martes, 26 de junio de 2012

Anuncio a las puertas l


Anoche llegué del trabajo alterada. 
Mi marido me aconseja que trate de tomar distancia; es lo que se lo ocurre decirme para consolarme, pero yo consolada ya quedo en cuanto le he contado, eso no quita que siga pensando que ese hostel es un puto cabrón y le digo a mi marido que no estoy hecha de plástico para pasarme dos años en él sin sentirme afectada. 

Annika es una alemana que vino por mes y medio, igual que Aurélie, a trabajar gratis a cambio de alojamiento, comida y un certificado de su estancia en prácticas de inglés y se la podía ver cual rosa ufana atendiendo en recepción o realizando tarea de cualquier tipo hasta que se le vino encima la gran bronca.
Desde que se fuera el director ladrón la norma con respecto al sobrante de comida en las bandejas del buffet se había relajado bastante y el personal acostumbraba a servirse ante la mirada permisiva de la directora, en caso de que algo quedara, porque eso funcionaba como una tómbola, en la que a veces no toca nada.
Ahora la ley dura ha regresado y el hostel se limitará a servir comida a los que por escrito les conste en el contrato, es decir, la directora, la subdirectora y el jefe de cocina.
Así es como ahora ellas pasean sus platos humeantes desde la cocina hasta la recepción para dar buena cuenta de ellos ante las narices de los demás.
Sin embargo el bueno de Chris no tiene estómago para llevarse al buche algo del hostel sin que su gente en la cocina lo esté haciendo y ahora pega mordisco a su  sandwich de Mark&Spencer junto a la pila de los que está preparando para el lunch de los clientes.
Por su bondad también habrá sido que Chris le envolvió a Annika tres postres de panacota que  habían sobrado después de haberla tenido ayudándolo por nueve horas sin parar, y en esas fue que entró la directora a la cocina y los vio ahí, preparados sobre la mesada de aluminio. Según Annika los ojos se le dispararon hacia el postre y con rostro enrojeció le preguntó si acaso estaba pensando en llevárselos, y más incomprensible aún, según Annika, si quizá estaría pensando en metérselos en su nevera particular.
Eso me contaba anoche la encantadora germánica después de otra maratoniana jornada suya en la cocina. Su voluntariado de ocho horas diarias alargando como un chicle y sin embargo ayer la  directora seguía con su cabreo y la estuvo atosigando todo el día y  llamando a Chris por teléfono delante suyo para  para echarle la bronca por lo de la panacota.

Y ese Chris tan majo, cuando ya pensaba yo que gracias al grito que pegué y a su reacción favorable habíamos podido volver a hablar y deshacer el lío que hubiera podido existir, pues entonces, entro tan contenta a la cocina por la tarde y mientras la tenía a Annika empleada en la tarea de emplatar porciones de tarta  me manda a mi directa a adecentar el cuarto mugriento y el lavabo de mis terrores. Así que en un momento que vino a mirar le repetí con toda mi divina humildad lo que ya le había semi anunciado: "Chris, estoy pensando que en septiembre me iré, no quiero continuar por más tiempo con este tipo de tareas".

Annika es un encanto y vale para todo, eso en cinco minutos está visto, ella no tiene nada que ver, pero yo el año anterior y el otro acostumbraba a servir los platos y ahora ya no, eso también lo llevo bien observado, y si Chris me sacó anoche del zulo para hacer de ayudante de ella fue exclusivamente por carecer a mano de cualquier otro. 
Luego vino la recogida y el lavado a toda marcha. Ellos por su cuenta y yo por la mía. Terminada su parte Chris suele irse a casa un rato antes que los demás. Entonces se cambia y se acerca a despedirse. En esas estaba que me viene, me abraza y me suelta al oído: "Susanna, dejas los baños de maravilla".
¡A ver!, a mi que no me digan, o es un cabrón, o es un tonto de capirote, una de dos.
Espero que sea lo segundo, por que de lo primero estoy hasta la coronilla.

lunes, 18 de junio de 2012

Perro lobo

La llamada de la selva
Mandé un mensaje a los de Vaughan Sistems nombrándoles las páginas de este blog dónde los mencionaba y recibí contestacíón de mano del propio Richard/Cloverdale, o así parecía, dándome las gracias por haberlo hecho reír un rato y adjuntándonos "en primicia" a mi marido y a mi el boceto de un dibujo que le están haciendo en donde se puede ver su figura como retocada por photoshop emergiendo de un fondo neblinoso y con un amigo perro lobo en primer plano.
Abrí el adjunto y me entró la risa, sana, pero no le iba a devolver las gracias por lo mismo, así que le dije lo siquiente:
"Pues perfecto, Richard/Cloverdale, eso es lo que pretendo, hacer reír. En cuanto al retrato, muchísimas gracias, puede que lo ampliemos y enmarquemos para que presida el salón que no tenemos en Cambridge". 
En serio que quedé sorprendida y divertida de recibir respuesta, aunque por otro lado la espera de una gente que se muestra tan simpática.

¡Buena cantidad le debe de estar pagando Richard/Cloverdale al artista retratero!.
Ya llevaba razón mi marido cuando me decía: "Deberías haberte dedicado a la pintura".
De haberlo sabido le hubiera hecho llegar a nuestro profesor los dibujos que de él hice antes de venirme a CambridgeSi no fueron a parar a la basura, todavía deben de andar por casa.
O a lo mejor me equivoco y el retrato se lo está haciendo gratis algún artista seguidor, que ya se sabe que en ese gremio siempre se encuentran algunos dispuestos a no cobrar por su trabajo.

jueves, 14 de junio de 2012

Tomates británicos


Y pensar que al principio le llevé a Chris unos tomates crecidos en el Reino Unido, para que los viera, con la etiqueta sin despegar, porque parecía no darme crédito, y sin embargo yo los acababa de comprar en  el supermercado, finest tomatoes, muy sabrosos, por cierto.
Cómo iba a saber que los cultivan en invernaderos si ningún nativo me lo había explicado y hasta la fecha solo los había visto en grandes cantidades importados de España u Holanda.
Al emigrante hay que explicarle, hombre, para que se entere.

En el pueblo de mi infancia una vez iba por la calle del brazo de mi madre cuando nos cruzamos con un hombre negro que la saludó y al que ella respondió con una abierta sonrisa por si fuera de la vecindad. Al momento el varón se paró a negociar porque interpretó que mi madre le había dado la señal de estar por la labor de emparejarme con él.
"Pero criatura, a dónde vas, si ella está casada y  tiene dos hijos tan altos como tu", mi madre le dijo.
Mi madre hace como debe ser; ella sí que da explicaciones, para que la gente no ande confundida por estos mundos de Dios.
Hace poco otro hombre de procedencia subsahariana se le acercó por la calle para proponerle un arreglo, esta vez directamente con ella. "Mire señora, yo la veo a usted, sola en esta gran casa, y a mi usted, aunque sea algo mayor, veo que está bien y me podría gustar. Si quisiera, nosotros podríamos...".
También mi madre se paró con él a deshacerle la idea, "que no hombre, que no, yo estoy muy bien cómo estoy, tengo mi vida hecha y me encanta vivir sola, además tengo la casa de continuo invadida...".
El hombre se quedó sin mi madre y sin el patio de mi casa, aventurando que lo segundo le interesara, pero   doy por seguro que con la información le habrá quedado satisfecho.

domingo, 10 de junio de 2012

Maquiavelo

Chris deja las mañanas, un nuevo ayudante de cocina acaba de ser despedido y el resto tendría que estirarse más que una goma elástica para abarcar toda la franja horaria, así que la directora está abriéndose a  la posibilidad de ponernos a  Betty y a mi a cargo del desayuno.
Esto tan fácil de entender, me llamó Chris para explicar, a la vez que hizo venir a Jessy desde la recepción.
Al terminar su discurso enfocó la mirada hacia ella y  le dijo: "Jessy, por favor,  ahora tradúceselo".
Entonces entendí.
Salté como un resorte, en inglés y a los gritos.
Después de dos años no me lo esperaba.
Para eso la había requerido a Jessy.
Para ese golpe de efecto en su teatrito.
Y si es que no se entera, peor para él.
Adiós aires de Maquiavelo para adornarlo.

Chris se fue del hostel y luego volvió, porque en otro lado no le fue mejor y la directora lo repescó para esta cocina que en el fondo ama, o ama sentirse el rey en ella.
Mientras estuvo afuera decepcionó terriblemente a su pupilo Jamie, y algo menos a James, llamando a unos  anuales clientes de grupo para advertirles de que el esmerado servicio al que él los tenía acostumbrados pudiera caer en picado; de lo cual se enteraron James y Jamie cuando el director de la expedición se acercó a felicitarlos.
El que en realidad está actuando ahora en favor mio, si así se pudiera llamar, es su hijito de nueve meses.
Ese niño es un pelirrojo precioso, sonriente y vivaz (lo pensaba de antes, no se vaya a creer); se nota que está creciendo al lado de su mamá Victoria. 
Agotada la baja maternal Victoria se ha reincorporado esta semana a la recepción en horario de media jornada y piensan turnarse con Chris para el trabajo y el cuidado de la criatura. 
Trifulcas aparte, ese niño goza de suerte con los padres que le han tocado.

jueves, 7 de junio de 2012

Mi marido y Cloverdale

Addenbrooke's Hospital
Estoy segura de que Berta Canals va a resucitar la carrera literaria de mi marido, no obstante me dijera que lo veía casi misión imposible.
- Tu nunca pierdes la esperanza, ¿verdad?, me preguntó.


También me preguntó si era disléxica. 
¡Lo que me faltaba!, pensé.

A propósito de las clases de inglés tengo que decir que mi marido se aficionó este invierno a mi profesor Cloverdale Vaughan y se pasaba horas frente a la pantalla en su compañía.
¿Será que te has vuelto gay?, le hubiese preguntado, de no estar cien por cien segura de su preferencia por  las mujeres.
Ahora se me ocurre que podría mandarle un mensaje a los de su compañía, los de Vaughan Sistems, que es gente toda que me cae muy bien, o eso es lo que percibo a través de sus audios y vídeos.

miércoles, 6 de junio de 2012

Misión imposible

Misión Imposible
Los mensajes que recibía mi marido por parte de las personas que podrían haberle procurado la comercialización de su última novela eran muy amables y realistas:
  • "Es difícil escribirte este email, tu novela es de texto impecable pero los editores no van a querer comprarla. Ahora mismo buscan historias con principio y  final, con peripecia y trama explicable, con personajes de vidas parecidas a las reales con los que puedan identificarse...". 
  • "En estos momentos me veo incapaz de vendértela, quizá más adelante, cuando el mercado se normalice..., lo lamento de veras".
  • "Dudo de esta novela, que es más bien una no-novela, excéntrica y genialmente escrita, sin duda, pero que desde el punto de vista editorial no supone un avance con respecto a otras anteriores tuyas. Siento tener que decírtelo...".                                                        
Con lo cual, doy gracias al señor de los cielos de que Berta Canals, la super agente de la literatura, contestara.
Nuestro hijo Simón le acercó a la agencia los libros publicados y le mandé por correo electrónico dos novelas inéditas con la siguiente nota:
""Mujer en la carretera" es una novela agradable y fácil de leer, a casi nadie podría disgustar, pero tampoco levantar pasión; escrita hace tiempo no es mejor que otras escritas por mi marido.
Su obra más reciente, de título provisional, es mucho menos tibia. El piensa que es la síntesis y la esencia de todo lo que escribió antes; una novela que puede asombrar y su mejor creación".

martes, 5 de junio de 2012

Conexión norirlandesa

Nos despedimos el húngaro y yo en el jardín del hostel tras desencadenar nuestras respectivas bicicletas. ¡Hasta la semana que viene Peter!, ¡hasta la semana que viene Susanna!.
Él trabaja conmigo los lunes y martes.
Llego a mi nueva vivienda, me preparo la comida y en eso que estoy yendo por el pasillo con la bandeja, que se abre la puerta de entrada  y aparecer a él. 
- ¡Pero Peter!, ¿que haces aquí?, ¡no me digas que vives en esta casa!.
- No, soy el limpiador.
- ¡¿El limpiador?!, ¡esto es increible!, ¡con la de casas que hay en Cambridge!, yo no salía de mi asombro.
- Él también quedó sorprendido, aunque supongo que dio antes con la conexión. 
Resulta que mi marido y yo estamos ahora alquilando habitación en una propiedad del novio de la directora del hostel, y si Peter empezó a trabajar allí  fue por intermediación de ese sujeto.
Nordirland Connection, podría decir, porque el novio de la directora es un pelirrojo norirlandés, del cuál me reservo la opinión para más adelante.
A saber porqué me figuré que Peter gozaba de un empleo de jornada completa como preparador de sopa minestrone en un restaurant de Addenbrooke's Hospital, pero no. Lo que de veras ha conseguido tras siete años residiendo en el Reino Unido es un trabajo de limpiador de cincuenta horas semanales repartidas por toda Cambridge, entre ellas las de arrancarle de madrugada la grasa a la campana extractora de algún fogón hospitalario, según imagino ahora.
"Yo soy de un país en medio de la nada", "ni siquiera contamos con equipo de fútbol decente", le he escuchado decir. Por eso será que no le tiene demasiada afición a ese deporte, originario de Inglaterra.

Cubo de Rubik

Cubo de Rubik
Hoy le he dicho a Jessy que si no mejoran las cosas es posible que regrese a mi casa de España y me ha dicho:
-"Entonces, ¡¿tu tienes una casa en España?!, pues qué haces aquí".
Jessy no se entera; es desconcertante. Ha visto mis fotos en Facebook, voy cada tres meses allí, le cuento.
Con razón se ha sorprendido de que me acordara de que su relación con Victoria fue mala desde un principio. 
-Es que Jessy, en realidad soy periodista y estoy aquí para escribir sobre Cambridge.
Ningún efecto. Lo sabía. Ni que le hubiera dicho que era domadora de leones. Una vez ya le dije e incluso le conté que había escrito algo sobre ella sin que me preguntara tan siquiera qué.
Supongo que más interés le hubiera despertado si hubiese sabido del cierto que yo era la creadora de Bridget Jones camuflada de limpiadora.
O puede que a mi me vayan las historias de los demás, como a otro resolver el cubo de Rubik, o a ella Sam.
Él, que es de Nueva Zelanda y muy agradable, se fue a Bath por dos días libres que tenía y esta mañana Jessy estaba  atacada de los nervios.
- ¿Te parece que debo ponerme celosa?, me pregunta, Sam me ha dicho que anoche salió a tomar unas copas con una holandesa, un alemán y una canadiense que había conocido en el hostel de allí.
Y es que Sam se le había ido a Bath por dos días libres que tenía y ella estaba atacada de los nervios.
- ¿Celosa?.
- ¡Con lo guapas que son las holandesas!.
- ¿No te ha contado?.
- Sí.
- Pues entonces no hay problema.
- ¿Tu crees?.
-  Y con un alemán en medio menos. 

lunes, 4 de junio de 2012

El guardaespaldas


Anoche por primera consideré con mi marido la posibilidad de regresar a España en otoño.
Después de hablar con él por ordenador pasé a las canciones en Youtube y  justo di con la de Whitney Houston en  El Guardaespaldas, I will always love you, Siempre te amaré, que me facilitó el derramamiento de cuatro lágrimas de despido adelantado.
En esta mañana de fiesta monárquica, circulaba bajo la lluvia por una avenida apenas transitada cuando se me ocurrió que con esta ciudad yo viví nada más llegar una especie de enamoramiento que con el pasar del tiempo se ha ido   trasformando en un amor más profundo y criticón. 
También se me ocurrió que a lo mejor hasta me beneficia que ella se esté portando así de díscola conmigo. Al fin y al cabo las historias de amores imposibles siempre han gozado del favor del público.
Algo que siempre le deberé es mi progreso sobre las dos ruedas. Si hubiera circulado al principio por esa calzada, a esa velocidad y con esos pensamientos seguro que me hubiese pegado la gran castaña.

sábado, 2 de junio de 2012

Niña mimada

Tren de lavado
- No Berta, no pretendo ser escritora, le dije a la mítica mujer.
- A ver si no, yo eso lo leí, me contestó ella.

Supuse que habría leído la parte de la carta que mandé a una editorial de Barcelona.
Por suerte ahí dejó el asunto.
Lo gracioso es que la mítica mujer quedó interesada en mi persona por lo poquísimo que le conté.
Entonces, esto me basta.

Mi marido todavía no ha regresado a Cambridge desde entonces.
Inmediatamente después del primer encuentro Berta salió de su casa con el último manuscrito de mi marido bajo el brazo camino de una reunión de junta directiva dónde iba a proponer a los de la editorial del grupo su  rápida publicación.
También le ha pedido Berta a mi marido que junte todos los cuentos, publicados e inéditos, para ver de hacérselos editar en una potente editorial sudamericana que ella se sabe.
Yo estoy bastante ilusionada. Le aseguro a él que esta vez será.
Mi marido prefiere mantener la calma.
Ya le sucedió en alguna otra ocasión, que le prometieron.

"Y tú a espabilar, que tienes un aire de niña mimada...", me dijo Berta en la despedida del primer día.
¿Tendrá algo de malo ese aire?, pensé.

viernes, 1 de junio de 2012

Tren de lavado

Yayoi Kusama - Soul under  the moon
En las habitaciones tuve que convencer a Betty de que estaba perfectamente satisfecha de que Chris la hubiese elegido a ella para introducirla en las artes de preparar el desayuno inglés.
-No ves Betty que a mi me tocó suficiente regalo con que vayan a publicar el libro de mi marido. Así estamos más repartidas. 
-¿De verdad no te molesta?
- A ver ¿cuanto tiempo llevas en el hostel?.
- Un año.
-¿Ves?, yo llevo dos, ya es hora de que me vaya. ¡Te ha tocado a tí!.
- Yo a veces también pienso irme, pero me daría pena, por la gente.
- Si fuera por eso..., yo dejé a mucha en España, pero vine para la aventura, ¿lo entiendes?, y a este hostel ya me lo conozco demasiado.
- Oh, Susanna.
- No te preocupes mujer, vendré a las partys. Además, Chris no me quiere en la cocina. ¿Te has fijado?. Ni siquiera me pone a servir los platos. Voy a empezar a concentrarme en lo mio y a pasar del resto. Hoy hasta me he puesto los auriculares.
- ¿La radio?
- Sí, total, para el washing up no necesito escuchar otra cosa. 
- Le he preguntado a Chris que pasaría contigo y me ha dicho que no me preocupe, que más adelante también te proporcionaría horas.
- Ya estamos otra vez: "Susanita, Susanita, tu que lo necesitas, voy a regalarte otra horita", me lo conozco.
Mira que casualidad. Justo el día que empieza a entrenarte a ti, se le ocurre volver a abrazarme.
- Bueno, será que es cariñoso, James a mi a veces también me abraza.
- Sí, muy cariñoso, pero no me gusta el jueguecito que se lleva. Hoy le he dicho, sorry Chris, y lo he dejado con los brazos en el aire.
- Puede que lo haga sin darse cuenta.
- Pues si no se entera, peor.
- Mmm.
- Ya sé Betty que es un buen hombre, lo digo en serio, lo que pasa es que le gusta sentirse el jefe.
- ¿Tu crees?.
- A mi no me importaba, eh, mientras se portaba bien, pero ahora ya no. Se acabó con la española.
- ¿Siii?.
- ¿A que no se le hubiera ocurrido ir a achuchar a la  inglesa que estuvo trabajando aquí el otro día?.
- ¿Qué inglesa?
- Una chef de otro hostel que vino a ayudar.
Físicamente no estaba mal.

jueves, 31 de mayo de 2012

The Queen's Diamond Jubilee

Isabel II de Inglaterra
Llego por la mañana y me voy directa a la máquina de café. A su lado me encuentro a Betty y a Chris luciendo caras de pesadumbre.
- ¿Sabes qué ha pasado?, me pregunta ella.
- ¿Qué ha pasado?, le contesto.
- Que la reina ha desaparecido.
- La reina... ¿desaparecido?, ¿cómo puede ser eso?.
- Pues sí, parece que alguien se la ha robado.
- ¡Robarse a la reina!.
- Han dicho que vieron que la estaban paseando por el centro.
- ¿Por el centro de dónde?.
- Pues de Cambridge.
- ¿¡De Cambridge!?.
Mientras se daba este diálogo algo pensaba que no estaba captando, me preguntaba cómo era que no estaban frente al televisor, que permanecía apagado, y la cara de Chris se mostraba seria pero no tan consternada como debiera.
Con el café y la confusión me fui hacia el otro lado, pensando que a mi inglés le faltaba muchísimo.
Luego Natacha sin saberlo me sacó de la confusión.
Su pena no era por la reina de carne y hueso, sino por la de cartón que se trajo Jay a la fiesta a saludar y que la directora compró con motivo del jubileo, no de los israelitas, sino de los ingleses que están por celebrar los sesenta años de su dama en el trono.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Segunda barbacoa

Naranjito
Pensaba dedicar mi día libre a la escritura, pero  me he levantado con una resaca a la que no estoy acostumbrada, no de alcohol, sino de mezclar comidas, bebidas y fumarme el purito que Katie me ofreció en la barbacoa   que organizó en su jardín anoche, repitiendo la que tan bien  recordábamos del año pasado.
Katie sacó su guitarra hacia el final. Ella queda elevada a otro plano mientras actúa.
Mi marido en España empieza a estar un pelín intranquilo por las salidas de su señora, pero yo le digo que no se preocupe, que justamente lo que me da gusto es esa manera tan inocente y tan fácil de pasarlo bien.
Supongo que estábamos celebrando la entrada de las temperaturas estivales que han durado una semana, porque para hoy mismo está pronosticado el comienzo de una racha de lluvias.
Igualmente tengo reserva de juerga para rato. Con o sin sol, en adelante sólo pienso acudir a la despedida de Jessy y Sam que dejarán el hostel en agosto para irse a dar una vuelta por el mundo.
Ya me decía Woody: "No te mates; tratar de organizarle la vida a los demás es tiempo perdido".
Pero yo, como todos, necesito pasar por la experiencia para aprehender.
El caso es que llegó Sam al hostel y la química por sí sola, con una facilidad pasmosa, se encargó de emparejarlo con Jessy.
Y creo que están acertados para largo.

domingo, 27 de mayo de 2012

Orange Party


Aurélie es una belga de la parte francesa a quién su escuela le consiguió el hostel para las prácticas de inglés in situ que le requieren para conseguir la graduación en sus estudios. Así es que lleva mes y medio ayudando ocho horas al día a cambio de comida y alojamiento.  
Ella, como Natacha, Jessy, Sam y James no tuvieron que moverse de la casa común para los empleados dónde celebramos el guateque naranja. Todo de ese color, excepto Su Majestad la Reina, que se presentó vestida de azul.
Me lo pasé en grande. La gente con la que trabajo es muy tierna. Aurélie es decidida y se integró rápido. Entonces, es normal que nos juntemos y resulte divertido. Jessy contaba con un tocadiscos y cada uno aportó un disco de pasta de los años sesenta o setenta, fáciles de conseguir en las tiendas de caridad.
Aún bailando yeyé en la fiesta James vino a enseñarme en la pantalla de su teléfono el comentario de una amiga del pueblo de mi infancia a una foto que él acababa de colgar en Facebook.
"¿Qué dice?", me preguntó James.
Se lo tuve que traducir del catalán. 
Esa conexión ultra pueblos, sumado a las pocas copas que había tomado me hizo alucinar lo que un niño de hoy no entendería de qué; no obstante, ya se que más adelante, si mi amiga Pepita quiere, podrá corporizarse en la fiesta vestida de naranjito.

sábado, 26 de mayo de 2012

Pura cáscara

Óleo Edward Hopper
Estoy pensando que si a los del Girton College les hubiera contestado: "Sí, por favor, ténganme preparada una grúa remolcadora porque peso una tonelada" quizá entonces hubiera tenido más chance.
Porque ellos gastaron montones de letras en contarme acerca de su no discriminación y para el día de la entrevista me escribieron diciendo que, en caso de sufrir alguna incapacidad que me dificultara el acceso, les hiciera saber de mis necesidades específicas para que ellos pudieran poner a mi disposición los medios de ayuda oportunos.

Una vez, viviendo en Madrid, vi un anuncio en el diario solicitando personal femenino con nivel universitario y buen dominio hablado del idioma catalán. Cuando llegué al edificio había una cola de mujeres en la puerta que llegaba hasta la siguiente manzana. Pasé la selección y me citaron para una siguiente vez, dónde nos instalaron a  unas diez de nosotras  alrededor de la poderosa mesa en una sala que sería poco menos que la de reunión de ministros y entonces se apareció una mujer divina vestida con un traje que me encantó y que también me gustó su oratoria, total que ya soñaba con ese trabajo que ni sabía de qué iba. 
Pues lo conseguí, pero nada más pisar la habitación dónde iba a desarrollarlo me dí cuenta de que el cuento se había acabado. Unas treinta mujeres al teléfono se amontonaban en un cuartucho sin aireación. Antes de entrar vi un vestido igual al de la fabulosa jefa en el escaparate de la tienda de la esquina, pero ella ese día no lo llevaba y estaba ojerosa, desaliñada y con mal humor en tanto le contaba a  otra que venía de discutir con los de la tintorería  porque le habían arruinado el susodicho traje. El trabajo era de vender bonos por teléfono a una lista de nombres que me pasaron que hubo más de cuatro que llevaban tiempo muertos.

viernes, 25 de mayo de 2012

Juegos Olímpicos 2012

Manga pastelera
Ojalá le salgan bien a este país los Juegos Olímpicos que se van a celebrar en Londres este verano. Entonces empezaré a pensar que quizá mi visión es parcial y que he tenido mala suerte en la porción que me ha tocado.

Recibí del Girton College un mensaje firmado por una tal Gill cuyo párrafo principal decía lo siguiente:
"...Espero no le importe que la contacte de nuevo.
La persona a quién le ofrecimos el puesto no ha tomado la vacante y por eso nos preguntábamos si todavía sería de su interés.
Si es así, nos gustaría invitarle a visitar el College de manera informal. ¿Qué le parecería pasar algunas horas trabajando con el jefe de cocina?, ...".
Me hubiese parecido excelente, pero no hubo jefe de cocina.
Me presenté a la hora convenida y un hombre que encontré por los pasillos transportando un alto carro me acompañó hasta el lugar donde nadie aparentemente me estaba esperando.
Al rato un supuesto cocinero se acercó a entregarme una lista de canapés a confeccionar. Si no le llego a detener, ahí me deja abandonada con el jeroglífico en las manos. Con displicencia me fue mostrando los diferentes cuartos nevera y cómo preparar todo.
¿No era que iba a estar mano a mano con el chef principal?; lo último que se me habría ocurrido es que tuviera que ponerme a jugar al escondite con los alimentos y a crear montaditos según propia inspiración.
A las dos horas de estar ensartando en palillo queso con oliva y salchichón con uva para la recepción del funeral de Mr.Robinson vino a mi rescate Sara.
Sara es una española de Murcia que se puso a rellenar conmigo voulevants de salmón, mostrándome la manera experta de hacerlo, en tanto me iba dando pistas que pudieran servirme para avanzar en la profesión. Era muy simpática y se la veía muy eficiente. Hablamos todo el tiempo en inglés. Hasta me invitó a una paella en su casa para el verano. Al terminar me dijo que si le preguntaban, pasaría un informe bien favorable.

Al día siguiente, que es hoy, me ha dado la bienvenida al entrar en el vestíbulo de casa otro de los sobres que ya reconozco; antes de abrirlo imaginé la cantinela:
"Thank you... I am sorry... I have to advise you...", "Gracias... Lo siento... Tengo que comunicarle..."

He llamado a Sara por si tenía idea de lo sucedido.
Ella no sabe mucho pero algo me ha dicho.
En principio que ella no está en plantilla en ese college, que va por agencia cuando la llaman, pero que por lo que conoce, mejor para mí si no me han cogido, que ese no era un lugar en el que mereciera trabajar, que en esa cocina el ambiente se respira enrarecido, carente de profesionalidad y compañerismo.
"No te lo digo por consolarte, pero ese jefe de cocina pasa de todo y así le va a ir de mal en su carrera, y el rubio que te atendió, lo mismo. Estarán buscando a un chaval que pringue por todos ellos a precio de ganga", me dijo Sara.
¿Un chaval?.
No entiendo para qué me hicieron ir.
Sara me había mostrado fotos de sus obras culinarias realizadas en otras cocinas estelares de Cambridge, mucho mejores, según su criterio.
Voy a creerla.

Además:
-Bastantes enchufes del edificio de la farmacéutica en el Cambridge Science Park no funcionaban a un año de su inauguración.
-La página operativa de un supermercado en la red puede hacerte desaparecer en un clic y sin posibilidad de recuperación los puntos que te afanaste en coleccionar y comprar a los amigos para la fantástica vajilla que te iba a salir tan barata (le pasó a Monika).
- Una cafetería puede quedarse sin sus habituales tazas de porcelana para servir el café (me he encontrado con la misma contingencia a resolver con vasos de cartón en dos de diferentes cadenas).
-La información de trenes puede hacerte perder un vuelo (le acaba de suceder al hermano de Aurélie).

jueves, 24 de mayo de 2012

Siguiente paso


Está claro que no caso con las ayudas oficiales. Me pasé un mes yendo a llevar documentos a la Casa Mandela, como está bautizada la oficina del ayuntamiento en St Andrew's Street. Siempre había otro que les faltaba y cuando los tuvieron todos me dijeron que no.
Lo intenté también por vía indirecta yendo a Next Step, otro servicio oficial montado para facilitar apoyo a los adultos que quieran mejorar en sus estudios o trabajos y que tiene albergado su punto físico en un rincón de la tercera planta de la Library of Cambridge
Allí me atendió una mujer amable y eficiente que en la primera vista me rehizo el CV adaptándolo a la forma inglesa. Ahí me enteré de detalles determinantes, por ejemplo, que en Inglaterra queda poco bien colocar foto en el currículum, en la idea de que el solicitador debe valorar al solicitante por sus habilidades y no por su cara bonita. Estuvo bien saberlo, porque en un  tiempo llegué a probar hasta con una de cara y otra de cuerpo entero.
Tanto en la primera cita como en la segunda trataba de irle colando a la buena funcionaria datos acerca de mi  pobre situación, por si se le ocurría cruzarse a otro servicio. Pero ya se sabe, en la administración, si uno está bien plantado, no se va a salir de su tiesto.
Así que la mujer estuvo de veras agradable conmigo y no se estuvo pintando las uñas. Digo esto último porque esa era su principal preocupación y ocupación, dejar perfecta constancia escrita de cada milimétrico paso informático que hacía por mi.

viernes, 18 de mayo de 2012

Casa embrujada

Pastéis  de Belém
Estoy en las últimas de Cambridge.
Si no me planteo volver a España es porque todavía espero que algo mágico me suceda que arregle la situación.
Además, regresar a una casa rota, a incordiar a un  hijo y buscar un empleo dónde no los hay me parece como la respuesta ingeniosa al acertijo de cuál sería el colmo de los colmos del sueño incumplido.


Cuando estuvimos con Berta Canals, tanto en la primera como en la segunda ocasión, en el momento de la despedida me dijo: "Y tú, a volverte ahora mismo".
Ella habrá creído que yo en Cambridge lo estaba pasando fatal, máxime cuando le conté la última de mis aventuras, que me había ido a los servicios sociales a pedir ayuda y me la habían denegado.
Si hubiera leído estas páginas, Berta hubiese podido saber que en realidad me divierto bastante, pero las habrá ojeado por encima y se acabó.
Así me lo hizo saber : "Pero vamos, esas páginas que me imprimieron.... la mujer del escritor pretendiendo ser escritora, además por internet; eso es un disparate...", mientras hacía un gesto como de espantar moscas, "...ahí mismo lo hubiera dejado; lo que pasa es que lo vi a él, y claro, eso ya era para considerarlo...".
A mi me daba igual lo que estuviera diciendo, yo estaba como si me hubiera tomado un ácido, y si le daba pista a mi marido, lo demás podía tranquilamente echarse a dormir la siesta.

                                                
En España me había hartado de llevar años y años removiendo la tierra del jardín en la autosugestión de que el día que amaneciera verde la suerte literaria de mi marido empezaría a cambiar.
¡Quiero irme! ¡quiero irme!, le exclamaba yo a él en los últimos tiempos mientras me afanaba en el inglés ante el ordenador.
En estas que el portón de calle se vino abajo. Tuvimos que mandar a reconstruir las pilastras de sujeción. Tras años viéndolas caer, me relamía de lo bonitas que estaban quedando en tanto les daba la última capa de pintura. Pero llegó una ventolera que en esa mismísima noche se llevó por delante parte de la obra, más toda una hilera de cipreses altísimos.
Otra vez tuvo que venir Diego, nuestro salvador ecuatoriano que sabía hacer de todo.
Entonces decidimos con mi marido que me iría a comienzos de primavera, tras regresar del encuentro literario al que lo habían invitado con acompañante en Portugal.
Lo pasamos entre Matosinhos, Porto y Lisboa. Para mí Portugal fue un descubrimiento enorme. Ya me había avisando él. Tan cerca y tan diferente. Estuvimos con una gente que ojalá reencontremos en alguna parte. El paisaje urbano con el Duero o el Tajo a sus pies, hermoso, igual que la costa Atlántica. Comidas muy ricas a base de pescado y unos pastelillos con el café que no podía dejar de pedir en las pastelarias. Incluso pensamos que nos gustaría Lisboa para vivir.
Viaje para no olvidar, pero de vuelta a casa... 
De vuelta a casa abrimos la puerta y nos encontramos con un palmo de agua por todos lados.
-¡Esto no puede ser!, ¡esto no puede ser!, ¡esto es un maleficio!, empecé a pegar voces.
-Pero cariño, me venía detrás mi marido diciendo, ¿acaso no te ha gustado el viaje?.
-Pues claro que sí que me ha gustado, eso qué tiene que ver.
-Si te hubiese gustado tomarías esto de otra manera...¿es posible que no lo hayas pasado tan bien?...
-¡Que sí, hombre, que sí!, pero no tengo sangre de horchata, ¡deja que me exprese!.
- Tómalo cómo la anécdota final.
-¡Anécdota!, ¡esto!; ¡mira, mira!, ¡mira que desastre!.
-Pues que quieres que te diga, para mi han sido unos días perfectos, que no merecen que te pongas de esta manera.
-Si, perfectos, pero yo ahora estaba por irme; esto es lo que pasa.

martes, 15 de mayo de 2012

Ascensores de madera

Antigua portería en Barcelona
Mi marido y yo estuvimos con Berta Canals y vivimos en su casa unas horas alucinantes.
Berta me había mandado la semana anterior un correo electrónico diciendo: "Te reservo mínimo un par de horas y no dejes de venir acompañada de tu esposo, que tengo interés enorme en hablar con él".
Al término de la reunión, en silencio bajábamos los dos en el antiguo ascensor de madera, pero a la que cruzamos el umbral hacia la calle mi marido dijo: "Me alegro de que hayas estado presente, porque de no ser así, me hubieras pedido que te contara y ya has visto que no hubiera tenido manera posible de acercarme a lo que ha sido".
No podría jurar si eso lo dijo tras el primero o el segundo encuentro, porque tuvimos dos y ambos fueron igual de originales.
Lo que sí recuerdo bien es que a la salida del primero nos fuimos rápido hacia el barrio del Rabal, para llegar a tiempo a  la presentación de un film documental dirigido por mi amiga Carlota en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y que después de saludarla a ella y a su familia nos dirigimos a la calle Aribau, esquina cercana a los multicines, a comernos unas porciones de las pizzas que más nos gustan.
Si hay días que salen redondos, ese fue uno. 
De regreso en coche sonó el teléfono de mi marido. Por estar él al volante yo atendí. Volvía a ser Berta para invitarnos a comer a los dos días.

lunes, 14 de mayo de 2012

Bridas

Bridas de plástico verdes
Llevamos un mes en la nueva vivienda.
Qué pasó con Monika, todavía tengo que descifrarlo; si fueron  las zapatillas de la suegra o las alteraciones hormonales del embarazo; aunque me incline por pensar que no cambió, sino que la conocimos en el lapso del mejor humor de su vida; pero ojalá me equivoque en esa apreciación.
Voy a recordar los veinte meses pasados en su casa como un momento mágico en mi vida y les estaré siempre agradecida por habernos proporcionado un ámbito y una compañía tan agradable.
Pagando claro. 
Pero ahora se acabó. Ni visitas, ni regalos, ni nada. Eso es lo que quiero con ellos en adelante, un bonito recuerdo y desearles que sean felices.
Porque nos criticaría, seguro que Monika nos criticaría, como hacía en los últimos tiempos con sus amigos, en especial los de él, que ya se los tenía a casi todos vetados. 
Ahora que lo pienso, la amabilidad no fue el único motivo por invitarnos a su fiesta navideña. En algún lado teníamos que meternos para celebrarlo y resistimos una semana con la cocina invadida por ollas humeantes.
En esa noche de paz parece que corrieron las cuchilladas en forma de comentarios maliciosos o regalos inadecuados que nosotros no llegamos a captar.
Antes de mudarnos apareció por su boca el fantasma de propietario de la casa amenazando a todas horas con venir a inspeccionar nuestra alcoba. Apenas habíamos escuchado hablar de él y ahora resulta que pagaría autopista desde Londres para venir a ver si habíamos desenganchado los posits de la pared.
Incluso se mostraron magnánimos: "No os podéis quejar, os hemos dado quince días para avisar de vuestra marcha, cuando lo normal es un mes".
Un día les planté cara y se quedaron bastante choqueados.
Luego todo volvió a la normalidad, e incluso a mostrarnos la ropa de la niña cuando ya no le convino que nos fuéramos, o no tan rápido, porque sus planes habían cambiado.
El día de la marcha Monika se puso a separar cubiertos y a hacer paquete con los de todo a cien que compramos al entrar y pidió a mi marido la devolución de unas bridas de plástico que Seweryn le había prestado.
Por eso es que mientras Monika hacía la revisión exaustiva del dormitorio que le estábamos dejando yo le dije, "es que Monika, de repente tanta formalidad",  como parecía no entender mi marido continuó, "si Monika, que nosotros pensábamos que éramos amigos, y...".
¿Amigos? dijo ella en un suave tono sarcástico.
¡Qué boba!,¡que lástima!, pensé.
En fin, ella se lo va a perder.

domingo, 6 de mayo de 2012

Girton College


Girton College
Recibí del Girton College un email que finiquitó mi esperanza de entrar allí y dejó mal heridas las que pudiera tener en un futuro de entrar en cualquier plaza en principio a mi alcance de las que pudiera ofrecer la Universidad de Cambridge.
Mejor se hubieran evitado el tour que me dieron por las instalaciones mostrándome la nueva, clara y espaciosa cocina y las solemnes salas y comedores dignas de Harry Potter. 
Una atención de su parte, habrá sido, por haber acudido a la entrevista, que ya se veía al hombre encargado muy orgulloso de enseñarme lo que no cualquiera ve a diario.
Con anterioridad otro empleado de traje y corbata me había conducido por amplios y algo tétricos corredores hasta una estancia luminosa y de medidas descomunales que se abrió ante mis ojos con todo su empaque una vez franqueada la puerta.
Allí una mujer y dos hombres aguardaban sentados a una gran mesa, con  cuestionarios, bolígrafos y anteojos a mano, listos para empezar a evaluar.

Este sorpresivo ingreso en una sala de proporciones majestuosas inundada de luz natural se me dio de nuevo exactamente a los ocho días, cuando fuimos recibidos, mi marido y yo, en casa de Berta Canals; espero que con mejores resultados.
La cuestión es que los del Girton College deberían haberme elegido, pero no lo hicieron.
Según el hombre que me llevó a dar la vuelta eramos cinco los entrevistados para una plaza que cubrir. Si de él hubiese dependido igual ya estaría adentro, pues se mostraba muy animado y me dijo que escaseaban las féminas, pero quién sabe; primero que él no mandaría, y segundo, que aquí la cortesía puede confundir y hay que tener bien aprendido que una actitud de interés no significa desde luego que te vayan a contratar.
Y eso es lo que habrá pasado, que en el último filtro me quedé.
Katie, mi compañera americana de Colorado, me ayudó a redactar buena parte de lo que puse en la solicitud de empleo. Igual si se presentaba ella la tomaban.

También fue Katie quién colgó en su Facebook la siguiente frase de Albert Eisntein:
"Stupidity is doing the same thing over and over, expecting different results" - "Es de estúpidos repetir y repetir siempre lo mismo esperando diferentes resultados".
Ahora la recordaba; ¿no me estaría pasando, insistiendo tanto con los college?
También dice otro dicho, esta vez popular, que "quién la sigue la consigue", y tampoco es que cada vez repita exactamente lo mismo.
En fin, que estoy hecha un lío.
Lo que sí tengo claro es que si abandono mis solicitudes  a la University of Cambridge me quedaré con un vacío por delante que no sé de que manera voy a llenar.

miércoles, 18 de abril de 2012

Nadie es imprescindible


Chris adolece del poder suficiente para conseguirme un trabajo permanente en la cocina. Llevaba meses mirándome por encima de los anteojos de lectura diciéndome que esperara, que tenía un plan, pero este debe de habérsele fosilizado entre los papeles.
Ahora ni me mira, ni me abraza, ni nada de nada, ni siquiera me llama darling (querida/o), como hace con el resto. Supongo que he pasado a resultarle la imagen viva de su fracasada influencia, por eso es que enfoca su visión hacia lo alto cuando tiene que dirigirme la palabra. Como hoy, que he entrado a la cocina a preguntar si podía ayudar en algo y después de pensárselo me ha mandado a limpiar a fondo el aseo.
He dado media vuelta y  he desaparecido sin regresar.
El bueno de Chris haciéndome eso, ¡a mí!.
Así que aquí me encuentro. Varada al filo del mundo, laboral.

A veces, tras una tanda de intentos sin éxito necesito de unos días de cura y recuperación para volver a la carga. Eso se lo decía ayer a Betty Boo y coincidía por completo.
Encuentro que Betty, la húngara, mi amiga de los pasillos y más allá, capta rápido el sentido de las cosas que le cuento. Por eso es que está al tanto de esta historia y se emociona capítulo a capítulo.
No es mérito mio el conmoverla, es que Betty es así. La estampa de un cachorro en una postal puede llevarla al borde de las lágrimas, así como un peluche olvidado, un disfraz gracioso o un inflable con la estampa grabada de los Duques de Cambridge.
Ambas estamos consideradas por el hostel potentes artefactos sin problemas ni averías y nos tienen destinadas a las mismas ocupaciones.
Porque recuerdo a mi hermano q.e.p.d. citando a mi suegra q.e.p.d. que una vez dijo que "nadie es imprescindible", sino pensaría que este hostel lo va a notar de veras cuando nosotras nos hayamos ido. 

sábado, 14 de abril de 2012

Mítica respuesta

Encuentro de las Aguas - Brasil
Mi marido no entendía cuando le dije que Berta Canals me había contestado.
Yo no entendía porqué no entendía.
El lío se debía a que el había pensado que la carta que leyó de mi pen-drive en el ordenador de la biblioteca era solo de ficción.
"Sí hombre, cómo iba a fabricar un escrito con fecha, membrete y despedida para no mandarlo", le dije, y ahí nos quedó aclarado el asunto.

La agente literaria de mis amores me hizo saber por correo electrónico que le encantó leer la carta y que le mandara los originales que quisiera por e-mail, que los iban a mirar, y los libros publicados de mi marido, que se los hiciera llegar cuanto antes a la agencia.
Bastante tenía con esa emoción que al poco me llegó otro correo diciendo que acababa de mirar en la web de mi marido, la importancia de su obra, lo qué se decía de él y lamentándose de nunca haberse cruzado con él, con un libro suyo, con un artículo, y demás lindeces que me hacían pensar que había dado en la diana.
Por más que estuviera contenta, me reservaba el entusiasmo para el espejo, que es el único seguro. La de Berta es simplemente una puerta que parece abrirse, cómo otras lo parecieron antes en la carrera literaria de mi marido.

jueves, 12 de abril de 2012

Skills

En la agencia  de contratación a la que me remitió el hombre de los ojos azules del Downing College me acaban de decir que me olvide de entrar en un servicio de catering o restauración dado que adolezco de las habilidades necesarias.
Cuando Chris, el jefe de cocina, dejó el hostel, James se avino a reemplazarlo temporalmente y estuvo haciéndolo por largos meses a la perfección en tanto el hostel buscaba afuera a alguien con las habilidades necesarias para cubrir esa vacante.
Llegaron a probar con cada mequetrefe, que gracias que abandonaban porque sino se hubieran quemado todas las patatas.
Empiezo a tomarle manía a la palabra skills, las famosas habilidades que te encuentras por doquier nombradas. No sé que debería hacer para adquirirlas.
James a empezado a acudir al Cambridge Regional College una vez por semana a que le den clases de cocina pagadas por el hostel. Eso es lo habitual para ir escalando posiciones a ritmo de caracol. Por lo menos en mi empresa, en la que James no veía la hora de ver llegar su cursillo. Dice ahora la directora que puede que en dos años esté preparado. 
Sin embargo tuve que escupir a escondidas el bocado de empanada de carne proveniente de las prácticas de James; pura bomba de grasa que satisfecho nos dio probar.
Por el bien de la panza del país, espero que no todo lo que le enseñen sea como eso.
Por mi parte estoy pensando si apuntarme a la universidad.
Una diplomatura en pulimento de cubiertos me vendría al punto.

lunes, 9 de abril de 2012

Esteticién

Carmen Mir - Barcelona 1954
Mi tia Elvira en su juventud era una de las mujeres más guapas de la comarca. Me contaron que había gente de los alrededores que acudía al mercado semanal de nuestro pueblo a fin de verla pasar.
Supongo que contribuiría al éxito el hecho de que en las casas no había televisor y que mi padre la mandaba a las mejores modistas de Barcelona a hacerse vestidos en una época en que el pueblo llano no contaba con las cadenas de moda asequible.
Mi padre quería casarla bien; le controlaba la postura, las amistades y que saliera a la calle con zapatos de tacón.
Ella tuvo varios novios potentados, eso lo recuerdo. El que más nos gustaba era uno madrileño, dueño de una empresa de embutidos de marca popular, que llegaba a mi casa en un descapotable y se ponía a repartirnos juguetes y en la sobremesa nos grababa las voces con su novedoso grabador portátil.
Porque nosotros, los críos, habíamos nacido uno tras otro en la casa de ella, y a mi me gustaba tenerla cerca y encontrar confeti por el suelo de mi habitación a la mañana siguiente de que hubiera salido de fiesta.
Pero mi tía no se casaba y los tiempos empezaban a cambiar. Así que se fue a Madrid a estudiar estética y belleza y terminados los cursos se instaló en Barcelona para dar masajes a domicilio a las señoras de la alta sociedad, entre ellas, la mítica dama de mi carta.
Me gustaba en vacaciones ir a pasar algunos días con mi tía a la capital. Una vez nos encontramos por Las Ramblas al escritor Gabriel García Marquez con su mujer y nos paramos a saludar, porque también la tenía a ella de clienta.
De más crecida mi tía con su amiga Montse Martinez q.e.p.d. me llevaban a tomar algo a un bar de de niños bien que quedaba por el Turó Parc, "para que empieces a mirar" me decía Montse tan guapa como ella era.
Las dos juntas entraron un vez a una librería a preguntar si tenían algún libro de un escritor llamado Gabriel García Marquez y se quedaron gratamente sorprendidas de que la dependienta se sorprendiera de que no supieran de quién se trataba.

sábado, 7 de abril de 2012

Críos a gogó

Acebo
A la despedida de Terry vino su hija Holly, la muchacha con nombre de árbol de navidad que estuvo trabajando en la cocina del hostel en los tiempos de mi llegada. La chica permanecía en la fiesta con la cabeza gacha y los ojos enrojecidos. Supuse que estaría afectada por mal de amores, pero al arrimársele la madre empezó a ponerse más histérica.
Cuando Holly se fue a por una Coca-cola, Terry me explicó.
Resulta que a la muchacha le encanta el deporte, entonces se va al pub a seguir los partidos, y claro, allí se pide una cerveza, luego otra, otra y termina borracha perdida.
Así que lo que vimos fue a una rolliza bebé de veinticinco años tratando de conseguir de la madre permiso para mamar.
Le faltaría un embarazo a la muchacha, ahora que tiene un novio y edad de sobra.
En mi juventud, contaba Terry, te encontrabas en la discoteca con un chico que era padre e inmediatamente te dabas vuelta buscando para otro lado, ahora se ponen a bailar y cada uno le pregunta al otro cuantos críos tiene".

viernes, 6 de abril de 2012

Terry's Leaving Party

Café Rottenmeier - Tokio
Terry entró de sopetón con sus obligadas normas inglesas a cambiar y enmarañar algo que estaba funcionando y nos agarró por sorpresa, pero luego ella se fue organizando y haciéndose apreciar por los que directamente estábamos bajo su batuta.
En recepción no llegaron a quererla tanto porque les agobiaban verla a su alrededor deambulando con sus aires de superiora.
¡¡Fiesta de la despedida de Terry!!", rotularon bien en grande Natacha y Jessy en un folio mientras se reían pícaramente.

Me quedé sorprendida de la cantidad de pubs que encontré por la zona de Mill Road, llenos y ambientados en un jueves de diario, mientras estaba a la búsqueda del pub perdido al que a último momento había decidido cambiar la directora.
Terry nos invitó a una ronda de bebidas. Podía estar contenta, estábamos casi todos. La directora propuso un brindis de chupito de melocotón que además de tragar tuve que pagar.

Era imposible que Terry aguantara, ya lo predije al principio: "Tranquilos, que esta no va a durar".
Pero al fin resultó ser una mujer cálida y una aventurera digna de mi admiración.
Se casó joven. Tuvo tres hijos. Se separó. Se fue a Francia. Compró allí una casa en la costa norte. Montó en ella un  hotelito al estilo inglés, un Bed&Breakfast que no le habrá funcionado. Lo cerró y regresó a su país. Ahora se mete en un empleo itinerante y menos estable dentro de la misma compañía con la ilusión de que la acerque al campo, a la playa y al aire libre. "A partir de cierta edad el tiempo corre más rápido y hay que darse prisa", me dijo.
Espero que sea lo que imagina  y que le salga por el camino un hombre que le cuadre.

sábado, 24 de marzo de 2012

Sábado gris

Endorfinas
En ausencia de directoras me encontré por la mañana a Chris y Jessy enzarzados en una triste discusión de camas por hacer y ella pidiéndome que mediara.
Pero mi querida Jessy, no me hizo la tontería de favor que durante tanto tiempo le pedí, rogué y finalmente olvidé, igual que mi querido James no me ha pasado ni creo que me  vaya a pasar la receta de la tarta que me prometió y que a cada momento le iba detrás poniéndole cara de súplica para que me anotara.
En la piscina los ojos se me llenaban de lágrimas tras las gafas y lanzaba hacia el fondo sonoros lamentos en la tranquilidad de saber que podrían pasar por espiraciones profundas. Ni siquiera llegaron a alcanzarme plenamente los efectos de las endorfinas. 
La tarde, que prometía una primera hora ligera, me recibió con una inundación provocada por el lavaplatos reparado en la semana anterior.
Este venía largando desde hacía tiempo la vajilla opacada por una grasienta agua de enjuague sin que nadie pareciera advertirlo o darle importancia. Ni nadie me dijo que vendrían a arreglarlo, ni nadie me dijo que ya lo habían arreglado. Yo, sola, quedé sorprendida y satisfecha por el centelleante brillo que ahora despedían las piezas que salían de mi máquina.

jueves, 15 de marzo de 2012

De dos en dos

Llevo observado que si rompo un vaso, al poco otro objeto de cristal o cerámica termina hecho pedazos a mi alrededor.
Por eso, cuando recibí respuesta de mi primo sacerdote Legionario de Cristo al mensaje de reencuentro que le había mandado meses atrás, me sobrevino la idea de que quizá alguna otra sorpresa me aguardaría al abrir el correo electrónico,  hecho que aconteció. 
Igual quedé petrificada al leer el nombre del remitente. El corazón me latía fuerte mientras leía esas lineas. ¿Habría llegado el momento que esperaba?. 

Le pregunté a mi primo del verano en la playa si recordaba un  lugar escondido que teníamos en el bosque y le hice saber lo mucho que entonces me hubiese gustado salir de entre la maleza con uno de esos chorreoncitos de sangre que a él se le hacían en las piernas. 
Él me contestó que no se acordaba de arañazos, aunque sí de momentos que estábamos juntos y la buena amistad y compenetración que aún siendo niños teníamos.
Seguimos con los mensajes en adelante y ojalá no se interrumpa la comunicación.
"Yo rezo por ti y tu familia, te lo prometo", me dice, lo cual, dicho así, me enternece y agradezco de veras.
Lo que me inquieta es que al final siempre me pregunta como está mi fe en Jesucristo, qué importancia tiene él en mi vida y cosas por el estilo.
No sé que contestarle.
¿Podría decirle que más que en Jesucristo me inspiro en Madonna?, ¿que soy alérgica a los mensajes?, ¿que  si seguimos como hasta ahora puede que el rollo se nos acabe pronto?.
Debería hacerlo, no por dármelas de chula, sino por contarle algo esencial, que la forma es lo único que me interesa, y a ver como reacciona.

jueves, 8 de marzo de 2012

La bulldog

Bulldog
Ya con mis chicos crecidos y fuera del instituto una vez entro por motivos de inmobiliaria su profesora de matemáticas a la oficina dónde yo trabajaba y nos contó que coincidiendo con mi hijo Lucas cargando depósitos en la gasolinera, temió al verlo que a pie se le acercaba con toda su altura y poder muscular.
El motivo de su aproximación, lejos del esperado, era el de disculparse por las posibles molestias que en el pasado le hubiese podido causar. 
Gestos como ese, dijo la profesora, le aclaraban las dudas acerca del sentido que su carrera como docente hubiese podido tener.
Mira por dónde Lucas. Yo sabía de Simón, que en plena época dura se le acercaba por la calle a darle charla si la veía, o más adelante, cuando le iba a saludar al nieto que entonces ella paseaba.

Ahora, de paisano, en la inmobiliaria, me parecía una mujer normal, posiblemente una buena mujer, aunque no dejaba de tenerle cierta aprensión, efecto que me quedó refrendado por los dos comentarios que hizo antes de abandonar la oficina y que en esencia venían a decir esto:
  1. "Los críos no cambian; con verlos tu sabes el que va para cada cosa, el listo para carrera y el soñador para perderse en divagaciones".
  2. "El problema en tu casa es que no andabais a la una entre tu pareja y tu.
"Pareja", dijo la sabionda.
Lo que no debía de saber ella es quién le puso el horrible apodo que nos dijo sin nombrarlo y que tanta gracia, interior, me hizo a mi al enterarme, porque le cuadraba, sin ánimo de ofender, como anillo al dedo.

martes, 6 de marzo de 2012

Reputado psicólogo


Mi casa parecía el hogar de los expulsados. Llegué a cocinar bandejas de macarrones gratinados para cuanto chico de los que tenían prohibido asistir a clases careciera de unos fogones junto a los que alimentarse a mediodía.
En una de esas mantuve a Lucas por diez días encerrado en su habitación; sin tele, sin cónsola, hasta que terminar los cuatro deberes que le habían mandado en el instituto junto a la nota de que no se apareciera por ahí en dos semanas. Hecho el experimento, lo solté. No lo iba a mantener en el cuarto toda la vida.
¿Qué podíamos hacer los padres? ¿Porque nos trataban en la escuela con esa rabia contenida, a nosotros, que acudíamos a cada llamado cual pollitos dispuestos a ser martirizados en favor de nuestros hijos?.
Si.
Una vez llevamos a Lucas al más reputado de los psicólogos de la clínica más afamada de Barcelona y tras los pertinentes tests el hombre me dijo que posiblemente fuera caso perdido; se podía intentar, una intervención de última hora, pero no nos garantizaba el resultado.
"Haberlo apastillado a tiempo", casi le escuché decir.
¡Caso perdido!, de un niño de doce años, de un niño de doce años a todas luces vivaz e inteligente.
Desde luego que si para algo estaba perdido mi hijo era para llegar a ser un psicólogo como ese.

lunes, 5 de marzo de 2012

Ayudas oficiales

La canción del mechero 
Vivo entre dos realidades. 
Por un lado se me ocurre que sería bueno tener patentados los nombres Mono Tobías y Tobias Monkey en el Sistema de Madrid para el Registro Internacional de Marcas.
Por el otro, que a pesar de las resistencias debería tratar de averiguar cómo funciona lo de los benefits, que el otro día leí de una familia de once hijos que recibía una ayuda tan increíblemente descomunal que parecía una errata del diario y a una amiga caribeña, que por tener una hija adolescente, le concedieron nada más llegar a Londres, una buena casa con jardín para ellas solas y con unos operarios que se le aparecen cada año a repintarla de arriba a abajo.
Yo, cómo en la canción, demasiado orgullosa para pedir, demasiado tonta para robar, bajo el frio techo de la noche me voy a tener que guarecer si no espabilo.

Ya en tiempos pasados tuve que exponerle mi vida a una funcionaria que me miraba con cara de poca simpatía para conseguir de ella que me procurara el acceso al gabinete psiquiátrico del hospital al que me conminaban a llevar a Simón los enloquecidos de su instituto de enseñanza.
O a esa otra, la asistenta social a la que me remitieron en el ayuntamiento, que parecía mi confidente y a la que estuve yendo por largos meses a contarle lo que en el colegio acontecía, creída de que la mujer estaba en los trámites de cambiar a mis hijos de escuela y que al verse pillada en su andamiaje de mentiras colosales, forzó la máquina del desaguisado llevándome a la alcaldía de un pueblo vecino a empadronar a mis hijos en el domicilio de una amiga suya, tratando de obtener mediante esa gestión desesperada unas imposibles plazas de última hora con que tapar su desidia, inoperancia y en el fondo mala intención.

domingo, 4 de marzo de 2012

Tronas y cochecitos


Monika y Seweryn nos han llamado a reunión para comunicarnos que tenemos que abandonar la casa.
Me lo olí el día que a él se le deslizó en una charla el comentario de que la habitación individual le parecía insalubre para su bebé y el otro en que ella se quedó muda cuando le reí que podría contar con una pronta canguro a domicilio.
Las razones económicas que pensé nos sostendrían en el lugar se han venido abajo.  Parece que nuestra aportación no es compatible con las ayudas a la maternidad y por eso es que en dos meses quieren estar pegando cenefas de ositos en las paredes de nuestro dormitorio.
Ahora bien, en vista de la pronta movilización Seweryn vino alarmado a decirme que tampoco es que pudiéramos irnos en el mes que acabábamos de pagar, que por algo ya lo teníamos pagado.
Bien pillados estábamos, porque luego vino ella a notificarnos que debíamos avisar la salida con quince días de antelación. La cosa se estaba poniendo muy formal. Entonces, nuestro margen para dar el cambiazo quedaba realmente reducido, porque entre medio teníamos viajes pendientes.
"Seguro que os va a resultar facilísimo encontrar nuevo alojamiento y además, ya se sabe que los bebés a veces lloran", dicho lo cual comenzaron a hablarnos de mobiliario infantil.
La distancia entre nuestras plazas en los butacones y su asiento en el sofá iba en aumento conforme iban surgiendo tronas y cochecitos. De golpe se me fundió la imagen que de  los dos tenía entrando de espaldas con la niña en un mar catalán.
A la noche empecé a buscar en la red y al día siguiente hacíamos nuestra primera visita a otra casa.


jueves, 1 de marzo de 2012

La señora de la Mancha

La traductora Edith Grossman
La traducción de textos artísticos es un arte dificilísimo y realmente el que se dedica a ello debe de hacerlo por amor.
Me sumo en el pensamiento a la labor de Edith Grossman por la defensa del valor literario y humano de su profesión.
La neoyorquina es la traductora al inglés de la más reciente y premiada versión de Don Quijote de la Mancha (2003), así como de varios de los autores del llamado "boom latinoamericano", además de haberle traducido la novela Abril Rojo a mi amigo Santiago Roncagliolo, escritor peruano afincado en Barcelona.
Desde la tranquilidad de su apartamento en el Upper West Side de Manhattan Edith Grossman se dedica por completo a traducir del español para un mercado, el de los Estados Unidos, por el momento poco acostumbrado a consumir obras con el original escrito en lengua extranjera.
Preguntada en una entrevista por la cualidad del pago en su profesión ella respondió:
"Malísimo. Pero bueno, yo sabía unas cien mil recetas para preparar fríjoles, así que me las iba a arreglar para no pasar hambre".
A Edith le propusieron la traducción de El Quijote y, como suele sucederle a muchos genuinos artistas, al principio le agarró el canguelo.
"No tengas miedo, le dijo su editor, que Cervantes es el autor más moderno que tenemos; no tienes que hacer nada más de lo que siempre haces".
Esas palabras, dijo ella en la entrevista, me salvaron la vida: 
"Realmente es una frase muy sencilla, parece una tontería, pero me permitió comenzar a pensar no en Cervantes, sino en el texto; entonces todo saldría bien. Pasé bastante tiempo pensando cómo traducir "En este lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme.. ". Pasé mucho tiempo caminando por mi departamento mientras probaba esa primera frase en voz alta, y cuando encontré una versión en inglés que me gustaba , me dije: "Perfecto, ahora vamos a trabajar...." *. 
Así que, por unos pasos dados en un suelo de Manhattan, llegó hasta mi vía Buenos Aires ** la celebérrima frase traducida al inglés, tan simple y acertada que despertó mi admiración y decidí guardar la nota que me había pasado mi marido.
"Somewhere in La Mancha, in a place whose name I do not care to remember...."

* Entrevista realizada por Ezequiel Martinez para la revista cultural del diario Clarín de Buenos Aires - 25 de octubre de 2008 
** Entrevista realizada por Hernán Iglesias Illa para el diario La Nación de Buenos Aires - 22 de julio de 2011