecuencia a Inglaterra para visitar a los hijos.
Seguí mostrándole pisos a ella. Hubiesemos podido ser amigas. Hablamos de intercambiar lecciones de idioma, pero se habrá encontrado la oficina clausurada si es que regresó. Su marido pasó por un cáncer que lo llevó hasta el borde de la muerte. Me dijo que lo salvó la atención medica recibida en el hospital de nuestra comarca por parte de un médico joven que se volcó en ellos y que ahora ella considera casi como a un hijo  por haberle devuelto a su bad boy.

viernes, 22 de abril de 2011

Hetty y Henry

Mis amigos Hetty & Henry - S.M.
"Cuando vayas a los sitios no te esfuerces en presentarte por tu nombre ni en memorizar el de los demás, a los españoles el nombre no les interesa", Alison se llevó esa lección desde Inglaterra al mudarse con su familia a España dieciocho años atrás.
Yo también llegué aquí pensando que los ingleses mantienen siempre una cierta distancia física y dispuesta a olvidarme del aceite de oliva y del buen vino y resulta que me siento en el hostel cual peluche abrazable y compro botellas de oliva virgen y tintos excelentes a precios equivalentes a los de mi país.
La hiladora Jenny de la anterior entrada me hizo acordar del comentario de Alison, además de que esta mañana he pasado el  aspirador Henry por las moquetas y Alex lo ha hecho a su vez con la aspiradora Hetty. Aunque es  probable que a estas alturas también estén bautizando en España, a una incubadora, a un satélite o a una máquina de hacer churros.  También hoy empecé una conversación mientras hacía las camas con dos muchachos catalanes de Malgrat de Mar que a base de aireación y perfume habían conseguido reducir a la nada el tufo a pie de las zapatillas que acababan de largarse con su propietario a la calle.  Lo segundo que me preguntaron fue mi nombre.
Con tantos cambios por todos lados, lo mejor para acertar es quedarse callado. 

jueves, 21 de abril de 2011

Spinning Jenny

La Spinning Jenny fue una máquina hiladora multibobina inventada a mitades del Siglo XVIII en Lancashire, Inglaterra, antiguo Condado de Lancaster a trescientos treinta kilómetros de Cambridge en dirección noroeste. Dicha innovación técnica revolucionó la industria textil al reducir a un solo trabajador fabril la tarea antes a cargo de varios artesanos especialistas. Se la considera junto a la máquina a vapor símbolo y arranque de la era industrial.
Así que podría decir que estoy instalada en el país que dio origen al mayor salto evolutivo de la humanidad desde los tiempos en que a algunos de nuestros antepasados se les diera por empezar a domesticar plantas y animales en lugar de salir a buscarlos por ahí. Podría decirlo, pero no lo digo, porque es posible que la ola de progreso en la que ahora mismo estamos sumido sea de tamaño descomunal y sin precedentes.
Aún con todos los méritos que no le saco y el cariño que le tengo a este país, desde una posición como la mía habría que estar muy atento en la actualidad para notar los ecos de esas épocas de esplendor británico. Se me hace difícil de creer al toparme con lonchas de jamón dulce cortadas de cualquier modo entre las finas habituales de un paquete industrial para sandwiches, o al constatar que el transporte público se aleja bastante de la perfección o al enterarme por la radio de que las carreteras se colapsan al menor incidente.
Tampoco siento que esté en un país mejor que el mío de origen en lo que se refiere a seguridad e higiene. Hay aquí mucha normativa al respecto y parecieran acatarla, sobre todo si está por caer una inspección. 
Son estrictos en algunos aspectos y se libran al azar en otros. 
Me llama la atención recibir un pedido de geles concentrados para limpieza con las tonalidades de color de cada producto cambiadas sin aviso alguno, y que nadie se inmute ante la pérdida de parámetros a la hora de diluir adecuadamente unas sustancias químicas.
Un día me olvidé las chanclas en casa y tuve que arreglármelas sin ellas en la piscina municipal. Eso aquí no supone un problema, todo el mundo va descalzo. Yo, que no soy en absoluto maniática, circulaba de puntillas y con reparos entre la agüita formada alrededor de las duchas en tanto que veía a criaturas de diminuto tamaño dirigirse hacia los wáteres en compañía de sus confiadas madres pisando con toda la planta desnuda ese suelo tan crítico. A lo mejor todo está a salvo gracias al cloro, llevaba años sin notar en mis piscinas españolas ese olor tan persistente.

miércoles, 6 de abril de 2011

La cigarra y la hormiga


Pintura de David Hockney
Me satisface la versión abajo contada de la fábula de La Fontaine porque en ella la cigarra lleva las de ganar. Eso me alienta a seguir con estas narraciones, que de momento solo me aportan diversión. De todos modos no veo porque tal cosa tiene que estar reñida con hacerle caso a la hormiga en sus advertencias. De hecho  llevo  trece días seguidos trabajando con jornadas de hasta once horas y si ahora me es dado estar aquí es porque cuento con dos  libres para recuperarme.
Si mirando hacia los tiempos de Revolución Industrial nos aparece como tremenda la imagen de hombres, mujeres y niños acinados en tugurios junto a las fábricas para trabajar en ellas de sol a sol, en condiciones miserables y ninguna protección a cambio de una triste comida, a los parientes que nos desciendan tampoco les va a resultar muy halagüeña nuestra estampa de principios de siglo XXI, corriendo todo el día tras empleos no gratificantes para asegurarnos la subsistencia o, cuando más, un pasar semejante al de nuestros conocidos.
En un futuro las únicas hormigas que trabajarán incesantemente serán las robóticas, o las que sigan encontrándole el gusto al hecho en si de sentirse ocupadas. Las otras se pasarán en masa al campo de las cigarras dedicándose a cultivar sus aficiones sin que por ello tengan que llamar a la puerta de ninguna vecina a la llegada de la fría estación.

Versión chistosa de la fábula de la cigarra y la hormiga
En el buen tiempo la hormiga no para en el trasiego de acarrear granos hasta su morada con el fin de abastecerla  para cuando llegue el invierno. En tanto la cigarra no hace más que divertirse cantando y tocando la guitarra en el pub. A la primera helada la hormiga se mete en casa, a comer y a esperar a que la cigarra llame a su puerta para poder maltratarla. La cigarra no aparece. Pasan dos años. Ocupada como está la hormiga casi se olvida de su vecina. Un día divisa a lo lejos un fabuloso coche deportivo acercándose. Este se detiene a su lado y de él se apea la cigarra seguida de un acompañante, el arquitecto a cargo del proyecto de mansión que ella piensa levantar en ese preciso lugar. La hormiga no tiene de que preocuparse, su cubículo quedará bien resguardado entre el césped de la piscina que en ese punto irá enclavada.
La hormiga alucina. ¿Qué te pasó cigarra?, le pregunta.
Pues mira, le responde, estaba un día sentada en el pub con mi guitarra y va y entra un productor norteamericano que se había perdido en vacaciones por aquí y que justo se metió al pub y me pilló dándole los últimos arreglos a mi nuevo tema. Fue cosa de oírme y empezar a movilizarse con el teléfono.
De ahí en adelante no me ha ido tan mal. Recién va a salir mi segundo álbum de estudio. Acabo de terminar una gira que me ha llevado a recorrer cinco países del viejo continente y dos de América. La próxima semana parto hacia París para un concierto muy especial .......
¿De verdad te vas a París? le interrumpe la hormiga.
Si, claro, para qué te iba a engañar, le dice la cigarra.
Pues mira cigarra, te pido un favor. Tu que te has hecho tan famosa y que conocerás a tanta gente, si llegaras en París a encontrarte con La Fontaine ¿podrías decirle algo en nombre mio?
Si claro, como no, responde la cigarra.
Entonces, si lo vieras,  mándale este mensaje: "¡De parte de la hormiga laboriosa que se vayan él y sus moralejas a la recontraputa madre que los remilparió!".

(Por el tipo de  improperio diría yo que esta hormiga era de la especie Linepithema humile u hormiga argentina)

viernes, 25 de marzo de 2011

Côte brasserie

Magdalene Street - S.M.
Hay días en los que todo sale redondo y otros en los que mejor sería pasar rápido al siguiente para evitar un cúmulo  de desastres. 
Ayer amaneció con cielo despejado y temperaturas casi veraniegas. En el hostel me ofrecieron de improviso hacer el turno de cena. Lástima de no haber acarreado conmigo los bártulos de piscina para aprovechar la pausa. Sin embargo al  poco recibo un mensaje de Marian por si quería tomar café con ella. Como solo disponía de una hora quedamos en la cafetería del propio hostel. Para más tarde me cité con Simón en el centro.
Preparé dos tés y nos sentamos en una mesa del anexo acristalado del comedor, solas a esas horas, y a la luz de un magnífico sol. Marian tiene chispa, con ella  lo de menos es el intercambio idiomático.
Simón regresa a España a principios de Mayo, esa es una nueva, y quería comprarse algo de ropa antes de irse. Lo acompañé y luego me invitó a comer algo en su restaurant. Me presentó a algunos de sus compañeros y Jack,  un chico inglés que conozco, porque creció en nuestro pueblo con mis hijos y que se vino a Cambridge siguiendo los pasos de Lucas, nos preparó una ensalada de endivias extra especial que todavía estoy degustando.
Nada podía haber salido mejor, luego cogí la bicicleta y regresé al hostel.

jueves, 24 de marzo de 2011

Protección natural

A bigger Splash - David Hockney
Mi marido me ha contado que en las clases de inglés a las que asiste el profesor les ha proyectado un corto con una historia horrible en la que un padre guardagujas, o algo parecido, se encuentra en el trance de tener que elegir en cuestión de segundos entre salvar de la muerte a todo un vagón de pasajeros o salvar la vida de su propio hijo. Decide accionar la palanca en favor de los viajeros del tren, que encima son pocos y no muy de fiar, pero que ante la magnanimidad del gesto de su salvador se redimen para comenzar de nuevo adecuadamente. Y el niño, que era precioso y que quería mucho a su papá, se tuvo que ir a otro lado, a filmar otro corto si lo llamaban, porque en ese ya no tenía cabida.
Yo tengo clarísimo que es lo que hubiese hecho ante la disyuntiva.  La humanidad para mí es la que conozco.
Antes de venirme a Inglaterra, al igual que tanta gente solía acompañar el desayuno con las noticias de los diarios y sin ser una desalmanda el pan tostado con tomate y aceite que me preparaba me sentaba de maravilla en tanto me ponía al corriente de las adversidades ajenas.
Creo que estoy dotada como la mayoría de un mecanismo de protección natural que me impide sucumbir al dolor que no vea y sienta muy cerca de mi.
Que no sienta su dolor como en carne propia no significa que no esté con los que tienen motivos para sufrir; los suelo tener bastante presentes y eso me ayuda en muchos momentos, igual que me ayuda saber de gente que pareciera que la pasa muy bien.
Ahora mismo estoy con Japón. Ayer me acordaba con Jamie de un numeroso grupo de karatekas de esta nacionalidad que se alojo recientemente  en el hostel y que eran un encanto. Aunque por más que tenga presentes a los damnificados por el terremoto, el tsunami o la contaminación nuclear, lo que más me preocupa ahora, nos preocupa a todos en casa y mucho, es un serio problema de salud con el que acaba de toparse el sobrino o primo nuestro que estaba viviendo también en Cambridge.

viernes, 18 de marzo de 2011

Swimming Pools Cambridge

Parkside Swimming  Pool Cambridge
Cuando me propusieron en el hostel ayudar en la cocina a la hora de la cena, contemplé de inmediato la posibilidad de volver a nadar.
Hay dos piscinas municipales de veinticinco metros y cubiertas en Cambridge, la del complejo deportivo Abbey Pool, en el barrio del mismo nombre y la más céntrica, Parkside Swimming Pool, situada en el arranque de Mill Road, junto a Parker's Peace, o Parque de la Cruz, que en casa nombro así por la forma que imprimen en su gran cuadrado verde los dos senderos que lo atraviesan en diagonal. Hay otra piscina descubierta de noventa metros en el parque de Jesus Green abierta al público cinco meses al año.
Solo otro bicho anfibio podría comprenderme si dijera que noté a mis músculos vibrando de satisfacción por sentirse de nuevo accionando en el agua; se ve que sentían añoranza por las brazadas, las patadas y el alargamiento de la cintura y el cuerpo todo avanzando por una superficie líquida.
Había ido una vez a conocer la piscina del barrio de Abbey, solo por si acaso, ya  que me queda bastante a trasmano; allí saqué los carnet de Everyone Active para toda la familia, que sirven para poder utilizar los servicios deportivos del Council, algo así como los municipales en España.
En el intervalo de tres horas que se me hace entre el trabajo de la mañana y el de la tarde me alcanza para nadar, comerme el sandwich y ojear alguna revista en el salón social del hostel;  la piscina queda de allí a escasos minutos en bicicleta.

lunes, 14 de marzo de 2011

Vida convencional


S.M.

Nunca he asistido a una actuación musical multitudinaria. Lo más que se le asemejó fue una vez que Alison nos arrastró, a otra amiga y a mi, hasta Barcelona para ver a su compatriota Phil Collins en directo. Eramos tres madres saliendo de marcha. Nuestros hijitos al cuidado de sus respectivos papás. Hubiese podido ser el arranque de una película de aventuras lights y aptas para todos los públicos. Ni siquiera nos fumamos un cigarrillo o nos tomamos una copa. Del coche al concierto y del concierto a casa. El cantante no hizo lleno en esa ocasión, ni mucho menos, y a mi  me entró una especie de gran congoja, aunque nadie lo notara.
Siempre me suceden cosas alrededor de los escenarios. No me veía a mi misma ahí abajo, de pie, jaleando al artista a imitación de lo que hacían todos a mi alrededor. Me sentí muy convencional, todo convencional, por más que mi vida  me lo desmintiese a diario. Contemplando a la distancia el entarimado por encima de un mar de cabezas, anhelé con fuerza cambiar mi posición.
 La idea de llevar la misma vida de casi todo el mundo no es en si misma desagradable, salvo que caiga de repente sobre ti en forma de lluvia embarrada.  Como motivo de representación puede resultar incluso estimulante. Por esa misma época yo la tomaba a veces así a la hora de salir con mis niños a algún lado. Los engalanaba a ellos y a mi misma y me ponía en el dedo anular la alianza de mi abuela.Me divertía notar como la gente  imaginaba la buena vida burguesa en la que estábamos instalados.
Vidas normales las hay de muchos tipos, pero a mi  siempre me dio por ponerme en el papel de las de alto standing, igual que las pintadas en los anuncios de las inmobiliarias. Aunque que ni pensé en intercambiar anillos el día que me casé , en el fondo seguiré siendo siempre una mujer de provincias.

sábado, 12 de marzo de 2011

Full-time job


Pintura Miquel Barceló
Simón regresó hoy de Barcelona. Pasó la semana de Carnaval en nuestro pueblo, al igual que Lucas, y luego se fue a visitar a la abuela y  a la familia. Ahora lo tengo todo el tiempo detrás pretendiendo darme envidia  al enumerar todo lo rico que comió: que si gambas, que si cigalas, que si caragols a la llauna, que si cabrito. Todo buenísimo, como suele ser la comida en las mesas de mi casa, aunque a estas distancias se me hace raro enumerar a tanto animal junto. Alguien me comentó que a los ingleses no les gusta ver en el supermercado la forma entera del bicho, ni ninguna parte que les muestre a las claras de qué se están alimentando. Pero quién sabe.
Simón tuvo la suerte de coincidir con los primos de su edad que están estudiando en Barcelona, así que un día celebraron la llegada de todos ellos, y en otro, el cumpleaños del hijo menor de mi hermana Clara.

Menudas ganas tiene ahora de volver al restaurant a lavar vajilla y a fregar cacharros. El trabajo de kitchen porter es machacador y no sirve para aprender una pizca de inglés.
Supone todo un desafío arreglárselas en Cambridge para vivir y estudiar la lengua sin estar algo provisto y sin dominar el idioma o tener alguna especialización que se precise.
En restauración u hostelería hay que bailar al ritmo de la empresa. Muchos empleos son aquí a tiempo parcial, si uno puede permitírselo esa es la mejor opción para poderse organizar la vida y tomar clases de inglés. Si no es el caso, con viveza y suerte se consiguen trabajos a tiempo completo, de jornadas maratonianas, turnos partidos por pausas de varias horas u  horarios en extremo cambiantes, con resultados mortales para el cuerpo, como en un continuo jet lag sin viajes transoceánicos de por medio.
Con todo y lo anterior, lo digo sin sarcasmo, Cambridge vale muchísimo la pena.
El salario recibido da como para alquilar una habitación individual, no más que habitable, en una vivienda compartida, comer en casa, mantener una bicicleta, ahorrar para visitar a la familia o las vacaciones, pagar la cuota del gimnasio y tomarse unas copas el lunes por la noche; quizá no alcance para que las dos últimas  posibilidades sean compatibles.

viernes, 11 de marzo de 2011

Escenarios


Els Pastorets de Calaf
Hará un mes acudí en Coventry a un encuentro que organizó la dirección general de los hosteles HNA a fin de adoctrinar a su plantilla. Tras arduos alegatos por parte de los cuadros directivos  nos amenizaron la jornada con la actuación de un numeroso grupo de niños y niñas de rasgos indúes que bailaron para nosotros todo un repertorio de coreografías, mezcla de baile moderno con danza tradicional india. Iban todos muy guapos vestidos de raso de vivos colores.  Me gustaba mirarles las caras. Se sabían contemplados y cada cual estaba poniendo sobre el escenario toda la energía y la gracia que le estaba disponible.
Yo también me subí de niña a los escenarios.
Mientras tuve la edad adecuada me elegían indefectiblemente en el pueblo para representar a María allá donde una Virgen necesitaran, así que destaqué por un tiempo como estatua viviente en la obra teatral navideña catalana de Els Pastorets o paseándome al frente de procesiones varias.
Este éxito tuvo su contraparte.
En mi pueblo acontecía también un festival de música en play-back que anhelaba cada año para saber a que cantante tendría que prestarle figura. Los que decidían quién tenía que interpretar a quién nunca satisfacieron mis expectativas. Su visión no les alcanzaba para dar a la Madre de Dios un vuelco de ciento ochenta grados en  su papel. Tampoco yo daba remota señal.
Mis pasos en dirección a los escenarios acabaron de desviarse cuando en mi afán por emular a mis artistas favoritas, pasaba más tiempo decorando los altavoces de mano que me fabricaba para las actuaciones que ensayando los números musicales.
Desde luego que en mi no se ha perdido a una cantante. En la última actuación que recuerdo en la terraza de mi casa, me largué del escenario ante las quejas de los concurrentes por no hacer más que recomenzar una canción de Julio Iglesias que llevaba muy preparada , mientras que los niñatos de mi  familia se alzaban con la palma a base de improvisación. Me encerré en mi habitación; me daba mucha rabia por mi misma, por ser tan perfeccionista.
¿Por qué me metí en una secta a los veinte años?
Aunque nunca me he parado a darle vueltas a la cuestión , bajo el prisma que aquí me ocupa diría que fue por haber vislumbrado la posibilidad de mi regreso a las tablas.
Yo era hasta ese entonces una estudiante ejemplar que repartía monocordemente su tiempo entre las clases, la biblioteca y la piscina. Plantarme en una tarima en mitad de una rambla a arengar a los paseantes, o salir de noche en comando a empapelar Barcelona de carteles, para terminar de madrugada en pandilla comiéndonos unos pulpitos encebollados en un bar de mercado, suponía para mi una especie de actuación. 

miércoles, 9 de marzo de 2011

Películas


Il viaggio di Capitan Fracassa

Me gustan los escenarios. Aunque no los he tenido cerca, por alguna extraña razón me siento íntimamente ligada a ellos. No en balde tres de las películas que más me han impactado en la vida llevaban la escena incorporada a su argumento.
Treinta años pasaron desde All that Jazz, del director Bob Fosse, ¡el mismo que dirigió Cabaret!. Los números musicales eran muy poderosos, lo mismo que  el actor Roy Scheider en la piel de un exitoso coreógrafo, supuesto álter ego del director,  aferrándose frenéticamente a la vida a golpe de espectáculo, en tanto que la muerte, corporizada en una Jessica Lange fantasmagórica,  lo asediaba.
Veinte hace de la película del director italiano Ettore Ecola, El viaje del Capitán Fracassa, que en una ambientación brumosa y teatral le seguía la pista al carromato destartalado de una  troupe de cómicos ambulantes y a sus vidas, pueblo a pueblo por la Francia tenebrosa de fines de siglo XVIII. La vi con mi marido en un desaparecido cine del Paseo de Gracia barcelonés y lo recuerdo además porque eché a perder en un mar de lágrimas el vestido de hilo que llevaba puesto y que me encantaba.
Hace algo más de diez vi Dioses y Monstruos, del director Bill Condon. Me costó respirar de  principio a fin. El realizador James Whale, quién dirigiera en los años treinta la película El doctor Frankenstein  se enfrenta en este film a su vejez y a su final.  Es hermosa la relación narrada entre él, interpretado por el actor Ian Mc Kellen, y su nuevo jardinero, por el actor Brendan Fraser.
Nombro únicamente aquí de pasada a la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, porque supongo que ya surgirá la ocasión de volver sobre ella más adelante.

sábado, 5 de marzo de 2011

Robbie Williams


Dibujo de Egon Schiele
Le pregunté a mi peluquero inglés en Barcelona qué opinión le merecía Robbie Williams y resultó ser  que quién me peina hoy era en los noventa el que componía los pelos a los muchachos de la banda Take That de la que Robbie Williams formaba parte y a la que ha regresado en el dosmildiez tras quince años de separación.
Yo acabo de enterarme de su existencia. Llevo días absorta contemplando sus videos. Menudas multitudes las de sus conciertos, ¡cuatrocientas mil personas concentradas en Knebworth en el 2003!.
Antes no había reparado en él, aunque estoy reconociendo todas sus canciones e incluso había sumado  repetidamente mi voz a la de la actriz Nicole Kidman y a la suya, para entonar juntos Something stupid.
Tiene una cara rara el tío y unos movimientos que parecieran desarticulados sin serlo en absoluto.  Uno no sabe si amarlo o detestarlo. Me quedé pegada a sus videoclips y decidí. Es como un fenómeno desbocado de la naturaleza; a la fuerza tuvo que emprender ese hombre un camino en solitario; no se me ocurre de qué manera podría haber dado rienda suelta a sus excesos sino.
He escuchado que él no es el compositor de sus canciones, pero no lo creo, llevan todas un sello muy marcado y se ajustan como una segunda piel a su persona.
De su vuelta a Take That lo único que he visto es un video convencional en el que se lo ve junto a Gary Barlow, su compañero de grupo, interpretando Shame; sin estar ambientado en el medio oeste me ha recordado a la película norteamericana sobre vaqueros  Brokeback mountain protagonizada por Jake Gyllenhaal y Heath Ledger, aunque de esta solo haya visto el trailer.
Ahora que lo conozco me sale por todos lados, también en la revista Hello lo he visto en la  portada en el día de su boda posando junto a su radiante y blanca novia.
Espero que entre tanta divagación sus canciones le  aporten almenos a mi inglés una tanda de vocabulario.

jueves, 3 de marzo de 2011

Tren de Cambridge a Stansted Airport

Clarendon Street - S.M.
Acabo de regresar de Barcelona.
Para ir de Cambridge a Stansted Airport y viceversa lo mejor es tomarse el tren. El billete de ida y vuelta, con el retorno abierto, cuesta 12.80 libras, casi lo mismo que el de ida solo. El trayecto dura media hora. Los andenes de la estación quedan dos plantas por debajo del nivel de salida a la calle del aeropuerto.
Llegué de noche a mi casa de la costa catalana. Todo estaba en orden allí. Me refiero a que no había acontecido ninguna catástrofe doméstica, o robo alguno. El jardín lucía bonito a la luz que dispensan los tres plafones del alero de la entrada. Adentro hacía frío y olía a humedad. Prendí una estufa de gas butano en el salón y puse a funcionar un radiador de aceite en mi dormitorio. No conseguí conectar el pequeño ordenador que llevaba conmigo al Wifi de la casa.
Miré todo a mi alrededor; me resultaba extraño. Tantos años dedicados a que el lugar no se viniera abajo y en nada se notaba mi aplicación.
Alguna tarea tendría que haber acometido a fin de que las telarañas no se vayan apoderando de la casa, pero como no sabía por dónde comenzar dejé las cosas como estaban y me acosté temprano.
A la mañana siguiente hice los trámites que tenía que hacer y a la tarde me fui hacia el pueblo de mi infancia, a pasar tres días con mi madre y toda la gran familia. De camino hacia allí, en la autopista, notaba cierta extrañeza corporal cada vez que tenía que maniobrar hacia la izquierda para adelantar a otro vehículo.
El domingo organizaron una calçotada para celebrar el cumpleaños de uno de mis hermanos y mi visita. Nada menos que trescientos calçots asaron para la ocasión, cebollas tiernas a la brasa, que cada uno va pelando y sumergiendo en una rica salsa colorada antes de llevárselos a la boca; también costillas de cordero, salchichas y morcillas. Como no podía dejar de ser mi mamá se lució con su excelente repostería.
El sábado también nos juntamos unos cuantos a comer en un restaurant invitados por la tia Elvira.
Esa misma mañana había ido caminando con mi tia Maria hasta el cementerio. Allí estuvimos; colocando ramas de olivo junto a las lápidas de nuestros muertos.
Mi hijo Lucas estaba abriendo el portón de casa cuando yo aparecí con el coche de regreso del pueblo. Acababa de llegar de Cambridge.
La sorpresa me la había dado unos días antes cuando me comunicó por Skipe que se iba a vivir a Madrid. Ya tenía incluso los billetes comprados. Haría escala en Barcelona para pasar la semana de Carnaval en nuestro pueblo.
No le gustó nada a mi hijo la cara que puse al enterarme de la noticia, pero que le vamos a hacer, soy de reacciones lentas y preciso de unas horas para adaptarme a las nuevas situaciones. 
A la mañana siguiente lo llamé para desearle la mejor suerte. Ya me gusta que sea un chico decidido y que si le ha surgido una buena oportunidad la aproveche. No se va a quedar toda la vida sirviendo cafés.Su reciente ascenso a jefe de turno en el Caffè Nero  no le ha frenado ante la posibilidad de iniciarse en Madrid en un terreno laboral por completo diferente. Espero que la idea, que no ha abandonado, de ir rotando por diferentes países, le sirva de acicate para continuar con el inglés.
He pasado unas horas buenas con él. Luego me ha acompañado hasta el aeropuerto del Prat y me ha dejado en las puertas de la terminal C. Poco antes de bajarme del coche me ha dado un golpe de nostalgia anticipada. Lo veía tan guapo, ahí, a mi lado, atento al volante.
Lo cierto es que en Cambridge cada uno hacía su vida.  Nos comunicábamos por Skipe y nos bastaba con sabernos bien. Igual que va a ser ahora, podría pensarse, pero no. Ahora ya no habrá quién me convide a un capuchino en el Caffè Nero, el día que me apetezca tomarme uno allí.