viernes, 15 de julio de 2011

Puto Hostel

Oleo de Joaquín Sorolla
¿Se le ocurriría a alguien cuerdo, que a la vista no es nadie especial y al que no le ha sucedido nada fuera de lo común, pasarse desde la niñez hasta su bien avanzada edad adulta sosteniendo la oculta impresión de que su vida está destinada a ser carne de película?
Pues esto es lo que me pasa a mí.
Nunca antes se lo había dicho a nadie, ni se me hubiese ocurrido ponerlo por escrito si no fuese porque hoy llego azuzada a este lugar.
Tengo en mi móvil español un destinatario de número anotado por mis propios hijos cuando eran menores que no he borrado porque me resulta enternecedor. Dice así: Puto Cole. 
En su honor digo que este hostel en el que estoy trabajando es un Puto Hostel en el que me estoy dejando la piel sin recibir nada, nada, nada a cambio; a parte de una miseria de salario. 
Hoy Jessy, la chica nueva de recepción, ha venido a mi encuentro. En este Puto Hostel los recepcionistas tienen que hacer de todo cuando conviene, y para desespero de ella ha convenido a diario desde que empezó. La directora la había mandado hacia las habitaciones sin más y ella se quejaba de que nadie  le daba instrucciones precisas.
Vaya ¿cómo que vienes a preguntarme a mi lo que tienes que hacer, si mi rango en este hostel no supera al de las cucarachas?, esto es lo que por supuesto no le he dicho. En su reemplazo me he largado a soltar la lagrimita y ella ha tenido que acudir amorosa con sus brazos a consolarme. Debe de estar alucinando la muchacha en este hostel de los horrores en el que ha venido a meterse ella solita.
Jessy es española de padres ingleses. Intento hablar con ella en inglés, pero cuando la cosa se nos lía ella cambia rápido al español porque, como dice con salero "así terminamos antes". Al final esta mañana se ha quedado conmigo haciendo camas. El problema es que a la tercera ya estaba agotadísima. Su madre desde Cuenca le dijo ayer que se lo tome como si de una puesta a punto corporal se tratara, pero a ella no le van  los gimnasios. ¿Quién le mandaría cambiarse con lo bien que estaba en el hostel de Oxford? Allí ningún recepcionista hacía camas, ni  baños, que ni soñando haría aquí tampoco ¡faltaría más!, y te daban de desayunar, y tiempos de descanso, etc, etc. 
En el fondo estaba buscando que le dijera lo que le dije.
¿No querías un cambio?, ¿no querías una aventura?, pues ahí la tienes. ¿Tu has visto alguna vez una película de ese género dónde todo transcurra sin dificultades de principio a fin?. Eres una gran chica. No todo el mundo se atreve a soltar una plaza cómoda en pos de lo nuevo por descubrir.
Se ha puesto contenta al escuchar lo que quería oír.
Mis hijos de pequeños se quedaban también muy a gusto tras escuchar de mi boca el nombre de los terribles animales que ellos me iban pidiendo que salieran para sorprenderse de seguido con su aparición en esa selva nuestra de cada noche llena de ruidos y amenazas que ellos mismos me ayudaban a fabricar y de la que siempre salíamos indemnes.

domingo, 10 de julio de 2011

Buena chica


Ilustración de una pin-up

Mi marido está en la habitación de al lado. Una pared de por medio impide que los ruidos de nuestros ordenadores se fundan en una misma musiquilla, o bien que los cables se nos cruzen y muramos electrocutados. Él anda enfrascado en una novela que va a ser la que nos va a sacar de apuros económicos. Llevará como siempre la impronta de su genio, aunque en esta nueva vuelta temo que esté virando hacia el disparate total y nos deje a todos pasmados con una novedad absoluta. No he leído una línea, pero puedo palparlo en el ambiente.
Digo esto aquí con antelación para que quede constancia.
¿Para qué se iba a enrollar él ahora en dar clases de español si tenía todo el impulso  adentro?, que se las monté al terminar si todavía sigue empeñado. Le dije esto porque sabía que  solo lo tomaría en consideración en el caso de que coincidiera como un calco con lo que ya tenía pensado hacer. Por suerte o por desgracia, en nuestra familia somos todos alérgicos a los consejos maestriles.
                                                
                                                         
Volviendo a lo de la buena mujer de ayer, a mi marido ni siquiera se le ocurriría pensar que soy una buena chica. Señal de que algo de mi debe de captar. Ni en broma se me ocurriría pensar que me conoce, o que yo a él. Conocerse es un supuesto inalcanzable para la especie humana en su fase actual.
Ahora bien, si a una mujer le sale un marido capaz de imaginársela a la noche como a una pin-up y despertarla a la mañana siguiente llamándola princesa proletaria, yo creo que ese hombre bien se merece de tanto en tanto una buena chica a su lado, una buena chica complaciente.

viernes, 8 de julio de 2011

Hotel Gran Plaza

Por St. Andrews St. - S.M.
Menos mal que en este chiringuito no se vende nada que pretenda parecerse a algo que sucedió, de lo contrario ya podría ir cerrando la paradita.
A cerca de la noticia no lejana en el tiempo de que el gobierno británico anunció un gran cambio en su sistema de emisión de visas estudiantiles, me dejaría cortar la mano, la menos atacada, si un rastreador no la hallara en la hemeroteca de algún diario; a propósito de si ella está directamente relacionada con el súbito despido de Daniel, me remito al primer párrafo.
Ahora que han pasado los días se me ocurre una versión de la historia que me encaja más.
Es esta:
El hostel se equivoca. Un mes le ingresa a Daniel dos veces la paga. Daniel no dice ni mu. El hostel tampoco respira. Daniel se gasta el dinero. El hostel descubre el fallo; y de paso que Daniel no es un chico cándido. La directora lo manda llamar. No lo despide. A partir de ahora trabajará solo las horas estipuladas en su contrato a tiempo parcial y por supuesto que tiene que devolver lo que se quedó. En la práctica eso supone dos meses sin cobrar. Si no le entra dinero no puede cubrir los gastos imprescindibles. El resultado es que tiene que irse por su propio pie.
¿Eso es lo que no me podía decir Jamie? ¿Eso es lo que no podía decirme Daniel? 
Vaya tontería. Tantos días trabajando juntos y no me conocen nada de nada. Un poco me duele, la verdad. No imaginaba que me vieran cara de idiota, o peor aún, cara de buena mujer.
Daniel ha conseguido rápido un nuevo trabajo. No me extraña. Espero que nos sigamos encontrando; en un pub, en Facebook o en el Hotel Gran Plaza del centro.

martes, 5 de julio de 2011

Diamantes para la eternidad

Una noche de pleno verano, estando mi hijo Lucas de doce años solo en casa, entraron por la puerta abierta de la terraza unos ladrones y le dijeron "¡tu tranquilo muchacho! si te quedas sentadito en el sofá, no te vamos a hacer nada" y se pusieron a revolver toda la casa. Justo nos cruzamos con ellos en la calle cuando se largaban en una moto. Entre otros objetos se llevaron el contenido de mi joyero.
¿Quién dijo que los diamantes eran para siempre? Menos mal que no tenía ninguno.

Que Monika y Seweryn lleven tres años viviendo como un matrimonio no les ha impedido llegar entusiasmados de España contándonos lo de su compromiso. Ellos celebran todo, la Pascua, la Navidad, el santo, el cumpleaños, el día que se conocieron, ¿el día que se acostaron?, con espléndidos regalos y máxima ilusión.
-Son bonitas estas ceremonias que hace la gente, me dice mi marido, fíjate en Seweryn y Monika, da gusto verlos.
-Sí, ......nosotros no nos sabemos ni la fecha de nuestro casamiento.
-Las mujeres en tu familia ¿todas han tenido su brillante?.
-Sí, creo que sí.
-Son bonitas esas ceremonias...... ¿a ti no te hubiese gustado tener un anillito?.
- Mmmmmm.
- Tú no eres una mujer muy de símbolos ¿verdad?.

Vaya de lo que me vengo a enterar, que si no me llevé un disgusto de muerte el día que entraron los ladrones fue por no haber sido una mujer lo suficientemente amante de lo simbólico.

lunes, 4 de julio de 2011

De compromisos


Seweryn compró un anillo en Polonia, lo guardó en  Inglaterra y lo puso en manos de Monika en España (estuvieron de vacaciones en nuestra casa).
Se lo conté a mi madre porque sabía que le iba a gustar.
-¿Sabes dónde se comprometieron?
-¿Dónde?
- En la escalinata de la iglesia.
-¡Oh! que bonito, que lugar más romántico.
-Si, él llevaba el brillante en el bolsillo a la espera de encontrar el momento y el lugar adecuados y mira, se lo fue a dar en el lugar más típico. Parece que estaba anocheciendo, que soplaba una brisa cálida, que el mar estaba calmo, con la luna imagino, todo ideal.

Mi madre me contó de niña que el tío Fernando, a la sazón un reputado cardiólogo de  Barcelona, en la época de querer comprometerse con la que iba a ser su esposa, se encontró con el problema de no poder comprarle a ella el brillante que merecía, pero eso no fue obstáculo y llegaron a la boda , con la promesa de que algún día lo tendría. 
Voy a detallar a continuación los ingredientes que a mi entender llenaban la historia de romanticismo a los ojos de mi madre de entonces:
  • Que el  hombre no era un desharrapado, sino un estudiante de medicina en su largo período de especialización.
  • Que en su carrera como doctor llegó a la cúspide. 
  • Que su novia no tuvo duda acerca de las obvias posibilidades de él.
  • Que no se conformaban con un pedrusco cualquiera.
  • Que ella, al poco, lucía una pieza tan fulgurante como su amor había demostrado serlo.
A continuación reescribiré la historia del tío Fernando sin los ingredientes arriba indicados:
"Mira hija, el tío Fernando era un muerto de hambre que se dedicaba a tocar la trompeta cuando conoció a la que iba a ser su esposa. Por caprichos del amor ella se prendó de él y le soltó eso de "yo contigo, pan y cebolla" adaptado a su manera como "yo contigo, pan con aceite", porque la chica era fina y por una diferencia de calderilla no iba a permitir que un aliento apestoso imperase sobre su relación. Él le prometió el oro, el brillante y todo lo que quisiera, pero como tenía la cabeza más llena de pájaros que de otra cosa, no pudo cumplir con sus objetivos y se vieron abocados a la miseria. Ahora están viviendo su amor bajo el puente, bajo el puente de piedra, allí estarán bebiéndose sus cervecitas y asándose palomas a la vera de otros mendigos. Tampoco es tan mala vida ¿no te parece hija?.

viernes, 24 de junio de 2011

Tres cosas de loca

Kitaj - Oak Tree
Llevo días mirándome las manos como si no fuesen las mías. Mi marido me dice que estoy loca, que me las ve igual que siempre, pero yo se bien que no estoy alucinando. Menudo susto se va a pegar el día que el alienígena ese que anda por ahí adentro descuajeringándomelas decida salir a la superficie. Espero que no suceda estando sentados a la mesa, porque nos puede dar un corte de digestión, y tampoco en la noche, porque entonces sería a mi que me agarraría algo si me levanto por la mañana y me lo encuentro rondando por el cuarto.

-¿Recuerdas cuando te caíste en el local de la calle Ecuador?, me dice mi marido.
Echada en el suelo empezaste a decir que te habías roto la pierna, que te habías roto la pierna. Eso también era de loca.
-No cariño, no. Tenía toda la razón. Escuché un crujido exactamente igual a cuando me partí la tibia esquiando. Lo raro hubiese sido que me hubiese levantado tan tranquila.
De lo que no me acuerdo es de si llegué a salvar las copas de cristal que llevaba en la mano con el maldito  postre que se me había ocurrido hacer.
-Sí, lo salvaste, pero no era el postre ese de tu madre, era un paté de champiñones.
-¡Champiñones!.
-¿Te acuerdas que me gustaba mucho?
-Si, pero no llevaba champiñones, ¿cómo iba a llevar champiñones si siempre me he visto aterrizando delante de todos con las copas de los tres colores en la mano?
-Nunca más lo has vuelto a hacer.
-¿El postre?.
-No, el paté de champiñones.
-No, no eran champiñones, ahora lo veo. Era una bandeja de nata montada y unas guindas que acababa de ir a comprar a  la granja de la esquina para culminar las copas que tenía a medio hacer. El paté vino después, lo servimos en la misma fiesta, pero ese ya estaba listo desde temprano.

-¡Y lo del blog!. No me digas que eso no es una locura. ¡Un blog para hacerse millonaria!, me dice.
-De acuerdo. En eso te doy toda la razón.

miércoles, 22 de junio de 2011

Break III

S.M.
Por fin se ha hecho el silencio. Acaba de irse el señor filipino que estaba hablando por teléfono. Por el tono y el volumen que usaba diría que su interlocutor era un pariente cercano que lo atendía desde mucho más allá.
Estoy sola y bien arrellanada en un sofá del salón social del hostel. Me conforta el calorcito del sol que pega en el ventanal. Hoy no he ido hasta la biblioteca para ahorrar energía.
El hombre de ojos rasgados ha hecho que acudiera a mi cabeza las siguientes anécdotas:
  1. Alison me contó que su madre al ver la reproducción no del todo nítida del mapa de su pueblo que salió de la impresora recién conectada al ordenador de su casa, le dijo a mi amiga que en ese caso no era problema, pero que si teniendo el pueblo ahí mismo sacaba ese plano medio borroso, qué iba a pasar cuando quisiese imprimir el mapa de algún lugar lejano.
  2. Mi abuela, al poco de instalar el primer televisor en casa, se quedó desilusionada cuando fue de visita a la de una amiga y se encontró con que la misma mujer que se le presentaba a ella cada día para darle las noticias se aparecía también en el salón de la otra. Su cabeza bullía tratando de analizar los trajes de la presentadora para dilucidar en cual de los dos aparatos lucía más elegante.

martes, 21 de junio de 2011

Break II


Imagen del compuesto contra el Alzheimer
Me encuentro de nuevo en la Central Library de Cambridge. Anteayer al salir de aquí me compré un bañador de natación. Para llegar hasta la bicicleta tengo que cruzar por entre un mar de tiendas. La lycra de mi anterior bañador ha empezado a sucumbir a los efectos del cloro.
A este cubo acristalado de tres pisos que es la biblioteca se accede por la segunda planta del centro comercial en el que está englobada. Un despistado podría cruzar sus puertas creyendo que se está metiendo en un John Lewis o en un El Corte Inglés, pero pronto saldría de su confusión; el ambiente se nota muy diferente a un lado u otro de esas correderas de vidrio.

Esas puertas de la biblioteca, cuya transparencia las hace pasar por inocentes, deben de estar dotadas de un poder muy especial. No creo que por ser inanimada no puedan influir. Como diosas se deben de sentir jugando a su antojo con el personal; casi puedo escuchar su cancioncilla: "Este sí, este no, a este lo modifico yo".

domingo, 19 de junio de 2011

Break I

En Lions Yard - S.M.
Estoy en la Central Library de Cambridge. Vine por una hora y llevo media bregando con claves y contraseñas. Por fin he dado con la manera de conectar mi portátil  a internet a través del Wifi de esta biblioteca.
Me vendrá bien encerrarme en este lugar si no voy a nadar, de otro modo trabajar por las tardes no iba a salirme rentable. Hoy he vuelto a entrar en HyM y me he comprado un vestido de florcitas con la espalda al aire. Por siete libras no lo he podido evitar. Han comenzado las rebajas y tengo casi toda la ropa de verano en Barcelona.
Están anunciando por los altavoces que van a cerrar en diez minutos.
Estoy sentada en una mesa grande con otras cinco personas sumergidas en sus otros tantos ordenadores portátiles. Tengo a la derecha un paisaje de tejados que me entra por la ventana, muy bonito. Me sentiría más a mis anchas estando sola. Los otros parecen estar por completo en lo suyo,  ¿porque entonces a mi me pasa que tengo la cabeza bailado de ellos hacia mi o de mi hacia ellos sin lograr concentrarme demasiado en lo que estoy haciendo?.
Hoy es domingo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Una cocina sin salero


En Park Terrace - S.M.
En marzo el gobierno británico anunció una reducción del veinticinco por ciento en el número de visas que serían concedidas a estudiantes "de ultramar". Algo escuché por la radio en su momento. Ahora Daniel, mi compañero de trabajo búlgaro, se  ha visto afectado por la nueva normativa. Lo llamó la directora a su despacho tras la jornada y al día siguiente ya no pudo volver. Solo podrá reincorporarse si en el plazo de una semana presenta el papel de un color que le ha solicitado.
La sorpresiva noticia nos dejó mustios en la cocina.
Chris, el chef, también nos acaba de dejar.
No veo que solución pueda tener lo de Daniel.
Ayer Jamie no levantaba la vista de sus sartenes. Estábamos los dos solos y ni me hablaba. Andaría por dentro comiéndose viva a la directora. Ella antes era su amiga. En otras épocas se la hubiese comido muy a gusto. Él se alegró mucho cuando la nombraron para dirigir esto. Pero las cosas cambian.
Algo estaba pasando ultimamente entre la cocina y la dirección. Por eso Chris se ha ido.
Jamie piensa que, de haberse esforzado algo, ella hubiese podido arreglar las cosas para Daniel.
La cuestión es que sin Chris, sin Daniel  y con Jamie cabreado el ambiente en la cocina va virando hacia lo soso.

martes, 14 de junio de 2011

Evocación

Marcel Proust por J. Émile
Algo tiene el jardín trasero de nuestra casa en Ramsden Square que me transporta hasta el terrado de piedra en el campo donde nos sentaban a los niños a comer en una mesa redonda instalada junto al  pozo en que si tirabas una piedra no llegaba el sonido de su impacto contra el agua hasta pasado mucho tiempo. 
Lo mismo me sucede cuando atravieso los parques en bicicleta. No puedo despegarme de la sensación de estar avanzando por los campos de la masía en la que pasábamos temporadas de pequeños.
Ni mi madre ni mis hermanas corroboraron estas impresiones cuando estuvieron aquí.
-¿Esto con aquello? Nada que ver.
A lo mejor es porque no llegué con ellas hasta las extensiones de hierba del parque de Midsummer Common. O puede que todo se reduzca a una cuestión de bicicleta.
Lo que a mi me parecía extraño es que mis hermanas tuvieran casi borrada a esta ciudad de sus cabezas siendo que en sus adolescencias habían pasado en ella un mes cada una. Ambas conservaban sin embargo la imagen lejana de cruzar por un cementerio para ir a clase. Menos mal. Así pudimos reconstruir que habían estado alojadas en el barrio de Chesterton.

Daba cosa asomarse al pozo.  Pobre del cubo que partía por nosotros hacia esas profundidades.

viernes, 10 de junio de 2011

Esta jungla mia

Frida Kahlo
Algo había escuchado acerca del monstruo que anda suelto por este mundo mío atacando a la gente. Sabía de su existencia pero nunca lo había sentido demasiado cerca. Ahora sus zarpas ya me alcanzan y como en una pesadilla temo acabar devorada.
Con todo, agradezco mucho haber nacido y vivir en esta jungla que me ha tocado en suerte, donde si salgo cansada del trabajo, siempre me puedo ir a deslumbrar comprándome un bikini rosa y un sombrero panameño a una tienda de la multinacional sueca HyM por el  precio de lo ganado en dos horas y media de trabajo descontando los impuestos.
En la puerta de HyM me encontré a Ruth, la chica de Palencia que trabajaba en invierno limpiando en otra ala de las oficinas de la farmacéutica. Me dijo que ella abandonó el trabajo tres semanas después de que yo lo hiciera. El jefecillo que nos contrató llegó a sus propias conclusiones: “Sois unas informales”. Ruth supuso que en ese plural estábamos incluídas ella, yo y por extensión todas las españolas habidas y por haber.
Ruth iba acompañaba de un amigo andalúz. Hacía calor. Se acababa de comprar una camiseta rallada de tirantes. Se la veía más relajada que en invierno, quizá esa tienda la sacaba del estrés. Ha conseguido trabajo parcial en un College y está estudiando inglés.
En el College gana más y  no la exprimen hasta la última gota; ventajas de haber entrado en una institución universitaria y no en una máquina capitalista de picar carne humana.

jueves, 9 de junio de 2011

Danzando en la oscuridad

Lucien Freud - Double portrait
Tuvimos una cachorra de pastor alemán que vivió tres meses. Llegó a casa con uno y medio. La llamamos espurna, chispa en catalán. Enseguida empezó a dar muestras de que algo no andaba bien en ella. Tenía los ojos tristones y legañosos que te miraban muy dulce y que parecían implorarte que hicieses algo por ella. Casi no podía tenerse en pie y no lográbamos controlarle una continua diarrea maloliente que inundaba nuestro salón, vacío de todo en ese momento.
Me di cuenta de lo mucho que había brillado para mi cuando el veterinario dijo que habría que sacrificarla.  
Me acordé de ella esta mañana cuando sonaba por la radio la canción  Dancing in the dark de Bruce Springsteen. "No puedes encender el fuego, no puedes encender el fuego sin una chispa...", dice en inglés el estribillo.

martes, 7 de junio de 2011

The Eagle

Rosalind Franklin
John, mi amigo y peluquero en España quería hacerse una prueba de ADN para averiguar de dónde provenían sus antepasados más lejanos. Por sus generaciones próximas no sentía la misma curiosidad. Soy tan inglés, decía, que seguro desciendo de una tarta de frutas y un bate de cricket. 
También mi amiga Alison debería remontarse mucho en el tiempo para encontrar ascendientes suyos fuera de las islas británicas; es por eso que me resultaba raro hacerle de cicerone en una ciudad que puede que ella lleve engarzada en la estructura helicoidal de sus moléculas.
No por nada la conduje a tomar unas cervezas al pub The Eagle, el mismo al que el veintiocho de febrero de mil novecientos cincuenta y tres entraron dos de sus parroquianos, el biólogo estadounidense James Watson y el biofísico británico Francis Crick, anunciando que habían descubierto el secreto de la vida, y alterando menos con la buena nueva el ambiente que si hubiese asomado por la puerta una mujer atractiva, como es natural.
Esos dos jóvenes investigadores teóricos del Laboratorio Cavendish, apoyados en los cruciales resultados experimentales logrados por la biofísica y cristalógrafa Rosalind Franklin y el biofísico Maurice Wilkins, descifraron la estructura molecular del ácido desoxiribonucleico (ADN), la sustancia química que lleva codificada la información genética según la cual cada organismo vivo se desarrolla, funciona y se perpetúa en su especie. 
Rosalind Franklin, nacida y enterrada en Londres a sus treinta y ocho años, se graduó y obtuvo el doctorado en física química en la Universidad de Cambridge. Maurice Wilkins, británico de origen neozelandés, cursó sus estudios de física en dicha universidad también.
Así que esta ciudad tiene que ver y mucho con toda la movida que hubo hasta llegar al mayor descubrimiento biológico del Siglo XX, base del desarrollo de la biología molecular y del mapa del genoma humano. El "clic" que dio encaje a  todas las piezas del puzzle aconteció a pocos minutos caminando de la mesa del pub en la que nos sentamos Alison y yo, a cuya pared está adherida la placa dorada que reza: "En este lugar se hizo público por primera vez el anunciamiento.....".
Con nuestras pintas de cerveza en la mano y en ese ambiente evocador de tantos hechos de real importancia Alison me contaba de su ex suegra  la historia que yo quería volver a escucharle.
Ojalá Rosalind hubiese podido tomarse unas cervezas con una amiga en este pub tan relajadamente como nosotras lo hicimos ese día.

jueves, 2 de junio de 2011

Un sueño

 Balthus - La Chambre
Hoy he soñado que subía a un autobús que tenía que llevarme a algún lado pero que terminaba dejándome a las puertas de la casa que había fotografiado por fuera unos días atrás, llena de flores blancas  en su frente. Ya en el interior, su moradora, sin habérselo pedido, me iba dando acceso a sus diferentes estancias con indolencia. Nos movíamos por una planta baja de altos techos y amplias habitaciones oscurecidas por postigos cerrados, semejantes a algunas de mi infancia estival o a las imaginadas  a través de alguna de las novelas del escritor colombiano Gabriel García-Marquez. Ella iba arreglada como sin quererlo con un vestido de gasa estampada en pequeños motivos y suave color, y un anillo en su mano derecha que llevaba aplicada una gran flor a base de puntillas. La sortija era parecida a la que en vigilia le había visto lucir a Lily Allen en la portada de una revista. La mujer del sueño sujetaba  en los brazos a un bebé con un adorno en flor exacto al de su madre prendido de la cinta que rodeaba su pelona cabeza. Una colchoneta tapizada en azul pálido abarcaba todo el suelo de la estancia en la que dormitaban en semi penumbra sus otros dos vástagos.
Por la escalera que daba al salón vimos descender a un hombre. Sus pasos decididos contrastaban con la quietud de la casa.  Era alto, delgado, de pelo castaño y bigote poblado. La tinta escrita de su apellido español destacaba mucho en el sueño sobre la carta más visible de la bandeja con el correo recibido. Se acercó a su mujer, le dio un beso en la mejilla y salió de la casa dejándola en mi compañía.
Me gusta la música de Lily Allen, si bien puede que ella se colara en el sueño a través del anillo únicamente para desvelarme que me encontraba en presencia de una mujer inglesa de la sofisticada sociedad. Lo seguro es que me había quedado bastante rato observando las fotos de la  cantante y compositora en el suplemento dominical de un diario. Me fascina esa mezcla de tradición, modernidad y extravagancia que se da en este país, y quería dilucidar en que proporción en ella se combinaban. 

miércoles, 1 de junio de 2011

Trabajo doméstico

Tejados ajenos -  S.M.
Si hay algo que de veras anhelo en la vida es no tener que limpiar nunca más; no me refiero a la casa del vecino, me refiero a no tener que limpiar nunca más el lugar en el que habite. Hay un abismo de diferencia entre las personas que tienen que hacerlo y las que no. Si algún día lo consigo me sentiré una mujer realizada.
Tendré que esperar un poco todavía.
Please darling, le dirá en el futuro Terry, mi robot capataz a Max, y sin más se pondrá este a trepar por la casa limpiando toda superficie humedecible. Entretanto Holly se afanará en las áreas secas del salón y las habitaciones. En el exterior Terry tendrá que supervisar también a  mi robot jardinero y a mi otro de mantenimiento, haciendo que de tanto en tanto se suba por el tejado a revisar las tejas.
Si me sacan de todo eso los voy a querer cantidad. De hecho le tengo bastante afecto a nuestros electrodomésticos en España y ni tan siquiera me  hablaban.

lunes, 30 de mayo de 2011

My niece

En Midsummer Common - S.M.
Sí, tengo una sobrina que es novia oficial de un jugador del Barça. Me da la sensación que allí donde yo selectivamente he dejado caer esa información mi prestigio ha aumentado por lo menos un grado.
Juro por mi madre lo que acaba de pasar. He tenido que interrumpir este escrito para ir a atender a la puerta y era Yogui, el mayor de nuestros vecinitos paquistaníes que venía a recuperar el balón que se les había desviado hacia nuestro jardín. Será porque yo estaba sobre el tema y porque él no para nunca de jugar al fútbol con su hermano que se me ha ocurrido comentarle lo que ya he hecho público aquí. Por supuesto que lo conocía. No me ha dado tiempo a cerrar la puerta que ya estaba escuchando la palabra "niece" en la de al lado.
Pasado el impensable susto de salud que se llevó mi sobrino, hermano de la novia del futbolista, ahora está él totalmente recuperado y feliz de la vida como siempre. Así que se fue a Londres en el día del partido decisivo con su padre y su hermana; feliz también por codearse con toda la parentela de los jugadores.
 

domingo, 29 de mayo de 2011

Con el aire a favor

Parker's Piece - S.M.
El verano pasado, el once de julio del dos mil diez, el equipo español de fútbol se alzó en Sudáfrica con la Copa del Mundo. Igual que cualquier otro lugar en el planeta, la ciudad de Cambridge enmudeció durante el partido; caminando por Mill Road veía a los cafés bullir de expectación mientras me apuraba en llegar a mi provisional casa de recién llegada  para poder contemplarlo como cualquier parroquiano de bien. Lo consiguió España y los polacos del piso de mi hijo me sacaron una cerveza para que lo celebrara. Hubiese pensado que se alegraban más ellos por mí que yo misma, de no ser porque fui la única en permanecer pegada frente al televisor mucho más allá de la hora en que el partido acabara.
El español Rafa Nadal ya se había hecho por esas fechas con el trofeo francés de Roland Garros, que en estos finales de mayo se está de vuelta disputando en París, y fue también luego proclamado campeón sobre la hierba inglesa de Wimbledon y sobre el suelo duro del US Open norteamericano.
Ayer el F.C.Barcelona ganó la Copa de Europa en el estadio londinense de Wembley, arrasando al británico Manchester United en el partido final de la Champions League.
¡Viva el Barça! ¡Viva el Barça!.
Aunque no soy muy de fútbol, ni muy de patria, reconozco que notaba ese calorcillo  reconfortante en el alma que da la victoria mientras veía desfilar por la tele a mis triunfales jugadores. Más teniendo en cuenta que uno de ellos es el novio de mi sobrina, y que mi hermano Mateu, junto con ella y otro de sus hijos, se encontraban también en el estadio.
El chico de Girona, por el cuál contratamos via internet los cursos de inglés para Lucas en su escuela y no en otra, nos dijo, tras conocerlo en Londres, que llegábamos con el aire a favor ya que los españoles estaban gozando en ese momento de buena fama en el país; los españoles y los latinos en general.
Puede que por el mismo fenómeno que hace que una mujer encinta vea embarazadas por doquier o un enyesado a otros con escayolas , yo escucho hablar mucho de España por la radio. Lo bueno es que siguiendo esa lógica deberían llegar a mis oídos tanto  los comentarios adversos como los elogiosos y sin embargo son muchos más los que me alagan, por lo que me toca, que los que no.

sábado, 21 de mayo de 2011

Please darling

    Junto a Parker's Peace - S.M.
Tras larga espera, en el intervalo de una semana han venido a Cambridge mi madre con mis dos hermanas por una parte y Alison por la suya.  Todo salió perfecto en ambas ocasiones, aunque ahora estoy tan agotada que ni siquiera podría escribir sobre ello.
Mi aplicación en el hostel es tan intensa que el día libre lo necesito absolutamente para quedarme sentada frente al ordenador sin mover un músculo. Si en lugar de ello me la paso de aquí para allá haciendo de guia turístico y con la emoción de los encuentros, a la postre hasta las neuronas se me quedan carbonizadas.
A lo que me ha llevado desempeñar una función tan abrillantadora es a que nadie me vea en otro posible papel. Eso sí, todos me quieren mucho, sobre todo en la cocina. Entre risa y risa no desaprovecho la ocasión de hacerle saber a Chris, el chef,  lo buena cocinera que soy, pero de momento tengo que conformarme con cortarle, please darling, unas piñas en rodajas de tanto en tanto. El otro día tuve que verlo ante mis ojos instruyendo a un novato en los fogones en la fritura de unos huevos en tanto que mi experiencia y yo andábamos arrastrándonos por los suelos restregando en cuclillas patas de acero.
En todo caso, la cocina es mi lugar favorito. No huele a nada, no pasan por mis manos los grandes  cacharros y estoy rodeada de gratos muchachos, además de que Chris me saca de ella para servir la comida caliente a los clientes que pasan por el autoservicio. A veces Daniel me acompaña en la labor, a veces Jamie. A Jamie y a mi se nos van los ojos tras la gente. La nuestra es una estupenda plaza de observación.

domingo, 15 de mayo de 2011

Boda Real Británica

       Candle in the Wind
Los escritorios que tenía a mi cargo para ser limpiados en las oficinas de la empresa farmacéutica contaban todos con idéntico equipo informático y terminal telefónica. Se daban algunas adaptaciones personales en el teclado, la almohadilla reposa-muñecas, el ratón y su alfombrilla. En lo que hace al resto la cosa se parecía bastante a lo detallado a continuación, aunque bien que multiplicado.
1: Fotos de familia / mascota / cosmético / chuchería / zapatos en el suelo. 2: Fotos de familia / manualidad escolar / taza / cosmético / mascota. 3: Fotos de animales / tarjeta de felicitación / pieza de fruta / cosmético / reloj . 4: Fotos de familia / mascota / bol / caja de cereales / zapatos en el suelo.
Yo avanzaba por entre ese mar de escritorios, que se me presentaban como ominosos en su tantísima repetición.
Dos mesas me libraban del sentimiento de estar metida en el escenario de una pesadilla.
Una de las dos la supuse ocupada por una mujer negra por la foto de un hombre con niño y niña que tenía apoyada ahí a la vista, muy guapos los tres y con la piel de ese color. Ella decoraba su espacio sin mesura. Para Halloween su equipo informático apenas asomaba de entre tanta serpentina, calabaza, esqueleto y murciélago. En Navidad, un abeto sobre la mesa la obligaría a escribir de costado y unos nutridos espumillones corrían por sus altos alcanzando sus topes y más allá. Los redondelillos de confeti dorado nunca terminaban de desaparecer del todo en ese punto.
Él era diferente. Así lo era al menos su mesa. Lo primero por la foto siniestra. El retrato en sepia del rostro de una mujer bonita. De lo más inquietante, y que nunca supe bien porqué. El caso es que, si me tomaba por sorpresa, con seguridad que me sobresaltaba. Había además en esa mesa una disposición extraña y cambiante de los objetos que me sacaba a menudo del automatismo. Varios cinturones de cuero dispuestos a lo largo sobre el teclado. Inhaladores como para el asma, no pocos, alineados, agrupados o desperdigados de punta a punta. Una felicitación navideña de lo más convencional, y que ahí quedó. Un día le hallé un ojo; una pelotita blanca con iris verde y venitas rojas pintadas alrededor. Me entró la risa; ni que el ocupante de la mesa lo hubiese puesto a propósito. Una vez lo vi. Andaría en la treintena, delgado y rubio, no sé si guapo, de atrás lo parecía. Se sacó el cinturón, se ajusto los pantalones de franela gris con unas tiras reflectantes, se enfundó sobre la camisa blanca una chaqueta de ciclista ajustada y de la mano de su mochila desapareció por el pasillo. Se me antoja que ese hombre, si es que no tiene algún percance, puede muy bien llegar a ser director general de la compañía.
En una tercera mesa apareció un día colgada la foto oficial del compromiso de boda del príncipe William con la señorita Kate Middleton. Lo creí un gesto singular. Las cosas hay que vivirlas para aprenderlas. No es que no supiera del fervor inglés por la monarquía; incluso que estoy empapándome a diario de las lágrimas que el pueblo soltó por Diana de Gales en tanto trato de entonar junto a Elton John la canción que adaptó para ella en su funeral. Así que lo sabía, pero no. Para aprenderlo he tenido que tocar con mis propias manos los banderines patrios colgados del techo de la recepción o un delantal con el retrato de la parejita en el hostel, u hojear los catálogos de ventas a distancia repletos de modelitos royals, inspirados en sus majestades, para ser lucidos en partys, o fiestas montadas en las casas o en los barrios para celebrar el acontecimiento. Ahora lo sé, como sé que el día del casamiento fue declarado de fiesta nacional, y como sé todavía mejor que no me pagaron extra en el trabajo por ser una de las pocas personas en el Reino Unido y mucho más allá que no estábamos embobadas frente a una pantalla en el momento del sí quiero.

sábado, 14 de mayo de 2011

1º de bachillerato

Midsummer Common - S.M.
Me acaba de llamar Simón por Skipe para saber donde estaba guardado en casa el documento que atestigua que finalizó en Madrid sus estudios elementales, se lo piden en su antiguo Instituto para poder proseguir con el bachillerato. Ha hurgado en los cajones y ha encontrado algunas cartas dirigidas a la atención de los padres y mandadas desde dicho centro educativo, en el cual cursó desde los doce años las materias pertinentes sin aprobar casi ninguna.
A continuación reproduzco la misiva más corta de las que mi hijo me ha leído como muestra del calibre de los problemas con los que tuvimos que lidiar.
En Catalán
"Es muy importante y urgente que Simón reciba atención de un especialista en salud mental a fin de garantizar su propia salud y eventualmente la de todos los miembros de la comunidad educativa".
Esta mañana a vuelto él tan campante a ese lugar a fin de inscribirse en 1º de bachillerato para el próximo curso.
Le he preguntado si no le han saltado las alarmas al edificio al verlo aparecer, pero parece que todo está bastante cambiado. Cuando menos vi hace dos años que estaban  acometiendo en las instalaciones una reforma integral y hay un nuevo instituto en el pueblo que espero haya aligerado la presión en este.

jueves, 12 de mayo de 2011

El espejo

The Golden Days - Balthus
Disponer de un espejo me ha cambiado mucho el panorama. No es que lo necesitara demasiado para combinar el vestuario, esa tarea la tengo olvidada de momento y a mi básico uniforme negro de pantalón de aeróbic y camiseta es fácil de acertarle los complementos, sin embargo para marcarme unos movimientos de cadera o para saber por dónde enderezar la espalda en algunos ejercicios de gimnasia sí que se me hacía imprescindible. Además de que me gusta mirarme porque sí; llevo toda la vida haciéndolo; no iba a desacostumbrarme en Inglaterra del gesto de coquetería más universal que debe de existir.
Ahora que se ha ido Simón esto es el paraíso en cuanto a espacio habitable se refiere. Desde luego que mi hijo no quedaría afectado por este comentario, sabe bien que lo pasamos divinamente con él aquí y que fue decisión suya regresar; además de que cualquier chico de su edad lo envidiaría este verano; solo en casa y al lado de la playa.
Mi marido ha emigrado a la habitación que ocupaba Simón y yo he regresado a mis antiguos dominios en el escritorio de mi cuarto en lugar de andar de aquí para allá con el portátil. Como estos chicos con los que vivimos, Monika y Seweryn, son increíbles y tienen de todo (el espejo era suyo), nos han sacado asimismo del trastero una hermosa tabla que amplía considerablemente la superficie de trabajo de mi marido y da cabida a su gran pantalla, su torre, su impresora y todo lo demás.
Ahora mi marido no se verá obligado a irse a la cama cual gallina en cuanto anochece o yo podré dormirme sin bombillas encendidas y sin sonido de tecleo para levantarme al amanecer, también cual gallina aún, mas una gallina descansada.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Costumbres culinarias y demás


Oleo de Giorgio Morandi
Simón hacía la lista antes de irse de las cosas a las que aquí se habituó y que echará de menos en España. Por ejemplo, que los comercios y oficinas de servicios mantengan sus puertas abierta a la hora que se corresponde con el parón hispano de la comida, o en lo culinario el  hummus, esa crema untable de garbanzos propia del Medio Oriente que aquí se compra en cualquier supermercado y que en España  hay que buscar en tiendas especializadas o preparar en casa; así que ahora le va a faltar.
El otro día en el hostel una señora canadiense muy jovial se afanaba en elaborar unos muffins en la cocina comunitaria a fin de celebrar el cumpleaños de su hija, tan crecida como los mios y que la miraba hacer. La mujer se lamentaba por no haber podido encontrar en el supermercado ningún ingrediente igual a los que ella utiliza en Vancouver para prepararlos. Así que serían unos muffins hechos con puré de calabaza, en lugar del de papaya. Me parece a mi  que la mayoría de cocineras familiares de clase media española sentirían rechazo por el contenído de ambos botes por no haberlos visto nunca en sus despensas; aunque bien  se lamentarían por no poder encontrar aquí los elementos imprescindibles para preparar una paella "como Dios manda".
Mi madre preparó una vez ese arroz típico del país,  lleno de sepia, gambas, cigalas, almejas y mejillones para agasajar a unos chicos suizos amigos de alguno de sus hijos y los muchachos se vieron en apuros para desligar el grano de entre tanto bicho raro.
Yo le dí a probar a Jamie  un pan crujiente regado con aceite de oliva virgen y sal, y por su expresión  y la mano en  el cuello al tragar me di cuenta de que le raspaba en la garganta como si estuviese engullendo un montadito de esponja empapado en gasolina. Por mi parte tengo que desviar la vista para no indigestarme cuando lo veo beber a grandes sorbos de su tazón de leche tras echarse al buche una buena cantidad de spaguetti alla bolognese.
A la habitación de la señora canadiense e hija no le falta de nada. A lo habitual para alguien que está de tránsito ella, la madre, ha añadido dos jardineras con flores en el alféizar de la ventana, estantes de tela y colgadores en el armario, colchas y alfombrilla para los pies a la litera y cojines en los asientos. Me aclaró que por tres semanas de estancia merecía la pena acomodar el ambiente como para sentirse en su propia casa.
Yo misma no acierto a explicarme porque en agosto pasado solo veía paquetitos de a tres melocotones esmirriados o lánguidas hojas de lechuga envasadas como todo vegetal en los supermercados y ahora los encuentro bien surtidos. Tendré que fijarme en este nuevo año, para saber si era víctima de un choque cultural o si de verdad desaparecen las frutas y verduras de los estantes refrigerados en cuanto terminan los cursos universitarios, o en cuanto sus distribuidores se largan a España a tomar el sol. 
Como la señora de Vancouver acabo de añadir a mi dormitorio un elemento que echaba mucho, mucho de menos y que ha elevado considerablemente el nivel de semejanza entre nuestra morada inglesa y la que dejamos atrás: Un espejo de cuerpo entero, o casi.

jueves, 28 de abril de 2011

Intoxicación

Barrio de Chesterton - S.M.
En los últimos tiempos de estar en España me sentía un tanto intoxicada. 
No tengo nada personal en contra del país, me hubiese sucedido lo mismo en cualquier otro que fuese el de mi origen. De hecho España está muy bien. Una supuesta ruta de un mes por toda su geografía tendría que dejar a la fuerza satisfecho a cualquier turista perceptivo por la variedad de ciudades hermosas, paisajes y personas.  Allí se goza como en cualquier otro sitio civilizado de las calles, de la familia y de los amigos. Se encuentran buenas materias primas  para elaborar ricos platos y tiene el sol como ventaja, si gusta el calorcito, con respecto a otros países europeos situados más al norte. También tiene de favorable que no está amenazada por los grandes fenómenos devastadores de   la naturaleza.
En España iba mucho al cine, leía, miraba videos, iba al gimnasio (echo de menos las sesiones de baile latino con Yolanda)  y tenía a mi gran familia cerca.
En el último año también viaje mucho por la península, incluído Portugal, acompañando a mi marido y a sus editores en los recorridos de promoción de su última novela.
Disfrutaba de la vida y de todo allí, pero quería alejarme. Algo me decía que tenía que hacerlo.
Cualquiera sabe que lo ingerido por la boca pasa de últimas a la corriente sanguínea y de ahí a transformarse en cuerpo y energía nuestro. Nada desaparece. Si  algo ya no está es porque se ha transformado en otra cosa.
Por eso me preguntaba qué pasaría con todas esas cosas que por no ser comestibles deberían de andar por ahí vagando, adentro mio, sin ver el momento de ser largada al exterior en forma de algo.

domingo, 24 de abril de 2011

Primavera


Christs Pieces - S.M.

Estamos a veinticuatro de abril y es domingo de Pascua. Los huevos de chocolate escondidos en los jardines van a llegar derretidos a las manos de los niños que los encuentren. Llevamos semanas disfrutando de temperaturas cercanas a las de junio en el Mediterraneo y rastro cero de lluvias.
Los parques se han llenado de carne blanca expuesta al sol, casi roja en el  cogote de los muchachos sin camiseta y en zonas de los pies recién liberadas de los zapatos cerrados; esa es al menos la que me llama la atención.  Muslos, brazos y escotes de todo volumen dejados al aire por ligeros vestidos recién  reencontrados en los armarios.
Traté de captar con la cámara la explosión floral en los árboles que se dio en cuestión de días. Al natural es precioso de ver, en foto, una tras otra, resulta un tanto empalagoso.
Ahora son las seis de la tarde, todas las puertas y ventanas de la casa están abiertas, escucho a los niños vecinos jugando afuera al balón. No anochecerá hasta las ocho y media. Bajaré a poner unas truchas al horno. Simón y yo volveremos a cenar en el jardín sin una brisa fresca que nos obligue a taparnos. Por contra mi marido y Lucas están en Barcelona envueltos en jerseys y viendo llover a través de los cristales.
Los ingleses que reservaron plaza en las costas españolas para tumbarse al sol durante la Semana Santa regresaran blanquitos y malhumorados a sus lugares de origen.

sábado, 23 de abril de 2011

Chicos malos

John Lennon & Mick Jagger
Alex se apareció por la mañana con un ojo totalmente amoratado. Mientras  llenabamos las bolsas de lona amarilla con sábanas limpias para subirlas a las habitaciones le pregunté mediante un gesto si había sido cuestión de puños, y así era. De Daniel no me hubiera extrañado, él más bien debe dar que recibir porque lo he visto varias veces con la mano averiada, pero de Alex no me lo esperaba, puede que por su aspecto angelical y sus modales suaves. Le dije que me alegraba saber que había otros chicos encantadores, aparte de los mios, que amanecian alguna vez en su vida con huellas pugilísticas en el rostro. Me causó gracia su pregunta: ¿Tus hijos son bad boys?. Yes, of course, le afirmé con mirada cómpliceÉl también había recibido por salir en defensa de alguien y me felicitó por tener hijos que reaccionara como él ante la bravuconería de los demás.
Bad boy. Lo escuché por primera vez en España dos años atrás en boca de una clienta inglesa refiriéndose a su marido. Creí que se le había ocurrido a ella y me resultó muy tierna en su expresión. Ahí puede notarse que mi intromisión en el panorama anglosajón es de muy reciente cuño. Bad boy tiene una fácil traducción al español, chico malo, pero en el cambio se pierden las connotaciones amables que en inglés posee.
A ese matrimonio británico al que atendí poco antes del cierre de la última inmobiliaria en la que trabajé le debo el refuerzo de la pista de por dónde debería andar en mi futuro. Querían ver pisos de alquiler. Buscaban cuatro dormitorios, gran salón, terraza, ascensor, garage, piscina y entorno agradable. A la salida del primero que les mostré me invitaron a su apartamento. Lo hicieron para que me diera una idea de lo que andaban buscando, algo espectacular, pero también es cierto que nunca antes nadie me había abierto las puertas de su vivienda con tanta confianza, ofreciéndome además té, asiento y conversación. Charla en inglés, nada menos; yo no sabía nada, pero ellos tampoco español. Eran muy guapos y elegantes los dos, andarían por los setenta y algo. El había sido capitán de la marina mercante. Se dedicaban ahora a pintar cuadros y a navegar por afición tres meses al año en un velero por las islas griegas, además de viajar con frecuencia a Inglaterra para visitar a los hijos.
Seguí mostrándole pisos a ella. Hubiesemos podido ser amigas. Hablamos de intercambiar lecciones de idioma, pero se habrá encontrado la oficina clausurada si es que regresó. Su marido pasó por un cáncer que lo llevó hasta el borde de la muerte. Me dijo que lo salvó la atención medica recibida en el hospital de nuestra comarca por parte de un médico joven que se volcó en ellos y que ahora ella considera casi como a un hijo  por haberle devuelto a su bad boy.

viernes, 22 de abril de 2011

Hetty y Henry

Mis amigos Hetty & Henry - S.M.
"Cuando vayas a los sitios no te esfuerces en presentarte por tu nombre ni en memorizar el de los demás, a los españoles el nombre no les interesa", Alison se llevó esa lección desde Inglaterra al mudarse con su familia a España dieciocho años atrás.
Yo también llegué aquí pensando que los ingleses mantienen siempre una cierta distancia física y dispuesta a olvidarme del aceite de oliva y del buen vino y resulta que me siento en el hostel cual peluche abrazable y compro botellas de oliva virgen y tintos excelentes a precios equivalentes a los de mi país.
La hiladora Jenny de la anterior entrada me hizo acordar del comentario de Alison, además de que esta mañana he pasado el  aspirador Henry por las moquetas y Alex lo ha hecho a su vez con la aspiradora Hetty. Aunque es  probable que a estas alturas también estén bautizando en España, a una incubadora, a un satélite o a una máquina de hacer churros.  También hoy empecé una conversación mientras hacía las camas con dos muchachos catalanes de Malgrat de Mar que a base de aireación y perfume habían conseguido reducir a la nada el tufo a pie de las zapatillas que acababan de largarse con su propietario a la calle.  Lo segundo que me preguntaron fue mi nombre.
Con tantos cambios por todos lados, lo mejor para acertar es quedarse callado. 

jueves, 21 de abril de 2011

Spinning Jenny

La Spinning Jenny fue una máquina hiladora multibobina inventada a mitades del Siglo XVIII en Lancashire, Inglaterra, antiguo Condado de Lancaster a trescientos treinta kilómetros de Cambridge en dirección noroeste. Dicha innovación técnica revolucionó la industria textil al reducir a un solo trabajador fabril la tarea antes a cargo de varios artesanos especialistas. Se la considera junto a la máquina a vapor símbolo y arranque de la era industrial.
Así que podría decir que estoy instalada en el país que dio origen al mayor salto evolutivo de la humanidad desde los tiempos en que a algunos de nuestros antepasados se les diera por empezar a domesticar plantas y animales en lugar de salir a buscarlos por ahí. Podría decirlo, pero no lo digo, porque es posible que la ola de progreso en la que ahora mismo estamos sumido sea de tamaño descomunal y sin precedentes.
Aún con todos los méritos que no le saco y el cariño que le tengo a este país, desde una posición como la mía habría que estar muy atento en la actualidad para notar los ecos de esas épocas de esplendor británico. Se me hace difícil de creer al toparme con lonchas de jamón dulce cortadas de cualquier modo entre las finas habituales de un paquete industrial para sandwiches, o al constatar que el transporte público se aleja bastante de la perfección o al enterarme por la radio de que las carreteras se colapsan al menor incidente.
Tampoco siento que esté en un país mejor que el mío de origen en lo que se refiere a seguridad e higiene. Hay aquí mucha normativa al respecto y parecieran acatarla, sobre todo si está por caer una inspección. 
Son estrictos en algunos aspectos y se libran al azar en otros. 
Me llama la atención recibir un pedido de geles concentrados para limpieza con las tonalidades de color de cada producto cambiadas sin aviso alguno, y que nadie se inmute ante la pérdida de parámetros a la hora de diluir adecuadamente unas sustancias químicas.
Un día me olvidé las chanclas en casa y tuve que arreglármelas sin ellas en la piscina municipal. Eso aquí no supone un problema, todo el mundo va descalzo. Yo, que no soy en absoluto maniática, circulaba de puntillas y con reparos entre la agüita formada alrededor de las duchas en tanto que veía a criaturas de diminuto tamaño dirigirse hacia los wáteres en compañía de sus confiadas madres pisando con toda la planta desnuda ese suelo tan crítico. A lo mejor todo está a salvo gracias al cloro, llevaba años sin notar en mis piscinas españolas ese olor tan persistente.

miércoles, 6 de abril de 2011

La cigarra y la hormiga


Pintura de David Hockney
Me satisface la versión abajo contada de la fábula de La Fontaine porque en ella la cigarra lleva las de ganar. Eso me alienta a seguir con estas narraciones, que de momento solo me aportan diversión. De todos modos no veo porque tal cosa tiene que estar reñida con hacerle caso a la hormiga en sus advertencias. De hecho  llevo  trece días seguidos trabajando con jornadas de hasta once horas y si ahora me es dado estar aquí es porque cuento con dos  libres para recuperarme.
Si mirando hacia los tiempos de Revolución Industrial nos aparece como tremenda la imagen de hombres, mujeres y niños acinados en tugurios junto a las fábricas para trabajar en ellas de sol a sol, en condiciones miserables y ninguna protección a cambio de una triste comida, a los parientes que nos desciendan tampoco les va a resultar muy halagüeña nuestra estampa de principios de siglo XXI, corriendo todo el día tras empleos no gratificantes para asegurarnos la subsistencia o, cuando más, un pasar semejante al de nuestros conocidos.
En un futuro las únicas hormigas que trabajarán incesantemente serán las robóticas, o las que sigan encontrándole el gusto al hecho en si de sentirse ocupadas. Las otras se pasarán en masa al campo de las cigarras dedicándose a cultivar sus aficiones sin que por ello tengan que llamar a la puerta de ninguna vecina a la llegada de la fría estación.

Versión chistosa de la fábula de la cigarra y la hormiga
En el buen tiempo la hormiga no para en el trasiego de acarrear granos hasta su morada con el fin de abastecerla  para cuando llegue el invierno. En tanto la cigarra no hace más que divertirse cantando y tocando la guitarra en el pub. A la primera helada la hormiga se mete en casa, a comer y a esperar a que la cigarra llame a su puerta para poder maltratarla. La cigarra no aparece. Pasan dos años. Ocupada como está la hormiga casi se olvida de su vecina. Un día divisa a lo lejos un fabuloso coche deportivo acercándose. Este se detiene a su lado y de él se apea la cigarra seguida de un acompañante, el arquitecto a cargo del proyecto de mansión que ella piensa levantar en ese preciso lugar. La hormiga no tiene de que preocuparse, su cubículo quedará bien resguardado entre el césped de la piscina que en ese punto irá enclavada.
La hormiga alucina. ¿Qué te pasó cigarra?, le pregunta.
Pues mira, le responde, estaba un día sentada en el pub con mi guitarra y va y entra un productor norteamericano que se había perdido en vacaciones por aquí y que justo se metió al pub y me pilló dándole los últimos arreglos a mi nuevo tema. Fue cosa de oírme y empezar a movilizarse con el teléfono.
De ahí en adelante no me ha ido tan mal. Recién va a salir mi segundo álbum de estudio. Acabo de terminar una gira que me ha llevado a recorrer cinco países del viejo continente y dos de América. La próxima semana parto hacia París para un concierto muy especial .......
¿De verdad te vas a París? le interrumpe la hormiga.
Si, claro, para qué te iba a engañar, le dice la cigarra.
Pues mira cigarra, te pido un favor. Tu que te has hecho tan famosa y que conocerás a tanta gente, si llegaras en París a encontrarte con La Fontaine ¿podrías decirle algo en nombre mio?
Si claro, como no, responde la cigarra.
Entonces, si lo vieras,  mándale este mensaje: "¡De parte de la hormiga laboriosa que se vayan él y sus moralejas a la recontraputa madre que los remilparió!".

(Por el tipo de  improperio diría yo que esta hormiga era de la especie Linepithema humile u hormiga argentina)